11/6/12

El Islam en 63 historias



   En el Nombre de Dios, El Compasivo, El Misericordioso.



  Relato  Número  1  :   El Profeta (BPD) y los dos grupos.

  El Mensajero de Dios (BPD) ingresó en la mezquita de Medina y encontró a dos grupos de personas : uno estaba rezando a Dios y el otro se hallaba ocupado en aprender y enseñar. El miró ambos grupos y se alegró. Luego le dijo a sus compañeros :  “Ambos grupos hacen algo bueno y se encuentran en el camino de la prosperidad. Pero para enseñar he sido enviado.”  Entonces se acercó al grupo que estaba dedicado a la enseñanza y se sentó con ellos.


  Relato  Número  2  :   Un hombre que necesitaba pedir ayuda.

  El hombre pensaba en su triste pasado, recordando aquellos amargos días en que é y su familia habían padecido la pobreza extrema, en los que él no  había podido llevar comida para su esposa e hijos. Meditó en aquellas palabras que había escuchado tres veces, las cuales impulsaron a su alma a cambiar el camino de su vida, poniéndose a salvo a él mismo y a su familia de la pobreza.
  El era un compañero del Profeta Muhammad (BPD) al cual la pobreza lo había dominado. Un día sintió que ya era hora de plantearle su situación al Profeta (BPD) y después de hablar con su esposa, se dirigió hacia la mezquita para hablar con él (BPD). Pero antes de llegar a pedirle una ayuda económica, escuchó al Profeta (BPD) decir :  “A cualquier persona que nos pida ayuda, nosotros lo ayudaremos. Pero si él no solicita la ayuda de nadie, Dios lo rescata y lo hace autosuficiente.”
  Ese día, aquel hombre no le planteó nada al profeta (BPD) y regresó a su casa con las manos vacías. La pobreza se intensificó para ellos y al día siguiente volvió a presentar ante el Profeta (BPD) con la misma intención. Entonces volvió a escuchar las mismas palabras del Profeta (BPD) :  “A cualquier persona que nos pida ayuda, nosotros lo ayudaremos. Pero si él no solicita la ayuda de nadie, Dios lo rescata y lo hace autosuficiente.”
  El hombre nuevamente guardó silencio y regresó a su casa. Pero otra vez se sintió impotente ante la tremenda pobreza que lo agobiaba y entonces regresó por tercera vez ante el Profeta (BPD). Al igual que las veces anteriores, volvió a escuchar las mismas palabras del Profeta (BPD) : “A cualquier persona que nos pida ayuda, nosotros lo ayudaremos. Pero si él no solicita la ayuda de nadie, Dios lo rescata y lo hace autosuficiente.”
  Estas palabras dieron fuerza a su corazón y confianza a su alma. No podía ser una casualidad que se repitieran tres veces. En aquellas palabras estaba la respuesta a su problema. Se dirigió a su casa con más confianza pensando : “Nunca más pediré la ayuda de nadie excepto a Dios. Usaré mi fuerza y mis habilidades, y le pediré a Dios que me ayude en este camino.”
  Luego pensó : “¿ Qué puedo hacer ?” Lo único que estaba a su  alcance era dirigirse  a las afueras de la ciudad y traer leña para vender. Rentó un hacha, se dirigió a las afueras de la ciudad, trajo leña y la vendió. Así, pudo disfrutas de las ganancias de su propio esfuerzo. Continuó el trabajo todos los días hasta que pudo comprar las herramientas para aquella tarea. Con el tiempo, con su trabajo pudo reunir un cierto capital. Un día, el Profeta (BPD) se encontró con él y le dijo : “Te dije que a cualquiera que nos pida ayuda, nosotros lo ayudaremos. Pero si no solicita la ayuda de nadie, Dios lo rescata y lo hace autosuficiente.”



  Relato  Número  3  :   El pedido en la oración.

  Una persona muy preocupada  se presentó ante el Imam Sadiq (P) y le dijo :

-         ¡ Por favor ! ¡ Reza por mí para que Dios me otorgue el sustento ! Pues yo soy muy pobre.
-         Nunca voy a hacer esto – le respondió el Imam (P).
-         ¿¡ Por qué no !? – inquirió el hombre.
-         Porque Dios Ha señalado el camino para este asunto. Dios encomienda ir a obtener el sustento. Pero tú quieres quedarte en tu casa a rezar y que te traigan el sustento a tu puerta.



  Relato  Número  4  :   Amarrar las rodillas del camello.


  Hacía  varias horas que la caravana venía marchando. El cansancio era evidente en los rostros de la gente y en los animales. Entonces llegaron a un lugar que tenía agua y decidieron quedarse allí. El Profeta (BPD), quien acompañaba la caravana, hizo recostar a su camello y se apeó. Todos estaban ansiosos por llegar al agua y prepararse para rezar a Dios. El Profeta Muhammad (BPD) se dirigió al agua, pero luego de caminar unos pasos regresó adonde estaba su camello sin haber hablado con nadie. Sus compañeros asombrados se preguntaban su aquel lugar no le había gustado al Mensajero de Dios (BPD) y si él daría la orden de marcharse de allí. Todos lo miraban expectantes, aguardando que dijera algo. Pero sólo vieron que él (BPD) llegaba hasta el animal, tomaba la rodillera y le amarraba las rodillas (para que no se escape). Y luego volvió a reunirse con los demás.
  Ellos le dijeron : “¡ Oh, Profeta ! ¿ Por qué no nos pediste que hiciésemos esto por ti en lugar de hacerlo tú mismo ? Nosotros con mucho gusto estamos dispuestos a servirte en lo que digas.”
  El les contestó (BPD) : “Nunca pidan ayuda para hacer sus cosas personales, ni siquiera para pedir que le alcancen un palillo para limpiarse los dientes.”



  Relato  Número  5  :  El compañero de peregrinaje a la Casa de Dios.

  Un hombre que había regresado de la Casa de Dios estaba relatando la historia de su viaje para el Imam Sadiq (P), especialmente sobre uno de sus compañeros de viaje de quien hablaba muy bien diciendo que era muy ilustre. Decía :

-         Nosotros estábamos muy felices de estar con él. El siempre estaba rezando. Cuando llegábamos a un lugar, inmediatamente iba a rezar.
-         ¿ Y quién hacía sus cosas y preparaba su comida ? – preguntó el Imam Sadiq (P).
-         Nosotros, por supuesto – le dijo el hombre. – Y lo hacíamos con mucho gusto. El siempre estaba ocupado con sus cosas santas y no tenía nada que ver con otros asuntos.
-         Entonces ustedes son mejores que él – le dijo el Imam sadiq (P).




  Relato  Número  7  :  La comida en conjunto.


  En una incursión que estaba realizando el Profeta (BPD) y sus compañeros, acamparon y decidieron degollar un cordero para preparar la comida. Uno de los compañeros dijo : “yo voy a degollar al animal:. Otro dijo : “Yo voy a quitarle el cuero y prepararlo.”  Otro dijo : “Yo voy a cocinarlo.” Y el Profeta dijo (BPD) : “Y yo voy a juntar leña para el fuego.”  Todos le dijeron : “ ¡ Oh, Mensajero de Dios ! Usted no debe molestarse. Quédese tranquilo que nosotros con mucho gusto hacemos todas estas cosas para usted.”
   “Yo sé  que es así. Pero a Dios no le gusta ver a uno de Sus siervos con una posición diferente entre sus amigos, considerándose superior al resto.”  Después de decir esto, se dirigió al desierto y trajo la leña para el fuego.



  Relato  Número  10  :   El Imam Baqir (P) y el cristiano.

  El título del Imam Muhammad ibn Alí ibn Al Husein (P) es “Baqir” que significa “El que disecciona”. Lo llaman también “Al Baqir al ulum”, que significa “El que disecciona las ciencias”.
  Con la intención de burlarse, un cristiano cambió el término “Baqir” por “Baqar” que significa “Vaca”, y le preguntó :

-         ¿ Tú eres “Baqar” ? (es decir : “ ¿ Tú eres la vaca ?” )
-         No – le respondió el Imam sin inquietarse ni ponerse nervioso. – No soy “Baqar”. Soy Baqir.
-         Tú eres el hijo de una cocinera – dijo el cristiano.
-         Así es – dijo el Imam (P) – Su ocupación era la de cocinera y no hay infamia en ello.
-         Tu madre era negra, sinvergüenza y murmuradora (chismosa) – inquirió una vez más el cristiano.
-         Si todo lo que tú le atribuyes a mi madre es verdad, que Dios la perdone y perdone sus pecados. Si es una mentira, que Dios te perdone a ti por tus acusaciones y calumnias sobre ella.

  Al ver tanta paciencia en aquel hombre por las molestias malintencionadas que provenían de alguien que ni siquiera era musulmán, eso fue suficiente para cambiar el pensamiento y alma de aquel cristiano y atraerlo al Islam, por lo cual aquel hombre se islamizó después de aquel encuentro.



   Relato  Número  11  :   El Profeta (BPD) y el nómada.

  Un beduíno nómada de brusca modalidad ( sin instrucción ni educación ) llegó a Medina y se dirigió directamente a la mezquita para pedirle dinero al Profeta (BPD). Lo encontró en medio de sus numerosos seguidores y le expuso su necesidad reclamándole su asistencia. El profeta (BPD) le entregó algo de dinero. El beduíno no se quedó conforme con aquello y acusó al Profeta (BPD) de avaro, atreviéndose a insultarlo con otras expresiones desagradables. Los compañeros se enojaron por tales palabras y se avalanzaron hacia él, pero el Profeta (BPD) los detuvo impidiendo que lo lastimasen. Luego, llevó al beduíno hasta su casa para buscar algo más para entregarle. Entonces, el beduíno pudo ver que la forma de vida que llevaba el Mensajero de Dios (BPD) no era como la de otros gobernantes que él antes había conocido, sino que en la casa del Profeta (BPD) no había oro ni plata acumulados. Entonces, se quedó satisfecho con lo que le entregaba, le agradeció la ayuda y le pidió  disculpas por lo que había dicho. El Profeta (BPD) le dijo : “Tú usaste una expresión fea en mi contra ante mis compañeros y ellos se enojaron mucho. Temo que luego ellos te molesten. Quisiera que mañana tú repitas ante ellos estas palabras agradables que has dicho ahora, para que ellos se calmen y no haya problemas en la relación contigo.” El beduíno le contestó : “Sí, no hay problemas.”
  Al día siguiente, é se presentó en la mezquita cuando la gente estaba reunida. El Profeta (BPD) al verlo, les dijo a sus compañeros : “Este hombre viene a declarar que está conforme con nosotros, ¿ no es así ?”
  “Sí, es verdad” dijo el beduíno y repitió las mismas palabras agradables que había dicho el día anterior en la casa del Profeta (BPD), cuando estaban solos. Los compañeros y seguidores del Profeta (BPD) rieron satisfechos, y el Mensajero de Dios (BPD) les dijo : “El ejemplo de esta persona y yo es como el de un hombre cuyo camello se soltó escapándose asustado. La gente comenzó a gritar pensando que de esta manera podía ayudar al dueño del animal, y corrieron tras él, con lo cual el camello se asustó más y escapó. El dueño les dijo : Por favor, dejen a mi camello tranquilo, que yo conozco la mejor manera de atraerlo. Y cuando la gente dejó de perseguirlo, el dueño tomó un manojo de hierbas y se acercó despacio, hablando calmado, sin gritos ni movimientos bruscos, al tiempo que le mostraba la hierba al camello. Así, de a poco, se fue acercando al animal hasta que pudo tomar sus riendas y sujetarlo.”
  El Profeta continuó (BPD) : “Si ayer yo los hubiera dejado, habrían herido a este pobre beduíno y quizás hasta lo hubieran matado. Pero yo impedí que intervinieran y yo mismo, con suavidad y blandura, lo amansé.”


