4/10/12

Positivo que Argentina comenzara a dialogar con nación persa

La sede de Naciones Unidas en Nueva York sirvió de lugar de encuentro
y diálogo entre los cancilleres de Argentina e Irán. Una buena
noticia. Washington y Tel Aviv, en cambio, siguen con planes de
agredir a Teherán.
Por EMILIO MARÍN

Hasta los mayores críticos del Irán “fundamentalista” deberán
reconocer que este país ha demostrado una voluntad dialoguista que
supera largamente a la “democrática” Inglaterra. Es que en las
anteriores Asambleas Generales de la ONU la mandataria argentina había
exhortado a Londres a negociar por la soberanía de Malvinas, con una
respuesta negativa. Londres no admite ni ahora ni más adelante un
diálogo sobre esa temática. Las islas son Falklands y punto, y por las
dudas han fletado otro barco de guerra hacia el Atlántico Sur.
En cambio Irán ha tenido una postura razonable. Pidió dialogar,
estando de por medio el diferendo político con Argentina, luego de
haber sido acusado –sin pruebas sólidas- de ser el organizador del
atentado terrorista que causó 85 muertos en la sede de la AMIA, en
julio de 1994.
El martes pasado, en su discurso ante la 67º Asamblea General de la
ONU, Cristina Fernández de Kirchner manifestó que había aceptado el
diálogo solicitado por el gobierno iraní. Y que había instruido al
canciller Héctor Timerman para que se reuniera con su par Alí Akbar
Salehi para lograr avances y colaboración de la otra parte, que ayude
a esclarecer el atentado a la mutual judía.
Esa declaración descolocó al enviado del diario “La Nación”, Mariano
Obarrio, quien había escrito que la presidenta había abandonado la
idea de ese cónclave, luego de haberlo alentado una semana antes. A la
luz de los hechos, tales idas y venidas solamente existieron en la
imaginación de Obarrio, que –a tenor de la línea editorial de la
empresa donde trabaja- debe ver con malos ojos el acercamiento de CFK
con el demonizado iraní, Mahmud Ahmadinejad.
Dos días después del anuncio cristinista, se concretó el encuentro
entre Timerman y Salehi, secundados el primero por el vicecanciller
Eduardo Zuain y el segundo por Reza Zabib, director de asuntos
americanos de la cartera de exteriores persa.
La enumeración de los asistentes revela la importancia que le
adjudicaron ambos países. Y a la luz del comunicado de la entrevista
se puede colegir que el resultado fue positivo, pues allí se indicó
que seguirán los debates hasta alcanzar un mecanismo legal para ambas
partes que sirva para el caso AMIA.
Esa continuidad de reuniones tendrá por escenario a Ginebra, entre los
representantes legales de sendas cancillerías, a partir de octubre
próximo. Aún es pronto para emitir una opinión definitiva sobre cómo
terminarán esos debates. No será fácil un final feliz. Es que
Argentina comenzó reclamando la comparecencia de ocho funcionarios
iraníes supuestamente implicados en el atentado, y la administración
Ahmadinejad se ha negado de plano. Esa negativa se reiteró tanto
frente a la solicitud de extradición, hecha en un principio, como a
otras formas más suaves del mismo planteo judicial, como la formulada
por la cancillería argentina desde tiempos de Rafael Bielsa, de que
esos funcionarios iraníes aceptaran un juicio en un tercer país. Se
alegaba el antecedente de Lockerbie, cuando Libia aceptó que dos
ciudadanos suyos fueran juzgados en Holanda por el atentado contra un
avión de Pan Am que se desplomó sobre aquella localidad de Escocia con
un tendal de 270 muertos.

