3/9/12

Hamás: de la espera y la ambigüedad como estrategia

Un informe publicado el 13 de agosto por la ONG Crisis Group analiza la evolución de Hamás desde el comienzo de la Primavera Árabe. Su lectura permite extraer varias conclusiones.
Por un lado, a pesar de que Palestina se ha mantenido en un segundo plano informativo desde el comienzo de las revoluciones árabes, la transformación de la región está afectando de forma profunda a la situación política del país. Por otro lado, en la nueva conformación de poderes que se está estableciendo en la región, Hamás tiene muchas posibilidades de salir beneficiado frente a una cada vez más debilitada Autoridad Nacional Palestina (ANP). Mientras observa con cautela el establecimiento del nuevo statu quo, Hamás se mantiene a la espera, construyendo de forma tácita sus alianzas para enfrentarse a su principal reto: redefinirse para fortalecer sus apoyos internacionales mientras incrementa su popularidad en Palestina.

Hamás se ha mostrado cauto a la hora de romper relaciones con uno de sus aliados tradicionales, el Gobierno de al-Asad, al ofrecerse como mediador en el conflicto sirio. También ha gestionado con habilidad la delicada posición de los palestinos en Siria y el cariz sectario que ha tomado el conflicto. 

A través de esta estrategia de contención, el abandono de los cuarteles generales de Damasco por parte de su líder en el exilio Jáled Mashal en enero de 2012 ha significado el alejamiento del régimen de Siria y de Hezbolá, aunque no una ruptura definitiva con ellos. Al mismo tiempo, ha mantenido sus relaciones con Irán, esencial para su financiación y del que recibe unos 400 millones de dólares anuales. Sin embargo, la división entre suníes y chiíes puesta de manifiesto no solo en Siria sino también en Yemen, Bahréin e Iraq, obliga a Hamás a redefinir su relación con Irán. En marzo de 2012, el oficial palestino Saleh Bardawil, anunció que, en caso de que tuviera lugar una guerra entre Israel e Irán, el movimiento no se involucraría. También, rechazaron la invitación de asistir al encuentro internacional sobre Siria en Teherán. Estas declaraciones pueden entenderse como una manifestación de la voluntad de distanciarse públicamente de Irán.

Sin embargo, a pesar de la pérdida de dos importantes alianzas, el peso regional de Hamás se ha compensado con la recuperación de las relaciones diplomáticas con Jordania —rotas desde 1999—, con el auge de los Hermanos Musulmanes en el mundo árabe y, sobre todo, con la victoria de Mursi en Egipto. Mientras que la caída de Mubarak ha debilitado el poder de la ANP, la presencia de los Hermanos Musulmanes en El Cairo ha supuesto un balón de oxígeno para Gaza y un refuerzo para Hamás. Sin embargo, la necesidad de Egipto de mantener la estabilidad en el Sinaí y relaciones fluidas con Israel, mantiene a Hamás y al Gobierno de Mursi en un tenso equilibrio que se manifiesta en la complicada gestión de sus fronteras. Por ejemplo, el día 22 de agosto El Cairo anunciaba la reapertura del paso fronterizo de Rafah tres días por semana tras su cierre el 5 de agosto a causa del ataque armado en el Sinaí que terminó con la vida de 16 soldados egipcios. Al mismo tiempo, la destrucción de los túneles entre Gaza y Egipto, por los que se estima que pasaban entre 500 y 700 millones de dólares en bienes materiales —a los que el Gobierno de Hamás gravaba un 14.5% de impuestos—, limita la independencia de Gaza y supone pérdidas económicas para esta organización.

La espera y la ambigüedad marcan también los movimientos de reconciliación con la ANP, iniciados a finales de 2011 en El Cairo y ratificados tanto por los polémicos Acuerdos de Doha en febrero de 2012 como por el tratado del El Cairo de mayo de este año. Marcadas por el proceso electoral interno de Hamás, las negociaciones han puesto de manifiesto las grandes desavenencias internas entre las diferentes facciones de la organización; asimismo, han supuesto un enfrentamiento abierto entre la visión más moderada de Mashal y las fuerzas de Ismael Haniye.

Jáled Mashal, debilitado por el proceso electoral, es más partidario de una refundación de Hamás para convertirse en un partido político en la órbita de los Hermanos Musulmanes, capaz de acercarse a la ANP y separarse de Irán. Sin embargo, esto implica comenzar a dar pasos formales como el reconocimiento del Estado de Israel y alejarse de la resistencia armada, lo que disminuiría la popularidad de Hamás en Gaza, y a lo cual se opone la facción que lidera Haniye. Al mismo tiempo, tanto la salida de Mashal de Damasco como la mayor autonomía de Gaza tras la ruptura del bloqueo, favorecen la postura más radical de este movimiento, es decir la de Haniye.

Mientras Hamás espera y se muestra ambigua en todas sus decisiones, el proceso de reconciliación con la ANP se demora después de que Gaza haya bloqueado el acuerdo con Abbas. También tendrá que esperar la nueva definición de sus alianzas y, por lo tanto, su reposicionamiento político. Sin duda, la necesidad de esta organización de encontrar una nueva fuente de financiación que le permita no depender de Irán, puede ser clave a la hora de dirigir estos cambios. Como sugiere Crisis Group, los países occidentales tienen una oportunidad de pensar en una estrategia distinta de la usada hasta ahora y que ha resultado fallida, de aislar y debilitar a Hamás . Al mismo tiempo, Qatar, que firmó un acuerdo de 200 millones de dólares para reconstruir Gaza en febrero de 2012, se posiciona también como un agente de cambio fundamental. En el interior de Palestina se están gestando grandes transformaciones que, si bien alteran su política exterior e interior, no parece que vayan a revertir en la mejora de la condición de vida de sus ciudadanos, envueltos en una grave crisis que afecta tanto a Gaza como al territorio controlado por la ANP. Por el contrario, los movimientos de los últimos meses parecen mostrar, más que la preocupación de los líderes de Hamás por mejorar la situación de los palestinos, su interés por perpetuarse en el poder en un momento en el que todo está cambiando en el mundo árabe.