6/8/12

El Desarrollo Espiritual en el Islam (II)

La Tradición es un conjunto de conocimientos y de símbolos que dan acceso, a través de una práctica determinada, a la perfección del ser humano, es decir a su desarrollo espiritual y a su felicidad. Cada tradición sagrada tiene un aspecto externo y otro interno,siendo el primero su aspecto público y social, y el segundo su aspecto personal e íntimo. 
Por Mahmud Husein

SEGUNDA PARTE


Identidad y diferencia en las tradiciones

Todas las cosas que existen presentan por igual dos aspectos opuestos y a la vez complementarios, identidad y diferencia. El mundo humano no es la excepción, el hombre es "ser humano" debido a su identidad que lo distingue del resto de los animales, y es por otra parte un individuo particular dentro de su género, debido a su diferencia del resto de los seres humanos. A pesar de la gran cantidad de hombres que existen –o quizás precisamente por ello- no hay dos ejemplares absolutamente idéntico, ni aún cuando fueran gemelos. Lo extraordinario de la realidad manifestada por el Señor es la variedad, que para la compresión humana casi resulta infinita, aunque no hay Infinito excepto El.

A causa de su identidad las cosas se unen entre sí, formado una categoría determinada de seres, como los hombres, los planetas, lo ángeles, los genios, etc., y a causa de su diferencia las cosas se distinguen entre sí y cumplen determinadas funciones, cada cual en su esfera de acción. Esto es muy compresible para cualquier ser pensante, porque corresponde a la experiencia nuestra de cada día.

Del mimo modo que el resto de las cosas, las tradiciones sagradas, las enseñanzas de los grandes maestros, a las que nosotros solemos llamar "religiones", son idénticas en un sentido y distintas en otro. Su identidad, cuando se trata de tradiciones auténticas, se funda tanto en su origen como en su fin. En cuanto a su origen, todas ellas derivan de una Fuente única, trascendente, y esto queda demostrado por la sabiduría que todas ellas transmiten, cuyos principios son comunes, y también por la modalidad de vida que cada una exige, tanto en el orden devocional como ético. Podrán diferenciarse en los ritos, y en algunas prácticas de la vida personal y de la vida social, pero el modo de vida que resulta de las tradiciones sagradas coincide en general tanto en la concepción que tienen de la vida humana en este mundo como en la preeminencia que otorgan al otro mundo, imponiendo en consecuencia una vida ética y en superación constante.

En cuanto al fin que perciben delante de sí todas las tradiciones sagradas, es el de alcanzar la perfección del ser humano, o en otras palabras la santidad. En esto coinciden también todas ellas, y consideran que en dicha perfección consiste la felicidad humana en este mundo, y un seguro feliz tránsito al otro. En última instancia, el Fin propuesto es conseguir la gracia, o la complacencia, o el amor divinos.

Ahora bien, esa visión que alcanzamos de las tradiciones sagradas la obtenemos desde un punto de vista universal, o para aclarar mejor desde el punto de vista del Señor, no del siervo. El ser humano tiene esa rara capacidad de trascender su condición es este mundo, encerrado como está en la dimensión espacio-temporal, para observar las cosas con su propia condición humana, espacio-temporal y cambiante.

Por el contrario, desde el punto de vista del servo cada tradición sagrada es un camino diferente y excluyente de las otras. Y esto es necesario porque cada una de ellas viene a satisfacer determinadas necesidades de acuerdo al lugar, al tiempo, a la idiosincrasia y a la cultura de los individuos. Podemos, inclusive, al adoptar una tradición, considerar a todas ellas como una y la misma, pero esto lo haremos intencionalmente, si poder llevarlo a la práctica, debiendo reconocer que en la práctica sólo necesitamos de una sola tradición, la cual resultará suficiente para toda una vida.