Relato  Número  13  :  El hombre que pidió un consejo.

  Un hombre se presentó desde el desierto en Medina ante el Profeta (BPD) y le pidió que le diera un buen consejo. El Mensajero de Dios (BPD) se limitó a decirle : “No te enojes”. Y no le dijo nada más. Cuando el hombre regresó a su tribu, le informaron que había ocurrido un asunto importante. Algunos jóvenes de la tribu le habían robado algunas cosas a otra tribu. Entonces los de la otra tribu habían reaccionado igual, y la situación gradualmente se había puesto cada vez peor hasta llegar al borde de una guerra.
  Al escuchar tal noticia, el hombre se irritó y enfurecido tomó sus armas, reuniéndose con otros guerreros de su tribu para pelear. Entonces, recordó su reciente viaje a Medina y el consejo que él mismo le había pedido al Profeta (BPD), quien le había dicho : “No te enojes”. El pensó : “Yo acabo de irritarme y enojarme, y montado en cólera, tomé mi armadura y mis armas, y aquí estoy dispuesto a matar. ¿ Por qué estoy tan enojado sin motivos ?”
  El pensó que aquel era el momento preciso para aplicar la corta frase del consejo del Profeta (BPD). Se colocó delante de su grupo y llamó a los jefes del otro bando. Les planteó : “ ¿ Cuál es el motivo de esta enemistad ? Si es por la indemnización por la transgresiómn cometida por algunos jóvenes ignorantes de nuestra tribu, yo estoy dispuesto a compensar con mis bienes lo que ellos hicieron. No es lógico que por una cosa así nosotros combatamos y nos matemos mutuamente.”
  Tras escuchar aquellas palabras sabias y el pedido de fdisculpas de aquel hombre sensato, los sentimientos humanos se encendieron en los líderes del otro grupo, quienes anunciaron : “Ahora que la situación es así, nosotros no somos menos que ustedes, por lo que renunciamos a nuestras pretensiones.” Y así ambos grupos regresaron a sus respectivas tribus en paz.

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   Historia Nº 7

    La caravana que viaja hacia el Hayy.

  Una caravana de musulmanes se dirigía hacia Meca. Cuando llegaron a Medina, se detuvieron en la ciudad para descansar y luego continuaron su marcha. En la ruta de Medina a Meca se encontraron con un hombre conocido, quien advirtió la presencia en la caravana de una persona con el rostro de los honestos, el cual con agilidad y buen ánimo servía y ayudaba a la gente de la caravana. El hombre enseguida lo reconoció y con mucho asombro les preguntó a la gente de la caravana : “¿ Acaso ustedes conocen a esta persona que los está sirviendo y ayudando ?”  La gente le contestó : “No, no lo conocemos. El se reunió a la caravana en Medina y es un hombre honesto, abstinente y piadoso. Nosotros no le pedimos que trabajara para nosotros, sino que él nos sirve por su cuenta, porque le gusta ayudar a la gente.” El hombre les dijo : “¡ Por supuesto que no lo conocen ! Si supieran quién es, nunca permitirían que trabaje como un servidor para ustedes.”  La gente de la caravana preguntó : “¿ Y quién es este hombre ?” El es el Imam Alí ibn Husein Zain Al Abidin (el cuarto Imam de los musulmanes –P-) Las personas empezaron a agitarse e inquietarse, y para disculparse con el Imam (P) comenzaron a besarle las manos y los pies, diciéndole : “¿ Por qué se comportó así usted con nosotros ? Es posible que Dios se disguste por nuestra falta de respeto hacia usted y nos cargue con una gran culpa.”  El Imam (P) les dijo : “Intencionalmente los elegí para viajar, porque no me conocían. Cuando puedo, viajo con gente que no me conoce. Las personas que me conocen, por el Profeta de Dios (BPD), me respetan mucho y no me permiten ayudarlos ni servirlos. Por eso prefiero escoger para viajar a un grupo que no me conozca. Tampoco me presento a la gente para no perder la bendición de servir a los amigos.”




   Historia Nº 8

       El musulmán y el cristiano.

  En aquella época, la ciudad de Kufa era la capital del gobierno islámico. En todo el vasto territorio de la nación islámica, excepto en Shams, la capital de Siria (Damasco), los ojos de la gente estaban orientados hacia Kufa, el centro del poder,  atentos a las decisiones que se tomaban y los mandatos que se disponían.
  En las afueras de Kufa, un día se encontraron en el camino un musulmán y un cristiano. Se preguntaron sus respectivos destinos. El musulmán viajaba hacia Kufa y el cristiano hacia una localidad cercana. Ambos acordaron viajar juntos el tramo que tenían en común, y durante el mismo trabaron conversaciones e intimaron. Al llegar al sitio donde los caminos se separaban, el cristiano vió con asombro que su amigo musulmán no se iba hacia Kufa sino que lo acompañaba por el otro camino. Le preguntó : “¿ Acaso no me dijiste que viajabas hacia Kufa ? ¿ Por qué has tomado este camino, entonces ? El camino hacia Kufa es aquel otro.”  El musulmán le explicó : “Deseo acompañarte un poco. Nuestro Profeta (BPD) dijo que cuando dos personas se acompañan en un camino y conversan, surge un derecho entre ellos. Ahora tú tienes un derecho sobre mí que tengo que cumplir, y por eso te acompaño un tramo. Luego regreso para tomar mi camino.”  El cristiano exclamó : “¡Cuánta influencia y poder tiene vuestro Profeta sobre la gente ! Si vuestra religión se extendió tan rápidamente por todo el mundo, seguramente que es por su alta moral .”  El asombro del cristiano llegó al máximo grado cuando supo que su amigo musulmán que lo acompañaba era el entonces califa Alí ibn Abi Talib (P). No pasó mucho tiempo hasta que tal hombre aceptó la religión islámica y entró entre los seguidores del Imam Alí (P) como un creyente consagrado.




      Historia Nº 9

        Acompañar al califa.

  En cierta ocasión, cuando el Imam Alí (P) se dirigía hacia Kufa, ingresó en una ciudad llamada Anbar que se encontraba en el territorio de Irán. Los labradores y campesinos iraníes estaban muy contentos por la visita de su amado califa. El pueblo entero salió a darle la bienvenida al Imam Alí (P). Cuando el caballo del Imam (P) empezó a caminar, la gente de la ciudad comenzaron a correr delante del mismo. El Imam Alí (P) los llamó y les preguntó : “¿ Por qué están corriendo así ? ¿ Qué están haciendo ?”  Ellos le contestaron :  “Esta es una costumbre nuestra con la cual honramos a los reyes, comandantes y personas respetables. Es una manera de cortesía que acostumbramos practicar.”   Alí (P) les dijo :  “Este acto resulta una molestia en este mundo y en el otro. Tienen que impedir cometer tales cosas que los vuelven viles y miserables. Además, ¿ qué beneficio tiene para las personas (a las que pretenden honrar) ?”




     Historia Nº 14

        El cristiano y la armadura del Imam Alí (P).

  Durante la época del califato del Imam Alí (P), él perdió su armadura y después de un tiempo la encontró con un cristiano. Alí (P) llevó al cristiano ante un juez y lo denunció, diciendo : “Esta armadura es mía. No la vendí ni se la regalé a nadie. Ahora la tiene este hombre.”  El juez le preguntó al cristiano :  “¿ Qué tienes que decir respecto de lo que acaba de declarar el califa ?” El cristiano respondió : “Esta armadura es mía. Sin embargo, no rechazo la palabra del califa. Es posible que él se haya equivocado.”  El juez le dijo a Alí (P) : “Tú has hecho una denuncia y este hombre no la acepta. ¿ Tienes testigos de lo que afirmas ?”  Alí (P) le dijo : “No, no los tengo”. El juez entonces declaró : “Por no presentar testigos, fallo a favor del cristiano”. Entonces el cristiano tomó la armadura y salió. Pero él mismo sabía mejor que nadie que esa armadura realmente le pertenecía a Al_ (P), y después de dar unos pasos, volvió y dijo :  “Esta manera de gobernar y comportarse no pertenece a la gente común. Es algo semejante a la conducta de los Profetas de Dios. Por lo tanto, yo declaro que el verdadero dueño de esta armadura es Alí (P).”
  Después de un tiempo, el cristiano aceptó el Islam y acompañó a Alí (P) como soldado en la batalla de Nahravan.




Historia Nº 15

             Alí (P) y Asem

  Después de la batalla de Yamal (la primera batalla que enfrentó Amir Al Mu’minin Alí –P- durante su califato), Alí (P) ingresó en la ciudad de Basora donde permaneció unos días. Durante su estancia allí, un día fue a visitar a uno de sus compañeros de nombre Alí ibn Zyad Haresi, que se hallaba enfermo. El tenía una gran mansión espléndida y magnífica como hogar. Cuando el Imam Alí (P) ingresó en aquella casa, le dijo a su dueño :  “¿Qué  beneficio te trae una morada tan amplia y vasta en este mundo, mientras que tú necesitas una residencia así en el otro mundo? Pero si deseas que una mansión como ésta en este mundo te acerque a un palacio más amplio en el otro mundo, debes utilizar esta casa para hospedar a la gente, para alojar a los parientes, para declarar los derechos de los musulmanes y para beneficio del Islam, no sólo para tus necesidades y deseos personales.”   Alí ibn Zyad Haresi, el dueño de esta casa,  le dijo : “¡ Oh, Amir Al Mu’minin! Deseo exponer ante tí una queja por mi hermano Asem.”  Alí (P)  le preguntó : “¿ Cuál es tu queja?”  El hombre explicó : “Asem ha abandonado el mundo y ha optado por la soledad y el aislamiento. Ha dejado a todos los que lo rodean para vivir en reclusión y usar ropas viejas y gastadas.” El Imam Alí (P) le solicitó que lo trajeran a su presencia y cuando llegó, le dijo :  “¡Oh, enemigo de ti mismo! Ciertamente el demonio te ha robado la mente. ¿Por qué no te compadeces de tu mujer y tus hijos? ¿Acaso piensas que Dios va a molestarse si tú aprovechas de las Mercedes puras de este mundo que El hizo lícitas para ti? Te colocas ante Dios en una posición incorrecta (y piensas mal sobre El).”    Asem le planteó :  “¡Oh, Amir Al Mu’minin! Tú eres como yo. Tú también te privas en la vida, usas ropas simples y viejas, y te abstienes de comer los manjares deliciosos. Luego, yo te estoy imitando y siguiendo tu camino.”  El Imam Alí (P) le contestó : “Pero yo tengo una gran diferencia con respecto a ti. Yo tengo responsabilidades que tú no tienes, pues estoy en la posición de conductor y gobernador. La responsabilidad de conducir una sociedad implica asuntos especiales. Dios ha obligado a los líderes justos que equiparen sus vidas personales con el de las clases más bajas de su pueblo y vivan de la manera que lo hace la gente más pobre, a fin de que la pobreza no los afecte a ellos. En consecuencia, yo tengo una responsabilidad y tú otra.”




