26/9/12

¿QUIEN ES ALLAH?


Por el Imam Mahmúd Husáin


1. LA IMPOSIBILIDAD DE DAR UNA RESPUESTA
Nuestra respuesta a esta pregunta equivale esencialmente al Mensaje del Sagrado Corán, que tiene a la palabra “Allah” como eje o centro, como su significado esencial. Nuestra respuesta ahondará, pues, en el significado espiritual profundo del Islam. Pero desde ya advierto algo, es imposible contestar a la pregunta: “¿Quién es Allah?[1] Responderla constituye un proyecto de vida, pues no se trata de algo teórico. Existe un dicho del Profeta (BPDyC) que enseña: “Quien se conoce a sí mismo a su Señor conoce”, es decir conoce a Allah. Esto significa que la clave del conocimiento de Allah, de “Quién es Allah”, es conocerse a sí mismo. Si esto es así, resulta imposible transmitir a otro dicho conocimiento, pues constituye una tarea personal, en la que está involucrada toda el alma y todo el ser de cada individuo. Una respuesta teórica a tal pregunta es imposible, porque sería lo mismo que dar una respuesta teórica abstracta al conocimiento de sí mismo, siendo algo que por el contrario uno tiene que hacer por sí mismo. Para conocer a Allah, Quién es Allah, en consecuencia, se debe empeñar todo el ser. Esta es nuestra primera advertencia.
            Es posible, sin embargo, ayudar a otro a conocerse a sí mismo. Existen maestros, prácticas y comunidades que se dedican a ello.

2. CAMINOS DE ACERCAMIENTO HACIA LA RESPUESTA PERSONAL
Sin embargo, vamos a intentar abrir algunos caminos de acercamiento a la respuesta, y tratar de llegar a algunos puestos de peregrinación hacia ella. En el mundo islámico se produce anualmente lo que se llama la Peregrinación, que tiene un doble significado, uno externo y social, que es la reunión de un conglomerado de gentes, que por lo general llega a los varios millones de individuos, de todas las partes del mundo, de todas las razas, culturas y posiciones sociales, que se hermanan desde lo más exterior hasta lo más interior, desde la vestimenta que usan (porque todos deben utilizar un atuendo blanco sin costuras, ni adornos, ni identificación alguna, para que no haya distinción ninguna entre ellos), tanto como se hermanan interiormente, de corazón, en las prácticas, y en la motivación que los llevó a ese lugar, Meca, el Templo de la Ká’bah.
            Pero, ¿de dónde parte esa muchedumbre?; sale de puntos determinados, de lugares establecidos para tomar el atuendo y el estado de purificación. Hasta ese punto llegan con sus vestimentas, con sus diferencias, con sus mentalidades y falta de experiencia de la verdadera hermandad. Pero allí se despojan del oro, de la plata, y de las distinciones personales, para hermanarse el negro, el blanco y el amarillo, en una sola muchedumbre que se dirige hacia el mismo centro.
            En el transcurso de nuestra exposición trataremos espiritualmente de llegar a un punto donde deberemos purificarnos. Hasta allí se puede hablar abstractamente de “Quién es Allah”, pero, análogo a la Peregrinación, desde ese punto hasta la ciudad de Meca, y hasta la Ka’bah (el templo y centro espiritual de la ciudad), se abrirá el camino del conocimiento de sí mismo. Esos puntos de congregación de las muchedumbres, al este y al oeste, al norte y al sur, están todavía lejos de la ciudad y del templo; hasta allí todos llegan con sus diferencias, de ahí en más todos congregan por diferentes caminos hacia un sólo centro que es la Ka’bah, con una sola intención y hermanados por el mismo atuendo de la Peregrinación. Por analogía, a través del conocimiento de nosotros mismos nos despojamos de toda diferencia, y adquirimos la vestimenta de la purificación.
            El sentido espiritual de la Peregrinación es el conocimiento de sí mismo, es un salir al encuentro de sí, ir hacia el centro de sí mismo, así como los hombres van exteriormente hacia la Ka’bah a encontrarse con su Señor. Esta sería la respuesta real a la pregunta del inicio. Pero nosotros, en nuestra exposición, no podemos hacer más que llegar a los puntos en que debemos sacarnos la ropa exterior, y ponernos el atuendo de la purificación.

3. PRIORIDAD DEL CONOCIMIENTO SOBRE LA ACCION
Entrando ya a nuestro tema, sabemos que el Islam es la doctrina revelada a Muhammad (BPDyC) y compilada en el Libro llamado el Sagrado Corán, que significa “la grande o excelsa lectura”, o bien tv “la gran síntesis”, y fue transmitido por Gabriel (P), al cual se llama en el Islam el Espíritu Santo, durante veinte y tres años al Profeta Muhammad (BPDyC). Esa doctrina concierne a todos los aspectos de la vida humana, no es devoción solamente, ni ley externa, es tanto devoción, ley externa, política, vida familiar, vida personal, higiene, pensamiento científico (porque el Sagrado Corán trae principios científicos). Es, en síntesis, un modo de vida, lo que en árabe se llama “Din”. Todos los aspectos de la vida humana están contenidos en esa enseñanza que recibió el Profeta (BPDyC) de parte de su Señor, a través del Espíritu Santo (P).
            En el Islam la prioridad está dada antes que nada al conocimiento, no a la acción; se afirma la superioridad del conocimiento, considerándose a la acción como el resultado de lo que el hombre conoce. Esto surge claramente del Sagrado Corán, y de las enseñanzas del Profeta, con él sean las Bendiciones y la Paz, y significa que la conducta del ser humano es el resultado de su estado interior, de su estado de conocimiento, de sus pensamientos. Esta es una constante en todas las tradiciones espirituales: El hombre es lo que conoce.
