6/8/12

El Desarrollo Espiritual en el Islam (III)

Hemos aludido a dos falencias distintas que atacan al ser humano, una de origen psíquico, las ataduras emocionales, y otra de origen intelectual más preciso, la ignorancia. En todo fondo ambas actúan al unísono en contra del desarrollo espiritual del ser, sin embargo, son bien diferentes. De hecho, las ataduras psíquicas o emocionales son más fuertes, y la ignorancia más débil, aunque su importancia es mayor para el desarrollo espiritual.

Por Mahmud Husein

Tercera Parte
La intención es la raíz de todo logro

Todos percibimos, más o menos claramente, que necesitamos desarrollarnos espiritualmente y alcanzar así nuestra completitud como seres humanos. Si llegáramos a convencernos de esta necesidad, y llegáramos a anhelar verla satisfecha, entonces nuestro viaje espiritual sería muy fácil. En este sentido hay que tener en claro qué importancia tiene la purificación de la intención, la cual constituye el trasfondo de todos nuestros actos, la raíz desde la cual todos ellos brotan. La purificación de la intención es el principal motivo para que surja en nosotros la necesidad del desarrollo espiritual. Podríamos decir que todo el desarrollo espiritual está dirigido a ese solo logro.

¿Qué es la intención?. Es un estado de conciencia o de conocimiento, anterior al acto que vamos a realizar, o al dicho que vamos a proferir. El mejor ejemplo al respecto es el de la raíz de un árbol; la raíz es el origen del árbol, sin la cual es imposible que éste exista. Del mimo modo, sin la intención es imposible que nuestra acción y nuestro dicho existan y se concreten. Por otra parte, si la raíz no es fuerte y potente, y no se desarrolla en forma plena y saludable, será imposible que el árbol llegue a crecer. También la intención es similar a una raíz, si no es fuerte, y no posee potencia, no podrá concretar nada en absoluto, y si la intención se asocia a cosas inferiores que las que debe lograr, semejará a una raíz enferma, cuyo fruto, de poder existir, será un fracaso.

Otro aspecto de la intención es que no surge como un acto de la voluntad, es decir no es optativa como el comer o el irse a dormir; es, antes que nada, un acto intelectual, como una idea o una intuición. La experimentamos en nosotros existiendo sin que hayamos hecho ningún esfuerzo para producirla. De este modo la intención pura es como el centro del ser humano, pues siendo la raíz o la fuente de todos nuestro actos y pensamientos se parece a un centro emisor de energía que alimenta todas las actividades del hombre.

Sin embargo, a pesar de que la intención no es voluntaria, necesitamos mantenerla pura por un esfuerzo de la voluntad, como mantenemos una raíz viva y potente con nuestro cuidados. Antes que nada debemos saber que toda intención es pura en su centro, y que toda primera intención es siempre pura (por coincidir con ese punto de "emisión" de las intenciones que es el núcleo de nuestro ser) pero al ser "emitidas", cada intención puede mantenerse tal cual era al principio, o asociarse a algo inferior a ella. Por ejemplo, si imaginamos un rayo de luz en su centro de emisión o foco, observaremos que allí tendrá la mayor potencia y la mayor "pureza", en el sentido de que no sufrirá ni asomo de oscuridad. Por el contrario, a medida que el rayo de luz se va alejando del foco, va "mezclándose" con algunas sombras, y a la vez se va debilitando. La diferencia es que la intención "emitida" desde su centro no es una sustancia como la luz material, sino una cosa espiritual que no se debilita por sí misma, por lo cual, de permanecer invariable, siempre será pura y fuerte. Puede esa intención, sin embargo, como un haz de luz, asociarse a ciertas oscuridades y sólo así debilitarse, y aún tornarse en lo contrario de lo que era en su origen.