  Historia Nº 16

        El pobre y el rico.

  El Profeta (BPD) se encontraba reunido con sus compañeros en determinada ocasión, cuando un musulmán muy pobre, con ropas muy viejas y gastadas, se unió al grupo. Como es costumbre en el Islam, toda persona que se suma a una reunión se ubica en el primer lugar vacío que encuentra y no busca un lugar especial acorde a su posición y jerarquía, pues todos los hombres son iguales entre sí. Aquel hombre pobre encontró un lugar vacío y allí se sentó. Accidentalmente aquel sitio se encontraba al lado de un hombre rico, quien retiró sus ropas apartándolas del pobre en una actitud de desprecio. El Profeta (BPD) que justamente lo estaba mirando, le dijo : “¿Acaso tienes miedo que algo de su pobreza se te pegue?” El rico dijo : “No, Mensajero de Dios.” El Profeta (BPD) prosiguió : “¿Acaso temes que algo de tu riqueza se vaya con él?”  El rico volvió a decir : “No, Mensajero de Dios.” El Profeta (BPD) continuó : “¿Acaso temes que tu ropa se ensucie por él?”  El rico respondió nuevamente : “No, Mensajero de Dios.” El Profeta (BPD) inquirió : “¿Entonces por qué te retrajiste apartándote de él?” El hombre rico declaró : “Confieso que cometí un error y actué mal, y ahora para compensar mi falta estoy dispuesto a brindarle la mitad de mi riqueza a este hombre musulmán.”  El hombre pobre entonces dijo : “Pero yo no lo acepto.”  La gente le preguntó : “¿Por qué no?” El respondió : “Porque yo temo que esto me lleve a enorgullecerme y algún día haga con un hermano musulmán lo mismo que hoy hizo él conmigo.”




    Historia Nº 17

              El mercader y el transeúnte.

   Un hombre alto, de cuerpo fuerte y con el rostro quemado por el sol y marcado por las batallas, que llevaba una cicatriz en el ángulo de su ojo, pasaba caminando por el mercado de Kufa. En uno de los puestos un mercader, para hacer reír a sus amigos, arrojó basura hacia este transeúnte desconocido. El hombre, sin prestar atención a este hecho, continuó su camino con pasos firmes y seguros. Uno de los amigos del mercader le preguntó al mismo :  “¿Acaso no reconociste quién es este hombre que acabas de humillar así?”  El mercader respondió : “No, no lo conozco. Es un transeúnte ocasional más, uno de los tantos que pasan cada día por el bazar. ¿Acaso tú lo conoces?” Su amigo le contestó : “¡Qué extraño que no sepas quién es! Se trata del famoso comandante Malik Ashtar Naghai.”  El mercader sorprendido exclamó : “¿¡El mismo Malik de cuyo nombre tienen miedo los enemigos!? ¡Si en verdad era Malik, qué malo es lo que acabo de hacer! Seguramente que dará de inmediato la orden de castigarme. Voy a alcanzarlo para pedirle disculpas...”  Entonces el mercader corrió en la dirección donde se había dirigido Malik y lo vio ingresando en la mezquita. El mercader entró detrás suyo y vio que estaba rezando. Aguardó a que Malik terminara de rezar y de suplicar, y entonces se le acercó para disculparse. Malik le dijo : “Juro por Dios que no vine a la mezquita sino por ti, pues me di cuenta de que eres ignorante y por tu ignorancia molestas a la gente. Me compadecí de ti y vine a la mezquita a rezar por ti y pedirle a Dios que te dirija por el camino recto. No tengo intenciones de tomar ninguna represalia por tu acción ni castigarse en absoluto.”



    Historia Nº 18

                    Al Gazali y los ladrones.

  Al Gazali, el famoso erudito musulmán, era nativo de Toos (una ciudad cercana a Mashhad, en Irán). En aquella época, siglo V de la Hégira (del calendario islámico), Neishaboor era el centro más importante de toda la región y el lugar que congregaba toda la ciencia del momento. Todos los estudiantes que deseaban profundizar sus conocimientos se dirigían a esa ciudad. Al Gazali también se trasladó a Neishaboor y permaneció allí por años estudiando y aprovechando las clases de grandes maestros. Al Gazali era una persona muy meticulosa y ordenada, y para no olvidar absolutamente nada de las enseñanzas recibidas, anotaba completamente todo lo que iba aprendiendo y guardaba todas las hojas escritas con mucho cuidado. Luego de varios años de estudio, decidió regresar a su patria. Entonces acomodó todos sus cuadernos en un costal y emprendió el viaje con una caravana que marchaba hacia ese lugar.
  En el camino, un grupo de ladrones atacaron la caravana y la detuvieron para saquearles sus riquezas. Los ladrones comenzaron a tomar los bienes de cada persona hasta que llegaron a Al Gazali. Cuando ellos se dirigieron al costal donde Al Gazali guardaba sus escritos, él comenzó a llorar e implorarles que no tocaran su contenido. “¡Por favor! : llévense todo lo que tengo, pero déjenme este costal...”  les dijo. Los ladrones pensaron que allí guardaba algo muy valioso, y entonces lo abrieron buscando en su interior. Pero sólo hallaron un montón de hojas escritas. Uno de ellos preguntó : “¿Qué es esto y para qué sirve?” Al Gazali le dijo : “Esto no sirve de nada para ustedes, pero es muy valioso e importante para mí. Es el fruto de años de estudio y dedicación a las ciencias. Si ustedes tomaran esto, yo perdería mis conocimientos y el esfuerzo hecho en el camino del estudio resultaría en vano.”   El ladrón le preguntó : “¿En verdad todos tus conocimientos y sabiduría se encuentran contenidos en este costal?” Al Gazali respondió que sí. Entonces el ladrón le dijo : “La ciencia que se encuentra contenida en un costal y puede ser robada no es un verdadero conocimiento, a pesar de lo que tú sostengas.”
  Estas palabras simples tuvieron una gran influencia en el alma noble de Al Gazali y le hicieron cambiar por completo su forma de ser. El, que hasta ese momento sólo escuchaba las lecciones de los grandes maestros y registraba todas las enseñanzas por escrito, cambió su conducta educativa y comenzó a fructificar su pensamiento y sabiduría trabajando, investigando y meditando en concordancia con los asuntos más importantes y útiles. Al Gazali acostumbraba a decir : “Un ladrón me dio el mejor consejo y me guió haciéndome cambiar mi vida de estudios.”




  Historia Nº 19

    Avisena y Ibn Moskoieh

  Avisena no había llegado a la edad de 20 años que ya había aprendido todas las ciencias de su época, especialmente las ciencias religiosas, las naturales y las matemáticas. Era el de mejor conocimiento de su tiempo. Un día ingresó en la clase de Abu Ali Ibn Moskoieh, un científico muy conocido y renombrado, y con una actitud soberbia arrojó delante suyo una nuez diciéndole “¡Mide su volumen!”  Ibn Moskoieh entonces trajo unos ejemplares de una obra sobre moral y buena conducta, los colocó delante del joven Avisena y le dijo : “Tú primero corrige tu educación y tu moral, y luego yo voy a medir el volumen de la nuez. Pero es más necesario e importante que tú corrijas tu comportamiento a que yo mida el volumen de una nuez.”  Avisena se sintió muy avergonzado por aquello y desde entonces la lección dada por Ibn Moskoieh fue una guía moral durante toda su vida.




    Historia Nº 20

        El consejo del asceta.

    Muhammad ibn Mondaki era un asceta abstinente que seguía una vida espiritual aislado y separado de la gente. Por casualidad ingresó en uno de los suburbios de Medina un día de verano en el cual hacía un calor muy intenso y el sol golpeaba con tanta fuerza las calles que nadie se encontraba en ellas. Entonces divisó a un hombre corpulento que se movía con dificultad bajo el sol mientras revisaba una quinta que posiblemente fuese de su propiedad. El asceta pensó : “¿Quién será este hombre que en medio de un tiempo tan caluroso se encuentra abocado a un asunto del mundo?”  Se acercó para identificarlo y con asombro vio que se trataba de Muhammad ibn Alí ibn Al Husein (el Imam Baquir –P-).El asceta pensó : “¿Por qué un hombre tan noble se encuentra buscando con tanta ansiedad los bienes del mundo y las ganancias materiales, al punto que sale a trabajar en un día así? Tengo que aconsejarlo para que recapacite y abandone estas cosas.”
  El asceta se acercó y lo saludó. El Imam Baquir (P) le devolvió el saludo mientras jadeaba transpirando copiosamente. El asceta le preguntó al Imam (P) : “¿Es lógico que un hombre tan noble como usted se encuentre esforzándose por obtener ganancias materiales, especialmente en un día tan caluroso y además con un cuerpo como el suyo, que sufre mucho el calor? Usted no sabe cuándo le llegara el momento de su muerte. Si muriera en este momento, en este estado, ¿cómo resultaría para usted? ¿Acaso es bueno que con un tiempo así y con tanto sufrimiento usted trabaje tanto para obtener el mundo?”
  El Imam Baquir (P) detuvo su trabajo y se apoyó contra la pared tomando un respiro. Entonces le dijo (P) : “Si me llegara la muerte en este preciso momento, me encontraría en estado de devoción. Pues justamente este trabajo que estoy realizando es una obra de obediencia y sumisión a Dios. ¿Acaso tú piensas que adorar a Dios es solamente rezar y hacer oraciones? Yo vivo y tengo una familia que mantener. Si no fuera por este trabajo en el cual me esfuerzo y sufro, tendría que pedir limosna a personas como tú. Yo trabajo para no tener que pedir dinero a la gente. Y si tuviera que tener miedo a la muerte sería por estar en el pecado y la desobediencia a Dios, no en una situación de obediencia.  Lo que Dios me ha obligado es a trabajar para adquirir el sustento lícito.”
  El asceta exclamó :  “¡Qué equivocación la mía! Ahora me doy cuenta lo errado que estaba.  Yo pensé en venir a aconsejarte y termino recibiendo un consejo por andar en el camino del desvío...”



   Historia Nº 21

        Escuchando los ruegos de la madre.

  Era la noche del viernes y aunque el niño era muy joven, observaba con suma atención las oraciones de su madre, mientras ella se encontraba parada, inclinada, prosternada y sentada en dirección hacia la Qiblah, orientada hacia la Meca. El niño se detuvo a escuchar los ruegos y súplicas de su madre para saber qué era lo que ella le pedía a Dios para sí misma. Pero su madre en sus súplicas solamente le pedía a Dios por los hombres y mujeres musulmanes de la comunidad. Ella mencionaba uno por uno a los musulmanes y le pedía a Dios Altísimo para ellos la felicidad, la misericordia y la bendición.
  Aquella noche el niño que era el mismo Imam Husein (P) no durmió hasta el alba, observando a su madre, Fátima Zahra (P), mientras aguardaba que ella suplicara para ella misma, para ver qué Merced o Bondad de Dios pedía. Ella pasó la noche en oración y súplicas, pero el Imam Husein (P) no escuchó de su madre ni siquiera una palabra pidiendo para ella misma, sino que todos los ruegos eran para otras personas. Por la mañana el Imam Husein (P) le dijo a su madre : “Querida madre : cada vez que te escucho rezando por las noches, siempre te siento pedir la Bendición y la Misericordia de Dios para la gente, pero nunca pides algo para ti misma.”   La amable madre le explicó : “Querido hijo : Primero el vecino, después la propia casa.”



