2/10/12

REGLAS PARA LA RECITACIÓN DEL CORÁN



          LAS DIEZ REGLAS EXTERNAS EN LA LECTURA DEL CORÁN


         Primera:
Estado en el que debe encontrarse el lector. El lector debe estar en estado de pureza habiendo realizado antes una ablución menor (Wudû); sus gestos deberán ser graves, de profunda veneración y respeto, estando en calma, ya sea de pie o sentado; debe estar orientado hacia la Qibla; no debe cruzar las piernas; debe tener la cabeza agachada, no apoyándose en nada ni estar sentado de una forma arrogante; debe estar sentado como lo estaría ante un maestro venerado.

La mejor forma de recitar el Corán es en estado de Salât, de pie, y, mejor aún, en la mezquita, pues ello se cuenta entre los mejores actos de ‘Ibâda. Si el Corán es recitado sin haber hecho antes un Wudû o bien en posición recostada, también es meritorio, pero por debajo del grado anterior pues el Corán mismo establece la gradación al elogiar a “los que recuerdan a Allah de pie, sentados, o echados sobre sus costados, y meditan en la creación de los cielos y de la tierra. Los elogia a todos, pero pone por delante el qiyâm (estar de pie), a continuación el qu‘ûd (estar sentado) y deja en último lugar el recuerdo en posición tumbada (idtiÿâ‘). El Imâm ‘Ali dijo que quien recita el Corán durante el Salât, de pie, obtiene cien recompensas (hasanât) de Allah por cada letra pronunciada; si está sentado, recibe cincuenta recompensas; si lo recita en estado de pureza pero fuera del Salât, consigue veinticinco; y quien lo lee sin haber hecho antes el Wudû logra diez recompensas por cada letra.

La recitación realizada de pie durante el Salât durante la noche es aún más meritoria, porque son momentos en que el corazón se concentra mejor. Abû Dzarr al-Gifâri dijo: “Lo mejor es alargar la prosternación durante el día y prolongar el qiyâm durante la noche”.

Segunda:
Extensión del texto a leer. La cantidad de texto a leer depende de las costumbres, habiendo quien lee pasajes extensos y quien se limita a un fragmento menor. Hay quienes recitan el Corán entero en un día con su noche, e, incluso, quien es capaz de leerlo en ese plazo dos veces, y hasta tres; otros, por su parte, leen el texto completo en un mes.


        


        Tercera:
         Las particiones. Quien lea el Corán una vez a la semana deberá distribuirlo en siete sesiones a cada una de las cuales dedicará una séptima parte del total del texto.

Se ha dicho que el Corán puede ser dividido en siete secciones (hiçb) cubriendo la primera tres capítulos, la segunda cinco, la tercera siete, la cuarta nueve, la quinta once, la sexta trece y la séptima desde Qâf hasta el final. Los Compañeros del Profeta, pues, dividían el Corán en secciones en función de sus costumbres. Al parecer, algo parecido hacía el Profeta mismo (s.a.s.).

         Cuarta:
         La escritura. Se recomienda embellecer la escritura a la hora de copiar el Corán, así como su aclaración con puntos y señales que simplifiquen la lectura y faciliten su corrección. En tiempos del Profeta (s.a.s.) y sus Compañeros no existían los puntos diacríticos para diferenciar algunas consonantes ni los signos de las vocales breves. Poco después, para evitar las confusiones, empezaron a señalarse dichos auxiliares escribiéndolos en tinta roja de modo que no perturbaran la formalidad del texto original usado en tiempos de los contemporáneos de Sidnâ Muhammad (s.a.s.).

Quinta:
La lectura pausada (tartîl). Es la forma de recitar y leer recomendada, pues, como explicaremos, el objetivo de estas prácticas es la reflexión (tafákkur, tadábbur). El tartîl (la lectura pausada) es la más conveniente a este fin. Umm Sálama describió la recitación del Profeta (s.a.s.) como lenta, realizada letra a letra, consonante a consonante.
Ibn ‘Abbâs dijo: “Recitar los capítulos de al-Báqara y Âli ‘Imrân con tartîl que me permita reflexionar es más valioso para mí que recitar todo el Corán de manera precipitada”. También dijo: “Considero que recitar los breves capítulos aç-Çálçala y al-Qâri‘a de forma pausada es mejor que recitar los extensos al-Báqara y Âli ‘Imrân de forma acelerada”.

