8/10/12

La enfermedad se ceba con los palestinos

El 31% de los palestinos refugiados en alguno de los campos de Líbano tienen una enfermedad crónica. El 52% de sus mal llamados hogares presentan goteras y muchos de ellos están construidos con materiales tóxicos como el amianto. El 63% de las familias que sobreviven en estos guetos aseguran tener problemas para conseguir comida. Tampoco en los territorios ocupados las condiciones son mejores. Buena parte de los niños sufren desórdenes alimentarios y las ambulancias palestinas apenas pueden entrar en Jerusalén, donde se concentran los hospitales. Esta es la radiografía de la salud de un pueblo sin Estado.

En marzo pasado se celebró en Beirut (Líbano) la segunda conferencia de The Lancet-Palestinian Health Alliance, unas jornadas impulsadas por la prestigiosa revista médica sobre el estado de salud del pueblo palestino.The Lancet publica ahora los resultados de las 32 investigaciones presentadas allí. Sin apenas una línea de política en los textos, los distintos trabajados, financiados por organizaciones como la Unión Europea o la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA), están llenos de datos que revelan la dura realidad sanitaria de este pueblo tanto en los territorios ocupados de Gaza y Cisjordania como en los campos de refugiados desperdigados en los países cercanos a Israel.

En 1948, tras la primera guerra árabe-israelí y la creación del Estado de Israel, más de 700.000 palestinos salieron de sus tierras. Unos 100.000 fueron al norte, hasta Líbano, donde hoy son 400.000, la mayoría viviendo en campos de refugiados. A pesar de los 60 años transcurridos, su integración en la sociedad libanesa es escasa. Sin derechos ciudadanos y con limitaciones legales para trabajar o poseer un pedazo de tierra, los refugiados se concentran en guetos.

Graves enfermedades

Una investigación de la Universidad Americana de Beirut muestra la íntima relación entre condiciones de vida y enfermedad. Tras estudiar 2.500 hogares, comprobaron que el 31% de los individuos tenían alguna enfermedad crónica y otro 24% había sufrido alguna enfermedad grave en los seis meses anteriores a la fecha de realización del estudio. Más de la mitad de los hogares tenían goteras y un 8% estaban construidos con materiales perjudiciales para la salud, como el amianto. Allí donde las casas eran peores, los índices de enfermedad eran más elevados.

En otra de las 32 investigaciones presentadas en la conferencia, y financiada por la Unión Europea, investigadores libaneses y estadounidenses comprobaron lo lejos que están las buenas intenciones de la realidad. Aunque la UNRWA es la encargada de dar asistencia a los campos de refugiados, las altas tasas de pobreza y escasez de medios de vida están provocando el miedo al hambre en los campos. Comprobaron que el 59% de las familias viven por debajo del umbral de la pobreza. El 63% de los entrevistados aseguraron soportar inseguridad alimentaria. Este trabajo, relacionado con el anterior, permitió comprobar la correlación entre el acceso al alimento y la presencia de alguna enfermedad crónica o discapacidad en algún miembro de la familia.

Un tercer trabajo llevado a cabo por investigadores de la Universidad Birzeit de Ramala se centró en la seguridad en cuatro campos de refugiados, tres poblados por palestinos musulmanes y un cuarto por palestinos cristianos. En las instalaciones, toleradas por el Gobierno libanés y mantenidas por la UNRWA, la vida se hace complicada. Sin luz, agua corriente y otros servicios básicos asegurados, el 38% de los encuestados dijeron tener altos niveles de estrés y, un tercio, sentirse inseguros.

La conferencia también asistió a la presentación del estudio del irlandés Yoga Nathan Velupillai. Ahora profesor de la escuela de medicina de la Universidad de Limerick, estuvo a mediados de la década pasada como voluntario de una ONG en los campos de refugiados. En 1996 realizó un trabajo de campo sobre el estado de salud de los palestinos. Velupillai encuentra que las cosas no han mejorado en estos 15 años.