    Historia Nº 22

        En la presencia del juez.

  Durante el califato de Omar ibn Al Jattab un hombre presentó una querella contra el Imam Alí (P). Omar citó a ambas partes y se sentó en posición de juez para resolver el asunto. De acuerdo a las normas del Islam, las dos partes de una querella deben sentarse a la misma distancia del juez y se debe proteger y respetar el principio de igualdad en el tribunal, a fin de garantizar la justicia. El califa llamó al querellante por su nombre y el nombre de su padre (“Fulano hijo de Fulano”) y le ordenó que se parase en determinado lugar. Luego llamó al Imam Alí (P) por su apelativo diciendo : “¡Oh, Abal Hasan! ¡Párate junto a tu querellante!” El Imam Alí (P) se molestó al escuchar estas palabras y su rostro reflejó su inquietud. El califa le preguntó : “¡Oh, Alí! ¿Acaso no quieres pararse junto a tu querellante?” El Imam Alí (P) dijo : “No me molesta pararme al lado de mi demandante. Por el contrario, mi inquietud surge porque tú no has protegido la igualdad con equidad y justicia. Pues a mí me llamaste por mi apelativo ‘Abal Hasan’, como muestra de consideración y respeto, pero a él lo llamaste por su nombre común, sin exhibir la misma consideración. Este es el motivo de mi inquietud.”



    Historia Nº 23

          En el territorio de Mina.

  La gente que había asistido ese año a la Peregrinación se hallaba reunida y agrupada en el territorio de Mina. En un lugar se encontraba el Imam Sadiq (P) junto a sus compañeros comiendo uva. Un pobre se acercó a ellos y les pidió caridad. El Imam (P) tomó una parte de las uvas y se la ofreció, pero el mendigo rechazó esto y solicitó dinero. El Imam (P) le dijo : “No tengo dinero, pero toma esto que es una Bendición.”  El mendigo se molestó y se alejó de ellos, pero a los pocos pasos se arrepintió y retornó pidiendo la uva. El Imam (P) le dijo : “Es una Bendición”, y no le dio toda la uva. Poco después se acercó otro mendigo a pedir y el Imam (P) tomó un racimo de uvas y se la ofreció. El pobre tomó las uvas y exclamó : “¡Alabado sea Dios que me ha alimentado!”  Cuando el Imam (P) escuchó estas palabras del pobre, le indicó que no se fuera y entonces llenó sus dos manos con uvas y se las ofreció. El mendigo tomó aquello y nuevamente alabó a Dios y le agradeció aquel alimento. El Imam (P) le indicó al pobre que aguardara y entonces le preguntó a uno de sus parientes que se hallaba presente : “¿Cuánto dinero traes contigo?” El buscó lo que llevaba encima y le respondió : “Veinte dirhames”. Entonces, bajo la orden del Imam (P), se lo entregó al pobre. El mendigo nuevamente agradeció y alabó a Dios diciendo : “¡La Alabanza sea exclusivamente para Dios! ¡Oh, Dios! Tú eres el Dador de la riqueza y no tienes asociados.”  Al escuchar aquello, el Imam Sadiq (P) se quitó la capa y se la entregó al pobre. En ese momento, el mendigo cambió su manera de expresarse y agradeció al Imam (P) elogiándolo por su bondad y generosidad. El Imam (P) no dijo nada y entonces el hombre se marchó. Los compañeros que estaban presentes comentaron : “Nosotros estamos convencidos de que si el mendigo continuaba alabando y elogiando a Dios, el Imam (P) hubiera seguido entregándole cosas, pero como cambió su manera de expresarse y elogió al Imam (P), entonces él no le dio más.”



    Historia Nº 24

            Atletismo.

  Unos jóvenes musulmanes se encontraban realizando una competencia deportiva con una pesada piedra probando para ver quién la arrojaba más lejos, comparando la fuerza de sus músculos. En ese momento llegó el Mensajero de Dios (BPD) y les preguntó qué estaban haciendo. Los jóvenes contestaron : “Estamos en una competencia de atletismo para ver quién de nosotros es más fuerte.”  El Mensajero de Dios (BPD) les dijo : “¿Queréis que os diga quién de vosotros es el más fuerte?”  Los jóvenes contestaron : “¡Por supuesto! ¡Qué excelente resulta que el mismo Mensajero de Dios sea el árbitro de nuestra competencia y establezca él mismo quién es el ganador!”  La gente se congregó a ver a quién presentaba el Profeta (BPD) como vencedor, mientras algunos jóvenes aguardaban ansiosos a que el Mensajero de Dios (BPD) levante sus manos señalándolos como campeones de aquella competencia. Entonces el Profeta (BPD) anunció :  “El más fuerte y poderoso de entre vosotros es aquel a quien si le gusta algo y se siente atraído por eso, su deseo no lo saque de los límites establecidos por Dios y la condición humana, mancillándose con lo desagradable ; que cuando se enoja y molesta por algo, no pierda su autocontrol y dominio de sí mismo ; que no diga sino la verdad y nunca pronuncie una palabra injuriosa o insultante ; y que si en algún momento obtiene poder e influencia, librándose de los obstáculos e impedimentos para obtener las cosas, que no tome más de lo que le corresponde sin transgredir los límites.”








 Historia Nº 28

    El nuevo musulmán (recién islamizado)

  Dos vecinos,  uno musulmán y otro cristiano,  a veces conversaban  sobre el Islam. El musulmán  que era muy devoto y piadoso, le habló a su vecino sobre el Islam explicándolo de una manera tan buena, que el cristiano deseo a aceptarlo y finalmente un día se islamizó.
  A la noche de ese día, a una hora muy tarde, próxima a la aurora, el cristiano que recién se había islamizado sintió fuertes ruidos en la puerta de su casa se levantó inquietado a ver quién llamaba. Era su vecino musulmán. Intrigado, el hombre le preguntó “¿Qué necesitas a esta hora de la noche?” El musulmán le dijo : “Apúrate a realizar la ablución y vestirte, que vamos a la mezquita para hacer la oración”  Así, el nuevo musulmán y su amigo se fueron a la  mezquita .  Todavía faltaba mucho tiempo para la madrugada, y era el horario de la oración  meritoria (nafeleh) de la noche. Ellos rezaron mucho hasta que apareció el primer alba , y llegó el tiempo de la oración del alba. La hicieron  y empezaron  a realizar súplicas y alabanzas  hasta la salida del sol. El recién islamizado quería volver a su casa, pero su amigo le dijo: “¿A donde vas?” “Quiero volver a mi casa”, respondió. “Ya terminó  la oración  de alba y no tenemos algo mas para hacer.” El vecino musulmán le dijo: “Espera un poco y haces la taghibat de la oración hasta que se levante el sol.” “Muy bien, de acuerdo”, dijo el nuevo musulmán y empezó a hacer “dhikr” (recuerdo de Dios)  hasta que el sol se elevó sobre el horizonte. Entonces, cuando pensaba marcharse, su amigo musulmán le alcanzó un Corán y le dijo: “Léelo hasta que el sol se eleve aún más. Y te aconsejo poner la intención de ayuno. ¿Acaso no sabes lo meritorio que es ayunar el día de hoy?...”
  Así poco a poco se acercó el momento del mediodía. Entonces su amigo le dijo: “Espera, que ya falta poco para el mediodía. Hagamos la oración de la mediodía  en la mezquita.” Terminaron la oración del mediodía, y otra  vez lo retuvo diciéndole: “Aguarda, que falta poco para el tiempo de la oración de tarde. Así la hacemos en su tiempo justo (en el momento más meritorio).”   Al finalizar la oración de tarde, le dijo:  “Ya queda poco para culminar el día.” Y así lo hizo esperar hasta que llego el tiempo de la oración de ocaso.
  El nuevo musulmán después de oración de ocaso empezó a volver a su casa  a comer (para el “iftar”, es decir para cortar el ayuno), pero su amigo le dijo “Falta sólo una oración más: la oración de la noche.”  Así que esperaron casi una hora después de la puesta del sol y llegó el tiempo de la oración de noche. La hicieron y entonces el nuevo musulmán se fue a su casa.
  A la segunda noche otra vez el hombre recién islamizado escuchó ruidos a su puerta a una hora muy avanzada, antes de la aurora. Preguntó: “¿Quién es?” “Soy yo: tu vecino. Apúrate a realizar la ablución y vístete, que vamos a la mezquita. Entonces el hombre le contestó:  “No. Anoche cuando  que volví de la mezquita yo renuncié a esta religión. Busca  una persona desocupada que se pueda quedar en la mezquita todo el día. Yo soy un hombre pobre y tengo familia.  Tengo que trabajar  para  vivir.”
  El Imam Sadiq (P) después de contarle esta historia a sus compañeros,  les dijo: “De esta manera, un hombre duro hizo escapar del Islam a un pobre hombre que lo había aceptado.  Entonces vosotros siempre debéis prestar atención para no hacer duro el camino a la gente. Debéis comprender a la gente y conocer el grado de esfuerzo que pueden tolerar. Tratad de hacer inclinar a la gente hacia el Islam  y no de forzarlos a escapar. La política de gobierno omeya es maltratar a la
gente intensificando la devoción (a un punto que no puedan soportar), pero la conducta de nosotros (de la Gente de la Casa –P-) es la suavidad y la bondad (o amabilidad) con la gente y atraer así los corazones.”



Historia Nº 30


   La queja del vecino.

  Un hombre se presentó ante el Profeta (BPD) quejándose contra su vecino, diciéndole:  “Mi vecino me molesta mucho y no me deja tranquilo”. El Profeta (BPD) le aconsejó : “Ten paciencia y no hagas un escándalo en su contra. Quizás él cambie después de un tiempo”.  El hombre volvió a presentarse ante el Profeta (BPD) trayendo la misma queja otra vez, y el Profeta (BPD) insistió en aconsejarse que tenga paciencia y lo tolere. Al tiempo el hombre regresó por tercera vez y dijo: “¡Oh, Profeta de Dios! Este vecino no cambia su manera de proceder y continuamente me incomoda a mí y a mi familia”. Entonces el Profeta (BPD) esta vez le dijo:    “Aguarda al día viernes y entonces saca tus cosas al camino, al paso de la gente, y cuando te pregunten qué estás haciendo, di que te mudas porque tu vecino es una persona mala y molesta que siempre está importunándote.”
  El hombre hizo esto y entonces sus quejas llegaron al oído de su vecino, quien él mismo en persona se presentó ante el hombre para pedirle disculpas por su accionar y suplicarle que no se mude, ayudándolo a entrar todas sus pertenencias de nuevo a su casa. Este hombre pensaba que el Profeta (BPD) siempre iba a recomendarle la paciencia, pero no sabía que cuando se necesita defender los derechos de los oprimidos, el Islam le dice al hombre que actúe.