Existen otro motivos muy importantes para seguir una sola tradición. Entre las razones más lógicas y evidentes está la siguiente: solemos reconocer que en cualquiera de las tradiciones verdaderas existen una esencia fundamental y maravillosa, que debemos alcanzar para nuestra perfección y felicidad. Además, siendo esa esencia común a todas ellas, lo mismo da que la alcancemos a través de una que de otra tradición. Pero sería absurdo que pretendamos hacerlo a través de varias de ellas al mismo tiempo, pues implicaría un esfuerzo innecesario e infructuoso. Aunque mucho camino en la tierra lleguen al mimo lugar a nadie se le ocurrirá toma todos a la vez, pues ello resultaría prácticamente imposible, y lógicamente innecesario. En el plano del espíritu la cuestión es idéntica, ya que existen numerosos caminos, aún cuando su destino final sea el mismo. Sin embargo, es absurdo seguir varios a la vez, pues en tal caso nos sería imposible ahondar suficientemente en cualquiera de ellos para llegar a la esencia maravillosa que tenemos por meta. Segundo, si nuestro interés real es el destino final y no el camino, nos bastará lógicamente uno solo. El camino es un medio y el destino final es, realmente, lo que nosotros deseamos conseguir.

Si alguien alegara que es bueno conocer "todos" los caminos y seguirlos hasta su final para tener así una experiencia universal, completa, abarcadora de todos ellos, responderíamos que el que sigue un camino con sinceridad desea alcanzar su destino; si lo alcanzara, ¿qué sentido tendría abandonarlo y volver por otro lado al mismo punto?. Sería como jugar, entretenerse, y no tener un real anhelo por el Fin. Pero quien no tenga ese anhelo, que es una fuerza espiritual extraordinaria, no emprenderá ningún camino, y lejos está de conseguir cualquier meta. Finalmente, ¿quién puede alegar, con sinceridad, que es capaz de tener una experiencia universal, omniabarcante, de todos los senderos espirituales?. Tal persona es sin duda un perfecto embustero.

En conclusión, lo afirmado anteriormente nos indica que debemos dedicar a una sola tradición todos los actos de nuestra vida, vivir en ellas una experiencia entera, no escapar la compromiso con el modo de vida que dicha tradición exige de nosotros. Ello requerirá, sin duda, todos nuestro días, y nos será imposible practicar cualquier otra enseñanza espiritual paralela.

Práctica y esencia de las tradiciones

Otro de los aspectos indispensable que presenta cualquier tradición verdadera es el de una práctica que resulta coherente con sus principios, y que constituye de hecho la escalera ascendente hacia una mayor purificación. La práctica posee un sentido profundo, y sólo en el mundo actual se ha llegado a considerar cualquier práctica espiritual como signo de atraso, superstición o cosa inútil.

No es suficiente un conocimiento teórico sin una práctica consecuente porque el ser humano presente dos aspectos diferentes y complementarios, uno es el pensamiento, y otro la acción. Cuando lo que se piensa se ejecuta recién entonces logra el ser humano la plenitud de su ser. Cuando lo que se cree se verifica con actos concretos, recién entonces se realiza la unidad o conjunción del ser como un todo integrado, que ha vencido el cisma entre un alma que piensa y un cuerpo que actúa.

La crisis del alma se presenta cuando no damos salida a nuestra necesidad de devoción, es decir de realizar una práctica de origen sagrado, o también cuando no concretamos esa devoción por una vía correcta. Entonces caemos en la disolución de nuestro ser que nos lleva al escepticismo extremo y a la infelicidad, o peor aún, a la esquizofrenia.

Por el contrario, un alma que realice una vida práctica coherente con su creencia, que de salida a su necesidad de devoción, que mantenga el equilibrio entre lo que se piensa y lo que se actúa, es un alma equilibrada que puede logra la felicidad. En este caso sólo hay un peligro, tan malo o más que el anterior, y es que caigamos en la hipocresía. Pero para llegar a ser hipócritas deberemos pasar todavía por varios puntos de degradación.

El sentido profundo de la práctica es que nos acondiciona psíquica y éticamente para logra el desarrolló espiritual. Asimismo, como cada tradición presente un tipo de práctica diferente (aunque bien estudiadas todas ellas resultan similares, en última instancia) es conveniente seguir el tipo de práctica establecido para alcanzar la esencia de la tradición que hemos elegido. No nos será posible con un tipo de práctica budista alcanzar las aperturas espirituales del sufismo, por ejemplo, aunque pongamos las mejores intenciones en el intento. Se podría decir que aún los mundo espirituales a que dan acceso las prácticas son diferentes, por cuanto la dimensión espiritual no es un todo homogéneo, como suponen algunos, sino algo cualitativamente distinto, según sean los planos de la luz a los que se tenga acceso . Por tal motivo, prácticas distintas son irreductibles entre sí, es decir no pueden intercambiarse.