La purificación de la intención

¿Cómo es posible mantener pura nuestra intención?. En primer lugar, debemos realizar un esfuerzo de la voluntad, alejar de ella toda "segunda intención" –como se la conoce-, que consiste en asociar a la intención pura una cosa inferior a ella y que la degrada. Este esfuerzo de la voluntad (dirigido a mantener puros el pensamiento, el dicho y los actos que realizamos) adopta dos niveles u operaciones, uno interno, por el cual rechazamos con firmeza y con fuerza toda segunda intención, no acostumbrándonos a pensar las cosas de ese modo. En segundo lugar, viene una operación interna, de limpieza de nuestra conducta oral y práctica, por lo cual evitaremos caer en malas intenciones, sea de palabra, sea de hecho, como por ejemplo las "malas palabras" en nuestro lenguaje diario, el insulto, la difamación, las habladurías, el motejar a otros, el burlarse de ellos, etc. Dicha conducta oral del ser humano es más importante, en principio, que su conducta práctica, es decir que sus actos. En este primer paso para evitar caer en pensamientos o de palabra en la corrupción de la intención pura, el modelo máximo de la mala intención oral es la mala opinión que tenemos de la Divinidad.

En segundo lugar, evitaremos acciones que sean nocivas para otros, como mentir, engañar, estafar, seducir de hecho o de palabra, inducir a la maldad, enseñar las malas acciones, ejercer la violencia, oprimir al prójimo quitándole sus derechos o sus bienes. En este segundo aspecto, el esfuerzo por mantener la buena conducta para que nuestra intención no sea contaminada por la corrupción, se centra en evitar la mala acción, principal que es la mentira, que representa el modelo máximo de la mala intención práctica.

Un capítulo aparte merecerían las malas acciones que provienen de los deseos excesivos, como la pasión por la comida, por las riquezas , por el buen nombre, la ostentación de conocimientos , las satisfacciones sexuales aberrantes, y otras apetencias materiales desmedidas de todo tipo.

Hemos dicho que la mala intención consiste en asocial la intención pura, que sale del corazón, a fines inferiores, pero debemos saber que la intención pura la poseen en un principio todas las personas, en el origen de cualquiera de sus actos, es como la energía que ilumina la acción y el dicho de los seres humanos desde el centro del corazón. Pero luego, al pasar al mundo, es posible que la intención pura se confunda con cosas extrañas a ella, y se transformé en "mala intención", aunque nunca lo fuera en su origen (Esta expresión "haceos como niños" no equivale a anular el conocimiento, la meditación y la madurez del hombre, sino que significa recuperar el estado original de ingenuidad, en el nivel en que el hombre desarrolla sus conocimientos y su experiencia. Por otro lado, "ingenuo" no significa "tonto" como hoy en día suponemos, sino "puro", espontáneo. Equivale a recuperar la claridad y la intuición primeras, por las cuales nada nos podrá engañar.). La intención es pura originalmente en todos los hombres, pero luego se confunde con cosas subalternas, y normalmente cuanto más edad tenga una persona más fácil sea que su intención se corrompa. Este es el sentido de las palabras de Muhammad "quien llega a los cuarenta sin que sus obras buenas superen a las malas, ¡que se prepare para el Fuego (del infierno)."

Podríamos seguir explicando algunos aspectos más de la intención, pero para el fin que nos proponemos en este escrito es suficiente con lo dicho.

El tipo de alimento

La purificación de la intención es el centro del trabajo espiritual, pero requiere de diversas precauciones. En primer término, cada ser humano tiene una forma diferente de vincularse con la Verdad. Este es el aspecto psicológico de la persona, que no debe ser despreciado. También , cada uno pertenece a una tradición diferente, sea que adhiera realmente a ella, sea que se haya desapegado por diversas causas que más adelante mencionaremos. Hay pues, un acondicionamiento personal y otro cultural.

Por otra parte, cada cual tiene su propia capacidad intelectual. En este sentido habrá grados de compresión y de realización espiritual, pues cuando mayor sea la capacidad intelectual mayor será l apertura espiritual, el logro y el grado. En definitiva, todo se reduce a dicho aspecto del ser humano, que constituye su esencia, el cual si existiese en un grado menor al indispensable todo trabajo espiritual resultaría ilusorio.

Sin embargo, este aspecto intelectual tan importante tiene sus propias falencias. Una de ellas es que no se libera con facilidad de las ataduras de origen psíquico, emocional. Otra es que se ve limitado por la ignorancia, que obra como un a verdadera enfermedad, similar a la enfermedad corporal.

