2/6/12

SIRVIENDO A DOS SEÑORES: EL CORÁN Y LA CIENCIA MODERNA

SIRVIENDO A DOS SEÑORES: EL CORAN Y LA CIENCIA MODERNA. ZIAUDDIN SARDAR. Revista Alif Nun.
 
La ciencia, tal y como existe y se practica hoy en día, está diseñada para conservar una determinada cultura y su cosmovisión dominante. Leer los versículos del Corán desde la perspectiva de la ciencia moderna no va a cambiar el carácter y el estilo esenciales de ésta.  


SIRVIENDO A DOS SEÑORES: EL CORÁN Y LA CIENCIA MODERNA [1]

Por Ziauddin Sardar[2]


El boletín de la Asociación Médica Islámica de Sudáfrica anunció un descubrimiento asombroso en 1985. Un experto canadiense explicó que el Corán y los hadices confirman los descubrimientos sobre la embriología humana. [3] El artículo nos dice que un tal Dr. Keith Moore, presidente del Departamento de Anatomía de la Facultad de Medicina de Toronto, confirmó la relación entre la revelación islámica y los descubrimientos actuales sobre anatomía humana, quedando impresionado por la exactitud científica de un texto escrito en el siglo séptimo. Según se informa, el Dr. Moore afirmó que es bastante razonable que los musulmanes crean que estos versículos han sido revelados por Dios.

¿Qué descubrió el Dr. Moore para entusiasmar tanto a doctores, científicos y eruditos musulmanes? Su ensayo titulado Highlights of human embryology in the Koran and the Hadith (Lo más destacado de la embriología humana en el Corán y el Hadiz) fue presentado por vez primera en el Séptimo Encuentro Médico de Arabia Saudí , y desde entonces ha sido reimpreso en varios lugares. En dicho ensayo se afirma que puede extraerse información sobre embriología a partir de ciertos versículos coránicos. Por ejemplo, Moore explica que el versículo coránico donde se menciona que el hombre ha sido creado a partir de una pequeña cantidad de líquido mezclado (nut-fatin imzyin) (76:2) se refiere a la mezcla de un poco de esperma con el ovocito. El resultado de esta mezcla formada por el óvulo y el espermatozoide que lo fecunda se convierte en un zigoto, el precursor del embrión. Idéntica interpretación da a los siguientes versículos coránicos: “Hemos creado al hombre de un trozo de arcilla; luego lo hemos colocado como una gota (de semillas) (nutfatun) en un lugar protegido; después, creamos de la gota un coágulo (alaga); del coágulo, una pequeña protuberancia (mudgha), y de ahí huesos ( izam) que revestimos con carne, y de todo ello hicimos surgir una nueva criatura. ¡Bendito sea Dios, el mejor de los creadores!” (23:12-14).

Después de citar estos versículos, Moore explica que a la sexta semana comienzan a formarse los músculos y los huesos, los cuales dan forma humana al embrión durante la séptima semana. Todo ello, dice Moore, encaja con la descripción coránica.

¿Qué demuestra todo esto? ¿Acaso confirma el origen divino del Corán? ¿O simplemente nos dice que el Corán es un “tesoro científico”? ¿Cuál es la intención de este razonamiento? Este episodio arroja bastante luz acerca de cuál es la mentalidad musulmana actual: un agudo complejo de inferioridad; una obsesión con la ciencia moderna y, por extensión, con la modernidad en general; y una tendencia patológica a ver el Corán como la culminación del conocimiento, en lugar de como un texto que ofrece un marco ético para buscar el conocimiento. A primera vista, estos intentos de legitimar la ciencia moderna equiparándola con el Corán o de probar el origen divino del Corán mostrando que contiene datos científicos parecen actos inofensivos y, de hecho, incluso encomiables. Sin embargo, cuando se llevan a cabo basándose en presupuestos poco sólidos, como suelen hacer muchos musulmanes, tales métodos pueden ser peligrosos; y cuando dichos métodos son empleados deliberadamente, a menudo por estudiosos no musulmanes, pueden tener consecuencias muy negativas, aunque las intenciones sean sinceras.