En consecuencia, siendo indispensable para el desarrollo espiritual adoptar una tradición sagrada y alcanzar su esencia maravillosa, que obra como la piedra filosofal sobre nuestro ser, es además ineludible aplicar la práctica respectiva de dicha tradición, como método concreto de realización espiritual, y antes que nada, de purificación psíquica y ética.

Al respecto observamos también que muchas personas confundidas "prueban" diferentes prácticas, como si tal proceder produjera su desarrollo espiritual. Estos iluso, in comprometidos, son similares a lo que hemos mencionado como "intelectualistas", pues piensan que la cuestión es puramente individual, y que en sus egos todavía impurificados se produce la conjunción de la realidad verdadera en el ser individual. En principio, este error se basa en creer en el "efecto mágico" de una práctica, lo cual es falso, segundo en creer que no existen diferencias entre las diversas prácticas de las distintas tradiciones, lo que tampoco es cierto. No es necesario refutar estas ilusiones con mucho argumentos, sólo invitamos a observar las disparatadas opiniones de estos seres confusos y su inconsistente búsqueda de la Verdad.

Que es una tradición

Es un conjunto de conocimientos y de símbolos que dan acceso, a través de una práctica determinada, a la perfección del ser humano, es decir a su desarrollo espiritual y a su felicidad. Cada tradición sagrada tiene un aspecto externo y otro interno,siendo el primero su aspecto público y social, y el segundo su aspecto personal e íntimo. No todos sus seguidores conocen dicha distinción de las tradiciones sagradas, sólo lo más avanzados en el trabajo espiritual reconocen un aspecto más profundo de la enseñanza y tratan de alcanzarlo.

Una tradición sagrada que no haya sido distorsionada a través del tiempo por intereses externos, anti espirituales, mantiene siempre en armonía a ambos aspectos, el interior y el exterior. Cualquier tradición de origen sagrado que pierda uno de los dos aspectos (y el que se pierde siempre es el interior por ser el más difícil de mantener) cae consecuentemente en la decadencia, cuya extrema expresión es además la corrupción de su aspecto externo. Para dar un ejemplo, cuando se enferma el corazón decae todo el cuerpo, y se detiene, el cuerpo muere. Toda tradición sagrada todavía viva mantiene, sin duda, la conexión necesaria y vital entre ambos aspectos, el interno y el externo, pues de ello depende su existencia como tal tradición.

En consecuencia, las tradiciones, como el resto de las cosas, surgen y decaen, pues están al servicio del hombre y no al revés. Pero debido a este mismo hecho, es el propio hombre quien las corrompe con su accionar, como gasta y envilece el resto de las cosas. Una tradición no es divina por sí misma, ni debe ser adorada ella, sino Aquel que ella manifiesta, ni debe servirse a si misma con sí fuera un "organismo autónomo", sino servir al desarrollo espiritual de los seres humanos. Cuando, por el contrario, cae en todas aquellas fallas, cualquier tradición se transforma en "devoradoras de hombres", y envilece la vida humana personal y social.

El aspecto exterior está caracterizado por una práctica, el interior por un significado. Como ya sabemos, nos resulta imposible acceder al significado sino es a través de la práctica, por lo tanto, cuando ésta última pasa a servir al "organismo autónomo" en que se ha transformado la tradición corrupta, no será imposible llegar al significado, cultivarlo, mantenerlo, y sólo subsistirá una práctica degradada al servicio de ciertos intereses mundanos. Este es el "culto de la abominación" a que se refirió el Profeta Daniel.

La esencia de una tradición la constituye su significado, por lo tanto debe tender a conseguirlo. Si una tradición nos presenta solamente una práctica sin significado la rechazaremos por fraudulenta . Los verdaderos hipócritas son aquellos que cumplen con el aspecto externo de la tradición y no creen que tenga un aspecto interno profundo, rechazando a su vez toda evidencia que lo demuestre. Quienes sostienen las prácticas externas solamente son en su casi totalidad hipócritas, salvo que presenten una gran incapacidad para percibir el significado de las tradiciones.