Que muestren pruebas

La negativa iraní a extraditar a Argentina a los ocho funcionarios
requeridos, así como a un juicio en un tercer país, se fundamentó en
que no halló prueba alguna de posible culpabilidad de esos ciudadanos
en los gravísimos hechos imputados. Y en que, en esas condiciones, la
propia ley de la República Islámica de Irán protege los derechos de
sus connacionales; sería una violación de su normativa entregarlos a
una justicia foránea.
Lo presumible es que una vez que se sienten las partes en Ginebra, los
representantes persas pidan que los argentinos presenten pruebas de la
supuesta culpabilidad de los requeridos.
Ese requisito lo plantearían en cualquier caso, aún tratándose de
modestas personas, pero obviamente serán mucho más puntillosos porque
la solicitud argentina de extradición fue dirigida contra un ex
presidente de la república, el actual ministro de Defensa, el ex
embajador y el agregado cultural en Argentina, etc.
Y las pruebas –si existen- son endebles por no decir directamente
inexistentes. Algunos gobiernos del mundo, comenzando por Estados
Unidos e Israel pueden suponer que Irán alienta un proyecto de contar
con una bomba atómica, pero nunca han podido probar que ese país haya
cometido atentados terroristas en Medio Oriente ni en otra parte del
mundo. En cambio los antecedentes son muchos y variados contra ese par
de socios que amalgaman sionismo e imperialismo.
Si Irán no pone bombas a nivel mundial, ¿por qué hubo de ponerlas en
Buenos Aires? ¿Por qué allí, si con Argentina mantenía buenas
relaciones desde tiempos de Arturo Frondizi y el Sha Mohamed Reza
Pahlevi?
El expediente acusatorio contra Irán tiene un insuperable defecto de
fábrica: fue armado por el juez Juan José Galeano, que posteriormente
fue denunciado por Néstor Kirchner ante el Consejo de la Magistratura
y destituido. El fiscal Alberto Nisman retomó esa investigación en
base a lo maquinado por Galeano, que a su vez se basó en elementos
aportados por los servicios de inteligencia que operaron en Buenos
Aires tras el atentado de 1994. La CIA y el Mossad israelí metieron
baza en la causa y la contaminaron, operándola políticamente en contra
de Teherán, considerado casi el vértice del “eje del mal” desde 1979
a la fecha.
El armado de la causa AMIA fue funcional al plan
estadounidense-israelí de demonizar a Irán y crear mejores condiciones
políticas para agredirlo.

Mala onda

El discurso de Cristina en la ONU el martes 25/9 evidenció mejor onda
con Irán, que por su parte había pedido la apertura de un diálogo. Al
día siguiente el presidente Ahmadinejad, en conferencia de prensa
también en la ONU, reiteró que su gobierno tiene interés en mejorar
las relaciones bilaterales, que habían sufrido “la interferencia y la
intromisión de otros”. Para el pueblo y el gobierno argentino tenemos
los mejores sentimientos, piropeó.
Un rato antes, cuando el mandatario iraní daba su mensaje ante la
Asamblea General, el vicecanciller argentino Zuain y el encargado de
negocios argentino ante la ONU, lo escucharon atentamente. También
asistieron, impertérritos, los representantes de gobiernos europeos, a
diferencia de los de EE UU, Canadá e Israel, que boicotearon a
Ahmadinejad.
Esa fea actitud, de boicot, ni siquiera tuvo en cuenta que el orador
–además de representar a su país- es el presidente rotativo del
Movimiento de Países No Alineados, donde se aglutinan más de un
centenar de naciones.
Las diferencias quedaron a la vista: sobre 193 países miembros de
Naciones Unidas, sólo 3 se ausentaron como gesto de agravio al
mandatario de Irán.
El jefe de gobierno de Israel, Benjamin Netanyahu, habló allí el
jueves 27/9. Renovó una serie de amenazas de agresión contra Teherán
si continúa con su plan de experimentación de la energía nuclear y
supera la “línea roja” del armado de una bomba atómica. Es el mundo
del revés: Irán no tiene armas de ese tipo e Israel 200, pero el que
quiere ser sentado en el banquillo de los acusados e incluso
bombardeado es el primero.
En este sentido, de la situación de Medio Oriente y la política de
Israel contra sus vecinos árabes, también fue positiva la disertación
de la presidenta argentina. Es que pidió a favor de Palestina y que el
gobierno de Tel Aviv vuelva a respetar las fronteras previas a la
guerra de 1967, un reclamo que Netanyahu y sus protectores
estadounidenses no piensan atender.
La iniciación de un diálogo con Irán tendría que contar con el
beneplácito de la mayoría de la opinión pública argentina, incluyendo
a la comunidad judía. Sin embargo es preocupante que tras las primeras
reacciones favorables de los dirigentes de la AMIA, Daia y familiares
de las víctimas, hayan ido mudando a otra postura, más crítica con ese
diálogo.
Por lo menos ese giro negativo se advierte en las dos primeras
entidades. “No podemos creer que sea confiable esta propuesta de
acercamiento. Irán es un país teocrático y negacionista”, expresó
Guillermo Borger, presidente de la AMIA. Añadió que resulta
“incoherente” que Irán quiera conversar con la Argentina mientras se
niega a entregar a los funcionarios acusados como responsables del
atentado.
Es probable que Borger esté hablando bajo presión política de
Netanyahu, enemigo de ese diálogo Buenos Aires-Teherán. Las cúpulas de
AMIA y Daia tendrán que aclarar bien cuál es su sentido de pertenencia
nacional. ¿O pretenden que la política exterior de Argentina no nazca
del Palacio San Martín sino de la cancillería de Avigdor Liberman? Es
el mismo personaje que hace pocos años sugirió arrojar una bomba
atómica contra los palestinos de Gaza.