La consecuencia de comparar el Corán con la ciencia es doble: si los hechos y teorías mencionadas en el Corán, que fue revelado hace 1.400 años, están respaldadas por la ciencia moderna, la naturaleza divina del Corán queda confirmada (si es que de hecho estamos buscando dicha confirmación); y a la inversa, si las teorías y los hechos científicos modernos encuentran su reflejo en el Corán, entonces la ciencia moderna debe tener también la misma validez universal y eterna que el Corán. Mi argumento en contra es simple, y aunque lo explicaré en detalle más adelante, baste decir por ahora que el Corán, un libro destinado a servir de guía, no necesita confirmación de ninguna otra fuente. Para los musulmanes es a priori válido y universal. Cualquier intento de leer el Corán en clave científica hace que la escritura eterna quede subordinada a la ciencia y convierte a ésta en criterio para decidir qué es y qué no es la Verdad. También refuerza la idea mítica de que las teorías científicas son neutrales, universales y eternamente válidas. Además, tratar de leer en clave científica los versículos alegóricos, metafóricos y simbólicos del Corán a menudo amplía el razonamiento analógico más allá de sus límites y conduce al absurdo en muchos casos, a conclusiones bastante contradictorias no deseadas desde la perspectiva coránica. Se trata, pues, de apología de la peor especie.

Los apologetas musulmanes que intentan probar que el Corán es muy científico y moderno a menudo comienzan afirmando que el Libro Sagrado pone gran énfasis (y de hecho lo hace) en la búsqueda del conocimiento y el uso de la razón. [4] Unos 750 versículos, casi una octava parte del Corán (en contraste con solo 250 versículos legislativos), exhortan a los creyentes a estudiar la naturaleza, reflexionar, hacer un mejor uso de la razón y convertir la iniciativa científica en una parte integral de la vida comunitaria. [5] También afirman que el Corán recoge varias teorías y hechos científicos que han sido confirmados por los descubrimientos y avances más recientes.

Este tipo de literatura apologética que pretende legitimar el Corán desde un punto de vista científico se remonta a principios de la década de 1960. De hecho, uno de sus primeros panfletos fue publicado en El Cairo en 1961. Su autor, Muhammad Jamamuddin El-Fandy, muestra un sentimiento de superioridad religiosa cuando pretende demostrar que todos los descubrimientos astronómicos y las teorías científicas “actuales” (es decir, las de los años cincuenta) ya se habían mencionado antes en el Corán. El-Fandy considera que el Corán es el mejor ejemplo de elocuencia científica, de modo que, partiendo de cualquier versículo coránico que haga referencia a un fenómeno astronómico, es capaz de trazar paralelismos y comparaciones con los actuales modelos cosmológicos.

Por ejemplo, el versículo coránico que dice “Dios es quien elevó los cielos sin pilares visibles [...] y ha hecho que el Sol y la Luna [...] prosigan su curso según un plazo establecido” (13:2), es interpretado por El-Fandy del siguiente modo:



“Si consideramos que los cielos son todo aquello que hay sobre nuestras cabezas, entonces seguramente [el Corán] se estará refiriendo al universo entero que nos rodea y que comienza con el espacio alrededor de la Tierra, seguido por los planetas, el Sol y las otras estrellas que se encuentran en la profundidad del espacio, en nuestra galaxia y en otras. Todos estos cuerpos celestes se mueven en sus órbitas. Esto es el cielo. Es creado por Allah y cada cuerpo en el espacio es similar a un ladrillo que forma una estructura elevada. Todos estos cuerpos celestes se reparten uno tras otro y permanecen en sus posiciones relativas gracias a la fuerza centrífuga y a la gravedad universal. La gravedad y esta fuerza centrífuga, producida por la rotación en órbitas semicirculares o elípticas, podrían ser entendidas como auténticos pilares construidos. Aunque no podemos detectar dichas fuerzas con nuestros ojos, eso no significa que no estén ahí, pues podemos medirlas y determinarlas de manera exacta. Si cualquiera de nosotros gozase del sentido adecuado, además de los que ya tenemos, sería capaz de sentir estas fuerzas del mismo modo que percibe cualquier objeto material mediante los sentidos normales.” [6]

Pero El-Fandy no se detiene aquí. Argumenta que la atmósfera también puede considerarse como un pilar, así como la propia luz, con los colores del espectro como pilares secundarios. En otros versículos del Corán, El-Fandy encuentra evidencias de la creación de las estrellas gigantes rojas, las enanas blancas, el éter (sic), la evolución de los planetas y la teoría del big bang. Incluso escribe que la ciencia apoya la afirmación coránica de que existe vida en otros planetas, y tras citar numerosos versículos se atreve a decir que los extraterrestres podrían parecerse a nosotros. En este caso no queda claro si lo deduce del Corán o de la ciencia.