Como contrapartida, lo que solamente se limitan al aspecto interno, rechazando las formas exteriores, son "exagerado", "esoterístas" (no verdaderos esotéricos). Ambos grupos están en el error.

La esencia de la tradición

¿ Qué cualidades debe tener el significado para ser considerados como "la esencia de la tradición"? En primer lugar debe ser un conocimiento universal, abierto, no exclusivista. "Universal" significa que se dirige a lo más amplio y abarcante, sin detenerse en lo individual o particular. "Abierto" quiere decir que dicho significado nunca se considera acabado, definitivo, ni se presenta a sí mismo como que se ha agotado en una definición. Excepto que no será "abierto" como el conocimiento científico actual, el que se considera verdadero mientras no se demuestre lo contrario, pues este conocimiento parte de la duda, y el conocimiento tradicional auténtico parte de la convicción. La duda subsiste aún cuando se haya logrado una demostración, pues es posible que nuevas experiencias varíen fundamentalmente lo demostrado; la convicción nos asegura de que el conocimiento logrado es verdadero, y que nunca se modificará, aunque puede ser profundizado. Profundizar no equivale a un nuevo conocimiento que anule el anterior, sino que es lograr un nivel de claridad mayor que confirma lo que ya conocíamos. Es como un área iluminada que va ampliándose y precisándose cada vez más, sin desmentir lo que anteriormente veíamos en el área más pequeña.

Otra condición es que el significado no esté al servicio de nadie sea una persona, un ancestro, un pueblo, una raza o nación, una familia, una era histórica, un símbolo, etc., es decir al servicio de algo relativo espacial y temporal. En consecuencia, que no se haga de ese conocimiento una posesión de alguien en particular, o de un grupo, o de una organización.

Es, además, un conocimiento cualitativo, que transforma a quienes lo posee. Es íntimo, personal, y en algunos aspectos, secreto.

Respecto de esto último, suelen los "esoteristas" alardear del "conocimiento secreto" con una ignorancia increíble. Ni lo poseen, ni se están preparando para poseerlo, ni frecuentemente tiene las mínimas condiciones intelectuales o morales para alcanzarlo. Se imaginan que es secreto como una fórmula química cuyo poseedor no la transmite por razones que ni ellos mismos pueden explicar con claridad. Todo esto es fantasía y verdadera ignorancia de los conocimientos secretos. El "esoterista" tiene el prurito de considerarse a sí mismo elegido para poseer dichos conocimientos secretos, y sobre tal base se sustentan sus fantasías.

El secreto

El conocimiento interior, esencia de las tradiciones, es antes que nada íntimo y personal, aunque no todo conocimiento interior es secreto, sino sólo algunos muy específicos. En principio, es necesario que dicho conocimiento sea compartido y transmitido dentro de la comunidad que lo anhela, lo contrario a esto corrompe al mismo conocimiento. El conocimiento interior que no se comunica y del cual nadie se beneficia, ni aún el que lo posee, es un conocimiento inútil, y ha sido descartado por lo maestros espirituales de todas las épocas. En segundo lugar, el conocimiento profundo por sí mismo rechaza a quienes no son dignos de él, pues no lo pueden comprender y pasan junto a él sin apreciarlo. En tercer lugar, todo conocimiento interior verdadero tendrá ciertos ropajes que sólo podrán reconocer los que son dignos de poseerlo, y esos mismos ropajes lo ocultarán de los ignorantes.

Una cuestión especial es la que plantea nuestra época, singularmente inepta, no sólo para conocer algo profundo, sino apenas para reconocer su ropaje externo. Pasa junto al conocimiento secreto como pasa el ganado, y aunque se le señale con el dedo donde buscarlo creerá que es pura superchería. Esta época oculta por sí misma el conocimiento secreto.

