13/7/12

Israel elimina la historia: La desaparición de mezquitas

Por Jonathan Cook-Al-Ajbar (edición en lengua inglesa)
 
El descubrimiento de una rara foto aérea de Jerusalén tomada en la década de 1930 desde un Zeppelin ha proporcionado la prueba largo tiempo buscada de que cuando Israel ocupó la Ciudad Vieja de Jerusalén en 1967 destruyó en secreto una importante mezquita cerca de la de al-Aqsa y que databa de la época de Saladino.

La destrucción de la mezquita del Jeque Eid (en una zona que se considera el lugar más sensible del conflicto israelo-palestino) vuelve a plantear preguntas acerca de la continua violación por parte de Israel de los santos lugares bajo su control.

La atención se ha centrado recientemente en este problema debido a la gran cantidad de ataques vandálicos y de incendios provocados por judíos extremistas a mezquitas de Jerusalén y de Cisjordania en lo que se denomina ataques “con etiqueta” y cuyo objetivo es disuadir al gobierno israelí de hacer concesiones diplomáticas a los palestinos.

Después de que colonos judíos incendiaran una mezquita cerca de Ramala hace dos semanas, Dan Halutz, un ex militar jefe del estado mayor, admitió que no había voluntad política de encontrar a los culpables. “Si quisiéramos podríamos atraparlos y lo haremos cuando queramos”, dijo a la Radio del Ejército.

La pregunta de si la mezquita del Jeque Eid de Jerusalén habría sobrevivido hasta la época moderna ha sido objeto de acalorados debates entre académicos palestinos e israelíes.

El descubrimiento de su localización no solo tiene interés académico e histórico. A principios de este año, antes de que se descubriera la foto aérea, unas obras en el mismo lugar en el que antes se alzaba la mezquita causaron daños a los restos del edificio que quedaban bajo tierra, como admiten ahora los arqueólogos.

Las Autoridades de las Antigüedades de Israel, su principal institución arqueológica, desenterró los cimientos que quedaban de la mezquita y un esqueleto humano, se cree pertenece al propio Jeque Eid.

El emplazamiento de la mezquita está cerca de Haram al-Sharif (Santuario Noble), un complejo de santos lugares islámicos que incluye la mezquita de al-Aqsa y está flanqueado en uno de sus lados por el Muro Occidental [o Muro de las Lamentaciones], un lugar de rezo fundamental para los judíos.

Israel discute el control de Haram al-Sharif, pues considera que las mezquitas están construidas sobre dos templos judíos destruidos hace mucho tiempo. Los grupos religiosos judíos presionan cada vez más para que se permita rezar en Haram al-Sharif y algunos extremistas han amenazado con volar las mezquitas para poder construir un tercer templo.

Una provocativa visita hecha en 2000 por Ariel Sharon, el entonces líder de la oposición de Israel, respaldado por más de mil policías, fue el desencadenante de la Segunda Intifada.

Los restos de la mezquita del Jeque Eid fueron destruidos durante unas excavaciones llevadas a cabo cuando Israel preparaba la zona cercana a Haram al-Sharif para la construcción de un centro de visitantes más grande.

El plan forma parte de una serie de cambios realizados por Israel en la zona cercana al Muro Occidental y que ha aumentado la tensión con los palestinos. Estas alteraciones violan el derecho internacional ya que la Ciudad Vieja de Jerusalén es territorio ocupado.

Benjamin Kedar, vice presidente de la Academia Nacional de Ciencias de Israel y descubridor de la vieja foto tras buscar en archivos de Alemania, calificó lo ocurrido a la mezquita del Jeque Eid de “crimen arqueológico”.

Se dice que esta mezquita (que originariamente había sido una escuela islámica construida por Malik al-Afdil, uno de los hijos de Saladino) era uno de los tres únicos edificios pertenecientes a ese periodo que quedaban en Jerusalén.

Un documento del siglo XV describe su procedencia y localización. Dos siglos después de que se enterrara en ella a su predicador más famoso, el Jeque Eid, se convirtió en un importante lugar de peregrinaje para los musulmanes.