Ya no hemos referido a la relación intelecto-emotividad en un punto anterior, ahora sólo deseamos aludir al "combate espiritual", en términos generales, sin entrar en detalles. Es imposible cumplir la tarea espiritual, la purificación de la intención, sin un verdadero combate espiritual que plantee las cosas como en una batalla: enemigo, técnicas, tácticas, objetivos, estrategia. El enemigo fundamentalmente son las dos falencias que atacan al intelecto, sus ataduras psíquicas y su ignorancia. Las técnicas y las tácticas espirituales de combate han sido formuladas por la tradición consecuente y continúa de los maestros espirituales, en especial del Tasauuf. Al respecto, se deberá obedecer a un maestro espiritual presente y vivo, nunca a un maestro ausente o muerto (Es una norma dentro del Tasauuf o "sufismo", que la persona sólo siga a un maestro vivo, al cual pueda tener acceso, un maestro al que comprenda en su lengua, y conozca los problemas que se relacionan con la época (en el sentido cualitativo del término). No se podrá seguir a un libro escrito por un sufi, porque no reúne las condiciones expuestas. Sin embargo, podrán leerse libros de ese tipo, y ampliar el conocimiento que ellos expresan con la consulta al maestro.). El objetivo máximo del combate es pasar del "alma concupiscente" al "alma pacificada". La estrategia general es mantener la paz, es decir lograr la felicidad.

Hemos aludido a dos falencias distintas que atacan al ser humano, una de origen psíquico, las ataduras emocionales, y otra de origen intelectual más preciso, la ignorancia. En todo fondo ambas actúan al unísono en contra del desarrollo espiritual del ser, sin embargo, son bien diferentes. De hecho, las ataduras psíquicas o emocionales son más fuertes, y la ignorancia más débil, aunque su importancia es mayor para el desarrollo espiritual. El asunto es similar a lo que sucede con una mancha penetrante que resulta muy tenaz a ser limpiada, es preferible, en última instancia, cambiar de traje. Así son las emociones, "marcas psíquicas" que impregna el ser y lo sujetan aunque no tenga ningún fundamento para subsistir, solo que no podemos quitarlas. En cambio, la ignorancia es parecida al cambio de traje, si alguien no posee uno lo suficientemente bueno, podrá mediante su esfuerzo cambiarlo, y así como con el cambio de traje se va la mancha, así es que la superación de la ignorancia produce la desaparición de las falsas emociones, de los prejuicios. Por ello la superación de la ignorancia es más importante que la existencia de las ataduras psíquicas o emociones, aunque éstas sean más tenaces y fuertes.

Por último, si deseamos acertar en el tipo de alimento deberemos renunciar a nuestra mera elección y deseo. ¿Quién nos asegura que lo que elegimos no sea producto de "la mancha" y no del intelecto?, ¿Quién nos puede asegurar que no sean nuestros prejuicios los que determinan la elección, nuestra ignorancia, nuestras emociones, cuando necesitamos de la mayor claridad y precisión?. El asunto es vital, enormemente importante, es nuestro destino espiritual el que esta en juego. Las oportunidades son escasas; el tiempo que dura cada apertura del corazón hacia la Verdad, lo cual es verdaderamente excepcional en nuestras vidas, es exiguo, rápido; nuestra preparación es mínima. ¿Qué haremos entonces?. En primer lugar, sólo confiaremos en lo que conocemos, nunca en nuestras emociones; segundo, si somos realmente sinceros y tenemos una intención fuerte, habrá una intuición que nos confirme la correcta elección; tercero, debemos confiar en un maestro probado, cuyos discípulos sean el fiel reflejo de lo que nosotros deseamos (al respecto revisar lo afirmado en Págs. 11-12).

