28/7/12

Occidente no quiere alentar una Primavera Árabe a lo largo de la Ruta de la Seda



Bienvenidos al Nuevo Gran Juego


El Norte de África y Asia Central parecen compartir los mismos males: dictaduras, corrupción generalizada, pobreza, alto desempleo de la juventud, control total de los medios y un espacio político muy limitado para cualquier oposición.

No es sorprendente que el ímpetu inicial de la Primavera Árabe en el Norte de África –una lucha popular por la democracia– haya causado un susto de muerte a la mayoría de los gobiernos a lo largo de la Ruta de la Seda. Más que democracia, lo que vieron fue el espectro de la islamización. De ahí el bloqueo de Facebook y Twitter, el establecimiento de filtros de Internet hechos en China –combinados con la ausencia de un emisora pan-Asia Central, siguiendo el modelo de Al Jazeera en la difusión de noticias.

Los hombres fuertes centroasiáticos tienen motivos para mirar hacia atrás con ira –y temor– a lo que sucede en Egipto y Siria. Islam Karimov en Uzbekistán y Nursultan Nazarbayev en Kazajstán han estado ambos en el poder durante 21 años. Emomalii Rakhmon en Tayikistán ha sido presidente desde la sangrienta guerra civil del país de los años noventa.

Es verdad, hubo una transición política en Turkmenistán en 2007, cuando murió el extravagante Saparmurad Niyazov. Pero la serpiente siguió conduciéndose de la misma manera bajo el nuevo líder, Gurbanguly Berdymukhamedov.

El caso más complejo es Kirguistán, que pasó por la dudosa Revolución de los Tulipanes de 2005 y la Revolución contra los Tulipanes de 2010. Ahora es una república parlamentaria multipartidista, pero todavía sumida en la pobreza, un serio cisma entre norte y sur, y el campo de minas étnico del Valle Fergana.

En otros sitios, prevalecen las reformas cosméticas. El parlamento es un poco menos caricaturesco bajo Karimov de lo que debería ser, en teoría, bajo Nazarbayev.

Pero olvidad el tema de elecciones libres y limpias, medios independientes y verdadero debate multipartidista. Uzbekistán podría convertirse fácilmente en una Siria de Asia Central, con una guerra civil que involucraría al sistema de Karimov, al ejército, al radical Movimiento Islámico de Uzbekistán (IMU), alineado con los talibanes, y a la oposición secular. En cuanto a la porosa frontera tayika-afgana, sigue siendo un brillante atractivo para el Islam radical.



Llévame a tiempo a mi base



Asia Central es crucial porque está en el corazón de Eurasia, y por lo tanto en el corazón del Nuevo Gran Juego, enfrentando esencialmente a EE.UU. contra Rusia y China, y una variedad de protagonistas menores como Irán, Turquía y Pakistán.

Cuando se trata de tejemanejes duros del Nuevo Gran Juego, la democracia no es ni siquiera una ocurrencia tardía. Washington parece dar la impresión de que Asia Central fuera una zona de influencia rusa, y también china. No es así en realidad. Pocas perspectivas son más atractivas para el establishment de la inteligencia de EE.UU. que bases militares estadounidenses por toda Asia Central.

Funcionarios en la capital de Uzbekistán abandonaron la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (CSTO) en junio pasado. La CSTO es desde hace diez años un foro político-militar que incluye a Rusia, Belarús, Armenia y, hasta su defección, los cinco “estanes” centroasiáticos.

Tashkent dijo que tenía que ver con “diferencias” sobre Afganistán. El verdadero motivo, según el experto en Asia Central Vadim Kozioulin: una compleja negociación con Washington sobre la posible readmisión de EE.UU. a la base militar Kanabad, utilizada por Rusia desde que EE.UU. fue expulsado por Karimov en 2005.

Los uzbecos obtendrían muchas golosinas si el trato tuviera lugar: armas, toneladas de equipamiento no militar que de otra manera se quedaría pudriendo en Afganistán, y sobre todo, el estatus de “aliado estratégico” de EE.UU.

El objetivo clave de Washington en todo es –qué iba a ser– el progresivo cerco militar de Irán. Y luego existe el propio objetivo de Tashkent: torpedear el proyecto favorito del presidente ruso Vladimir Putin de una Unión Eurasiática.

Tayikistán, por su parte, enfrenta a Moscú contra Washington en relación con el aeropuerto militar Aini, a solo 15 km de la capital Dunshanbe. Tayikistán alberga la 201 división de Rusia, con más de 6.000 hombres, en la mayor base militar rusa del mundo.

Putin se cerca gradualmente a la Unión Eurasiática. Washington ya está en Kirguistán mediante la pequeña base Manas, cerca de la capital Bishkek, crucial para la guerra afgana. Sin embargo, Bishkek quiere muchos más rublos por el arriendo de otras tres bases a Moscú.