Por otra parte, lejos están los "esoteristas" de poder percibir el conocimiento secreto, al que se imaginan dentro de una nebulosa. Secreto es, antes que nada, lo que se contempla en virtud del grado espiritual alcanzado, es decir de la iniciación real. Secreto es el grado de iniciación. Secreto son los conocimientos derivados del tal grado, en tanto y en cuanto estos conocimientos no puedan ser soportados por todos los seres sin distinción. Y nada más. En el nivel humano solo estas cosas son secretas, y todas las demás dependen de la aptitud del que las procura: Si posee la aptitud necesaria podrá captar tal conocimiento, y sabrá apreciarlo y resguardarlo de los ignorantes; si no la posee permanecerá ignorante y podrá pasar junto al conocimiento secreto sin darse cuenta de él.

Para que los "esoteristas" no crean que tienen las condiciones suficientes para distinguir quienes son capaces de conocer "lo secreto" quienes no lo son, debemos decir que nadie podrá guardar el secreto sino solamente aquellos que lo conocen, es decir que han llegado a un grado espiritual de iniciación. Y los "esoteristas" están lejos de ser iniciados.

Por último, deseo distinguir entre lo esotérico y el "esoterismo" Esotérico es todo lo secreto, tal cual lo hemos definido nosotros. En tal sentido, son esotéricos u ocultos los Conocimientos divinos, no comunicados a los hombres. Dios es Oculto tanto como Manifiesto, y su Conocimiento es del mismo tipo, tanto oculto como revelado. Cuando el "esoterista" se ilusiona con el secreto, imagina que existen ciertas definiciones, frases de poder mágico, ni aún en conceptos racionales muy elaborados. Es un estado de apertura del alma que recibe esos conocimientos en forma continúa desde un nivel superior. Son verdaderas revelaciones personales, y cuando el amigo de Dios es iniciado, hasta sus sueños son revelaciones.

El ciclo de cada tradición

Ya hemos dicho que las tradiciones no son eternas, que surgen, cumplen su función y desaparecen, porque cada una está destinada a satisfacer ciertas necesidades humanas, según la época, la cultura y la idiosincrasia de la gente. Eso no se contradice con el hecho de que su esencia sea universal y eterna, aunque su aspecto exterior esté acomodado a las condiciones del mundo. Deseamos, sin embargo, realizar ciertas precisiones respecto de estas últimas condiciones.

En primer lugar, debemos destacar la importancia que tiene, más que la cultura y la raza o pueblo, el tiempo en que surge una tradición. No se trata de nada "temporal" tal como lo concebimos hoy, sino del tiempo cualitativo. El hombre actual está acostumbrado a considerar el tiempo como una línea de puntos, todos idénticos e indiferentes a las cualidades. Esto no es verdad, lo más maravilloso de la existencia es la variación cualitativa del tiempo, en el cual se manifiesta realidades sutiles que sólo los iniciados perciben.

Todas las tradiciones sagradas han hablado del "cambio de los tiempos" no en un sentido cuantitativo sino cualitativo. "Lo antiguo" es vinculado por ellas con el Origen, y por lo tanto con el predominio de un estado superior de cosas. No me refiero a "lo antiguo" como se lo entiende actualmente, es decir como una "época superada" por la época actual, como si se tratara de una competencia deportiva. Lo antiguo es aquello que manifiesta en forma más diáfana las cualidades del Origen, y por ello sería absurdo que la existencia hubiese comenzado por un punto bajo, animal, sino más bien por el punto más alto (2).

"Lo actual" corresponde por lo general a una situación degradada, porque el sentido del tiempo es ir de lo superior hacia lo inferior, y no al revés como supone el hombre actual. La degradación se simboliza como una mayor oscuridad, y en la ciencia espiritual el tempo en general es análogo a un día: amanecer, mañana, mediodía, declinación, tarde, ocaso, noche.

En consecuencia, el tiempo verdadero manifiesta aspectos de la Realidad divina, tal como El quiere manifestarse encada época. Desde el punto de vista del hombre, el tiempo es un continuo cambio, desde la Realidad divina, que no cambia, es sólo un reflejo Suyo en el universo. Dijo el más sabio de los maestros: "no insultes al acontecer (o al tiempo) porque, por cierto, el tempo es Dios".