   Historia Nº  31
  La palmera datilera

  Un hombre llamado Samareh ibn  Jandab   tenía una  palmera  datilera  en el jardín  de un  cristiano. En ese lugar, el cristiano vivía  con  su familia. Samareh  a veces se presentaba a preguntar  por  su árbol, si ya tenía dátiles o no. De acuerdo a  las leyes de Islam, él  tenia  derecho  a entrar a la  casa de cristiano  e  investigar sobre su  árbol, pues era de su propiedad.  Pero cada  vez  que Samareh quería  ver el estado de su  árbol,  entraba  sin llamar ni pedir  permiso y además miraba a las mujeres. Entonces, el dueño le pidió que cuando fuera a entrar, antes llame y pida permiso para hacerlo.  Pero el no  aceptó esto y el dueño se vio en la necesidad de quejarse ante el Profeta mismo (BPD).  El hombre le dijo:  “Este  señor entra en mi casa sin llamar ni pedir permiso para hacerlo. Por favor  dígale que haga esto y que cuando quiera entrar, avise para que mi familia sepan y puedan cubrirse de su mirada.”  
  El Profeta (BPD) llamó a Samareh y  le  dijo:  “Fulano  se ha quejado de ti y dice tú entras a su casa sin llamar y que al hacerlo miras a su familia en una situación que él no quiere. Entonces, antes de entrar a la casa, primero debes llamar y pedir permiso para hacerlo. Y no entres en su casa sin su permiso.” Samareh no aceptó esto. Entonces el Profeta (BPD) le dijo: “Pues entonces vende tu árbol.” Samareh no quiso hacerlo.  El Profeta (BPD) le ofreció un precio alto, pero el no lo aceptó. El Profeta (BPD) aumentó aún más su oferta sin resultados. El Profeta (BPD) le dijo: “Si aceptas mi oferta, vas a tener un árbol en el Paraíso.” Pero él tampoco aceptó, diciendo: “Ciertamente no voy a perder mi árbol  y tampoco voy a llamar ni pedir permiso para entrar en el jardín.”  Entonces el Profeta (BPD) le dijo: “Tú eres un hombre dañino y maltratador, y en la religión del Islam no  existe  el daño ni la rudeza.” Luego se volvió hacia  el  cristiano y le dijo: “Ve, desentierra su  árbol  y arrójalo delante de Samareh.”    El cristiano hizo esto y el Profeta (BPD) le dijo a Samareh : “Ahora ve y planta tu árbol en el sitio que desees.”

 




  Historia  Nº  32   
     En la casa  de Umm Salameh   
                          
    Una noche el Profeta (BPD) estaba en la  casa de  Umm Salameh (una de sus esposas). Ella se despertó en medio de la noche y advirtió que el Profeta (BPD) no se hallaba en la cama.  Se inquietó por esto y se levantó a buscarlo. Entonces lo encontró parado en un lugar oscuro, con sus manos levantadas hacia el cielo, llorando  y  diciendo  : ‘¡Oh, Dios!  No me quites las cosas  buenas que
me otorgaste. ¡Oh, Dios!  No me hagas objeto de crítica de los enemigos y los envidiosos. ¡Oh, Dios mío! No me retornes hacia los malos de los que me has liberado.  ¡Oh, Dios!  No me abandones ni siquiera por un breve instante.’
Escuchar estas palabras de esta manera, hizo temblor el cuerpo de Umm Salameh. Ella se sentó en un lugar apartado y empezó a llorar tan alto que el Profeta (BPD) vino y le preguntó: ‘¿Por qué  lloras?’   Umm Salameh contestó: ‘¡¿Cómo no voy a llorar?! Tú  que tiene tanta nobleza y honra ante Dios, tienes tanto temor de El que le pides que no te abandone a ti ni siquiera por un instante. ¿Qué tengo que decir yo, entonces?’ El Profeta (BPD) contestó: ‘¿Como puedo estar tranquilo y no inquietarme?  Al Profeta  Jonás (P) se lo dejó solo por un momento y le pasó lo que pasó.’”




    Historia Nº 33
     
El mercado negro.

  La familia del Imam  Sadiq (P) había   aumentado y sus gastos se incrementaron. Entonces el Imam (P) decidió a recuperar su capital  a través  del comercio  y obtener dinero para cubrir estos gastos. Preparo mil dinares y los dio a su sirviente que  se llamaba Mosadef y le dijo: ‘Prepárate para viajar a Egipto  para negociar.’ Mosadef  con el dinero compró mercancía de lo que generalmente llevaban a
Egipto  para vender  y se incorporó a una caravana  de comerciantes  que  también
llevaban  la misma  mercadería. Así emprendieron el viaje hacia Egipto.
  Cuando que llegaron cerca de su destino, encontraron  otra caravana  que
estaba volviendo de aquel país.  Entablaron conversaciones con ellos, quienes les hicieron saber que la mercadería que Mosadef y sus compañeros llevaban estaba escaseando en esos momentos en Egipto, por lo que tendrían un excelente mercado para comercializar.  Entonces los dueños de la mercancía se pusieron muy contentos por su suerte y por coincidir casualmente con las necesidades del pueblo, lo cual les permitía fijar cualquier precio ya que la gente tenía que comprarles lo que llevaban de cualquier modo.  Entonces acordaron  no vender la mercadería por una ganancia menor del cien por ciento  (es decir, al doble de su costo).
  La caravana entró a Egipto y lo corroboraron que aquello que habían escuchado era verdad. Así que, según lo que habían acordado, establecieron un mercado negro y no vendieron la  mercancía  a menos del doble  de lo que había costado para ellos. Mosadef  volvió a Medina con mil dinares de ganancia. Estaba muy contento  y fue a visitar al Imam Sadiq (P), colocando dos costales delante de él. El Imam (P) le preguntó:  ‘¿Que es esto?’  Mosadef le contestó:  ‘Uno es el capital que usted me dio y el otro es la ganancia, la cual es del mismo monto que el capital inicial. Es la ganancia que hemos obtenido.’ El Imam (P) le dijo: ‘La ganancia es demasiado alta. Dime cómo pudieron  obtener tanta ganancia.’ Mosadef  le explicó todo que había ocurrido diciendo: ‘Antes de entrar  a
Egipto nos avisaron  que la mercancía escaseaba y por eso acordamos no
venderla por una ganancia menor al cien por ciento, y eso hicimos.’ El Imam (P) dijo: ‘¡Subhanna Allah!  ¿Y ustedes hicieron esto? ¿Se pusieron de acuerdo para establecer un mercado negro entre los musulmanes? ¿Se comprometieron entre ustedes a no vender la mercancía por una ganancia menor del doble? ¡Yo nunca aprobé este tipo de comercio ni esta ganancia!’ Después el Imam (P)  tomó uno de los costales  y dijo : ‘Este es mi capital. El otro no me pertenece y yo no voy a tocarlo en absoluto.’ Y agregó (P) :  ‘Combatir con la espada es mucho más fácil que el trabajo “halal” (lícito y honesto, que la religión permite).’” 


   

    Historia   Nº  35

    El cordón del calzado


  El Imam Sadiq (P) y unos grupos de sus compañeros habían  ido a la casa de un conocido
para darle el pésame por el fallecimiento de un familiar.  En el camino, el cordón del calzado del Imam (P) se cortó de una  manera que el mismo no quedaba en su pie. El Imam (P) entonces se sacó su zapato, lo  tomó en su mano  y continuó caminando descalzo. Ibn Abi  Iaghfor, uno de grandes compañeros del Imam, inmediatamente se sacó su zapato y le quitó el cordón para entregárselo al Imam (P). El pretendía caminar descalzo y que el Imam (P) llevase su calzado. El Imam (P) se enojó por este ofrecimiento y no lo aceptó de ninguna manera, diciéndole:  “Si una molestia le llega a alguien, entonces él mismo debe 
soportarla , y no debe pasarle un incomodidad  a  otro  para que soporte su padecimiento”
.





         
Historia  Nº  36

              Hisham  y  Farazdagh.

  Hisham ibn Abdul Malik  era el hijo de califa que sucedería en el reino a su padre (es decir, el príncipe heredero) en el apogeo de la dinastía Omeya. Se dirigió a visitar la Casa de Dios y luego de dar las vueltas a la Kaaba (“tauaf”) quiso ir a tocar la Piedra negra. El lugar estaba colmado de gente, todos con la misma vestimenta del peregrino consagrado (“ihram”) realizando súplicas, alabanzas y repitiendo frases de recuerdo de Dios (“Dhikr”). La gente estaban tan sumergida  en sus sensaciones más puras en ese momento de devoción, que no prestaban atención a la figura de Hisham, a pesar de tratarse de una importante personalidad política y social, con mucho poder mundano. Las personas que Hisham había traído  desde Damasco para proteger su respeto y cubrir su apariencia, habían empequeñecido ante la grandeza espiritual  de acto  del Hayy (Peregrinación a la Meca).
  En tal circunstancia, Hisham no pudo alcanzar a tocar la Piedra negra por mucho que lo intentó, debido a la abundancia de gente. Así que se apartó para sentarse en un lugar elevado, especialmente preparado para él, desde el cual podía contemplar aquel espectáculo con toda esa gente. Sus acompañantes de Siria estaban junto a él observando la escena.
  En este  momento  apareció  un hombre con apariencia de abstinente. El también, como todos, llevaba el ropaje del peregrino. Los efectos de oración y la devoción a Dios se manifestaban en su rostro. Primero dio las vueltas a la Kaaba ( la Casa  de Dios) y
después con una cara tranquila y pasos seguros, se dirigió hacia  la Piedra negra. La gente, a pesar de tanta muchedumbre, al verlo inmediatamente le abrieron un camino para dejarlo pasar hasta el sitio donde se halla la famosa Piedra negra. 
   La gente de Siria que estaban  mirando esta situación y anteriormente habían visto que Hisham, a pesar de su importancia y poder, no pudo acercarse al lugar, se asombraron
mucho. Uno de ellos le preguntó de Hisham : ‘¿Quién es esta persona?’  Hisham
aunque sabía perfectamente que se trataba de Alí ibn Husein Zain Al Abidin (P),   negó conocerlo. Ante aquella situación  nadie podía arriesgarse a decir nada, por temor a Hisham, cuyas manos estaban sumergidas en sangre.
  Pero entonces Homam ibn Galeb, un célebre y prestigioso poeta árabe conocido también como Farazdagh, que estaba dedicado a emplear sus artes en proteger y cuidar la imagen de Hisham, se emocionó tanto y su conciencia se sacudió de tal manera que no pudo contenerse, y dijo: ‘Yo lo conozco’.  El no quiso realizar una presentación simple, por lo que se paró en un lugar alto e empezó a recitar una hermosa y elocuente elegía, hoy conocida como una de las mejores obras de la literatura árabe que sólo puede surgir del alma de un poeta colmado de emoción y espiritualidad profunda.  Parte de sus palabras fueron las siguientes:
  Esta persona es por todos conocida.
Los guijarros de la tierra de Batha (de la Meca) lo conocen.
Esta Kaaba lo conoce.
La tierra del Haram (Santuario de la Meca) y la de afuera del Haram lo conocen.
El es aquel abstinente  puro y famoso.
Lo que tu dices de no conocerlo,  no lo daña en absoluto.
Si tú no lo conoces, la gente de los árabes y extranjeros (no árabes) lo conocen...

