21/9/12

¿Israelíes, cuántas patrias tenéis?

Por Gideon Levy גדעון לוי -Traducido por Rolando Gómez

Al momento en que las intensivas negociaciones con los palestinos se encuentran en su apogeo, y todo pareciera solucionarse, Israel presenta sorpresivamente un nuevo reclamo: sin que haya indemnización a los refugiados judíos de los países árabes, no acordará pronunciarse por el fin del conflicto.

Todo se solucionó; verdadero fin al conflicto, y ahora vamos a arremeter contra otro pequeño objetivo en el camino a la paz justa que maduró y se encuentra a la vuelta de la esquina.

Ya existe un documento de propuesta sobre el tema por parte del Consejo de Seguridad Nacional, publicado por Barak Ravid en “Haaretz”, y también una campaña de propaganda dirigida por el viceministro del exterior, Dani Aialón, quien tiene derechos paternales sobre el asunto (su padre nación el Argelia).




Portada del New York Times del 16 de mayo de 1948:
"Judíos en peligro grave en todas las tierras musulmanas"

Luego de que nos enseñaran a lo largo de generaciones enteras que la Aliá (Ascención -en el lenguaje místico sionista, significa inmigración judía a Israel, N. de T.) de los países árabes fue un acto sionista, de repente resulta que se trató de una ola de refugiados.

Cuando pensábamos que Israel ya hubiera roto todos los récords posibles de la desfachatez, viene esta campaña y nos muestra que hay otros récords que es capaz de romper.






Judíos iraquíes llegando a Palestina/Israel en el 1951


Es difícil saber por dónde comenzar a refutar la ridícula comparación entre el destino de los refugiados palestinos al de los judíos, pero es posible despejar una preocupación: el documento de propuesta del Consejo de Seguridad Nacional no ve ningún lugar a la comparación. El destino de los refugiados (judíos) lo señala como “tragedia”, mientras que el destino de los palestinos es un “tópico”. Y el colmo: la culpabilidad por ambos recae sobre los países árabes. Difícil de creer: Israel no tiene arte ni parte en el problema de los refugiados palestinos.

Con razón evitó Israel desde su creación toda alusión al tema; entendió que la tierra arde bajo sus pies. Hasta que el gobierno de Benjamín Netanyahu se atrevió a meter las manos en el fuego. Tal vez ahora –pensaron en Jerusalén- que no hay posibilidades de nada, es posible traer a colación este asunto; tal vez gracias a él recoja Israel unos cuantos cupones en las sinagogas de los judíos de origen árabe en Estados Unidos.





Mujeres judías de Yemen en Israel 


Israel reclama indemnización a la propiedad de 800 mil refugiados de los países árabes. No propone ningún tipo de indemnización por la propiedad perdida por unos 650 mil refugiados palestinos, sobre cuyos escombros se construyó un Estado. Eso que lo pague el mundo, no Israel.

La relación será de 2 a 3 a favor de Israel, calculó el Consejo de Seguridad Nacional. ¿A lo de 1948, lo de 1967 y todo lo que pasó desde entonces? ¿A las casas que se destruyeron y las tierras que se saquearon, las canteras que se explotaron y los recursos que se aprovecharon? ¿A todo eso acordará Israel pagar indemnización? No hagan reír a la gente inteligente.

El Consejo de Seguridad Nacional también hace caso omiso de la categórica diferencia entre el destino de las dos comunidades de refugiados: los judíos emigraron –por decisión propia o no, decisión de Israel- al Estado que a los ojos de ellos consideran su patria. Los palestinos fueron expulsados o forzados a escapar contra su voluntad hacia campos de refugiados y a la dispersión. A los unos se les decretó una vida de libertad y respeto en su país. A los otros se les decretó una vida de ocupación y diáspora. Los unos no quieren regresar, los otros sí. Encontrad vosotros la diferencia.




Campo de refugiados palestinos, 1948

Así como Israel no se avergüenza de devolver propiedades judías de antes de 1948 a sus dueños, desde Hebrón y hasta Sheij Yara, por medio de la expulsión de palestinos de sus casas, nunca pensó en hacer lo mismo en relación a la propiedad palestina. ¿Con qué derecho? No se pregunta. No lo hará nunca. Si aceptará ahora discutirlo, es porque se trata entonces de una conquista colosal para los palestinos.

¿Se devolverá a los palestinos a sus casas, como a los judíos de Hebrón? ¿o lamentablemente se los indemnizará por su sufrimiento, como reclaman los judíos? Si no, se trata de otro engaño que está destinado a eliminar el problema de los refugiados palestinos del orden del día. O se trata de otro paso nacionalista, de aquellos que no reconocen la igualdad de derechos entre palestinos y judíos.

En la base de este asunto se erige la cuestión de principios, que el Miembro del Parlamento Ajmed Tibi expresó tan bien: “¿Cuántas patrias tenéis?”, le preguntó a Aialón en la televisión, y su pregunta se quedó suspendida: ¿Es Israel la patria? ¿O acaso Irán?

Hasta el mismo idioma hebreo tiene dificultades para expresar “patrias” en plural.

Israel quiere justicia para sus refugiados. Vamos a hacer justicia a todos; a todos los refugiados de este terrible conflicto, desde Bagdad hasta Yafo.

Hasta entonces, mejor que nos conformemos con poner fin a la adversidad de aquellos que sufren la política que se inició en el año tashaj (año hebreo 5708, o 1948; año de la creación del Estado de Israel. N. del T.) y no se interrumpió ni por un momento hasta este mismísimo día.