El año que viene, la Alianza volverá a reunirse de nuevo, esta vez en suelo palestino. Quieren que sean los propios investigadores locales los que estudien la situación de su pueblo pero también esperan que “estos eventos anuales actúen como mecanismos para controlar a todos los que comparten la responsabilidad en el estado de salud de los palestinos, el Gobierno de Israel, la Autoridad Palestina, las naciones árabes de la región y la comunidad internacional, por sus obligaciones legales y, a veces, también sus actos y políticas ilegales”, escribe en un editorial Richard Horton, de The Lancet.

Morir porque no llega la ambulancia

El segundo gran foco de los estudios publicados por The Lancet está puesto en los palestinos que se quedaron en su tierra, en la franja de Gaza y en Cisjordania, muchos de ellos también como refugiados. La situación allí no es mucho mejor. A los problemas de falta de un Estado como tal que se haga cargo de la salud pública, hay que sumar los obstáculos que ponen las autoridades israelíes.

La propia ocupación militar israelí restringe los movimientos de los palestinos, afectando al derecho a la asistencia sanitaria. Un estudio sobre la concesión de permisos para que los enfermos de los territorios ocupados y sus familiares puedan ir a los hospitales de Jerusalén Este, realizado a comienzos de este año, muestra que de los 175.228 que lo pidieron, el 19% lo vio retrasado o directamente rechazado. Incluso el personal sanitario tiene sus movimientos restringidos. De las 1.074 ocasiones en las que se solicitó que una ambulancia de los territorios pudiera entrar en Jerusalén, sólo 49 pudieron hacerlo. Al menos seis pacientes murieron mientras esperaban un permiso.

En otro de los trabajos, centrado en los escolares palestinos, se ha podido comprobar la alta prevalencia de desórdenes alimentarios. Basado en el trabajo en 22 escuelas, el estudio reveló que el 7% de los niños presentaba desnutrición crónica. Al mismo tiempo, un 12% tenía sobrepeso.

En una de las escasas investigaciones que tienen un mayor calado político, Randa May Wahbe, de la Universidad de Columbia (EEUU), desvela el lamentable estado de salud física y mental de los prisioneros palestinos en las cárceles israelíes. Aunque seleccionó a 100 exprisioneros, la falta de dinero le obligó a limitar su estudio a 10 ellos, por lo que advierte que son resultados parciales. Aún así, su trabajo muestra que la mitad de ellos todavía estaban recibiendo tratamiento meses después de haber salido de la cárcel y de enfermedades que contrajeron en ella. Todos, tenían problemas dentales y la mitad presentaban problemas relacionados con el aparato digestivo, debido posiblemente a la deficiente alimentación mientras estuvieron encerrados. Pero lo peor es que los responsables de las prisiones usaban la asistencia médica como chantaje: si los prisioneros palestinos querían ir a la enfermería, tenían que mostrarse colaboradores.

Fuente: Materia




‘Crisis oculta’ de altos niveles de enfermedad en los refugiados palestinos






Una encuesta realizada a 356 refugiados palestinos que viven en campos de refugiados en el Líbano ha revelado que aproximadamente el 31% de las personas que viven en estos campamentos tienen enfermedades crónicas, y que casi una cuarta parte (el 24%) había sufrido una enfermedad grave en los seis meses anteriores a la encuesta. El estudio ha sido publicado en ‘The Lancet’.

Los investigadores, dirigidos por Rima Habib, de la Universidad Americana de Beirut, observaron que el 42 por ciento de los encuestados tenían goteras en las paredes o techos de sus hogares, y que el 8 por ciento de las viviendas estaban compuestas de materiales de construcción peligrosos, como el amianto. Los investigadores identificaron una correlación significativa entre la enfermedad crónica y la pérdida de agua en los hogares encuestados, así como otras correlaciones que, en conjunto, indican que existe un fuerte vínculo entre la pobreza y la mala salud en estas comunidades.

Según Hala Ghattas, de la Universidad Americana de Beirut, y sus colaboradores, la inseguridad alimentaria presenta otro problema acuciante para los palestinos desplazados, ya que una encuesta realizada en 2.501 hogares reveló que el 63 por ciento había experimentado alguna inseguridad alimentaria y el 13 por ciento mucha inseguridad alimentaria. Los hogares con inseguridad alimentaria severa eran más propensos a tener un miembro de la familia con una enfermedad crónica, discapacidad o enfermedad mental.