  Después de escuchar esa elegía tan elocuente, Hisham se enfureció y ordenó que Farazdagh fuera despedido de su empleo y confinado a vivir en un lugar llamado Asfan, entre Meca y Medina.  Pero Farazdagh no se preocupó por lo que hizo Hisham , lo cual era una consecuencia de su valentía y la  declaración  de su pensamiento. No le dio importancia a perder su salario  ni tampoco  a quedar prisionero. Continuó componiendo poesía 
criticando de Hisham en la misma cárcel.
  Entonces ‘Ali ibn Husain (P) le mandó dinero a Farazdagh que había perdido su salario a la cárcel. Pero  Farazdagh  no lo aceptó, diciendo:  “Yo compuse aquella elegía   en el camino de mi idea y mi fe, para Dios. No quiero tomar dinero por esto que yo hice.” ‘Alí ibn Husein (P) volvió a enviarle el dinero por segunda vez y le dijo: “Dios conoce perfectamente tu intención y te recompensará acorde a ella. Si tú aceptas esta ayuda que te mando, te garantizo que esto no disminuirá tu recompensa ante Dios en absoluto.”  Entonces Farazdagh aceptó la ayuda del Imam (P). 



  Historia   Nº  39


  Un espantoso sueño.

  El sueño que había tenido le había provocado mucho miedo y pánico. A cada momento le
sugería distintas  interpretaciones, todas espantosas. Así que la persona con bastante temor, decidió presentarse ante el  Imam Sadiq (P) para contarle su sueño. Le dijo:  “Soñé con un hombre de madera montado a un caballo de madera que tenía una  espada en su mano y la movía en el aire. El sueño me ha dejado con mucho miedo y le pido que lo interprete para mí.”  El Imam (P) le dijo:  “Seguramente existe una persona que tiene una riqueza y tu intentas sacársela de cualquier forma posible. Ten miedo de Dios,  que te ha creado y te hará morir y cambia tu decisión.” El hombre le dijo: “Realmente tú eres el verdadero sabio  que ha obtenido la ciencia de su fuente. Es cierto: le confieso que yo tenía ese pensamiento. Uno de mis vecinos tiene un jardín y necesita dinero, por lo que quiere venderlo. En este momento no tiene otro comprador interesado excepto yo. Por eso estos días pensaba en la manera de aprovecharme de su necesidad y con poco dinero quitarle el jardín de su mano.”


   Historia Nº 40  
    En el asentamiento de Bani Saedeh.

  En una noche lluviosa y húmeda, el Imam Sadiq (P) salió de su casa sin avisarle a nadie  adonde iba, aprovechando de la oscuridad de la noche y la poca gente que había en la calle. Entonces se dirigió hacia el asentamiento de Bani Saedeh (una parte de la ciudad donde vivía gente muy pobre). Accidentalmente Moalla ibn Khanis, uno de los compañeros cercanos al Imam Sadiq (P) que además administraba los gastos de la casa del Imam, se percató de la salida de Imam de la casa. Moalla no quiso dejar solo al Imam y por eso comenzó a seguirlo con un poco de distancia, de manera tal que solamente podía  ver la sombra suya en la oscuridad de la noche.
  Mientras Moalla  estaba caminando detrás del Imam (P), de repente percibió la caída de un objeto de su hombro, el cual golpeó sobre la tierra.  Escuchó la voz del Imam (P) que dijo  en un tono muy suave: “¡Oh, Dios! ¡Haz que vuelva a mí!”.  En este momento, Moalla se adelantó y saludó al Imam (P).  El reconoció su voz y le dijo: “¿Eres tú, Moalla?”  “Sí, soy yo.” Le respondió. Entonces Moalla quiso saber qué había caído a la tierra y vio que era  una gran cantidad de pan. El Imam Sadiq (P) le dijo: “Recógelos y alcánzamelos”. Moalla  los fue tomando gradualmente y se los alcanzó al Imam. Vio que llevaba una bolsa demasiado grande para  una sola persona y entonces le dijo: “Permíteme  que yo lo lleve.” El Imam (P) le respondió : “No. Me corresponde a mí cargarlo”. El Imam (P) tomó la  bolsa y empezaron a caminar juntos hasta que llegaron a un lugar conocido como el asentamiento Bani Saedeh, donde vivía la gente más pobre y miserable, aquellos que no tenían casa  ni vivienda. Todos estaban dormidos. El Imam (P) empezó  a poner pan debajo de sus ropas, en algunos uno y en otros dos. No dejó nadie sin pan.  Luego emprendió la retirada. Moalla le preguntó:   “Estos a quienes les trajiste pan, ¿son shiitas, de tus seguidores que creen en el Imamato, o no?” El Imam (P) le contestó: “No, ellos no creen en el  Imamato.  Si creyeran, les debería traer también algo de sal.”




  Historia Nº 41

   
El saludo de los judíos.

  Aishah, la esposa de Profeta (BPD), se encontraba en presencia del Enviado de Dios (BPD) cuando entró un judío quien en lugar de saludarlo diciendo “As salamu alaikum” (“La Paz sea con ustedes”) dijo “Samu alaikum” (“La muerte sea con ustedes”). Poco después entró otro judío y lo saludó de la misma manera. Era evidente que se trataba de un plan para molestar a Profeta (BPD) con la palabra. Aishah se puso muy enojada por esto y les gritó: “¡Que la muerte sea para ustedes mismos!” El Profeta (BPD) le dijo: “¡Oh, Aishah!  No insultes de esa manera. Si el insulto se presentara, tendría una figura espantosa. Si se le pone blandura, suavidad y paciencia  a cualquier cosa, sin duda que será algo lindo y agradable.  Y si se le quitan estas virtudes de cualquier cosa, sin duda que perderá toda su belleza. ¿Por qué te enojas tanto?” Aishah le dijo: “¡Oh, Enviado de Dios! ¿Acaso no ves lo que ellos, sin ninguna vergüenza y con insolencia, están diciendo en vez de saludar con la paz?” El Profeta (BPD) le dijo: “Y yo les contesté: ‘Y para ustedes también’, lo cual es suficiente”.



Historia  Nº  42

Una carta  para  Abu Dharr

  En una ocasión, Abu Dharr recibió  una carta proveniente de un lugar lejano. La abrió y leyó su contenido. Era de una persona que lo conocía y sabía que el Profeta (BPD) tenía una gran inclinación hacia Abu Dharr y muchas veces lo había favorecido con palabras altísimas y nobles enseñanzas de sabiduría. Entonces a través de la carta, esta persona le solicitaba un consejo amplio y completo. Como respuesta de
la carta, Abu Dharr escribió solamente una frase corta y sintética : “No maltrates ni odies a aquel a quien más amas entre toda la gente.”  Abu Dharr cerró la carta y lo mandó a la persona .El hombre leyó el mensaje pero no lo entendió. Pensó : “¿Qué quiere decir? ¿Cuál es la intención  de Abu Dharr con estas palabras? ¿Qué significa no maltratar ni odiar a aquel a quien más amo entre toda la gente? Es imposible tener un amado predilecto entre toda la gente y tratarlo mal. Por el contrario, sacrificaría mi riqueza y mi propia vida por alguien así. Estas palabras no tienen sentido...” Luego pensó : “No debo olvidar que es Abu Dharr quien escribió esta frase, el Luqman de la comunidad por su sabiduría y prudencia. Mejor le escribo otra carta y le pido que me explique estas palabras...”     Y así, volvió a enviarle una carta a Abu Dharr pidiéndole que le explicara sus palabras. Abu Dharr le escribió como respuesta:  “El más querido y apreciado para ti entre toda la gente eres tú mismo, no otra persona. Uno se ama a sí mismo más que a cualquier otro. Cuando digo que no hay que maltratar ni odiar a aquel que más amas entre la gente, me refiero a que no debes maltratarte ni odiarte a ti mismo. ¿No sabes, acaso, que cualquier delito o pecado que el ser humano cometa  directamente lo daña y perjudica a sí mismo y sus efectos van a afectarlo directamente a él mismo?”




 
Historia  Nº  43

El sueldo no determinado

Aquel día Suleiman Ibn Ya’far Ya’fari  y el Imam Rida (P) habían idos juntos para hacer una diligencia.  Llegó el ocaso y Suleiman decidió volver a su casa. ‘Alí ibn Musa Ar Rida (P) le dijo : “Esta noche ven a mi casa y quédate con nosotros”.  Suleiman aceptó y se fueron juntos a la casa del Imam. Al entrar a su casa, el Imam (P) vio a sus sirvientes  plantando flores. Había con ellos otra persona desconocida , que también estaba plantando flores. El Imam (P) les preguntó:  “Quién es esta persona?” Los sirvientes
contestaron:  “Es alguien que empleamos para que nos ayude.” “Muy bien”, dijo el Imam (P). “¿Qué sueldo determinaron para él?”  Los sirvientes le contestaron: “Al finalizar le pagaremos algo.”  Signos de inquietud y enojo aparecieron en el Imam (P), quien se molestó tanto que fue a buscar un latiguillo para sancionar a sus sirvientes. Suleiman Ya’fari  se adelantó y le dijo: “¿Por qué te enojas tanto?” El Imam (P) le dijo:  “Yo reiterativamente les ordeno que nunca empleen a nadie sin determinar antes el trabajo a realizar y el sueldo por el mismo. Es necesario primero determinar el sueldo de la persona y después  emplearlo para un trabajo. Si determinan el sueldo de un empleado antes de comenzar el trabajo, al finalizarlo uno le puede pagar algo más de lo convenido. Así la persona queda agradecida con uno y se traba una amistad con él. Y si se le paga lo convenido, igual la persona no queda descontenta con esto. Pero si se determina al final, esto no ocurre, sino que incluso puede pensar que se le pagó poco por su trabajo y así queda descontenta y disconforme...”




   
Historia  Nº 44

 
¿Es esclavo o libre?

  El ruido de canciones y los instrumentos musicales se escuchaban tan alto que la
gente que pasaba por la calle podrían suponer lo que estaba pasando en esa casa. Un banquete  de diversión  y borrachera tenía lugar allí. Las copas de vino se servían una tras otra. Una sirvienta de la casa, luego de barrer el lugar, salió a la vereda para tirar algo de basura. Entonces se encontró con un hombre cuyo rostro exhibía marcados efectos de oración, en cuya frente había una extensa huella por las prosternaciones prolongadas. El hombre que se hallaba de paso, le preguntó a la joven : “El dueño de esta casa, ¿es libre o esclavo?” La chica contestó: “Es libre”. El hombre dijo: “Sin duda que es libre. Si fuera esclavo, tendría mucho miedo de su Señor, su Dueño, su Dios, y no hubiera realizado esta fiesta...”
  La joven se demoró un poco más de lo normal en regresar a la casa por esta conversación con este hombre. Al regresar, el dueño de la casa le preguntó: “¿Por qué te has demorado?” La joven sirvienta le contó lo sucedido. Al escuchar el relato, las palabras pronunciadas por aquel desconocido penetraron como una saeta en el corazón del dueño de la casa y lo hicieron reflexionar. Entonces se puso de pie con un salto y corrió sin siquiera calzarse para encontrar a aquel hombre. Así llegó hasta él, que era el séptimo Imam Musa ibn Ya’far (P). Ante él expresó su arrepentimiento, agradeciéndole por haberle hecho tomar conciencia y comprometiéndose a llevar en adelante una vida piadosa. Y para no olvidar nunca la gloria de aquel día en que había alcanzado el arrepentimiento estando descalzo, el hombre nunca más se puso un calzado. Ese hombre era Boshre ibn Hares ibn Abdurrahman Marvazi y desde entonces fue conocido como Al Hafi, “el descalzo”. El permaneció fiel a su compromiso durante toda su vida y nunca más se acercó a ningún pecado. Hasta ese momento, él formaba parte de la aristocracia y llevaba una vida disipada. Pero a partir de entonces ingresó al grupo de los hombres abstinentes y creyentes en Dios...