El resultado final es que elites centroasiáticas inmensamente corruptas se regodean por anticipado ante una partida de la OTAN de Afganistán en 2014. Aunque EE.UU. permanecerá de alguna manera, con esos aproximadamente 20.000 confusos “consejeros”. Y para todos estos regímenes, Washington mantiene la proverbial oferta que no pueden rechazar: respaldo político.

Una cosa es segura: Putin se asegurará de que le salga caro a cualquiera que trate de desechar a Moscú.

Y en cuanto a la verdadera “comunidad internacional”

El Nuevo Gran Juego alcanzó la plenitud cuando los presidentes de China, Rusia y cuatro “estanes” (menos el idiosincrático Turkmenistán) se reunieron a principios de junio en Pekín en la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (SCO)

Básicamente, los presidentes de Afganistán, Irán, Pakistán, Turkmenistán y Mongolia, más el ministro de exteriores de India, también estuvieron presentes. No podía haber un escenario mejor para que la SCO propusiera –a través de Moscú y Pekín– una visión más amplia del mundo que la de Occidente.

Por lo tanto, resumiendo, es lo que una sección sustancial de la verdadera “comunidad internacional” –no la ficción blandida por Washington, Londres y París– piensa sobre episodios clave del Nuevo Gran Juego.

La SCO se opone totalmente al sistema de escudo de misiles de EE.UU. y la OTAN. En cuanto a los “estanes” centroasiáticos, más vale que se mantengan lejos de la OTAN: Si hay alguna crisis regional, debe ser resuelta regionalmente. La SCO quiere un Afganistán “independiente, neutral y pacífico” (promovido ahora al estatus de observador en la SCO); es una clave para que Rusia y China hagan todo lo posible por borrar la influencia de EE.UU. sobre Kabul.

La SCO condena las intervenciones “humanitarias” y las sanciones unilaterales al estilo de Libia. Prefiere la Carta de la ONU y el derecho internacional a la antigua, y también, a propósito, una futura reforma del Consejo de Seguridad de la ONU. Respecto a Siria, la única solución es el diálogo político, que para Moscú, sensatamente, también debe incluir a Irán.

La SCO considera que un posible ataque a Irán es “inaceptable”. Al mismo tiempo, básicamente, ni Pekín ni Moscú quisieran ver una hipotética bomba nuclear iraní.

Habrá un aumento de la cooperación económica entre Estados miembros de la SCO. Los futuros pasos incluyen un Banco de Desarrollo de la SCO. Moscú sigue siendo el principal socio comercial de los “estanes” centroasiáticos.

Un acontecimiento muy interesante: el miembro de la OTAN Turquía –parte de la red del escudo de misiles de EE.UU.– fue admitido como “socio de diálogo” de la SCO. Ninguna admisión, por lo menos por el momento de India y Pakistán. Inevitablemente, en el futuro cercano, llegarán ser miembros a parte entera, junto a Irán.

Por lo tanto no se trata todavía de una OTAN Oriental. La agencia noticiosa china Xinhua, con un eufemismo engañoso, subrayó que la SCO es una “asociación”, no una “alianza”.



Los dirigentes discuten ‘una nueva Ruta de la Seda



La OTAN, por supuesto, tiene otras ideas. Invitó a cuatro “estanes” (menos, de nuevo, Turkmenistán) a la cumbre de Chicago en mayo. La OTAN tiene un deseo aún mayor de “asociaciones” que la SCO – lo que en lengua-OTAN, significa bases militares.

Decir que la OTAN y la SCO van rumbo a un enfrentamiento es un juicio modesto. Ya hace tiempo desde que el punto de mira de la SCO era solo el fundamentalismo islámico, como en el caso de los talibanes en Afganistán. Desde ahora, como dejó claro el ministro de exteriores ruso, Sergei Lavrov, la SCO tendrá una política común para cualesquiera crisis en la región. Y, en realidad, más allá de la región.

El principal dolor de cabeza local de la SCO es cómo encarar Uzbekistán. El astuto Karimov está jugando a dos puntas como si se acabara el mundo.

La Red de Distribución Norteña de la OTAN (NDN) a Afganistán involucra a Uzbekistán, Tayikistán y Turkmenistán. Lo que realmente desea el trío es beneficiarse generosamente por ser países de tránsito. Como la agenda oculta de la OTAN no es realmente la “seguridad” en Asia Central sino contrarrestar a Rusia y China, la escena ha sido preparada para épicos ataques de duras negociaciones.

Lo que es claro es que en esta nueva vuelta del Nuevo Gran Juego, lo último que desea Occidente “democrático” es alentar que algunos vientos de la Primavera Árabe lleguen a la Ruta de la Seda.





Al Jazeera

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens


Pepe Escobar es corresponsal itinerante de Asia Times.

Fuente: http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2012/07/2012722133942605266.html

rCR