La clave de la cuestión es en principio el maestro, él es quien sabrá mejor que nosotros el tipo de alimento espiritual que mejor nos corresponde. El verdadero maestro sólo admite al verdadero discípulo, y el resto de la gente no le interesa. El asunto es como el del amor, uno desea amar y ser amado, pero no conoce todavía a quien amar ni es conocido por su amado. Cuándo se realiza el encuentro se percibe la afinidad o el rechazo, y a partir de allí crecerán el conocimiento y el amor mutuos. En última instancia, el anhelo de amor como el de conocimiento es anhelo de lo divino, y si alguien es sincero no hay causa alguna para que la Efusión Generosa de la Divinidad lo desvíe, y sería absurdo que caiga en el error.

La obediencia al maestro y el amor a él son el seguro del éxito. Ambas cosas comienzan por la confianza, que es signo de la sinceridad. Quien proceda con hipocresía que se aleje de este camino, porque su búsqueda redundara en su desgracia, y el maestro será el conducto del castigo en lugar de ser el conducto de la felicidad.

En base a la obediencia, se aceptará el tipo de alimento que el mismo maestro nos suministrará, como el recién nacido acepta el alimento de su madre. No habrá entonces lugar para cuestionar el alimento, ni motivo de que perturbarse.

El Lugar

El lugar donde se recibirá el alimento adquiere vital importancia. Por "lugar" aludimos a la comunidad y al modo de vida que es necesario adoptar. Así como todos deseamos la mejor comida y para ello nos empeñamos en reconocer el mejor lugar de nuestra alimentación, así como no desearíamos un chiquero o no desearíamos un chiquero o no desearíamos un lugar de violencia para alimentarnos, del mismo modo debemos ser prudentes acerca de dos cosas, la comunidad y el modo de vida que en ella impera. Todos deseamos alimentarnos en un lugar confiable, limpio, sano deseamos comer por lo general en nuestra casa con nuestros íntimos, deseamos, por último, la comida del Paraíso en medio de su exuberante belleza. ¡Qué importancia adquiere este asunto!.

El maestro estará definido por su conocimiento, su sabiduría, su ética; la comunidad por su modo de vida. A ambos debemos poder atribuirles la bondad, al maestro por lo suyo, a la comunidad por su comportamiento.

Pero debemos también poder reconocer una comunidad. Por lo general en nuestra época ésta también suele ser falsa, y así como hay falsarios que pretenden ser "maestros" hay seres que se mimetizan para simular una comunidad, sen serlo. Reconocemos a la comunidad por su modo de vida, y este deberá ser el más adecuado y apto a lo que se pretende llegar. ¿Se pretende la sabiduría, la purificación, la felicidad ?, pues bien, nada más claro para nosotros que le modo de vida que hacia ello conduce.... ¿Será un modo vida artificial, infiltrado de vanidad, vendido a los poderes del dinero, la competencia y la envidia, del odio... ? ¿Será un modo de vida o conducta que necesita de las drogas para alcanzar la lucidez ? ¿Será una conducta una conducta negligente, sin esfuerzo, sin empeño en meditar, estudiar y dialogar sobre lo superior?. ¿Será una conducta sexual desviada, o transgresora, o lujuriosa? Como vemos, la cosa es evidente, y no se le escapa más que a los fantasiosos.

La simbiosis que debe existir en la verdadera comunidad entre ella y el maestro es otra clave. Donde no hay identificación y coincidencia entre ambos no existe comunidad. Donde no se respeta y obedece al maestro no existe comunidad. Donde se compite en su contra tampoco existe. El maestro está en el lugar de los Profetas, y nosotros en el lugar de sus discípulos ; si deseamos recibir algo de él debemos amarlo y respetar su criterio, de lo contrario debemos reconocer ante él nuestro estado maligno, y él nos dará los mejores consejos la respecto. Quien no respeta a su maestro no respeta la Señor, quien no lo obedece no obedece a El. De su boca nosotros debemos esperar la Palabra divina, así como sucedía con los Profetas. El sabrá conducirnos hacia la felicidad mediante el mejor alimento.

A su vez, la comunidad equivale a la humanidad, ella será buena en la medida de su conducta, y se corromperá por la misma causa. Deberemos observar en ella los mejores ejemplos, dirigir la vista hacia los principales, no hacia los bisoños o los débiles. Sin comunidad no hay enseñanza, sin ella no hay Misericordia, como ha dicho el máximo maestro. La Mano del Señor está con ella, y fuera de ella hay desvió y hay castigo.