Lo paradójico es que El, que no cambia, manifieste el cambio, es decir que el Principio absoluto parezca "variable" para el hombre. Esto se debe a que siendo El infinito y el hombre un ser finito, limitado en sus posibilidades, solamente es el hombre quien percibe el cambio, aunque éste último en realidad no exista. Le preguntaron al más sabio de los maestros, "¿Cómo era (o estaba) Dios antes de la Creación?", y respondió "El estaba solo" (es decir, El no ha cambiado de situación en absoluto, o más bien, el cambio es una apariencia). Todas las tradiciones han enseñado que el mundo es una apariencia, que no constituye ninguna realidad por sí mismo.

Por lo tanto, el ciclo que cumple cada tradición no es algo temporal, cuantitativo, aparente, sino algo metafísico y real. Se trata de la manifestación de una Potencia o Atributo divino, con más predominancia que el resto de las Potencias o Atributos que nosotros podemos conocer. Para dar un ejemplo, el fenómeno de refracción de la luz produce ciertas ilusiones ópticas, como por ejemplo la coloración que toma el sol a la media tarde o al ocaso, cuando amarillea hasta llegar al rojo. Sin embargo, no es el sol el que cambia de color, sino que es el ojo el que percibe esto debido a la distorsión de la atmósfera. Asimismo, no es El quien cambia, sino que permanece en Sí Mismo sin variación alguna, es el hombre quien percibe el cambio, cuando puede ver, como una "coloración" del tiempo, de acuerdo a las limitaciones del mundo, que obra como la atmósfera distorsionando la luz. Y así como al mediodía no existe distorsión alguna, así la época en general tiene un momento de manifestación de su máximo esplendor y máxima pureza, y en ella aparece la tradición más abarcante y permanente.

En síntesis, el Atributo o la Potencia divinos que se manifiestan y cualifican a una época es algo real, no aparente, como es real la luz que emana del sol. Luego, en su conjunción con el mundo, "colorea" al tiempo de un modo característico, y es a esto que llamamos propiamente "época" o "era". La cualidad del tiempo solamente es perceptible por los iniciados, como el color de la difracción de la luz sólo se hace perceptible al vidente, no al ciego, ni al desatento. Así como la luz no deja de ser luz a pesar de la coloración que toma en determinados momentos, El no deja de ser El, aunque aparezca bajo una coloración que no le corresponde en realidad, y es sólo Su Voluntad la que determina en todo momento qué "coloración del tiempo", es decir qué era, manifestara. Sin embargo, no hay cambios en El, pero sí aparecen cambios en el tiempo.

La Cultura e idiosincrasia

La tradición verdadera es siempre universal, no racial ni discriminatoria. Sin embargo, a cada lugar y tipo racial o cultural se adecua mejor una comprensión particular de las verdades tradicionales, e inclusive cada idioma contiene ciertas particularidades propias para expresar esas verdades, que una vez así expresadas, dan la impresión de ser muy diferentes entre sí, cuando en realidad son en el fondo las mismas.

Es por esto que cuando una tradición se presenta a sí misma solamente como "nacional" o "racial", es sin duda una tradición corrupta, puesto que en ella el elemento "cultural" o de la idiosincrasia ha predominado sobre el elemento universal de la tradición. Esto se produce por el natural deterioro de todas las cosas humanas, las cuales a partir de un origen puro y elevado son manipuladas por los hombres a favor de las tendencias inferiores.

Otro aspecto del asunto es que también, como ya hemos visto, la tradición tiene su propio desarrollo, y llega a la plenitud en su mediodía. Ni aún comparando las tradiciones "nacionales" o "culturales" entre sí, como el cristianismo, el judaísmo, el hinduismo, el budismo, etc., de modo que de la comparación surja lo que cada cual contiene como "verdadera tradicional pura", podremos en realidad tener una imagen de la tradición en sí misma, sin los "aditamentos" que la hacen más adecuadas a un tiempo y a un lugar determinados. Esto se debe a que dichos "aditamentos" son necesarios, no secundarios, y que por algo se ha manifestado la tradición revestida con ellos. Solamente buscando su mediodía, la plenitud de su manifestación, podemos conocer una versión de la tradición lo más fiel posible a sí misma, lo más pura, universal y abierta.