Has de saber que el tartîl (la lectura pausada) es deseable en sí misma y no sólo porque facilite la reflexión, pues debe exigírsele también al aljamiado (un no-árabe) que desconoce la lengua en que está escrito el Libro: debe recitar el Corán pausadamente aunque ignore su significado, porque es lo más cercano al respeto y la veneración y, en cualquier caso, tiene influencia sobre el corazón, mientras que la precipitación no produce esos efectos.

Sexta:
El llanto. Es aconsejable que el llanto (bukâ) acompañe a la lectura o recitación del Corán. El Profeta (s.a.s.) dijo: “Leed el Corán y llorad; y si no os viene el llanto espontáneamente, provocadlo”. Y también dijo: “No es de los nuestros quien no recite  el Corán (con tristeza)”. Sâlih al-Murri dijo: “En uno de mis sueños me vi recitando el Corán ante el Profeta (s.a.s.), que me dijo: Oh, Sâlih, esa es la lectura, pero ¿dónde está el llanto?”. Ibn ‘Abbâs dijo: “Cuando lleguéis al versículo señalado para realizar una prosternación que hay en Subhâna, no llevéis la frente al suelo hasta llorar. Si vuestro ojo no llora, que llore vuestro corazón.

La manera de atraer el llanto es que la tristeza embargue al corazón, pues es la tristeza (huçn, háçan) lo que provoca el llanto. El Profeta (s.a.s.) dijo: “El Corán ha sido revelado acompañado de tristeza. Cuando lo recitéis, provocad en vosotros la tristeza.

Séptima:

La atención debida a las exigencias de los versículos. Y, así, si pasa por un versículo que ordena o sugiere la realización de una prosternación, se le recomienda que la cumpla (igualmente está aconsejado hacerla si la oye recitar a otro y si este último se prosterna).

Octava:
Decir al comienzo de la lectura del Corán: a‘ûdzu billâhi s-samî‘i l-‘alîmi min ash-shaitâni r-raÿîm (me refugio en Allah que oye y sabe contra Shaytán el Lapidado), rábbi a‘ûdzu bíka min hamaçâti sh-shayâtîni wa a‘ûdzu bíka rábbi an yáhdurûn (Mi Señor, me refugio en Ti contra las murmuraciones de los shayâtîn, y me refugio en Ti, mi Señor, para que no acudan a mí), y después, recitar el capítulo de qul a‘ûdzu bi-rábbi n-nâs y la Fâtiha. Al acabar la recitación, el lector debe decir: sádaqa llâhu ta‘âlà wa bállaga rasûlu llâhi sallà llâhu ‘aláihi wa sállama (Allah es sincero, y su Mensajero -s.a.s.- ha trasmitido su Palabra),allâhumma nfa‘nâ bíh wa bârik lanâ fîh (Allahumma, haz que nos sirva de utilidad esta lectura y bendícenos en ella), al-hámdu lillâhi rábbi l-‘âlamîn wa astágfiru llâha l-háyya l-qayyûm (alabanza a Allah, Señor de los mundos; y pido perdón a Allah, el Viviente, el Subsistente).

Igualmente, durante la lectura, si pasa por un versículo en el que se glorifique a Allah (tasbîh) debe glorificar y proclamar la grandeza de Allah (subhâna llâh allâhu ákbar); si pasa por un versículo que sea invocación (du‘â) o solicitud de perdón (istigfâr) debe invocar y pedir perdón; si pasa por un pasaje en el que se mencione algo deseable debe expresar ese deseo o si, por el contrario, el texto menciona algo aborrecible, debe cobijarse en Allah contra ello. Puede hacerlo en voz alta o en silencio. Hudzáifa dijo: “En cierta ocasión hice el Salât con el Profeta (s.a.s.) y comenzó recitando el capítulo de al-Báqara. No pasaba por ningún versículo en que se mencionara la misericordia de Allah sin solicitarla, ni por ningún versículo en que se mencionara el castigo de Allah que aguarda a los perversos e injustos sin que pidiera a Allah que le protegiera, ni pasaba por ningún versículo en que se describiera la perfección de Allah sin que lo glorificara”.

Al finalizar la sesión de estudio, recitación y lectura del Corán, se debe pronunciar la invocación que realizaba el Profeta (s.a.s.) en ese caso: alláhumma rhamnî bil-qur’âni wa ÿ‘álhu lî imâman wa núran wa húdan wa rahma (Allahumma, apiádate de mí por el Corán, y hazlo ser imâm, luz, senda y misericordia para mí), alláhumma dzakkirnî minhu mâ nasîtu wa ‘allimnî minhu mâ ÿahiltu wa rçuqnî tilâwatahu â:nâa l-láili wa atrâfa n-nahâri wa ÿ‘alhu lî húÿÿatan yâ rábba l-‘âlamîn (Allahumma, hazme recordar de él lo que he olvidado, enséñame de él lo que aún ignoro, y provéeme con su lectura en el seno de la noche y los extremos del día (el amanecer y el atardecer), y hazlo ser un argumento en mi favor, oh Señor de los mundos).