            La creencia del hombre tiene como fruto sus obras, aunque éstas a su vez influyan sobre sus creencias. Por las obras, entonces, conocemos las creencias del ser humano. Lo que cree, lo que piensa, no lo podemos saber a menos que lo conozcamos muy íntimamente, pero sus obras podemos conocerlas, y a través de ellas conocer sus pensamientos, o el grado de su conocimiento, o su estado interior. Sin embargo, esta raíz, que es el estado interior, es la que produce las obras del ser humano. Por lo tanto, es más importante el estado interior, el conocimiento que posee el hombre, que sus mismas obras, pues dicho conocimiento determina todas sus acciones. Aunque debemos reconocer que nunca podremos conocer el interior de una persona como esa misma persona puede llegar a conocerse a sí misma.
            Es por ello que sería inútil de nuestra parte responde a “¿Quién es Allah?” de acuerdo al corazón de cada uno de nosotros, pues cada uno dará su propia respuesta, que será diferente a la de otro. Ello no significa que Allah sea diferente en Sí Mismo, o que Él vaya variando según la persona de que se trate, sino que cada cual lo alcanza a conocer en un grado diferente, como se conoce el universo, por ejemplo, por parte de un astrónomo, o bien de un comerciante, o de un hombre con cultura general (sin que deje el universo de ser el mismo). Esto demuestra, por otra parte, que el conocimiento de Allah es infinito, ya que Él Mismo es Infinito.

4. LA PALABRA ALLAH
En consecuencia, partiendo de la prioridad del pensamiento, la respuesta a “¿Quien es Allah?” la debe dar todo ser humano, cada uno por su lado. Allah, en árabe, significa el Amado o el Adorado, es una palabra que no tiene plural, ni femenino, y se traduce generalmente como “Dios”. Pero la palabra “Dios” no contiene el significado entero y tan sublime de la palabra Allah[2].
            El hombre, necesariamente, alguna vez, piensa en esa pregunta: “¿Quién es?”, o la piensa bajo esta forma: “¿Existe?”. De alguna manera se la plantea en algún punto de su vida; que después lo olvide, o que trate de ocultarlo, de taparlo, esto ya no interesa. Lo importante es que en algún punto de su existencia se plantea cuál es el Origen de toda la realidad. Si es muy filosófico, o menos filosófico, igual se plantea la cuestión.
            En los momentos de angustia, de necesidad, de accidentes, de pérdidas de seres valiosos, en los momentos en que el hombre llega al límite de sus posibilidades, entonces necesita una ayuda, y comprueba que ningún ser humano, ni nada de lo que hay en la naturaleza, lo puede ayudar o auxiliar. En ese momento dirige su pensamiento hacia esa Realidad Suprema pidiendo auxilio, o al menos planteándose si existe, y de ser esto último cierto, anhelando que lo ayude, porque de Él depende el hombre.
            El problema es que la respuesta a “¿Quién es Allah?”, “¿Quién es el Principio de todas las cosas?”, “¿Quién es la Realidad, el verdaderamente Amable y Adorable?”, “¿Quién es el que está Presente a través de todas las cosas amables, adorables y bellas?” “¿Quién es el que le comunica ser al hombre?”, “¿Quién es la Verdad Suprema?”, “¿Quién es el que da respuestas a toda pregunta, a la pregunta más honda (a ¿qué soy?)?”, etc., la respuesta a todas estas interrogantes, decíamos, el hombre por lo general las elude, se escapa de ellas, excepto en los momentos de angustia.

5. LOS TIPOS DE RESPUESTA
Veamos cuántas respuestas pueden existir. Puede haber una respuesta directa, que el hombre expresa en su interior, la piensa interiormente, o bien la dice verbalmente. Existe, por otra parte, una pregunta y una respuesta tácitas, que el hombre no piensa, pero que las tiene en la conciencia, siempre, como “dándole vueltas”; no lo sabe expresar, o no lo quiere expresar, pero las tiene en su conciencia ocultas, tapadas: “¿Quién es Allah?”, “¿hay una Realidad última?”, “¿hay un Principio de todas las cosas?”, “¿hay un Fin último de todo?”. Por más humilde que él sea, siempre se planteará, sea en forma directa o tácita, todas estas cuestiones.
            Entre las respuestas directas está la del filósofo, es una respuesta racional, que no satisface a todo el mundo. El filósofo explica la metafísica de esas pregunta y respuesta, y trata de encontrarles pruebas racionales. También puede haber la respuesta de la imaginación, del que no es muy filósofo, ni filosofillo, ni muy racionalista, pero concibe más o menos Quién es Él, se lo imagina. Lo imagina como una fuente de luz, por ejemplo: Si es cristiano y sigue el dogmatismo, lo imagina como un ser humano, Jesús concretamente; si es hinduista se lo imagina como algo universal, no personal, Brahma, que está detrás de la materia; si es musulmán, y no tiene mucho conocimiento, se lo imagina como la luz, tal es el ejemplo que usa el Corán: Allah es la Luz de los Cielos y de la tierra, es decir no como algo personal, pues es imposible que Él sea una persona.
            Él está presente en todo, pero no está con exclusividad en algo particular; además, no está en una sola cosa, como Jesús (P), porque Allah o Dios es Infinito, y las cosas individuales, las personas, cualquiera sean, son finitas, tienen un límite en el espacio y en el tiempo, surgen y desaparecen, tienen una silueta, una forma, y un tiempo limitado de vida. Además todas las cosas dependen unas de otras; todo en este mundo, sin excepción, es interdependiente. Entonces, Él, que es Infinito, no puede ser un objeto, porque Él no depende de nada. A Jesús (P) le pegaron, según dicen los evangelios canónicos, y en ese momento dependía de quien le pegaba, y si le hubiesen querido pegar más, lo hubiesen hecho; entonces dependía de otro. Sin embargo, Allah no debe depender de nadie, es absoluto. No existe, en definitiva, una idea personal de Allah en el Islam, Él no es una persona.