Todo esto no solo es pseudociencia, sino también una burda interpretación del Corán. Sin embargo, comparado con otros muchos autores, El-Fandy es bastante sensato. Azizul Hasan Abbasi, un neuropsiquiatra pakistaní, se las arregla para encontrar en el Corán los remedios modernos para la diabetes, la tuberculosis, la úlcera de estómago, el reumatismo, la artritis, la hipertensión arterial, el asma, la disentería y la parálisis. [7]

En los últimos años, este enfoque comparativo bastante banal entre la ciencia y el Corán se ha visto legitimado por el cirujano francés Maurice Bucaille. Su libro titulado La Bible, le Coran et la Science (La Biblia, el Corán y la ciencia) es una lectura obligada para los musulmanes con un exagerado complejo de inferioridad y ha sido traducido a casi todos los idiomas del mundo islámico, desde el árabe al persa o el turco, y desde el urdu al indonesio. Bucaille pretende hacer un análisis detallado y profundo de las sagradas escrituras basándose en el conocimiento moderno. Se centra en cuatro temas: la astronomía, la Tierra, el reino animal y el vegetal, y la reproducción humana. La metodología empleada es la ya bien conocida de citar un versículo coránico y luego hacer un comentario científico del mismo. Bucaille intenta ser objetivo y se esfuerza en señalar que el Corán contiene información científica que no estaba disponible en la época de la revelación y que, de hecho, alguna de esa información es contraria a las creencias populares en la época del Profeta. Tras la práctica habitual de examinar los versículos sobre la órbita de la Luna y el Sol, el ciclo hidrológico y el proceso de reproducción, concluye:


“Sin duda alguna, el Corán no plantea ni una sola proposición que no concuerde con el conocimiento moderno firmemente establecido, ni contiene ninguna de las ideas vigentes en su época sobre los asuntos que describe. Sin embargo, el Corán menciona muchas cuestiones que no se descubrieron hasta los tiempos modernos. Tantas que, de hecho, el 9 de noviembre de 1976, este autor fue capaz de presentar una ponencia sobre fisiología y embriología en el Corán, en la Academia Francesa de Medicina. Los datos aportados, como muchos otros sobre diversos temas, representan un verdadero desafío para la razón humana, a la vista de lo que sabemos sobre la historia de la ciencia a lo largo de los siglos. Así pues, los hallazgos actuales relacionados con la ausencia de errores científicos [en el Corán] están completamente de acuerdo con el enfoque de los exegetas musulmanes, de acuerdo al cual el Corán es un libro revelado [por Dios]. Esto significa que Dios no puede expresar una idea errónea.” [8]

La Biblia, por supuesto, no cumple con los estrictos criterios del conocimiento moderno y la conclusión clara de Bucaille es que resulta imposible no admitir la existencia de errores científicos en ella. Sin embargo, Bucaille se limita a afirmar lo obvio como si se tratase de un verdadero descubrimiento: la creencia islámica de que el Corán, en tanto Palabra de Allah, no puede contener ningún error, y que la Biblia, en su versión actual, no es la verdadera revelación de Dios. [9]

Pero allí donde se detiene Bucaille, sus seguidores toman el relevo. Una serie de estudios posteriores han tratado de llegar más lejos en la búsqueda de teorías y hechos científicos en el Corán. Así, Shamsul Haq, por ejemplo, se las arregla para encontrar en el Corán los precedentes de la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica, y señala las evidencias coránicas que apoyan la teoría del big bang. [10] Por su parte, M. Manzoor-l-Khuda pretende haber encontrado en el Corán la teoría de la evolución de la biosfera y el ciclo hidrológico. [11]

