20/6/12

¿Quién distorsiona a quien?

Por Norberto Galasso

Respuesta a la nota “Una distorsión sobre Arturo Jauretche”, de Marcelo Gullo, publicada el 13 de junio de 2012

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En Tiempo Argentino (13/6/2012), ha aparecido una nota del Sr. Marcelo Gullo -integrante del Instituto Revisionista “Dorrego” que preside “Pacho” O’Donnell- titulada “Una distorsión sobre don Arturo Jauretche” (respuesta a Norberto Galasso). En principio no comprendí el motivo de esa “respuesta” pues yo no le he preguntado nada y además, porque últimamente no he escrito sobre Jauretche. Pero finalmente descubrí la razón de esa falsa imputación y me veo obligado a explicar lo sucedido.

Con motivo del homenaje de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner a Felipe Varela (4/6/2012), el presidente del mencionado Instituto Revisionista publicó –5/6/2012- un recuadro en Página /12 donde reprodujo mutilada una proclama de Varela. Allí omitió, sin uso de puntos suspensivos, la opinión del caudillo catamarqueño contra el centralismo porteño y su definición contra Rosas, al igual que contra Mitre. Con el propósito de que el revisionismo sea riguroso, en “Tiempo Argentino” (6/6/2012), cotejé la proclama mutilada con la verdadera (publicada por Francisco Centeno (h), en 1929, en Virutas históricas y luego, por Ortega Peña y Duhalde en Felipe Varela contra el Imperio Británico, en 1966. Aunque en este último caso, si bien se reconoce el antirrosismo de Varela, se lo intenta justificar con débiles argumentos. Resumiendo: quien critica a Rosas es Varela y ello ha sido omitido justamente en momentos en que la Presidenta homenajea a Varela; más aún, cuando ella, en su discurso, sostuvo que “la primera historiografía revisionista” lo había ocultado a Varela porque éste “había luchado y tenido diferencias con J. M. de Rosas”, correcta definición que no mencioné en esa nota del 6 de junio para no inmiscuir en la polémica a la Presidenta que ya bastante tiene con la crisis mundial, las Malvinas y los cacerolazos de los retrógrados.

Ante esta situación, el Sr. Gullo -o el Instituto Dorrego- se encontraron en la disyuntiva de refutar mi aclaración del día 6 o reconocer el error del artículo del día 5. No lo han hecho, sin embargo. También podían optar por defender a Rosas criticando a Felipe Varela y aún más, criticar a la Presidenta por homenajear a un antirrosista. Pero como carecen de verdad histórica no pueden refutar mi artículo, ni pueden refutar a Varela, quien ha sido avalado por la Presidenta. Entonces, recurren a una estratagema, un camino oblicuo: tratar de demostrar que yo no argumento seriamente, que carezco de “rigor histórico”, que “distorsiono” –lo cual habrá regocijado a Halperín Donghi en su refugio de Berkeley quien, por otra parte, me ha declarado personaje molesto y “tosco”(no creo que por Agustín).

Pero, en cambio, evitan discutir la mencionada mutilación y persisten en la tergiversación de la proclama varelista –en “la distorsión”- aunque la misma Presidenta, en el mismo discurso, ha afirmado que “esas son las cosas que no tenemos que hacer más”- y sacan la polémica de su cauce, metiéndolo en el medio a Jauretche. Entendámonos bien: fue Varela quien condenó a Rosas, fue Cristina quien homenajeó a Varela, Jauretche no tiene nada que ver en esta discusión. Y yo soy apenas el cartero que les trae una mala noticia y es vituperado por ello.

Introducirlo a Jauretche en el medio de la polémica es agregar una picardía a otra picardía –es decir, “hacer las cosas que no tenemos que hacer más”- porque con maniobras de este tipo, las fábulas de la historiografía liberal conservadora continuarán indemnes. Es evidente que al no poder explicar las varias líneas omitidas en la proclama de Varela, el Sr. Gullo, integrante del “Dorrego”, desvía la cuestión para intentar desprestigiarme, para lo cual asume el lugar de viuda de Jauretche que el mismo Jauretche seguramente repudiaría. Así, lo interpretan adjudicándole que el rosismo sería “la piedra angular del pensamiento de don Arturo” cuando “esa piedra angular”, en Don Arturo, fue siempre la cuestión nacional y “la lucha contra la colonización pedagógica”. El no personalizaba al estilo de nuestros liberales y rosistas y por eso pudo ser irigoyenista, peronista y opinar a favor del socialismo nacional en 1973. Pero esta es otra polémica y nos saldríamos de la huella, como diría don Arturo.

Quiero, sin embargo, relatarle una anécdota que en este caso interesa porque en esa mutilación de la proclama de Varela hay, como siempre, un trasfondo político. Una noche, asistimos juntos a una conferencia del Dr. José María Rosa donde éste sostuvo que había dado conferencias en FORJA y a la salida, don Arturo, enfurruñado, me dijo: -No haga caso. Ellos, los nacionalistas son los que derrocaron a Yrigoyen en el 30, no tenían nada que hacer con nosotros en FORJA, que éramos irigoyenistas. Y agregó algo que después escribió en uno de sus libros: “Nosotros somos nacionales, no nacionalistas. Para los nacionalistas, la Patria ya existió, es el rezo del hijo ante la tumba del padre. Para nosotros, en cambio, es el canto del padre ante la cuna del hijo: la Patria es el futuro y está naciendo”.

Para concluir, sólo un consejo. Usted, señor Gullo, no debería perder el tiempo en sembrar dudas sobre mi rigor historiográfico porque sería tarea vana y aunque, como diría Julián Centeya, “yo no vengo a hacerme la partida/ yo digo nada más que soy de Boedo” (aunque Boedo anda hoy alicaído), para ello debería leerse unos cincuenta libros inútilmente. En otras tareas más importantes puede usar su tiempo. Le digo esto último porque yo, inocentemente, para saber con quien estoy discutiendo, busqué datos suyos y ahí me encuentro, con una gran “distorsión” que me resisto a creer: la revista “Análisis” y el periódico “Rosario 12” han afirmado que a usted lo persigue Interpol, por pedido de la justicia peruana, debido a delitos cometidos junto con Vladimiro Montesinos, “el monje negro”del gobierno de Alberto Fujimori, en el Perú (peculado y asociación ilícita). Seguramente se trata de una calumnia porque estando usted en el “Dorrego”, desprestigiaría a ese Instituto.

Pero dejando a un lado este asunto de prontuarios, pues siempre tiendo a pensar bien de la gente, estoy convencido de que, en el fondo, lo que nos separa es una cuestión de rigor científico y una cuestión ideológica, que van desde “el nacionalismo” al "socialismo nacional”.

Norberto Galasso. 18 de junio de 2012
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