            Excluido el espantajo de “persona”, propio de la mente idólatra, el hombre cristiano puede concebir perfectamente Quién es Él, tener un acercamiento aunque sea racional a la idea del Islam sobre “Dios”[3]. En conclusión la respuesta a “¿Quién es Allah?”, alguno la expresa con la razón, otro con la imaginación y, por fin, algo que todavía no mencionamos, otros siguen la opinión de un tercero, que le enseñó Quién es el Principio de todas las cosas, sea un sacerdote, un rabino, un monje hindú, un filósofo, etc., o bien sigue la tradición de los padres, un dogma en definitiva. Pero en tales casos, sin excepción, nunca logrará una respuesta propia. Esta persona recibe de otro su respuesta, por lo cual no es algo que sale de su corazón, del fondo de su ser. Sobre todo en el Islam rechazamos seguir ciegamente la tradición de los padres, por mera obediencia sin convencimiento, y afirmamos que la tradición sagrada proviene de los maestros de la humanidad, los Profetas (P) la cual es la única verdadera. La que se transmite del padre al hijo, no es válida en tanto el hijo no la pruebe y se convenza de ella. Cuando él la experimente, y sepa si es verdadera o falsa, la podrá aceptar o rechazar. Además creemos que a través de la “tradición de los padres” se corrompe la sociedad humana.
            En conclusión, la respuesta puede ser directa, la de la razón, de la imaginación, y, por último, la opinión o falsa tradición, es decir el dogma impuesto por la creencia oficial o “tradición de los padres”. Pero, por otro lado, la respuesta puede ser tácita; alguien que no quiere pensar, tampoco quiere dar respuesta a la cuestión; está dedicado por entero al deporte, o al juego, o al sexo, o a los cantantes de moda, o está detrás de alguna ambición política, o de la riqueza material, y acumula dinero. Para él eso es “Dios”. Para cada uno de estos seres, cada una de las cosas que busca con amor y con ahínco, es “Dios”, es lo divino. Ha suplantado así al verdadero Divino por uno falso, tal es el auténtico idólatra. A través de un dios del sexo, de la moda, del juego, de la bebida, o cualquiera de las cosas que nosotros consideramos vicios, él ha dado salida a su necesidad de adoración, y se ha constituido un culto para sí mismo.
            Sin embargo, éste que se ha negado a pensar y buscar también va a tener que dar alguna vez la respuesta, porque algún día deberá morir, y entonces se terminó el juego y la farsa, o puede accidentarse, sufrir, y entonces deberá buscar respuestas a las cosas, a la Realidad, y cómo puede tratar con esa Realidad Suprema, para que no le pasen cosas como las que padece.
            ¿Cuál es la respuesta del Islam? Al lado de todas estas preguntas y respuestas el Islam tiene la suya: Él es según Él Mismo dice ser. Él es cómo Él dice que es. No hay teología racional o natural posible, la verdadera teología es la Revelación del Señor de los seres, no la teología humana. Él es como Él dice que es. A Moisés le dice en la zarza ardiente: “Yo soy el Eterno, Yo soy el que Soy”. A Muhammad le dice lo mismo: “Yo soy el Señor de los seres, no hay Divino más que Yo”, y dice también: Él es Allah, Uno y Unico; Allah Absoluto y Eterno; no procrea ni fue procreado, (es decir, no genera nada de Sí, ni es generado por nada que Le anteceda), y no hay semejante a Él nada en absoluto. Si entendemos esto, entonces entendemos la respuesta del Islam[4].

6. INFLUJO DE LA RESPUESTA SOBRE LA VIDA HUMANA,
            Esta es la primera parte de nuestra peregrinación. Hemos hecho un rápido esbozo de la pregunta y de la respuesta, la respuesta racional y la de la imaginación, la respuesta según la opinión de otro, de la tradición de los padres, del dogma que se acepta, una opinión más, en definitiva; todas ellas no son respuestas verdaderas. Hay también una respuesta del ignorante, la respuesta tácita, de quien nunca quiere hacer la pregunta porque está entretenido con otra cosa y ha suplantado al verdadero Divino por el falso. Por último, la respuesta del Islam: “Él es según Él mismo lo dice”.
            Quiero agregar que la del Islam también es la de Jesús (P), cuando le preguntaron sobre los mandamientos, y él respondió: “Pasarán mis palabras (o pasará este mundo) pero de la ley no pasará un ápice”, y la ley afirma en su primer artículo: “¡Oye Israel! tu Señor, tu Dios, es Uno”, y esto reproduce las mismas palabras  del Sagrado Corán antes citadas[5]. Lo que agregó la teología después es otro cantar, él no cantó ese canto, sino que dijo lo contrario.
            Veamos ahora, según nuestro esbozo, cómo afecta esta cuestión en la vida concreta del ser humano. Hasta ahora nos mantuvimos en un plano sobre todo teórico, abstracto, vamos pues al plano práctico.
            Para nosotros la cuestión de la respuesta que se da, de la actitud que se tiene ante la pregunta por Allah, determina toda la vida del hombre, no sólo un aspecto parcial de ella. No afecta al culto solamente, esta respuesta es la raíz de la vida del hombre, todo lo otro es relativo, ella es absoluta. Afecta la vida en su integridad, no interesa si uno es estudiante de física o de química, médico o labriego, mujer u hombre, ciego o sordomudo, lo que uno afirma, lo que piense como respuesta a esa pregunta: “¿Quién es el Principio de todas las cosas?”, determinará toda la vida, en todos sus aspectos y en su integridad, porque es el eje de la existencia.