La asimilación

Si para el desarrollo espiritual son imprescindible la comunidad y el maestro, deberemos además tener ciertas precauciones respecto de la "asimilación" del alimento espiritual. En primer lugar, no desesperar por lograr resultados inmediatos. Segundo, renunciar a hacer aquello que todavía no nos haya sido permitido, aunque lo hagan otros con menos experiencia que nosotros. Tercero, y muy importante, alimentarse regularmente, es decir ser perseverantes y constantes en la asistencia a la comunidad y en las practicas comunitarias e individuales, pues quien no se alimenta regularmente nada tiene que asimilar, y el resultado sea su inanición y su segura muerte espiritual. Cuarto, no confiar en intermediarios no-vivientes, como los libros, aunque sea nutritivo, no es como un alimento natural, y aún puede llegar a causar la muerte. Quinto, no desconfiar del maestro en todo aquello que él crea necesario para nuestra alimentación; esforzarse en tomarla, aún contra nuestro disgusto, ¡ Cuantos han quedado exánimes por no obedecer lo que les recomendaba quien mejor conocía. No atosigarse, ser paciente en la alimentación recomendada, no exagerar. Se la tomará en la medida adecuada, según lo que se nos haya indicado, y si el maestro nos vedara alimentarnos del algo que asta entonces nos era habitual, deberemos obedecerlo. Muchos han muerto también de voracidad, de angurria.

El medio social

Otro de los problemas del desarrollo espiritual, muy agudo, es el del medio social en el que hemos nacido y nos hemos criado. Es una de las mayores dificultades en el camino, y tiene que ver especialmente con la comunidad, el maestro y la alimentación espiritual.

La "sociedad" es un espeso velo delante de la luz del Conocimiento. Quien pueda atravesarlo recién entonces estará en el camino del desarrollo espiritual, en el camino de la Realidad. La "sociedad" es, en primer lugar, la propia familia, luego los amigos. Este nexo es mencionado por el maestro máximo del siguiente modo: "Todo recién nacido nace en la esencia primordial, son sus padres (es decir la sociedad) quienes lo hacen judío, cristiano o mazdeo", lo cual significa quienes lo desvían de su esencia primordial, porque cualquier religión es parte de una estructura social, y por lo tanto veladora.

La sociedad está constituida por las "instituciones", en el sentido anti-espiritual que tiene toda institución, sea política o religiosa. Es la "tradición de los padres", en el sentido distorsionado de la Verdad que toda "tradición" vaciada de la médula significativa tiene para los seres humanos. La Sociedad es en tal sentido una farsa de la realidad, no la Realidad verdadera.

Esto que acabamos de afirmar no significa que nosotros detestemos la sociedad humana, que no la creamos conveniente, y que por el contrario deseemos su destrucción y reemplazo por la vida silvestre ¡No. Deseamos señalar que el peligro principal está encerrado en el modo de vida de la sociedad humana, normalmente un modo de vida corrupto. En este medio, en base a esta conducta, es imposible lograr el desarrollo espiritual.

Se impone la conciencia crítica de la sociedad, no su destrucción, sino la advertencia acerca de ella, el estar prevenido y atento, el no aceptarla en forma espontánea y complaciente. Si no surge esta conciencia crítica en el inicio del camino, surgirá de verdad la fuerza suficiente para el desarrollo espiritual, y de aparecer excepcionalmente esa fuerza sea sofocada por la sociedad circundante.