En una evaluación sobre las necesidades de salud de los refugiados palestinos, Yoga Nathan Velupillai, de la Universidad de Limerick, en Irlanda, señala que en un anális similar realizado en 1996, la falta de coordinación entre los proveedores de servicios estaba llevando al incumplimiento de las necesidades de salud de los refugiados. Velupillai observó que, en 2012, el estado de salud de los refugiados palestinos en el Líbano se había mantenido sin cambios después de 16 años.

En el nuevo estudio, Rouham Yamout, de la Universidad Americana de Beirut, y sus colaboradores, realizaron un estudio piloto de medición de los indicadores de inseguridad entre 356 refugiados palestinos que viven en Líbano, seis meses después de la guerra israelí, entre 2008 y 2009. Los investigadores descubrieron altos niveles de inseguridad y angustia entre la población – un tercio de los encuestados reportaron niveles de moderados a altos de aflicción personal (un 38% / 134 encuestados) y / o una alta inseguridad (un 34% / 121 encuestados).

Existe una creciente carga de enfermedades no transmisibles en los refugiados palestinos, por ejemplo, una investigación dirigida por Yousef Shahin, de las Naciones Unidas, muestra que la diabetes presenta un problema creciente. Sin embargo, Shahin y sus colaboradores sugieren que un buen seguimiento, la capacitación del personal y la disponibilidad de medicamentos pueden reducir el creciente problema de la elevada prevalencia de factores de riesgo para la salud en estas comunidades.

Retraso de crecimiento, desnutrición y obesidad

Salwa Massad, de las Naciones Unidas, y sus colaboradores han evidenciado la prevalencia del retraso del crecimiento, la desnutrición y la obesidad entre escolares refugiados, lo que demuestra la necesidad de una mejor vigilancia del estado nutricional entre los niños, junto con la necesidad de mejorar la difusión de información sobre estilos de vida saludables.

Por otro lado, Anita Vitullo y sus colaboradores de la oficina de la Organización Mundial de la Salud situada en el territorio palestino ocupado, examinaron las barreras para acceder a los servicios de salud a las que se enfrentan muchos palestinos, la mayoría en el este de Jerusalén, como consecuencia del régimen de permiso de Israel. En 2011, 175.228 pacientes y acompañantes de Cisjordania solicitaron permisos para acceder a servicios para la salud, pero el 19 por ciento de estas solicitudes fueron denegadas o sufrieron retrasos; además, de los 10.560 pacientes en Gaza que solicitaron permisos, el 10 por ciento también fueron denegados o sufrieron retrasos.

Las restricciones israelíes también afectan a los trabajadores del hospital en el este de Jerusalén, con permisos que restringen el modo y la vía de entrada a la ciudad, así como la entrada de ambulancias palestinas en Jerusalén.

Otro estudio, realizado por Randa May Wahbe, de la Universidad de Columbia, en EE.UU., pone de manifiesto la preocupación por la salud física y mental, a largo plazo, de los presos políticos palestinos. Un estudio de 10 ex-prisioneros – que habían sido encarcelados durante más de veinte años cada uno – reveló que el entorno de la prisión había exacerbado los problemas de salud de los detenidos, debido a la humedad, el hacinamiento, las plagas, y la falta de higiene en las instalaciones de seguridad israelíes. Además, los encuestados informaron que los centros penitenciarios los obligan a dar información política a cambio de tratamiento.

Según Richard Horton, director de ‘The Lancet’, “esperamos que la publicación de esta investigación, y las continuas reuniones anuales de The Lancet Palestine Health Alliance, puedan actuar como un mecanismo para que todos aquellos que comparten la responsabilidad por el estado de salud palestino – el Gobierno de Israel, la Autoridad Palestina, las naciones árabes y la comunidad internacional – cumplan con sus obligaciones legales”.

Fuente: Europa Press / OICP

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