  Historia  Nº  45

   
En el miqat

  Malik ibn Anas, el famoso sabio de Medina (Imam fundador de una de las Escuelas de Fiqh sunnita), un año estaba acompañando al Imam Sadiq (P) en la Peregrinación. Llegaron al miqat (la estación donde se realiza la consagración en los rituales de Peregrinación) y llegó el momento de ponerse la ropa de ihram (consagrarse como peregrino) y recitar la “talbieh” (la conocida frase : “labaik, Allahumma, labaik” “Aquí estoy, Dios mío, aquí estoy”). La gente repetía esta frase con regularidad. Malik ibn
Anas observó al Imam Sadiq (P) y percibió que su situación había cambiado (espiritualmente) de tal modo que cuando quería decir la frase, la emoción lo embargaba y la voz se entrecortaba en su garganta. Malik pensó que si el Imam (P) perdía su control espiritual, quizás se pudiera caer de su caballo involuntariamente. Entonces se adelantó y le dijo : “¡Oh, hijo de Enviado de Dios (BPD)! ¿Es inevitable que usted pronuncie estas palabras de esta manera?” El Imam (P) le dijo : “¡Oh, hijo de Abi Amer!  ¿Cómo puedo hacerlo sino? Al decir “labaik” estamos diciendo : “¡Oh, Dios! Cuando tú me llamas para algo, yo te respondo rápidamente y siempre estoy preparado (y dispuesto) a servirte”. Ahora bien : ¿Cómo puedo atreverme a decir esto con tranquilidad y calma? Estoy diciendo que me presento ante Dios como un sirviente preparado para el servicio. Si me respondiera al “labaik” (es decir, a la presentación, pidiéndole un servicio), ¿qué haría?...”




  Historia Nº 46 
   
    El encargado de la palmera.

  ‘Alí ibn Abi Talib (P) salió de su casa  y se dirigió a los campos donde acostumbraba trabajar. En esa ocasión, ‘Alí (P) llevaba una carga. Un hombre que lo vio, le preguntó : “¡Oh, ‘Alí! ¿Qué llevas allí?” El contestó : “Esto, si Dios quiere, será una palmera datilera.”  La persona se asombró mucho por esto, pero luego de un tiempo él y otros como él pudieron confirmar que las cargas que ‘Alí (P) había portado aquel día eran brotes de palmeras datileras, y cada brote se transformó en un árbol llenando aquel terreno de frutos...



    Historia  Nº 47 

       El sudor de trabajo.

  El Imam Kazim (P) estaba trabajando  en un terreno de su propiedad. La intensa actividad había hecho que su cuerpo transpirara tanto que parecía bañado en sudor. En este momento llegó  ‘Ali ibn Abi  Hamzeh  Bataeni y le dijo:  “Querido mío: ¿Por qué no dejas este trabajo  a otras personas?” El Imam (P) le contestó: “¿Por qué he de dejárselo a otros? Las personas mejores que yo siempre realizaron esto mismo con sus propios esfuerzos. ¿Por qué no voy a hacerlo yo mismo?”  Bataeni le preguntó: “¿Qué personas mejores que tú han hecho estos trabajos?” El Imam (P) le respondió : “El Enviado de Dios (BPD), Amir Al Mu’minin ‘Alí (P), todos mis padres y mis abuelos (los demás Imames –P-). El trabajo y las actividades sobre la tierra es la tradición de los Profetas de Dios  (P), de sus sucesores y de los nobles siervos de Dios .



  Historia  Nº  48

    La amistad cortada.

  Nadie pensaba que aquella amistad se cortaría  y que estos dos amigos que siempre estaban juntos un día se separarían. La gente conocía a uno de ellos como “el amigo del Imam Sadiq (P)” más que por su nombre propio. mas que su nombre propio a nombre de su amigo y siempre lo llamaban así.  Un día como siempre, ellos entraron juntos al mercado de zapatos. Nadie imaginaba que antes de salir del bazar, la amistad de ellos se cortaría para siempre. Ambos entraron al mercado, mientras que aquel hombre llevaba consigo a su esclavo que era de piel negra. El esclavo caminaba detrás de su amo. En un momento, el hombre se dio vuelta y no encontró allí a su esclavo. Continuó caminando unos pasos y volvió a mirar sin encontrarlo. Se volvió una tercera vez a buscarlo sin verlo. Recién a la cuarta vez lo encontró en su lugar. Entonces el hombre con mucho enojo le dijo : “¿Dónde estabas, hijo de fulana?”  Inmediatamente después de decir aquellas palabras, el Imam Sadiq (P) con mucho asombro levantó su mano y lo golpeó fuerte a su frente, diciéndole : “¡Subhannal-Lah! ¿Insultas a su madre? ¿Acaso le atribuyes un hecho inconveniente a su madre? Yo pensaba que tú eras un hombre abstinente (piadoso), pero esto me aclara que  tú  no tienes  verdadera abstinencia.” El hombre le dijo : “¡Oh, hijo de Profeta (BPD)! Este esclavo es nativo de Sand y su madre también es nativa de Sand, y tú sabes que ellos no son musulmanes. La madre de este esclavo no era una mujer musulmana que yo haya acusado de un hecho inconveniente (es decir, como ella no era musulmana, el hombre consideraba correcto insultarla).” El Imam (P) contestó : “Su madre fue impía. Pero cada pueblo tiene una tradición y un reglamento en cuanto al casamiento ,y cuando  cumplen de acuerdo de estas normas, sus hechos no son fornicación  y sus hijos no son hijos de la fornicación.” El Imam (P) después de decir estas palabras le dijo : “¡Aléjate de mí!”  Y después de aquel suceso, nadie volvió a verlos juntos nunca más hasta que la muerte los separó definitivamente.




  
Historia  Nº 49 

     Un insulto

El sirviente de Abdallah ibn Moghafa, un sabio y famoso escritor iraní, tenía las riendas del caballo de su amo en su mano y se encontraba sentado afuera de la casa de Sufian
ibn Moawia Al Mahlabi el gobernador de Basora, esperando a su dueño para que al terminar su asunto pueda volver con su caballo a su casa. La espera se prolongó en tanto que Ibn Moghafa no salía. Otras personas que habían ingresado ante el gobernador después de él, ya habían salido con sus asuntos concluidos. Pero no había noticia de Ibn Moghafa. Poco a poco el sirviente empezó a buscarlo. A cada persona que le preguntaba, decía no
saber nada o bien se limitaban a mirarlo a él y al caballo para luego sin decir nada levantar sus hombros (es señal de no saber)  y seguir su camino.  Pasó el tiempo y el sirviente ansioso y desesperado se fue a pedir ayuda a Isa y Suleiman, los hijos de Abdullah Ibn Abbas y  tíos del poderoso califa de entonces, Manzur Davanighi, de los que Ibn Moghafa había sido secretario. Se presentó ante ellos y les explicó lo que pasaba. Ibn Moghafa era un  secretario sabio y un escritor y traductor muy capacitado, por lo cual Isa  y Suleiman lo querían  y apoyaban mucho.  Ibn Moghafa  también aprovechaba  de esta protección, ya que tenía un temperamento atrevido y temerario, acostumbraba a murmurar y con sus dichos molestaba a otros. Y con la protección de Isa y Suleiman, los tíos del califa, era aún más audaz.
  Isa y Suleiman mandaron a preguntar por Abdullah ibn Moghafa a Sufian ibn Moawia  pero él negó todo el asunto y dijo que no ha venido a su casa. Pero el tema era muy claro, pues mucha gente habían visto la entrada de Ibn Moghafa a la casa del gobernador  y los testigos lo  atestiguaron. No podía negarse esto y no era un asunto simple. Al contrario: el tema era de un posible asesinato. Y para peor, el asesinato de una persona muy famosa y sabia como Ibn Moghafa.
  Así fue que surgió una querella entre el gobernador por un lado y los tíos del califa por el otro lado. Como el asunto era tan serio, se presentaron todos ante el califa Manzur en Bagdad (la capital del califato). El caso fue presentado y los testigos brindaron sus testimonios ante el califa. Todo aquel que tenía algo para informar, ofreció su testimonio. Después, Manzur le dijo a sus tíos: “Yo puedo mandar a ejecutar a Sufian por la acusación de asesinato de Ibn Moghafa. Ahora, si  Ibn Moghafa estuviera vivo y entrase por esta  puerta (señalando la puerta de atrás) después de ejecutar a Sufian,  ¿ quién de los dos va a aceptar la responsabilidad por esto?”  Isa y Suleiman se asombraron por la pregunta del califa y pensaron “Es posible que Ibn Moghafa esté vivo y Sufian lo haya mandado vivo al califa...” Así que desistieron de su queja  y dejaron el asunto en este punto para retornar a su ciudad.
  Pasó mucho tiempo y no hubo ninguna noticia de Ibn Moghafa. Nadie volvió a verlo. Poco a poco su recuerdo también  comenzaba a disiparse. Después de mucho tiempo se descubrió lo que había sucedido. Ibn Moghafa siempre insultaba a Suleiman ibn Moawia, y un día en presencia de mucha gente llegó a insultar a su madre. Sufian siempre estaba esperando  vengarse de Ibn Moghafa por su lengua, pero tenía miedo de Isa y Suleiman, los tíos del califa, por lo que no se animaba a hacer nada. En cierta ocasión se ordenó redactar una carta de seguridad  para Abdullah ibn Ali otro tío de Manzur para que después de terminarla, Manzur la firmase. Abdullah ibn ‘Alí pidió a Ibn Moghafa, el secretario de su
hermano, para redactar la carta. Ibn Moghafa la escribió pero además cambió partes de la redacción de la misma colocándole algunas frases inadecuadas. Cuando Manzur recibió la carta para firmarla y la leyó, se enojó muchísimo, pues aquellas palabras eran atribuidas a él mismo. Entonces preguntó “¿Quién redactó esta carta?” Le contestaron que fue Ibn Moghafa, y entonces Manzur compartió las mismas sensaciones que sentía Sufian ibn Moawia contra Ibn Moghafa, y le ordenó secretamente a Sufian sancionarlo. Sufian  esperaba una oportunidad para hacerlo hasta que un día Ibn Moghafa entró a su casa  a pedirle algo y dejó a su sirviente y su caballo afuera.  Cuando entró, Sufian estaba sentado en una habitación con algunos de sus sirvientes y guardias. Había un horno encendido dentro del lugar. Cuando Sufian vio a Ibn Moghafa , los recuerdos de sus insultos surgieron ante él. Su alma se llenó de ira y odio, encendiéndose como el horno que allí había.  Le dijo: “¿Te acuerdas de aquel día en que insultaste a mi madre? Ahora es el tiempo de venganza...”  Pedir perdón en ese momento no tuvo ningún efecto para Ibn Moghafa. Sufian lo mató de la peor manera posible...
 