¿Por qué es eje?: Porque siempre que el ser humano se relaciona con otros seres se crea un lazo que se llama “amor” o “simpatía”. La palabra “adoración”, no es muy comprensible en el occidente actual, pues se cree que se refiere exclusivamente al culto, pero en árabe “adoración” y “amor” intenso tienen el mismo sentido. El hombre tiene una fuerza en sí mismo, que ejerce continuamente, que a veces llama “simpatía”, y que en realidad es el amor,  fuerza presente continuamente, desde que se despierta hasta que cae en el sueño, fuerza de unidad y de comprensión, de relación con el resto de la realidad.
            En consecuencia, de acuerdo a lo que ame, el hombre es lo que es: Si ama la riqueza y los bienes materiales, termina siendo un materialista. Hay otros vicios peores, pero hacia donde dirija su amor, hacia donde su corazón se torne, aquello a lo que se adhiera y se apegue, eso determinará su vida. De esto tienen un ejemplo muy simple, el hombre se enamora de la mujer y la mujer del hombre, y comienza a existir entre ellos una fuerza de atracción, como los dos polos del imán. Entonces la mujer determina la vida del hombre, y el hombre determina la vida de la mujer, y de acuerdo a sus pensamientos se van como fundiendo en un sólo ser. Aún más, cuando el matrimonio es muy prolongado y armónico, hasta fisonómicamente se parecen, pues ambos van adquiriendo rasgos comunes.
            ¿De dónde proviene esa fuerza? Digamos por ahora que del corazón, porque es algo muy difícil de expresar. En realidad, el hombre es como un conductor de esa fuerza, no es el que la genera, porque ella es algo universal. ¿Dé donde procede?: Del Mismo que creó las cosas, luego Él las atrae hacia Sí con una fuerza tan potente que ellas no pueden desviarse de Él. Las atrae continuamente hacia Sí, “todo retorna hacia Él”, dice el Sagrado Corán: Toda la realidad, para dar una imagen, está como “volando” hacia Él. Tal es la fuerza del amor, y cuando dos seres se unen, están como ubicados en la misma “frecuencia” que Él manifiesta en el cosmos, se conectan con la armonía que Él exterioriza para toda la realidad, y empiezan esos dos seres a atraerse, como Él atrae hacia Sí la realidad. De la misma manera que Él lo hace, un ser atrae a otro, y no digo solamente un hombre a una mujer, digo también dos amigos (“amigos” viene de “amados”). Amor, es la fuerza de la unidad, y odio es lo que desune.
            Entonces si yo adoro aquello que es más sublime, más perfecto, si lo amo profundamente, me torno como eso, como el hombre y la mujer empiezan a parecerse. Me torno como eso y quiero adquirir sus virtudes y sus cualidades. Si amo a un ser humano que es noble, sacaré de él un gran beneficio, porque trataré de imitar su ejemplo, y querré parecerme a él. El secreto del amor es que el amante quiere parecerse al amado, y que el amado, para el amante, siempre es excelso. Si el amante no considerase superior al amado, no lo amaría. A una cosa fea, inferior, no se la ama; debe verse algo de virtud en ella, algo secreto y oculto, y a eso se ama.
            Además, el amor lleva al conocimiento, sin amor no hay conocimiento y viceversa, y esto es muy evidente, mucho más evidente, quizás, que el amor entre personas. Si un ser humano no ama lo que está haciendo, en realidad no lo conocerá nunca. Alguien puede asistir a la facultad de medicina porque su padre lo obliga, pero en tanto él no ame la medicina nunca va a conocerla a fondo. Es posible que hasta se reciba de médico, para luego abandonar el ejercicio de la profesión y no seguir los nuevos adelantos, porque no le interesa la medicina, y entonces se dedicará al arte o a la siembra, o a cualquier otra cosa.
            Concluimos en que la adoración es amor, según la lengua árabe, y según lo concibe la mente del musulmán que adora. También, de acuerdo a una de las leyes del Antiguo Testamento, amor es adoración: “Ama a tu Señor con toda tu alma y con todo tu ser”, y cuando a Jesús (P) le piden un nuevo mandamiento, expresa: “Amaos los unos a los otros como yo os amo” (significa de la manera que los amo profundamente, ámense ustedes entre sí). Entonces, el amor une, el amor funde, el amor hace que el amante adquiera las cualidades del amado, como dicen los sufis; segundo, amor es conocimiento, el amante conoce cada vez más a su amado. ¿Qué otra respuesta podemos dar a “Quien es Allah”, que amarlo para poder conocerlo?
            ¿Qué conocemos cuando conocemos a Allah?: Nos conocemos a nosotros mismos. Allah no es un objeto exterior que podamos ubicar en el espacio, o en el tiempo, en el pasado, en el futuro, o en el presente. ¡Qué importante es amar lo más sublime y lo más perfecto!, lo que no es semejante a nada, y siempre guarda un secreto de lo que Él es, y entonces lo amamos cada vez más. Ese amor nos lleva al conocimiento de nosotros mismos, porque no amamos a un objeto externo, sino a algo que hay en nuestro corazón, y cuando nosotros queremos conocerlo a Él, en realidad estamos dándonos vuelta, tornándonos y mirando nuestro propio corazón; nos miramos a nosotros mismos, y nos conocemos a nosotros mismos. Dijo el Profeta (BPDyC): “Quien se conoce a sí mismo, a su Señor conoce”, a Allah.