Una tradición particular, de un lugar y de un pueblo determinados, es por cierto una manifestación divina particular, es decir, una adecuación de la Verdad a ese tiempo y a ese lugar, tal que sea comprendida por ciertos hombres. Sin embargo, contiene en sí y se descubren en ella verdades universales, que rompen los estrechos límites del tiempo y del lugar, y van más allá aún de la compresión particular de una gente. A esto es a lo que llamamos propiamente "tradición", mientras que la adecuación respectiva espacio-temporal es un trasunto, verdadero o corrupto, de la tradición en sí misma.

A pesar de ello, es imposible que la tradición en sí misma se revele tal cual es, porque sería incomprensible a los seres humanos, por lo cual aquella adecuación es necesaria, no secundaria. Y si nosotros queremos llegar a la médula de una tradición particular cualquiera, no podremos menos que adoptar sus modos exteriores, sus revestimientos, su idioma y sus claves de comprensión, pues no existe otro camino. Lo universal se revela dentro de lo particular, así como la Divinidad se manifiesta sólo a través de las cosas, no en Sí misma.

Por otra parte, la tradición cumple un desarrollo de su manifestación que no está sometido a ninguna adecuación externa de tiempo o de lugar. Es equivocado pensar que la tradición permanece inmutable a través de todos los tiempos, ya que en realidad, como las fases de la luna, crece, se plenifica y se oculta. El hecho mismo de cumplir con un ciclo temporal nos obliga a reconocer que la tradición aparece entre los hombres en diversas fases, y que además se adecua en cada faz a las condiciones particulares de los seres humanos. Es decir, se produce un doble acondicionamiento: el propio de la tradición y el propio del lugar y del tiempo en que se manifiesta. A esto ya nos hemos referido aludiendo a los momentos del día, sobreentendiendo que en el ejemplo siempre tenemos en cuenta la relación de la tradición con el ser humano. Si quisiéramos imaginarla a ella en sí misma, fuera de toda relación con los seres humanos, deberíamos reconocer que no varía, como la luna nunca deja de estar plenamente iluminada por una de sus caras a pesar de que nosotros no la podamos ver. Pero esta imagen de la tradición es ideal, no concreta; y es imposible de hecho que ella tenga algún sentido con exclusión de los seres humanos, a los cuales beneficia.

Paralelamente a la manifestación de la tradición aparecen ciertos seres que son como la personificación de esa Verdad, su ejemplo vivo. Ello no contienen la Verdad en su totalidad, al igual que la tradición no es "toda" la Verdad en sí misma. Sin embargo, son superiores a sus contemporáneos y pueden captar un grado de pureza y universalidad de la tradición que sus contemporáneos no alcanzan. En esto consiste su sabiduría. La jerarquía de estos maestros es paralela a la manifestación creciente de la tradición, y llega a su plenitud con el mediodía de la tradición. En dicho momento, el maestro resulta ser la culminación o síntesis del resto de los que lo han precedido, es el maestro máximo, así como se encuentra en la plenitud de la iluminación.

Nuestra época

Cada época considera que lo que le ha antecedido ha sido una preparación para su momento, como sucede con el día. Y es correcto pensar que el período de mayor iluminación es el presente, al menos mientras no decline el día. Sin embargo, nuestra época es de declinación no de crecimiento. Estará de más para ella considerarse a sí misma como la culminación de algo espiritual, sino que, por el contrario, como ella misma lo sabe, representa un momento de creciente oscuridad.

Paralelamente, lo que aparece con toda evidencia es el desarrollo de lo material, que equivale a la oscuridad precisamente. Esto nos obliga a buscar en el pasado el momento de mayor iluminación, tal como es posible ubicar el mediodía cuando ya ha transcurrido. La época actual tiene una aspecto negativo, representado por la creciente oscuridad, y un aspecto positivo, como es el de que ya se ha manifestado el mediodía y el máximo maestro. Esto implica que podemos conocer la tradición en su máxima pureza, universalidad y apertura.

Notas

"Apertura" significa entre los sufis el grado de iniciación a que se ha llegado en el camino espiritual.

Es verdad que los maestro de la humanidad también citan ejemplo de la maldad de los que existieron antes que ellos, pero no se refieren a "lo antiguo" realmente, sino a tiempos inmediatamente anteriores a su época.