Novena:
La lectura en voz alta. El recitador, al menos, debe oírse a sí mismo, pues la lectura consiste en la pronunciación de las letras diferenciando entre los sonidos. Como se ha señalado, la voz es indispensable siendo el mínimo que el lector se oiga a sí mismo (en caso contrario, por ejemplo, quedaría invalidado el Salât en el que se exige que la recitación sea hecha en voz alta).

Los partidarios de la lectura en silencio (qirâat al-isrâr) se apoyan en el hadiz en el que el Profeta dijo: “La lectura en secreto es mejor que la lectura en voz alta al igual que la generosidad discreta es mejor que la generosidad en público”, o, según otra versión: “El que pronuncia el Corán en voz alta es como el que hace gala de su generosidad y el que pronuncia el Corán en silencio es como el que es generoso en privado”. También se han atribuido al Profeta (s.a.s.) las siguientes palabras: “La acción en privado supera setenta veces a la que se hace en público”. Y dijo: “La mejor riqueza es la suficiente para la subsistencia, y la mejor Mención del Nombre es la invisible”.

Por el contrario, los partidarios de la recitación en voz alta (qirâat al-ÿahr, qirâat al-‘alânía) se apoyan en el hadiz en el que se cuenta que el Profeta (s.a.s.) escuchó pronunciar en voz alta el Corán a sus Compañeros en la mezquita y lo aprobó diciendo: “Cuando os levantéis para hacer el Salât en la noche, recitad el Corán en voz alta, pues los ángeles y los habitantes de la casa os escuchan y hacen con vosotros el Salât”.

En realidad, las divergencias de opinión mencionadas se deben a las circunstancias. La lectura hecha en secreto es un arma contra la hipocresía, el fingimiento y la artificialidad, y es lo mejor en razón de quien teme caer en alguno de esos vicios. Por otra parte, la lectura en voz alta, si  no se corre esos peligros ni se molesta a nadie, es mejor porque añade algo a la anterior, y es la virtud de la voz, además de poder servir de provecho a otros. La recitación en voz alta tiene otras ventajas como la de despertar el corazón, facilita la comprensión de lo que se está leyendo y permite su audición a otros. Además, ahuyenta el sueño y anima al perezoso. Si está presente cualquiera de estas intenciones, la recitación en voz alta es mejor. Si todas esas intenciones están presentes, el mérito de la lectura en voz alta es mayor. La abundancia de intenciones purifica al que realiza una acción y multiplica las recompensas de las que se hace acreedor. Si en un acto hay diez intenciones, se recibe por él diez recompensas. Por ello decimos que la recitación mirando el texto del Corán es mejor porque hasta mirar en el Libro es una devoción. Muchos de los Compañeros del Profeta (s.a.s.) preferían leer que recitar de memoria, y había entre ellos quienes no dejaban pasar un día sin realizar una lectura sobre el texto: detestaban estar sin mirar al Corán.

Décima:
Embellecimiento de la voz durante la lectura y recitación pausada (tartîl) con revisión de cada sonido sin alargamientos excesivos e inútiles o que alteren el texto.

El Profeta (s.a.s.) dijo: “Adornad el Corán con vuestras voces”. Y también dijo: “Allah no autoriza tanto algo como el embellecer la voz durante la recitación del Corán”.. Y dijo: “No es de los nuestros quien no canta el Corán” (se ha dicho que el verbo empleado significa en realidad “tener suficiente”, es decir, “no es de los nuestros quien no tiene bastante con el Corán”, o bien “no es de los nuestros quien no es rico con el Corán”, que viene a ser lo mismo; pero la versión más correcta del verbo es la de “cantar”, “salmodiar”). 
El Profeta (s.a.s.) dijo: “Quien escuche un versículo del Corán, será para él luz el Día de la Resurrección”. Si oír un versículo es luz, ¿cuál no será la recompensa que aguarda al que lo recita? Todo ello es así mientras no haya hipocresía, ni fingimiento ni artificialidad.


  


(Versión Resumida por Islam en Mar del Plata)