7. ¿COMO LLEGAR AL SIGNIFICADO DE LA RESPUESTA?: EL TAUHID

La palabra “Allah”, como cualquier otra, existe en el idioma, es un nombre, y tiene un significado interior profundo. Según uno de los grandes maestros del Islam, quien adora el Nombre Allah, es un ateo. “El nombre” significa la palabra, simplemente, y quien adora a ella, nada más, no conoce el significado. Y continúa diciendo el maestro: “Quien adora el nombre y el significado es un idólatra”,  porque adora dos cosas, y así idólatra. “Quien adora el significado, es el verdadero creyente”. En conclusión, la palabra “Allah”, exteriormente, como parte del idioma, un nombre, no constituye para nosotros por sí misma una representación material de Dios. La podemos dibujar de múltiples maneras, pues presenta una forma exterior; pero queremos llegar a su significado, que es lo que debemos amar. El Islam es un camino de conocimiento continuo, y el conocimiento de los significados es lo más importante. Entonces, queremos llegar al significado de esa palabra, para adorarlo, pues adorar la palabra, pero no conocer su significado, es inútil.[6]
            Pero ¿qué quiere decir “conocer el significado”?; es algo muy profundo, sabiduría verdadera. Creyente verdaderamente es quien llega a esa sabiduría. ¿Cuál es la creencia esencial del Islam en cuanto a Allah? ¿Cuál el camino hacia el significado de ese Nombre?: Es lo que se llama Tauhíd, que significa “Unidad”, “enseñanza o doctrina de la Unidad”. Fue enseñada por todos los grandes sabios de oriente, y todos los grandes pensadores de la antigüedad, sobre todo en oriente, solamente han hablado de esta doctrina, la cual constituye el camino para conocer el significado de la palabra “Allah”. Ahora bien, ¿qué es la doctrina de la Unidad?, es afirmar que Él es Uno, que no es tres, por ejemplo. No hay trinidad o trinitarismo en el Islam; ni tampoco que Él es dos, no hay dualismo. No es dos, ni es tres, ni es muchos, es Uno y Absoluto. Pero esto no debe ser una cosa que se dice de palabra solamente. Para conocer el significado de la doctrina de la Unidad debemos dar un testimonio con todo el ser, como algo vivencial.
            En el Islam, el Tauhíd, la enseñanza o doctrina de la Unidad, tiene varios aspectos, como lo vimos en las respuestas acerca del Principio: tiene un aspecto racional, metafísico, es el que enseñó Avicena, Al-Farabi, Al-Gazali, Al-Biruni, etc., los grandes filósofos del Islam que enseñaron metafísica. Personalmente algunos de ellos estaban con un grado de realización espiritual muy grande, pero se dedicaron también a la metafísica, y enseñaron el conocimiento de Allah racionalmente. Frente a esta respuesta racional acerca de la Unidad de Allah, el Principio de todas las cosas, hay una respuesta vivencial, la experiencia en uno mismo, consistente en comprobar la Unidad en todo lo que nos rodea, en el cosmos. Son las experiencias a que continuamente nos induce el Sagrado Corán: “Observad cuanto os rodea, el cosmos, el sol y la luna rotando en su frecuencia, observad vuestros cuerpos cómo están constituidos, la semilla cómo nace, etc.” (Cito en general), con el fin de que captemos o percibamos detrás de eso la unidad de todo lo que existe, manifestación de la Unidad del Principio de todas las cosas.
            Hay también una respuesta científica sobre el Tauhíd, hubo gente en el Islam que ha comprobado en la física, en la química, en la alquimia, en la medicina, que existe unidad en toda la  naturaleza, y que esto constituye la prueba de la Unidad del Principio, porque la causa natural manifiesta al Principio.
            También existe una respuesta práctica, que pone en acción la doctrina del Tauhíd, y que explica cómo debo hacer para alcanzar su significado, cómo debo comportarme, cuál es el mejor método de vida, cuál debe ser el trato con el Señor de los seres. Así como entre los seres humanos existe una manera de comunicarse y vincularse entre sí, con Él no puedo hacerlo de cualquier modo, existe una formalidad exterior necesaria. Él, por ser Superior a todo, exige de nosotros cierta conducta externa para vincularse a Él. Entonces hay una respuesta metafísica y otra vivencial, una científica y otra práctica, y ésta última nos dice cómo debemos tratar con Él, qué conducta seguir.
            Podemos distinguir las respuestas, por un lado, como racionales, y por otro lado, como psicológicas. La científica y la metafísica son racionales, y la práctica  o del alma es psicológica. La psicología, en el verdadero sentido, es una ciencia sagrada que enseña el conocimiento del alma humana. Si vivenciamos esa enseñanza de la Unidad, y llevamos a la práctica una conducta coherente con esa vivencia, llegaremos al conocimiento de nuestra propia alma. ¿Quién soy yo?, ¿de dónde vengo y hacia dónde me dirijo?, ¿Qué sentido tiene mi existencia?: Todo esto es respondido por la ciencia del alma. Y por la misma vía llego al conocimiento del  otro, de mi semejante, pues cuando me conozco a mí mismo, lo conozco al mismo tiempo a el.

8. ¿CUAL ES EL METODO PARA EL CONOCIMIENTO DE LA UNIDAD?