Después de todos estos datos científicos y el apoyo a numerosas teorías, parece que el Corán no se ha olvidado de nada. Y para reforzar la idea de que ni siquiera las ecuaciones matemáticas están ausentes del Libro Sagrado, el análisis estadístico de Rashad Khalifa viene a recordárnoslo. Khalifa se centra en las letras o grupos de letras que aparecen al comienzo del algunas azoras (capítulos) del Corán. ¿Qué pretende demostrar Khalifa? Que los capítulos que comienzan con una determinada letra o grupo de letras contienen también una mayor cantidad de dichas letras en el texto. Así, por ejemplo, la azora “Qaf” contiene más veces la letra qaf que cualquier otra azora del Corán. ¿Cuál es la conclusión? En palabras del propio Khalifa:



“Las iniciales coránicas en su conjunto nos han demostrado que cada palabra del Corán, de hecho cada letra, está cuidadosamente calculada. El propio Corán declara este hecho con mucha claridad en el primer versículo de la azora ‘Hud'. [12] La ubicación de las iniciales coránicas en sus lugares específicos demuestra que existe un conocimiento previo sobre el patrón de distribución del alfabeto por todo el Corán. Nadie puede pretender que dicho conocimiento previo esté al alcance del ser humano.” [13]

Basándose en este análisis, Khakifa también intenta demostrar que el orden actual de los capítulos coránicos está inspirado por Dios, así como la forma concreta de dividir cada azora en versículos. Incluso la manera en particular de escribir ciertas palabras del Corán tiene para Khakifa un significado matemático.

Todo esto no aporta ningún conocimiento nuevo. [14] Lo que hace, sin embargo, es equiparar la verdad coránica con la “verdad” matemática, convirtiendo el Corán en una simple base de datos moderna. A partir de aquí, parece lógico que el siguiente paso sea presentar el Corán como un libro de texto científico. Eso es exactamente lo que pretende Afzalur Rahman: “El Corán ofrece de manera científica y racional una imagen completa del universo material y de lo que hay más allá.” [15] Rahman encuentra en el Corán casi todos los temas científicos tratados en secundaria (el calor, la luz, el sonido e incluso la electricidad) y los presenta en forma de titulares con sus correspondientes citas coránicas. Su libro está destinado para el uso en los colegios ¡y para preparar a la próxima generación de científicos musulmanes!

Lo único que falta es que esta corriente de pensamiento popularizada con Bucaille sea institucionalizada e introducida en los programas escolares. De hecho, Abdus Sami y Muslim Sajjad han elaborado un proyecto para lograr este objetivo. [16] Cada capítulo de cada libro de física, química, biología y zoología debería contener el versículo coránico más apropiado al tema tratado. Sin embargo, a diferencia de Rahman, estos dos científicos pakistaníes prevén algunos problemas. Por ejemplo, ¿cómo debería tratarse la teoría de la evolución? [17] Tal vez, después de todo, hay algunas cosas de la ciencia que no coinciden con lo que nos dice el Corán.

La corriente cientifista dentro del Islam apela en particular a la generación más antigua de científicos, académicos e intelectuales musulmanes, debido al valor psicológico de su mensaje. Esto refuerza su fe en el Corán y el Islam, y a la vez confirma su creencia en la superioridad y la validez universal de la ciencia occidental. Su ingenuidad queda bien reflejada en el Cándido de Voltaire: “todo está bien en el mejor de los mundos posibles.”

Sin embargo, los peligros inherentes de esta corriente de pensamiento son muy graves. Es evidente que produce una teología deformada: si todo el conocimiento científico está contenido en el Corán, basta con estudiar el Corán desde una perspectiva científica para poder inventar y descubrir nuevas cosas y desarrollar nuevas teorías. Aunque es obvio que algunos pasajes del Corán hacen referencia a acontecimientos de la naturaleza y el mundo material, eso no significa en absoluto que sea un libro de texto científico. Más bien se trata de un libro que sirve de guía y orientación. Ofrece la motivación necesaria para buscar el conocimiento. El conocimiento empieza con el Corán, no culmina con él.

