9/7/12

Sobre Libia y Siria

Libia: un negocio de guerra redondo
Por Nazanín Armanian-Publico

En febrero de 2011, EEUU, Francia y Gran Bretaña aprovecharon el estallido de las protestas ciudadanas contra el régimen despótico de Muamar Gadafi para llevar a acabo su plan de apoderarse de Libia.

Meses antes habían iniciado las operaciones encubiertas, armando a una oposición compuesta por desertores del régimen y mercenarios de Al Qaeda. Una oportunidad de poner a prueba el nuevo “concepto estratégico” de la OTAN adoptado en la cumbre de Lisboa que convirtió a la Alianza en una policía global autónoma.

La guerra de rapiña, bajo la cobertura moral de “proteger al pueblo”, contó con la complicidad de los medios de comunicación que acusaron a Gadafi de cometer un genocidio que nunca se probó. La OTAN abusó de la resolución 1973 de la ONU sobre la exclusión aérea de Libia para terminar con la vida del que fuera líder del país. De esa forma se mostraba que el mundo no es multipolar y que los BRICS no pueden detener a EEUU. “Vini vidi vinci”. Hillary Clinton confesó su participación en el crimen de guerra dos días después de salir de Libia. Gadafi debía llevar a la tumba sus pactos secretos con los defensores de los derechos humanos, como, por ejemplo, cuando en 2007 invirtió 65 millones de dólares en la campaña electoral de Sarkozy.

Aquella guerra, vendida como una liberación modélica del pueblo libio, dejó unos 70.000 muertos, muchos sepultados bajo las 40.000 bombas lanzadas por la OTAN, que de paso, destruyó la infraestructura del país, para luego reconstruirla con el dinero de las víctimas.

A continuación, algunos motivos reales de la guerra:

- La caída de Mubarak y Ben Alí generó en la OTAN el temor de perder la influencia en la estratégica Libia, que además es la principal reserva de petróleo de África. Ese “tesoro libio” por el que Francia e Italia se peleaban es de alta calidad, fácil acceso y está cerca de los mercados europeos. Sarkozy, a pesar de la crisis económica, gastó 200 millones de euros en esta guerra, hizo de Napoleón y se lanzó a la batalla apoyando a los opositores del Consejo Nacional de Transición libio a cambio de recibir el 35% del petróleo. Además, soñaba con la segunda reserva mundial de agua dulce (la primera es el lago Baikal en Siberia) que está situada bajo la superficie libia. Las empresas francesas controlan el 40% del mercado del agua.

- EEUU y sus socios europeos no podían admitir que Gadafi impulsara un Fondo Monetario y una moneda africanos perjudicando al dólar y al euro, sumidos en una profunda crisis. Es más, los bancos arruinados occidentales se hicieron con 150.000 millones de dólares y 144 toneladas de oro libios.

- Expulsar a China de Libia, de África. Unas 70 empresas chinas trabajaban en el sector de la construcción de puentes, infraestructuras de transporte y gasoductos. El actual gobierno ha suspendido sus contratos, abriendo su mercado a las empresas de construcción europeas como Alcatel-Lucent o Total.

- Establecer el dominio absoluto sobre el levante Mediterráneo (sólo falta Siria).

De esa forma la Alianza Atlántica se estrenó en Africa. Libia dejó de ser el único país del norte del continente no subordinado a EEUU. El Pentágono ya le ha integrado en el AFRICOM -sucursal de la OTAN-, a pesar de la protesta de Argelia. Desde allí podrá observar y canalizar los cambios políticos que se producen en la región e infundir miedo en los ciudadanos que piden democracia para que vean que la guerra es peor que una dictadura.

Conseguido el petróleo libio (e iraquí), Washington no sólo podrá regular la cantidad y el precio del mismo en el mercado, sino imponer su voluntad a Irán –otro país petrolero en la lista de ser asaltado-. Obama ha conseguido que Europa embargue el crudo iraní ahora que logra sustituirlo por el combustible libio e iraquí.

Libia puede ser "somalizada": el país, desde que el régimen centralista, tirano, próspero y semisocialista de Siad Bare fue derrocado en 1991 por los clanes armados, se desintegra sumido en el caos. Ya es un Estado fallido donde los “señores de la guerra” han provocado una crisis humanitaria descomunal. En Libia, hasta hace un año, no había hambruna, el 80% de la población estaba alfabetizado y tenía acceso a agua potable y a la sanidad. La esperanza de vida era de 79 años y la mujer tenía más derechos que en el resto de Africa.

El despotismo laico paternalista de Gadafi ha sido reemplazado por el totalitarismo y fanatismo religioso apoyado por los demócratas saudíes. Libia es el quinto país musulmán -después de Irak, Afganistán, Yemen y Paquistán- agredido por EEUU y sus aliados. En la lista también están Siria e Irán.