Debemos distinguirnos de la sociedad por nuestra conducta, si adoptamos sus usos y costumbres seremos asimilados por ella y nuestro fracaso espiritual estará asegurado. Cualquier grupo humano, como una comunidad espiritual, o un grupo de trabajo, o la misma sociedad, se distingue por su modo de vida. El modo de vida puede ser elevado o bajo, y puede estar corrupto cuando en él no predominan las ideas de bien, la justicia, la solidaridad, el amor entre los hombres. Un modo de vida corrupto es opresor, y cualquier revestimiento con que quiera engañarnos nos será fácil reconocerlo. Deberemos preguntarnos ¿existe un nivel de justicia verdadera?, ¿predomina el bien común, la solidaridad social, la lealtad entre los hombres?, ¿se busca la verdad, se lucha por la justicia?. Si la sociedad no puede satisface algunos aspectos pero no todos, sepamos que su modo de vida está viciado, y que nada bueno podrá darnos en procura de nuestra felicidad.

Hay formas de mimetización de la sociedad corrupta que logran engañar a los mejores, por ejemplo la forma "democrática". Hay inclusive periodos de su existencia que resultan sumamente ambiguos, y pueden parecernos gloriosos y como la máxima expresión del bien, como los periodos "revolucionarios" o de "cambios profundos". Hay ideologías y lideres que ambicionan insuflar en nosotros la seguridad de que representan el sumo bien, y pueden desviarnos de la Verdad, aun a0provechando nuestros mejores sentimientos. En realidad, todo ello es vano, engañoso, inconsistente; es el resultado de las mejores mimetizaciones de la sociedad corrupta, que quiere atraernos hacia sí desviándonos de la Verdad.

¿Cómo podremos identificarlo? En primer lugar, deberemos estar firmes en que no existe posibilidad de bien ni de justicia verdaderos, duraderos, de no estar asentadas en una idea trascendente, sagrada. Quien no reconoce gobierno divino es imposible que nos haga justicia o bien. En segundo término, por lo general los impostores tienen un modo de vida personal sumamente corrupto, pero se presentan ante los ojos del público como salvadores. Tercero, por lo general se produce meramente un cambio de guardia en la opresión, bajo el lema de los "cambios profundos", la "revolución", la "democracia", etc. Cuarto, los seguidores de estos movimientos y de estos lideres (la masa) sólo aumenta en ignorancia y en idolatría, en lugar de aumentar en ella el conocimiento, la purificación, la fe verdadera. Si los cambios no se producen para la felicidad humana y nosotros observamos un retroceso del bien, e4notnces debemos concluir que la cuestión es un puro engaño.

Otro aspecto e el de las mismas ideologías en que se sostienen estas formas no espirituales. Son ideologías exclusivamente humanistas, donde las ideas metafísicas no tienen cabida, y resultarían ridículas a sus seguidores. Sin embargo, sin ideas metafísicas y prácticas consecuentes es imposible implantar la justicia y el bien común. La verdadera política es una actividad altamente metafísica, y la farsa política, generalizada hoy en todo el mundo, es una actividad engañosa al servicio de los grupos de poder.

Otro aspecto es el del falso simbolismo de estas tendencias anti-espirituales. Han desacralizado los símbolos y las ideas sagradas, como el juramento, la fidelidad a riesgo de la muerte, el martirio, el sacrificio, los símbolos y la misma divinidad, para aplicarlas a cosas del mundo que no pueden cargar con esas significaciones. La ridiculez de las naciones modernas, su vanidad, su fatuidad, su ignorancia, se evidencia en este "detalle" de sacralizar lo relativo y no trascendente, y se plenifica en la "seriedad" de los "protocolos", las "ceremonias", y los actos de devoción a cosas sin ningún valor verdadero por sí mismas. Es la parodia y la profunda estupidez del militar o del gobernante cuadrado devotamente ante la vanidad.

La corrupción moral, el enriquecimiento ilícito, los actos de injusticia al más débil, la opresión de un sistema de exacciones públicas, etc., son otros tantos aspectos secundarios y derivados, que nos indican cuándo un sistema social es corrupto y no puede servirnos en absoluto para nuestro desarrolló espiritual. ¿No debemos dejarnos engañar encausando nuestro anhelo de bien y justicia hacia una cosa tan baja. Ni aún cuando pretendamos justificarnos pensando que nosotros no participamos de la opresión, sino solamente deseamos apoyar una nueva oportunidad de bien, no sea lícito alentar a los opresores, pues el que los apoya es también opresor, aunque no cometa maldades concretas.


Fin