Pero más importante aún es que al equiparar el Corán con la ciencia, ésta se eleva a la esfera de lo sagrado y la revelación divina queda sometida al criterio de veracidad establecido por la ciencia occidental. Aparte del hecho de que el Corán no necesita ninguna justificación por parte de la ciencia moderna, la corriente cientifista permite que el Corán sea juzgado mediante el criterio de refutación de Popper: ¿podría demostrarse que el Corán es falso y por tanto ser desechado como Bucaille hizo con la Biblia, si una idea científica en particular no concuerda con él o si un hecho concreto mencionado en él es refutado por la ciencia moderna? ¿Y si una teoría en particular, que es “confirmada” por el Corán y está en boga hoy en día, se abandona mañana por otra teoría que presenta un panorama totalmente opuesto? ¿Significa eso que el Corán es válido en la actualidad pero no lo será en el futuro?

Por otra parte, al elevar la ciencia al nivel del conocimiento sagrado, se debilita de hecho cualquier crítica hacia ella. [18] Debido a que el Corán otorga tanta importancia a la búsqueda del conocimiento, la mayoría de los científicos musulmanes ya respetan bastante a la ciencia moderna. No obstante, la corriente cientifista eleva dicho respeto a otro nivel: toda una generación de científicos musulmanes no solo acepta toda la ciencia moderna como buena y verdadera, sino que critica a cualquiera que muestre una actitud crítica o escéptica hacia ella. Además, la creencia en una ciencia universalmente beneficiosa conduce a una especie de nocivo fatalismo: dado que la ciencia moderna es universal y para el beneficio de toda la humanidad, es inevitable que termine por abrirse paso en las sociedades musulmanas y se ocupe de “atender las necesidades” de éstas.

La ciencia no es la búsqueda de la Verdad, y sus descubrimientos y teorías no tienen ni pueden tener la misma validez que un versículo coránico. La ciencia es un método y una técnica desarrollados para resolver ciertos problemas en el marco de un paradigma y una visión del mundo muy concretos. Así como Abdus Sami y Sajjad consideran que la teoría de la evolución es un intento racional de socavar la creencia en Dios, buena parte del sistema científico moderno es un ejercicio de control y dominación sobre la naturaleza y los seres humanos. La ciencia, tal y como existe y se practica hoy en día, está diseñada para conservar una determinada cultura y su cosmovisión dominante. Leer los versículos del Corán desde la perspectiva de la ciencia moderna no va a cambiar el carácter y el estilo esenciales de ésta.

Decir que existe algo asombrosamente objetivo y neutral en el método científico es un engaño cruel, y la observación libre de prejuicios es un mito. Nada de lo que hay “ahí fuera” puede percibirse sin filtrarlo a través de nuestra visión del mundo y nuestra cultura. Los científicos también modifican a menudo sus observaciones a causa de sus propias ideas y prejuicios, y de los valores y las normas de su sociedad. Y no solo la observación, sino que la experimentación tampoco puede hacerse en un vacío cultural, pues únicamente adquiere sentido y relevancia en el marco de una teoría insertada dentro de una determinada visión del mundo. Elaborar una proposición científica en términos matemáticos tampoco elimina la carga ideológica de la ciencia moderna. Por el contrario, la naturaleza de las matemáticas es tal que su aplicación en el mundo mediante la ciencia es puramente fortuita. Que algunas teorías puedan codificarse en términos matemáticos es una cuestión de conveniencia científica. Las leyes de la naturaleza no se expresan mediante fórmulas matemáticas escritas con tinta indeleble en los cielos, sino que se fabrican en laboratorios e institutos.

El hecho de que algunas de estas leyes y teorías prefabricadas coincidan con lo que dice el Corán no tiene en sí mismo ninguna importancia. No nos dice nada en absoluto sobre la naturaleza y el contenido del Corán. El Corán promueve la búsqueda del conocimiento conforme a una determinada escala de valores; son estos valores los que deben centrar nuestra atención y los que deben dar forma a nuestra actividad científica. Solo convirtiendo estos valores en una realidad viva podremos realmente ser honestos con el Corán y cumplir con nuestras obligaciones hacia él.