Esa doctrina de la Unidad es la base de toda la vida en el Islam, determina la ley, la ética, la política, de ella deriva un sistema completo de vida. La enseñanza del Islam tiene esta peculiaridad, se fundamenta sobre el intelecto, no exige de entrada fe o convicción, porque la fe para nosotros es un estado elevado, con el que no puede empezar el hombre común su vida espiritual. Comenzamos con la simple enseñanza sobre el medio social que nos rodea, para rectificar nuestro modo de vida; después sigue la observación de las opiniones, para purificar nuestro pensamiento de toda opinión nociva; luego llegamos a la simple creencia, seguida por ciertas intuiciones sobre el mundo sutil. Además de ello, a continuación debemos pasar por otros conocimientos hasta llegar a la convicción, y allí recién entramos en la fe. Entonces, nosotros nos oponemos a la doctrina que dice que lo primero es la fe, siendo que para nosotros lo primero es el intelecto.
            Nuestra doctrina tiene de peculiar que se fundamenta sobre la prueba racional. El hombre debe convencerse racionalmente de la existencia de ese Principio, sobre la base de la guía del conocimiento y de la ciencia, y rechazar la mera tradición de los padres, “mera” porque uno no la ha probado, sino que la acepta socialmente.
            Hay dos tipos de tradiciones, la tradición de los padres, y la tradición sagrada, la primera es, por lo general, una tradición decadente, porque todo lo social o institucional, que depende de los hombres, se degrada, como la misma vida humana, el comercio, las ciencias, las artes, todo ello sometido a la decadencia. También las religiones, y “la tradición de los padres”, que uno recibe como “la fe”. Por el contrario, uno debe distinguir lo verdadero de lo falso, y a ello está obligado porque posee algo excelente dado por el Señor de los seres: el intelecto. Esto es lo mejor, y si uno no lo utiliza para Él, que el Mejor, está traicionando a su propio intelecto. Lo superior del hombre debe abrirle el paso por el sendero hacia la Verdad.
            Para nosotros hay también dos tipos de ciencia y de conocimiento, el conocimiento materialista y ateo, y el nuestro, y ambos se diferencian en muchos aspectos: En primer lugar, por el método: El materialista y ateo sólo ve las cualidades materiales de lo que conoce, y sólo le hace caso a los sentidos y a la experiencia para determinar si algo es real o irreal, verdadero o falso. Los sentidos y la experiencia para nosotros son imperfectos, pueden constituir una parte del conocimiento verdadero, pero siempre algo parcial. Se puede cuestionar a los sentidos muy fácilmente, pues ellos se equivocan con mucha facilidad, se puede cuestionar aún que los conocimientos que logra el método materialista y ateo están limitados temporalmente, muchas teorías han aparecido y con el tiempo han sido rebatidas y abandonadas por ser incorrectas. ¿Cuánto tiempo creyeron que la tierra era plana, lo cual constituía un burdo error? La ciencia materialista tiene como método un falso “antitradicionalismo”, esto es, ella arremete contra todo lo que viene del pasado, para rechazar o impugnar en forma crítica continua, lo cual constituye un error pues no todo lo del “pasado” o lo tradicional es falso.
            El Islam no tiene ese método, el nuestro es intelectual, se apoya en la tradición verdadera y sagrada de los Profetas, entre los cuales está Jesús, Moisés, Abraham, Noé y el más grande de todos ellos, el profeta Muhammad, con todos ellos sean las Bendición y la Paz. Y se apoya también en la experiencia personal, cuyo fundamento es el intelecto, no solamente la tradición. Nosotros consideramos que el intelecto está unido a la realidad de las cosas, más todavía que los sentidos. Estos constituyen una mediación, un medio que no está unido directamente a lo real, pero el intelecto ataca directamente la realidad de las cosas. La única condición que debe cumplir el intelecto es la del aprendizaje, y cuando él es educado puede alcanzar la verdad por sí mismo. Para eso se necesita de maestro.


            Para nosotros el intelecto tampoco es algo individualista; por el contrario la ciencia moderna y atea se precia de ser individualista, tiene sus grandes personajes, y destaca sobre todo la competencia entre los científicos. Estos son empujados a tener una contribución que los destaque personalmente. Nuestro intelecto no se concibe así, es un intelecto universal, el que existe en todos los hombres, pero además, el que proviene como una luz de arriba, no algo que ejerzo como una potencia creada por mí.
            Nuestro método de conocimiento utiliza los sentidos, pero les otorga su real dimensión, como afirmamos antes, no rechaza la experiencia, pero la somete al intelecto; este es el patrón y la matriz de todo conocimiento, aunque sin embargo, rechazamos los desvíos intelectuales, por ejemplo, el desvío abstraccionista, la manera puramente abstracta de tratar las cosas, cayendo en un intelectualismo vacío. Esto tampoco nos conforma, constituyendo el extremo opuesto a la ciencia materialista.
            Nuestro intelecto, según lo concebimos, ostenta verdades fundamentales en las que se basa todo conocimiento, como cuando afirmamos, por ejemplo, que “para todo efecto existe una causa”, o que “los contrarios no pueden ser unidos”, o que “el doble es mayor que lo simple”. Son evidencias que tenemos en nuestro intelecto, que se entienden por sí mismas y no necesitan justificarse; son verdades fundamentales, de la esencia humana. Significa esto que ese intelecto tiene una riqueza, un contenido de ideas y verdades, que le permiten adquirir otras verdades nuevas, como el afirmar “dos más dos suman cuatro”, o “la densidad de un cuerpo determina su peso”.
            Pero además de tener esos conocimientos básicos en nuestra esencia, creemos por otro lado en los símbolos sagrados a lo que llamamos “las huellas de lo trascendente”, que se presentan en todas las cosas, sea un ser humano, una piedra, el cielo, la tierra, o cualquier otra cosa, tanto como los hechos que suceden, todo presenta Signos de la existencia de lo trascendente, del más allá. Creemos en la posibilidad de obtener ciertos conocimientos puros de lo superior, del más allá, de Allah, del mundo de la Luz, de lo que va a pasar después de nuestra muerte, de lo que sucedió en el pasado, o en el origen del mundo, de dónde viene este mundo y hacia dónde va, etc. Creemos firmemente poder obtener estos conocimientos, aunque la ciencia materialista y atea los cuestiona, y en su mayor parte los rechaza.