Ahora se descubre que la mezquita fue destruida cuando se arrasó completamente el barrio de Mughrabi de la Ciudad Vieja de Jerusalén (un crimen de guerra ampliamente ignorado por los historiadores) inmediatamente después de la ocupación por parte de Israel de Jerusalén Oriental en 1967.

Al amparo de la oscuridad Israel envió bulldózeres para despejar la zona, lo que expulsó a unos mil palestinos que residían en ella para poder crear ahí una gran plaza para rezar en frente del Muro Occidental.

La plaza se convirtió en el núcleo a partir del cual ampliar el barrio judío de la Ciudad Vieja, que gradualmente está invadiendo los barrios musulmán y cristiano gracias a las actividades de los colonos y de los guardias armados asignados por las autoridades israelíes para protegerlos.

El centro de visitantes es el último de los planes de una larga campaña del rabino Shmuel Rabinovitch, encargado del Muro Occidental, para fortalecer el dominio de Israel en la zona en torno a Haram al-Sharif, en lo que muchos palestinos consideran un intento de reforzar las reivindicaciones de soberanía israelíes sobre el complejo de las mezquitas.

La Fundación Herencia del Muro Occidental de este rabino supervisa los túneles del Muro Occidental, que se abrieron en 1996 en el anterior mandato como primer ministro del actual, Benjamin Netanyahu. La apertura de estos túneles provocó violentos enfrentamientos entre los palestinos y las fuerzas de seguridad israelíes que causaron decenas de muertos.

La Fundación Herencia también está tratando de trasladar el puente Mughrabi (una rampa que utilizan actualmente los no musulmanes y la policía israelí para llegar al complejo de al-Aqsa) para ampliar aún más la plaza para rezos frente al Muro Occidental.

El centro de visitantes, que se construiría al lado del puente Mughrabi, ha suscitado la oposición de un grupo de arqueólogos israelíes disidentes. Yoram Tzafrir, profesor de la Universidad Hebrea, declaró recientemente al diario Haaretz: “Se podría decir que la demolición del barrio de Mughrabi en 1967 era necesaria […] para permitir que las masas llegaran al Muro Occidental, no para construir un nuevo edificio [para visitantes]”.

La Fundación Herencia ha justificado sus actividades afirmando que las excavaciones que han destruido la historia islámica son necesarias para desenterrar otras mas antiguas, los restos arqueológicos judíos. En unas declaraciones referentes a la polémica de la mezquita del Jeque Eid afirmaba: “El objetivo de las excavaciones en la zona del Muro Occidental es llegar a los niveles más tempranos posible. Es evidente que esto no se pude hacer sin destruir periodos posteriores, sean cuales sean”.

Los ataques históricos y actuales a la mezquita del Jeque Eid son un reflejo de la continua valoración negativa que tiene Israel en informes internacionales sobre libertad religiosa.

En 2010 el Departamento de Estado estadounidense publicó un informe en el que situaba a Israel en la misma categoría que Afganistán, Iraq, Irán y Sudán. “Los Santos Lugares no judíos no gozan de la misma protección legal según la Ley de Protección de los Santos Lugares de 1967 de Israel debido a que el gobierno no los reconoce como santos lugares”, señalaba el informe.

Esta ley de 1967 estipula una pena de siete años de cárcel para cualquier persona culpable de profanar un santo lugar y cinco años de prohibición de acceder a un santo lugar. Pero Israel solo otorga este estatus a los centros de culto judío.

Las conclusiones del Departamento de Estado fueron confirmadas un año después por un índice de libertad religiosa organizado por académicos estadounidenses en la Universidad Binghamton, que concedió a Israel una puntuación cero.

El trato dado a la mezquita del Jeque Eid tiene ecos de una disputa actual y más importante en Jerusalén Occidental, donde Israel ha aprobado un plan del Centro Simon Wiesenthal basado en Californa de construir un Museo de la Tolerancia sobre el antiguo cementerio musulmán de Mamilla, en el que hay tumbas que se cree pertenecen a los compañeros del profeta Mahoma.