  Historia Nº 51

    Los dos compañeros

  La sinceridad, intimidad , y franca colaboración mutua entre Hisham ibn Al Hakam y Abdullah ibn Yazid  Abazi era algo asombroso para toda la gente de Kufa. Ellos se asociaron para una tienda de mercería y trabajaban juntos. Nunca disputaban en absoluto. Lo que más llamaba la atención de la gente era que ellos pertenecían a creencias religiosas opuestas, completamente diferentes. Hisham era de los grandes eruditos y sabios famosos de la shia imamita, uno de los compañeros especiales del Imam Sadiq (P) con una firme creencia en el Imamato de Ahlul Bait (P), en tanto que Abdullah ibn Yazid era de los sabios abazieh.  En el momento de defender de la creencia y el pensamiento religioso,  ellos estaban en dos frentes totalmente antagonistas. Pero ellos habían podido superar todo fanatismo religioso en sus relaciones , y con mucha solidez se asociaron para trabajar juntos su negocio. Lo más asombroso era que muchas veces los shiitas y los alumnos de Hisham pasaban por la tienda y Hisham les enseñaba los principios y problemas de específicos de la práctica shiita, y Abdullah no se enojaba escuchar las palabras contrarios de su creencia religiosa. Asimismo, la gente de abazieh en presencia de Hisham en el mismo lugar aprendían sus asuntos religiosos que a menudo eran contrarios a la Escuela Shiita y Hisham no se enojaba en absoluto.
  Un día, Abdullah le dijo a Hisham : “Nosotros somos amigos sinceros y buenos compañeros. Tú me conoces bien yo quiero me aceptas como tu yerno y me permitas casarme con tu hija”.  Hisham en respuesta solamente contestó una frase: “Fátima es creyente”.  Abdullah después de escuchar la respuesta se calló y no dijo nada mas de asunto. Este suceso tampoco pudo dañar en la amistad  de ellos y la colaboración recíproca  continuó.  Solamente la muerte pudo separar estos dos grandes amigos.



    Historia  Nº  53

      La camisa de califa

  Omar ibn Abdul Aziz se hallaba en cierta ocasión durante la época de su califato hablando para la gente sobre de un estrado (“minbar”). Durante el discurso del califa, la gente pudo observar que él en forma intermitente movía su camisa con su mano. A algunos le llamó la atención esto, y se preguntaban “¿Por qué el califa mueve su camisa con su mano?” Así que luego del discurso fueron a investigar qué sucedía. Entonces descubrieron que aquel califa con el fin de ahorrar el Tesoro Público de los musulmanes y reponer parte de lo que sus antecesores habían derrochado haciendo perder la riqueza al país, él llevaba una vida muy austera y sólo tenía una camisa, que era la que llevaba puesta. Acababa de lavarla y aún estaba húmeda, y como no tenía otra para ponerse, entonces la movía durante su discurso para que se termine de secar.
 



    Historia  Nº  54 
   
      El joven agitado

  El Profeta (BPD) acababa de concluir la oración de alba en la mezquita junto con la gente. La oscuridad de la noche se había disipado y se podía distinguir a las personas perfectamente. Entre la gente, el Profeta (BPD) vio a un joven cuyo estado se encontraba alterado. Su cabeza  continuamente se movía de un lado a otro. El Profeta (BPD) miró la cara del  joven que era pálida y amarillo. Sus ojos se hallaban hundidos en la cavidad orbitaria, su cuerpo era delicado y delgado. El Profeta (BPD) le preguntó: “¿Cómo es tu estado?”  El joven contestó: “¡Oh, Enviado de Dios!  Estoy en un estado de convencimiento (y certeza absoluta).”  El Profeta (BPD) dijo: “Cada estado tiene efectos que muestran su realidad.  ¿Cuáles son los signos y la consecuencia de  tu convencimiento?” El joven dijo : “Mi convencimiento es lo que me hace instalar ( cercano ) al dolor ,y no me deja dormir a la noche. Termino los días con sed (por el ayuno y la abstinencia). He abandonado el mundo y todos los que están dentro de él y me he dirigido hacia el otro mundo. Es como si pudiera ver el inicio del ajuste de cuentas (el Día del Juicio) y todas las criaturas congregadas.  En este momento es como si pudiera oír los ruidos de fuego llameante de la Gehena resonando en mis oídos...”  El Profeta (BPD) se dirigió a la gente y dijo : “Este es un siervo a quien Dios ha  luminado su corazón  con la luz de fe.”  Después se dirigió al joven y le dijo: “Guarda  esta buena situación para ti mismo.”  El joven le dijo: “¡Oh, Enviado de Dios! Suplica a Dios que me permita combatir en su sendero y obtener el martirio en el camino de la verdad.” El Profeta (BPD) suplicó esto y no tardó mucho en
ocurrir una lucha en el Camino de Dios (yihad) donde el joven participó siendo el décimo mártir de esa batalla.

 

    Historia Nº 56

      El obrero y el sol.

  El Imam Sadiq (P) se hallaba con una gruesa y rústica ropa de trabajo y una pala en la mano, trabajando en su
jardín. Se esforzaba tanto que todo su cuerpo estaba cubierto de transpiración. Entonces se presentó Abu Amr  Shibani y lo encontró en tal situación de padecimiento y sufrimiento. Pensó para sus adentros: “Quizás el Imam no pudo encontrar a nadie que hiciera este trabajo y por eso se vio forzado a tomar la pala y trabajar por él mismo”. Por eso se acercó y le dijo: “Por favor, dame la pala para que haga este trabajo por ti”. El Imam (P) se negó diciendo : “Aprecio que el hombre se esfuerce (por sí mismo) para obtener su sustento, aunque tenga que sufrir al sol.”
 


    Historia  Nº  58

     
La última palabra.

Cuando Umm Hamida, la madre del Imam Kazim (P), vio a Abu Basir que venía a ofrecer sus condolencias a ella por el fallecimiento de su marido, el ilustre Imam Sadiq (P), empezó a llorar. Abu Basir también lloró. Luego, cuando ambos se calmaron,  ella le dijo: “Tú no estabas aquí. Cuando se acercó el momento de la muerte del Imam (P), ocurrió algo extraño.”  Abu Basir preguntó sobre lo esto y Umm Hamida contestó: “El Imam (P) pasaba los últimos momentos de su vida en tanto que sus ojos estaban cerrados. Súbitamente el Imam (P) abrió sus ojos y dijo: “Informad a mis parientes que vengan todos aquí”.  Era muy extraño que en aquella situación el Imam (P) nos ordenara algo así. Todos nos presentamos, parientes y allegados. Todos aguardábamos intrigados por lo que el Imam (P) quisiera decir o hacer en esos momentos críticos. Cuando el Imam (P) encontró a todos presentes, nos señaló y dijo: ‘Nuestro intercesión ( shafaat ) nunca alcanzará a alguien que desdeña la oración’”.




   
Historia  Nº  60

    
La petición de Jesús (P)

   Jesús (P) les dijo a sus discípulos: “Tengo una petición para haceros, si me prometéis aceptarla”. Los apóstoles contestaron: “Cualquier cosa que nos ordenes, la cumpliremos”.  Jesús (P) entonces se levantó y empezó a lavar sus pies, uno por uno. Los apóstoles se inquietaron por esto, pero debido a que se habían comprometido a aceptar su petición, no se opusieron, permitiendo que Jesús (P) lavara sus pies.  Después de terminar, los apóstoles le dijeron: “Tú eres nuestro maestro y éramos nosotros los que debían lavar tus pies, no al revés”. Jesús (P) les dijo: “Hice esto para enseñaros que el más digno de brindar servicio a la gente es el sabio, aunque en apariencias tenga que humillarse. Vosotros debéis aprender esta lección de humildad, aceptar esta enseñanza y conducir a la gente después de mí, estableciendo vuestro camino en la humildad y el servicio a la gente. Pues la sabiduría crece en el terreno de la humildad, no en el campo del orgullo, al igual que una planta crece en una tierra blanda (y fértil), no en una roca dura y montañosa.”

 

Historia Nº 61


    Recoger leña del desierto.

  El Profeta (BPD) se encontraba en una ocasión viajando con sus compañeros. Decidieron acampar en un lugar desértico, sin plantas ni hierbas. Como necesitaban encender una fogata, el Profeta (BPD) les pidió a sus compañeros que fueran a buscar leña. Ellos dijeron : “¡Oh, Enviado de Dios! Observa este lugar : es completamente vacío y no se alcanza a ver nada que pueda usarse como leña.”  El Profeta (BPD) insistió : “De todos modos vayan, y que cada uno recoja lo que pueda.” Los compañeros marcharon hacia desierto inspeccionando el terreno con mucha atención. Levantaban cada pequeña ramita que hallaban. Cada persona fue tomando según su capacidad un poco de leña y la fue llevando al campamento. Cuando todos dejaron lo que habían recogido, se alcanzó a reunir una importante cantidad de leña. En ese momento el Profeta (BPD) dijo : “Las pequeñas faltas son como esta leña. Al echar una mirada general, uno no las ve. Pero cuando uno busca e investiga en detalle, tal como ustedes buscaron la leña hasta encontrarla y reunirla formando una gran cantidad, entonces aparecen y se perciben con claridad. Un Día van a ver todas esas pequeñas faltas que parecen imperceptibles, acumularse hasta formar una gran masa...”




Historia Nº 62


  El vino en el mantel.

  Mansur Davanighi (el califa abbásida) acostumbraba a mandar a llamar al Imam Sadiq (P), haciéndolo trasladarse de Medina a Irak por distintos pretextos. De esta manera podía controlarlo y mantenerlo alejado del Heyaz (de Arabia, que era donde el Imam –P- se encontraba formando un importante centro teológico para el estudio de las ciencias islámicas).
  En una de esas ocasiones en que el Imam Sadiq (P) se hallaba en Bagdad, uno de los comandantes del ejército de Mansur circuncidó a su hijo y organizó una gran reunión para celebrar el evento, a la cual invitó a muchas personas. Toda la aristocracia y los funcionarios del gobierno se hallaban presentes en aquella fiesta. Uno de los invitados fue el mismo Imam Sadiq (P).
  Se preparó un amplio mantel y los invitados se sentaron a su alrededor y comenzaron a comer. Durante el programa, uno de los presentes pidió algo de beber y con la pretensión de que se trataba de agua, le sirvieron una copa grande de vino. Inmediatamente el Imam Sadiq (P) dejó de comer, se puso de pie y emprendió su retirada del lugar. Trataron de hacerlo volver con insistencia, pero el Imam (P) no aceptó, y dijo : “El Profeta de Dios (BPD) dijo : ‘Cada persona que se siente a una mesa (o mantel) en la cual hay vino (o cualquier bebida alcohólica) es maldecido por Dios.’”




Historia Nº 63


    Escuchar el Corán.

  Ibn Mas’ud fue uno de los escribas de la Revelación (uno de los secretarios que tenía el Profeta –BPD- a quienes les dictaba la Revelación del Corán para que la pusieran por escrito). Cualquier aleya del Corán que se revelaba, él la anotaba y la guardaba. No dejó que absolutamente nada se perdiera (del Corán).
  Un día, el Mensajero de Dios (BPD) le dijo : “Léeme un poco del Corán para que yo lo escuche.”  Ibn Mas’ud abrió su libro y comenzó a leer la bendita sura de las mujeres (sura 4 del Corán). El Profeta (BPD) escuchaba con atención hasta que llegó a la aleya 41 que dice “Cuando traigamos a un testigo de cada comunidad y te traigamos a ti como testigo contra ellos”. Cuando Ibn Mas’ud leyó esta aleya, los ojos del Profeta (BPD) se llenaron de lágrimas y él dijo (BPD) : “Es suficiente (no leas más).”