            Nosotros creemos en la tradición sagrada de todos los Profetas. Para nosotros todos ellos provienen de una Fuente única, que es Allah, el Señor de los seres; a todos ellos se les ha dado el mismo Mensaje, y todas las religiones tienen una misma Fuente, y originalmente son lo mismo. Aquello en lo que se diferencian es producto del paso del tiempo, y sobre todo, invento del sacerdocio, que va injertando innovaciones dentro de ellas, las que son originalmente puras.
            Creemos, además de poder obtener un conocimiento de lo Superior y lo Trascendente, en la justicia en el mundo, en a belleza, el bien, y la verdad. Creemos que a todo ello solamente nuestro intelecto, y no la ciencia materialista, les da un fundamento racional. La ciencia materialista no nos dice cómo establecer la justicia en el mundo, a ella le interesa lo sensible, lo experimental, nada más; no nos dice qué es la belleza, qué es el bien, o la verdad, encuentran a todas estas cosas como existiendo de hecho, y los más errados aún sostienen que no existen. Nuestra ciencia, la sagrada, la del intelecto verdadero, justifica y da fundamento a todo lo abstracto.
            Lo principal en nuestro método de conocimiento es el discernimiento, y sólo el intelecto produce tal discernimiento. “Discernir” significa “separar”; debemos separar el trigo de la cizaña, la verdad del error, lo sagrado de lo degradado, etc. Esta potencia de discernimiento la tiene naturalmente el alma humana, ella percibe y discierne porque en su esencia se encuentra tal posibilidad, percibe lo que es injusto, lo bello y lo horrendo, lo verdadero y lo falso, lo bueno y lo malo, y sabe discernirlos intuitivamente, no necesita que nadie le enseñe. A eso llamamos esencia humana, en árabe al-fítrah, intelecto esencial, todas las demás son derivaciones, o bien deformaciones.
            Nuestro método de conocimiento, llamado Tauhíd, no rechaza ningún aporte, sea de los sentidos, sea de la ciencia física, o de cualquier otra ciencia. Es el método del Sagrado Corán, y está descripto allí. Nuestro conocimiento no se diferencia solamente por su método del conocimiento de la ciencia materialista, sino que se diferencia también por el fin. La ciencia materialista y atea, y el conocimiento de ella derivado, no pueden interpretar la verdadera realidad, son estériles; interpretan “hechos” y a eso llaman “realidad”. Nuestra ciencia puede interpretar la realidad en sus dos aspectos, el aspecto material y el espiritual; el método materialista ni siquiera puede conocer el origen del mundo material, en definitiva es parcial y limitado. El nuestro es total, tanto para la naturaleza, para la conducta, como para la Trascendencia, es el conocimiento sagrado.
            Por último, también ambos métodos se diferencian por la fuente de conocimiento, nosotros consideramos que la evidencia, como ya hemos afirmado, es una fuente de conocimiento, y el otro considera que solamente lo es la experiencia que se tiene de las cosas.
            Para la pregunta “¿Quién es Allah?” la respuesta debida es un cierto conocimiento. Quizás alguien imagine que dicha respuesta debe ser filosófica o científica, o quizás que debe ser una respuesta devocional, dogmática, no siendo nada de eso. Nuestra respuesta pretende arribar a un punto en que ustedes conozcan algo que les permita dar ustedes mismos la respuesta. Ello es que solamente existe un método y un conocimiento, y una sólo ciencia, la ciencia del Tauhíd, para dar respuesta a la pregunta “¿Quién es Allah, el Principio de todas las cosas, el Eterno, el Adorable, el Amable?”.
            Creo que hemos dado algunos vistazos sobre algo que nunca se acabará, un tema infinito, el del conocimiento del Señor de los seres, siendo que Él mismo es Infinito. No hay una sola respuesta, ni una palabra definitiva  única.

EL CONOCIMIENTO DE ALLAH EN EL SAGRADO CORAN
            Los versículos del Sagrado Corán constituyen pura ciencia. Dice: Allah es la Luz de los cielos y de la tierra. ¿Qué significa “Luz”? Primero, es algo que ilumina, y hace claro lo que se encuentra oculto, en la oscuridad. De lo contrario no podríamos ver nada, y, por lo tanto, nada de lo que existe podría ser fuera de esa Luz. Ella da el ser a todas las cosas, es la Luz del ser.
            La luz es lo universal, lo que no tiene forma, ni tiene cuerpo, no se puede dividir, y existe en todas las cosas, como sostienen algunas teorías de la ciencia moderna. Podemos apoyarnos en la ciencia moderna para luego comprender el sentido profundo de qué significa “Luz”. Ella dice que los fotones son el componente básico de la materia, y por lo tanto las partículas de  luz están presentes en toda cosa. Sabemos que los electrones, los protones, y los neutrones son energía lumínica, constituyendo la expresión mínima de la naturaleza. ¡Fíjense la profundidad del Sagrado Corán cuando dice: Allah es la Luz de los cielos y de la tierra! Da el mejor y único ejemplo adecuado de Allah: Él como la Luz está presente en todo, es impersonal, universal, indivisible, y hace existir a lo que existe.