En 2008 los medios de comunicación israelíes informaron de que se habían desenterrado y expoliado más de cien esqueletos en las excavaciones para preparar el lugar para las obras de construcción. La construcción del museo se ha aplazado por problemas financieros debidos a la situación económica global.

Mientras que estos casos destacados eran objeto de titulares en los medios, se ha prestado menos atención a las violaciones de los derechos religiosos de los 1.300.000 palestinos musulmanes que viven bajo la ocupación y que tienen ciudadanía israelí.

La injusticia originaria data de la creación de Israel en 1948, cuando todas las tierras y propiedades que se mantenía en fideicomiso para la comunidad musulmana se confiscaron dentro de las fronteras del recién establecido Estado judío. Estas propiedades (que habían sido donadas por generaciones de palestinos a un waqf o legado religioso) comprendían no solo santos lugares y cementerios, sino también escuelas, edificios públicos, tiendas y terrenos agrícolas.

Después de 1948 el Estado se apoderó de todas las propiedades waqf, que constituían una décima parte del territorio de Tierra Santa, y junto con las propiedades que pertenecían a los más de 750.000 refugiados palestinos pasaron a un organismo oficial denominado Custodia de las propiedades ausentes.

Solo han seguido funcionando las mezquitas de los 120 pueblos y ciudades palestinas que sobrevivieron al establecimiento de Israel, aunque bajo una estricta supervisión. Israel, que paga los sueldos de los empleados de las mezquitas, controla todos los nombramientos y sermones.

Se han arrasado, a menudo junto con todas las mezquitas o iglesias locales, aproximadamente otros quinientos pueblos palestinos, de los que se expulsó a su población palestina en 1948.

En las ciudades que ahora son casi exclusivamente judías, como Tel Aviv, simplemente se construyó encima de las mezquitas y cementerios. En la década de 1959 se cedió a una constructora el gran cementerio de Abdul Nabi que construyó sobre él un hotel de cinco estrellas y varios edificios de viviendas para inmigrantes judíos.

La mayoría de las mezquitas que han permanecido en pie en los pueblos que fueron destruidos han sido profanadas, según un estudio emprendido en 2004 por la Asociación de Derechos Humanos basada en Nazareth. El estudio concluía que estas mezquitas, lo mismo que los santuarios islámicos, se habían vuelto inaccesibles, incluso para los refugiados internos que viven en los alrededores.

Algunas han sido entregadas a inmigrantes judíos. Por ejemplo, Caesarea, un antiguo pueblo costero palestino que después de 1948 fue transformado en una rica comunidad judía en la que vive Benjamin Netanyahu, convirtió la mezquita de Bushnak en un restaurante.

Otras mezquitas importantes de antiguos pueblos palestinos se utilizan como bares, night clubs, galerías de arte, tiendas, tiendas de animales, almacenes de grano y sinagogas.

En la mayoría de los casos se puede hacer poco para evitar estas profanaciones porque la Ley de Antigüedades de Israel de 1978 no ofrece protección a edificios que daten de después de 1700.

En otros casos mezquitas antiguas han sido declaradas zona militar cerrada, lo que ha provocado su abandono. La hermosa mezquita de Ghabisiya en el norte de la Palestina histórica está vallada y rodeada de alambre de espino, mientras que la mezquita de Hittin, construida por Saladino en 1187 para celebrar su victoria en la batalla de Hittin, cerca del mar de Galilea, se ha convertido en ruinas y se prohíbe repararla a los refugiados que viven cerca de ella.

A lo largo de los últimos quince años las dos ramas del Movimiento Islámico han estado trabajando para identificar y documentar los santos lugares musulmanes que fueron destruidos y los que han sobrevivido pero que hoy son de acceso prohibido.

También se han enfrentado a las autoridades israelíes al dirigir una campaña para restaurar muchos de los edificios más importantes. Cuando el Movimiento Islámico ayudó a un grupo de refugiados internos del antiguo pueblo de Sarafand, en la costa mediterránea, a restaurar su mezquita en 2000, esta fue arrasada con los bulldózeres por la noche en unas circunstancias que todavía no han sido aclaradas.