Siria, ¿nuevo Afganistán?

Nazanín Armanian
Público.es



La imagen de decenas de cuerpos envueltos en sudarios que ilustraban una noticia de la BBC sobre la represión en Houla, había sido tomada por Marco di Lauro, en 2003 en Iraq. Un gran y peligroso reto como asaltar un país tan estratégico como Siria, requiere mentiras del mismo tamaño (como las armas de Saddam o la bomba de Irán) y una anestesia colectiva. A Asad ahora le pueden acusar de crímenes contra la humanidad y tenencia de armas (químicas) de destrucción masiva.

Queda olvidado cuando Hilary Clinton, en febrero de 2011 decía que “Asad es un reformista” y Washington volvía a mandar a su embajador a Damasco. Siria había sido un enemigo fiable. Había colaborado en la lucha contra “el terror” de Al Qaeda, además mantenía una paz, aunque de baja intensidad, con Israel. Esta relación se revierte cuando Asad introduce en el mismo saco a los manifestantes que exigían reformas con los mercenarios enviados por Turquía y Arabia Saudí que pretendían aprovechar el contexto de la Primavera Árabe para instalar en Damasco un régimen afín. Fue entonces cuando Obama sentenció “Asad debe marcharse”. Habían pasado cinco meses. Ante la imposibilidad de mantenerle en el poder (por la presión de los republicanos anti iraníes), une “los derechos humanos” en Siria al programa nuclear de Irán, y ¡bingo! gran oportunidad para reconfigurar la región a la medida de sus intereses.

La caída de Mubarak en Egipto ha acelerado los planes de EEUU para Siria. A pesar de la simpatía de Washington hacia los islamismos (elevados al poder en Irak, Afganistán, Yemen o Libia), Israel impide el derrocamiento de Asad hasta encontrar una alternativa que no sean los Hermanos Musulmanes que tienen en Siria la organización más vertebrada, después de la de Egipto, ni los alqaedistas llegados de Libia y Afganistán, coordinados por la OTAN y las monarquías salafistas del Golfo Pérsico. Los mercenarios, además de recibir millones de dólares, han sido equipados con alta tecnología de comunicación (armas digitales), las mismas que hasta hace pocos meses EEUU vendía a Damasco, a pesar de que le había incluido en la lista de patrocinadores de terrorismo. ¿Así es como se quiere poner fin a la violencia?

Parece que ni el fin de la Guerra Fría ni la muerte de Bin Laden han acabo con la relación estratégica de EEUU con el extremismo religioso.

La importancia de Siria

El descomunal despliegue militar de la OTAN en la región pone de relieve los verdaderos objetivos que persigue: La caída de Mubarak ha sido determinante en el cambio de postura de EEUU. Ahora el objetivo es Siria, ese “pequeño país más importante del mundo”. La misión es hacer frente a la media luna chiíta (Irán, Siria y Hezbolá) al que se ha unido Irak (para el disgusto de Bush), y de paso debilitar la posición de Rusia y China. Además, contendrán así el avance de la Turquía neotomana y también la Arabia salafista protegiendo los intereses de Israel.

Siria enlaza el oriente medio pretrolífero con Europa, y una vez derrocado Asad permitiría reducir la dependencia energética de occidente con respecto del Golfo Pérsico y también del Canal de Suez, ahora que Egipto está gobernado por los imprevisibles Hermanos Musulmanes. Sería, además, la ruta alternativa del fracasado proyecto europeo del gaseoducto Nabucco que pretendía sortear a Rusia. Para más inri, paralizaría la construcción del oleoducto que llevaría el gas procedente de Irán, Irak y Siria al Mediterráneo.

Washington busca para el futuro de Siria a alguien compatible con la seguridad de Israel, mientras planifica enviar a 3.000 soldados al país judío, que junto con otros tantos miles de hebreos participarán en una maniobra militar prevista para noviembre, mes de las elecciones presidenciales; ha estacionado buques de guerra cerca de la costa siria, tiene desplegadas tropas en la frontera jordana, y desde la base Incirlik y el centro de control en Iskenderun –Turquía–, coordina los preparativos del ataque, que según el general Merrill McPeak, ex general de EEUU, empezará con la destrucción de las fuerzas aéreas sirias, allanando el camino de una invasión terrestre.

EEUU piensa que la zona será suya. Aunque en la orilla se vislumbra otro Afganistán.



http://blogs.publico.es/dominiopublico/5462/siria-%C2%BFnuevo-afganinstan/http://blogs.publico.es/puntoyseguido/451/libia-un-negocio-de-guerra-redondo/