            Continúa el versículo: El ejemplo de Su Luz es como el de una hornacina, es decir un nicho, un hueco en la pared. Donde hay un pabilo. Es decir, la mecha que se enciende para dar luz. El pabilo está dentro de una lámpara [o de un vidrio] la lámpara es como una estrella reluciente. El ser espiritual del  hombre es como una lámpara, un astro reluciente, debido a la Presencia divina. Esta es una de las interpretaciones posibles. Otra es que todo el nicho representa al cosmos, el pabilo representa la Presencia divina, y la lámpara al Profeta Muhammad (BPDyC), quien es “todos los profetas”. Nosotros no dividimos entre los Profetas (P), siendo Muhammad la forma esencial, última, final, perfecta y universal de todos los Profetas, es como el sol del cual han partido todos los Mensajeros. Él se ha manifestado al final de los tiempos en su forma esencial. Hay muchas otras explicaciones sobre este versículo.
            Una estrella reluciente, que se enciende del aceite de un árbol bendito, un olivo, ni oriental ni occidental. El aceite representa a la Sabiduría. Cuando el hombre la adquiere, esa Presencia divina se enciende en su corazón, y el ser espiritual del hombre llega a su plenitud. La Sabiduría no es oriental ni occidental, es universal, estuvo en todo lugar donde hubo civilización. Siempre hubo, en el origen de cada civilización, un maestro de la humanidad, un Profeta, un Mensajero del Señor del universo, los que fueron en total ciento veinticuatro mil
            El árbol representa la ciencia, y el aceite lo que nosotros adquirimos de la ciencia. Es luz capaz de alumbrar aunque no la toque el fuego. No es una luz material, ésta es combustible, como la del sol, la luz de Allah es inmaterial, la Presencia espiritual. Luz sobre Luz. Tal es el ejemplo que Allah da de Sí Mismo, Luz sobre luz. ¿Quién puede imaginar una luz sobre otra? es imposible, la luz es única. Significa esto que Él en Sí Mismo es imposible de describir, tanto como no es posible explicar qué es la luz, más aún la “luz sobre luz”.[7]
            Él dirige hacia Su Luz a quien Él quiere, esto quiere decir que de entre los humanos elige a quien Él quiere para Sí Mismo. Los humanos no tienen voluntad para ir hacia Él, si Él no los ayuda y los orienta; nadie puede creer en Él si Él no le otorga la creencia, esto sobre la base de lo que dice el versículo en su final: porque es Sapientísimo de todas las cosas, Él es Sabio en absoluto.
            La Sabiduría es la última expresión de este versículo del Sagrado Corán, lo cual equivale también a que ella constituye la máxima expresión del ser humano, entre todas las otras que éste posee. Como dice el Sagrado Corán: Él repleta todas las cosas de Conocimiento y de Misericordia.
            ¿Quien es Allah?: es Al-Rahmán, Al-Rahím, el Más Misericordioso, Misericordiosísimo. Tiene 99 Atributos, enseñados por el Sagrado Corán, o según dijo el Profeta (BPDyC): “Allah tiene 99 Atributos, 100 menos uno, quien los conoce penetra en el Paraíso”. “Cien menos uno” significa que posee infinitos Atributos, puesto que 100 es un número que representa la infinitud. El hombre puede comprender 99, pero el Profeta (BPDyC) dijo: “100 menos uno”, porque existe un aspecto que nunca podremos conocer: el de Allah en Sí Mismo, el Principio de todas las cosas.




[1] El tema de nuestra pregunta no está desvinculado del idioma español, ni de la mentalidad de los occidentales, y menos de occidentales de hablan castellana, que han recibido tanto aporte de la lengua árabe y del espíritu islámico. Palabras como “ojalá”, y otras expresiones populares, todavía guardan vínculo con la palabra árabe “Allah”, pues “ojalá” proviene del árabe “in-sha Allah”, “si Allah quiere”.
[2]El contenido de la palabra “Dios” no es suficiente para expresar la palabra Allah. “Dios” viene de una palabra sánscrita que significa “luz” simplemente. Si bien Allah da ejemplo de Sí con la Luz, Él es más que ello, como ya vimos, es “Luz sobre Luz”.
[3] La palabra “persona” significó originalmente “máscara”, por eso decimos que es un espantajo.
[4] Dice en árabe:: “qul Hua Allahu Ahad”, “Di (Profeta) Él, Allah, es Uno”; “Allahus-Samad”, “Allah es Eterno y Absoluto”; “Lam ialid”, “no procrea”, es decir no genera nada, no tiene prole, ni hijos; “ua lam iúlad”, “ni fue procreado”, es decir no tiene padres, ni antecedentes anteriores a Él, es el Primero y el Ultimo, no existe nada ni nadie fuera de Él; “ua lam iakun lahi kufúan áhad”, “ni hay en absoluto nada ni nadie semejante a Él”, es decir no existe ningún ejemplo de Él en ningún objeto, en ningún ser, que lo represente o que sea Él en persona. Él es, entonces, como Él mismo dice ser, según Él mismo lo manifiesta en Su Revelación. No hay encarnación, ni consubstanciación, ni nada por este estilo en el Islam.
[5] Dice en arameo: “Shema’ (escucha) Israel, Adonai (tu Señor), Elohom (tu Dios), Ehod (es Uno y Unico)”. Lo mismo dice el Sagrado Corán en árabe, según observamos en la llamada anterior, aunque la palabra coránica es más precisa y amplia.
[6] Con la palabra “Allah” se hacen muy bonitas letras para adornar libros y habitaciones. Pero, quizás, quien las hace no conoce qué significa ese Nombre, sólo conoce que es una palabra del idioma.
[7]El contenido de la palabra “Dios” no es suficiente para expresar la palabra Allah. “Dios” viene de una palabra sánscrita que significa “luz” simplemente. Si bien Allah da ejemplo de Sí con la Luz, El es más que ello, como ya vimos, es “Luz sobre Luz”.