Incluso los raros éxitos que se han logrado en los tribunales israelíes han tenido poco imparto en la práctica. El año pasado el Tribunal Supremo emitió una sentencia afirmando que el ayuntamiento de Beersheba debía utilizar la impresionante y recién restaurada Gran Mezquita como museo de cultura islámica en vez de como museo general, como había planeado el ayuntamiento.

Sin embargo, el pasado mes de marzo el centro legal Adalah para la minoría árabe en la ocupada palestina, que había ayudado a luchar con el caso, denunció al fiscal general israelí que el ayuntamiento había ignorado la sentencia y estaba utilizando la mezquita para una exposición sobre el dominio británico e israelí en el Negev. También señaló que el año pasado el ayuntamiento había utilizado los terrenos de la mezquita para un festival de vino y cerveza.

Nuri al-Uqbi, un activista beduino que ha dirigido una larga campaña para tratar de restaurar la Gran Mezquita como un lugar de culto, afirmó: “Me sentí horrorizado y furioso con esta violación de la santidad de la mezquita. En ella hay maniquíes y modelos de plástico ataviados con uniformes británicos e israelíes, algunos de ellos en pantalón corto, y junto a ellos se exhiben otras cosas que no tienen nada que ver con la cultura o tradición árabo-islámica”.

El ayuntamiento de Beersheba se ha negado a proporcionar un lugar para el culto musulmán en el municipio, a pesar de que en él viven mil familias musulmanas y de que a diario acuden muchos visitantes beduinos del cercano Negev.

También se han malogrado otros esfuerzos legales referentes a las propiedades waqf. En 2007 los palestinos que viven en la histórica ciudad de Jaffa, que actualmente es un suburbio de Tel Aviv mezcla de judío y árabe, pidieron sin éxito al tribunal del distrito que investigara qué había ocurrido con las propiedades waqf locales.

El gobierno se niega a divulgar esta información afirmando que “podría dañar gravemente las relaciones exteriores de Israel”. Se supone que se refiere al daño que se podría ocasionar a la imagen que Israel tiene en el exterior si se revelara el uso que está dando a las propiedades waqf.

El caso se ha apelado en el Tribunal Supremo.

Sin embargo, todo apunta a que el fallo del Supremo no va a ser favorable. En 2009, después de cinco años de lucha legal por parte de Adalah, el Tribunal Supremo rechazó una petición que solicitaba que la Ley de protección de los santos lugares de 1967 incluyera específicamente los lugares islámicos.

Aunque se está de acuerdo en que los santos lugares musulmanes en general se encuentran “en unas condiciones deplorables”, se afirma que este asunto es demasiado “delicado” para emitir una sentencia en relación a él.

Con todo, presionado por el tribunal el gobierno israelí prometió gastar 500.000 dólares en el mantenimiento de los Santos Lugares musulmanes, una cantidad duramente criticada por la comunidad [musulmana] por ser “miserable”. El dinero será administrado por la Administración de las Tierras de Israel, que según los abogados de Adalah “no ha hecho nada para impedir la profanación de los santos lugares y en muchos casos ha desempeñado un papel activo en su profanación” .

Parece que las restricciones a la libertad de culto musulmán se van a intensificar en los próximos meses y años. A finales del año pasado Netanyahu dio su apoyo a una ley que prohibirá a las mezquitas utilizar altavoces para llamar a los habitantes locales al rezo.

Tras señalar que había habido muchas quejas por el ruido, Netanyahu observó: “Existe el mismo problema en todos los países europeos y saben cómo tratarlo. Es legítimo en Bélgica, es legítimo en Francia, ¿por qué no lo es aquí? No tenemos que ser más liberales que en Europa”.

Al parecer Netanyahu ha olvidado que no está en Europa y que los musulmanes de los que hablaba no son emigrantes, sino la población originaria.



Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos.