13/9/12

El uso irresponsable de la libertad de expresión

Huelga decir que debe resultar repudiable el uso de la violencia, como lo ha sido el asalto a un edificio que ha terminado con la muerte de varias personas.

Nada debe justificar semejante atropello a los derechos fundamentales de cualquier ser humano, algo que es compartido de forma genérica por la población musulmana en el mundo. Prueba de ello es que la oleada de reacciones a las provocaciones del vídeo, a pesar de lo ofensivas que se reciben, se han concentrado en Libia y Egipto, dos países en plena efervescencia de cambio tras el derrocamiento de los sistemas dictatoriales que les tenían sometidos.

Este hecho suscita reconocer la irresponsabilidad y provocación de unas imágenes que vienen a confirmar unos estereotipos peyorativos sobre el islam y su último profeta, Mahoma (nombre con el que se conoce erróneamente al Profeta Muhammad).

El uso irresponsable de la libertad de expresión de personajes como el señor Bacile, vician cualquier camino de entendimiento y respeto mutuo. Estos actos, suponen una intromisión violenta al punto de vista moral, reforzando el fracaso de las numerosas propuestas de diálogo entre personas de diferentes culturas, sensibilidades y creencias.

El derecho irrenunciable a la libertad de expresión no debe realizarse al amparo de la demonización constante del islam, que refuerza la creciente islamofobia que se vive en Occidente. Una islamofobia que es alimentada, tal vez de forma inconsciente, por los propios medios de comunicación.

Las reacciones violentas, por aisladas que sean, constituyen unarespuesta absolutamente desproporcionada. El islam se sustenta sobre los principios de moderación, solidaridad y ayuda mutua, por lo que estas respuestas con claros tonos de fanatismo, nada tienen que ver con la esencia islámica.

La reacción a una acción agresiva como esta, se debe realizar "con algo que sea mejor", o al menos ese fue el legado del profeta. Los comportamientos violentos individuales o en masa son opuestos a las respuestas de Mahoma ante situaciones similares siglos atrás.

Por otro lado, como en vídeo, uno de los puntos a los que se recurre con mayor frecuencia para encasillar al islam es en su relación con las mujeres. No puede negarse, que en ocasiones el discurso dominante de los clérigos musulmanes (varones), viene a justificar una permanente discriminación de las mujeres de acuerdo con una interpretación patriarcal de los textos.

En algunas sociedades musulmanas, la praxis muestra la falta de emancipación de las mujeres y una desigualdad de derechos frente a los hombres.

Parece así que la discriminación de las mujeres es inherente al islam, convirtiéndose en una tesis irrefutable difícil de erradicar. Desde ahí, se percibe a las musulmanas como objetos pasivos de estudio, víctimas de un sistema patriarcal del que hay que rescatarlas.

La condición femenina queda reducida a la expresión de sujetos morales carentes de capacidad de actuar responsablemente, viviendo en un estado permanente de minoría de edad. Reducir la realidad de todas las mujeres musulmanas a esa fórmula unívoca es un acto agresivo que rompe con cualquier entendimiento.

Así, es preciso un acercamiento real porque el futuro de la humanidad no debe construirse relegando al islam a la periferia o contra él. Se deben de crear puentes que rompan con la estrategia destructiva del choque de civilizaciones, garantizando la alianza y el diálogo en igualdad de condiciones.

M. Laure Rodríguez Quiroga es investigadora del Instituto Universitario Euro Mediterráneo, de la Universidad Complutense de Madrid.