5/9/12

Sobre los dichos del Embajador de Palestina en relación a Siria

Embajador Wualid Muaqqat
De mi mayor consideración:
                                                  Me dirijo a Ud., en mi carácter de activo partícipe de la causa palestina, como argentino, como palestino, como escritor comprometido con nuestro pueblo, como presidente de la Colectividad Palestina de Zárate y como representante en la República Argentina del movimiento político Al Fatah.

Acabo de regresar de la provincia de Jujuy, en el norte argentino, sede de una de las más importantes colectividades árabes del interior del país, a donde fui invitado a presentar mi último libro “El Agua. Palestina Hoy”, y lo hago sin poder salir todavía del estupor que me han causado las palabras por Ud. pronunciadas en la capital de esa provincia, con motivo de celebrarse un nuevo aniversario de la Unión Sirio – Libanesa, y que fueran puestas en mi conocimiento por importantes referentes de las colectividades árabes, presentes en ese evento.

Varios de los asistentes allí presentes, muchos de mi mayor confianza, me hicieron saber lo que Ud. expresara en uno de los pasajes de su discurso, haciendo mención a la situación que vive nuestra hermana Republica Árabe Siria, y dejando en clara evidencia que Ud. toma partido por los llamados “rebeldes o disidentes”, ya que de acuerdo con sus propios dichos: “Lo que ocurre en Siria es porque los sirios están cansados, y quieren al igual que otros países del mundo, poder votar y elegir sus gobernantes, por ejemplo cada cuatro años” (sic)

Mi gran duda, y la de muchos que escucharon asombrados sus palabras, y el motivo de la presente, es determinar si Ud. habló en nombre del Sr. Presidente de la Autoridad Nacional Palestina y del Sr. Canciller, ya que en virtud de su investidura, y a quien representa, eso es lo Ud. dio a entender a todos los allí presentes; o si lo hizo exclusivamente a título personal.

Señor Embajador, en lo que a mí respecta como escritor, y sabiendo lo que las palabras pueden significar en un auditorio, y máxime cuando son pronunciadas por un embajador, es decir, por el representante de un gobierno y de una nación , considero su dichos muy poco felices, y en lo que respecta a mi condición de argentino y palestino, un gran error diplomático, excepto que Ud. haya recibido instrucciones precisas de su Presidente, o de su Canciller al respecto, cosa que pongo en duda en virtud de los perjuicios que expresiones de este tipo pueden causar a los lazos de hermandad que nos unen a las diferentes naciones y colectividades árabes.

Expresiones de ese tipo, no solo perjudican al gobierno de la Autoridad Nacional Palestina, sino también al pueblo palestino en general, dentro de los Territorios Palestinos Ocupados, dentro del Estado de Israel, a los refugiados palestinos en alguno de los países árabes hermanos, a todos los que de una u otra forma trabajamos por los derechos palestinos pero, concreta y especialmente, a nuestros refugiados palestinos que viven en Siria.

Es imprescindible, Sr. Embajador, que Ud. pueda comprender el alcance de sus palabras y que con ellas fomenta la desunión entre los numerosos ciudadanos argentinos de origen árabe, sembrando la peor de las semillas: la de la discordia entre pueblos que hoy, más que nunca, deben estar unidos. Estoy absolutamente convencido de que el motivo de su trabajo aquí no es ese, así como tampoco puede Ud. verter opinión sobre otro país hermano de la forma en que lo hizo, pues como ya expresara, dudo que haya recibido directivas políticas en ese sentido.

Para finalizar, Sr. Embajador de la Autoridad Nacional Palestina en Argentina, le pido por favor, encarecidamente, y con el mayor de los respetos que, en próximas ocasiones, mida sus palabras, y sea atinado para con su uso, cuidando de no comprometer con ellas a otras personas. Le pido, también, que reserve sus opiniones personalísimas para cuando ya no sea Embajador, y que tenga en cuenta que si bien Ud., en el futuro, partirá a otro destino, quienes trabajamos día a día con coraje, con sentimiento y con lealtad, no estamos amparados por ningún tipo de inmunidad diplomática, y debemos seguir viviendo en esta amada Argentina; por lo tanto, lo que menos necesitamos con nuestros hermanos argentinos y de origen árabe, aquí residentes, es desunión, conflictos y discordia.


Gustavo Reynaldo Rojana