NOTAS.-

[1] Traducción, extracto y adaptación del artículo publicado en Inquiry, Vol. 2, nº 8, agosto de 1985, pp. 37-41 . Fuente: http://ziauddinsardar.com/2011/02/quran-science/ Versión en castellano elaborada por el equipo de traductores de Alif Nûn. (Nota de la Redacción).

[2] Ziauddin Sardar es un escritor, comentarista y crítico literario de origen pakistaní y nacionalidad británica, nacido en 1951. Es profesor invitado en la Escuela de Artes de la Universidad de Londres. Ha escrito, entre otras, para las revistas New Statesman , Nature o New Scientist y ha sido reportero de televisión para la London Weekend Television. Es autor de 45 libros – algunos de ellos traducidos al castellano– sobre diversos temas como las ciencias políticas, la crítica literaria, la divulgación científica o la interculturalidad. Es miembro del Muslim Institute y director de la revista Futures . (Nota de la Redacción).

[3]Bulletin of the Islamic Medical Association of South Africa , abril de 1985.

[4] Para más información, véase Douglas Karim Crow, “Racionalismo e Islam”, revista Alif Nûn nº 65, noviembre de 2008. (Nota de la Redacción).

[5] Para más información, véase Tawfiq Hamadi, “Razón y conocimiento en el Islam”, revista Alif Nûn nº 104, mayo de 2012. (Nota de la Redacción).

[6] Muhammad Jamaluddin El-Fandy, On Cosmic Verses in the Quran , The Supreme Council of Islamic Affairs, 1961.

[7] Azizul Hasan Abbasi, The Quran and Mental Hygiene, Karachi, sin fecha.

[8] Maurice Bucaille, La Bible, le Coran et la Science: Les Écritures Saintes examinées à la lumière des connaissances modernes , Seghers, París, 1976.

[9] Para más información, véase VVAA, Cómo el Corán corrige la Biblia, MNMC, EE.UU., 2006. (Nota de la Redacción).

[10] Shamsul Haq, The Quran and Modern Cosmology Science and Technology in the Islamic World 1 , 1983, pp. 47-52.

[11] M. Manzoor-l-Khuda, Creation and the Cosmos in Islamic Scientific Thought and Muslim Achievements in Science , Actas de la International Conference on Science in Islamic Polity, vol. I, Islamabad, 1983, pp. 96-113.

[12] “Alif Lam Ra.* He aquí una escritura cuyos versículos (aleyas) han sido hechos claros y luego explicados en detalle...” (11:1)

* Este es un ejemplo de las letras o grupo de letras que encabezan algunos capítulos del Corán, del las cuales habla el autor. (Nota de la Redacción)

[13] Rashad Khalifa, Miracle of the Quran , Islamic Productions International, St. Louis, Missouri, 1973.

[14] No aporta nada nuevo en el sentido de que todos los musulmanes han asumido desde el inicio del Islam que el Corán está inspirado por Dios en todos sus detalles, y no necesitan de ningún argumento científico o matemático para demostrarlo. (Nota de la Redacción).

[15] Afzalur Rahman, Qur'anic Sciences , The Muslim Schools Trust, Londres, 1981.

[16] Abdus Sami y Muslim Sajjad, Planning Curricula for Natural Sciences: The Islamic Perspective , Institute of Policy Studies, Islamabad, 1983.

[17] Para más información sobre los primeros pasos de la teoría de la evolución en el mundo islámico, véase Mehmet Bayrakdar, “Al-Yahiz y el nacimiento de la teoría de la evolución”, revista Alif Nûn nº 70, abril de 2009. (Nota de la Redacción).

[18] Alguien podría argumentar que también es necesario poder criticar el conocimiento sagrado. Sin embargo, la ciencia moderna no es el método más adecuado para acometer esa tarea. De hecho, en el marco del Islam tradicional se desarrolló una sofisticada y sutil crítica textual de las escrituras sagradas que los musulmanes modernizados parecen ignorar por completo. Del mismo modo, buena parte del pensamiento científico moderno ignora en gran medida disciplinas como la filosofía de la ciencia, ideadas precisamente para valorar de un modo crítico los presupuestos en los que se basa la ciencia moderna. Por lo tanto, el objetivo de la ciencia no es juzgar a la religión, ni el objetivo de la religión es juzgar a la ciencia. (Nota de la Redacción).