9/6/12

El desastre libio

Esta es la realidad de la nueva Libia: guerra civil, recursos despilfarrados y colapso social, donde expresar preferencia por los días en los que Libia era próspera y vivía en paz es un delito, pero linchar y torturar no solo está permitido, sino que es alentado. 








La magnitud de la tragedia libia causada por la OTAN y sus aliados es cada vez más horriblemente clara con cada día que pasa. Las estimaciones del número de víctimas mortales habidas hasta el momento varían, pero hablar de 50.000 parece ser una estimación a la baja. El Ministerio de Defensa británico se jactaba, en mayo, de que el ataque había causado la muerte de 35.000 personas, pero este número sigue creciendo, mientras la destrucción de las fuerzas libias por los ejércitos británico, francés y estadounidense ha dejado al país en un estado de caos total.

No teniendo nada que los una más que su antigua disposición a actuar como fuerzas terrestres de la OTAN, los ‘exrebeldes’ libios están ahora luchando entre sí. En una sola semana, 147 personas murieron en un enfrentamiento en el sur de Libia a comienzos de año, y en semanas recientes varios edificios del gobierno, incluyendo el complejo del primer ministro, han sido atacados por exrebeldes que exigen que les paguen sus servicios.

Ya se han pagado 1.400 millones de dólares, lo cual demuestra que fueron las fuerzas coloniales de la OTAN, y no el exdirigente libio Muamar Gadafi, quienes emplearon a ‘mercenarios’. Sin embargo, estos pagos fueron suspendidos el mes pasado debido a la extensión del nepotismo. La corrupción se ha vuelto endémica en Libia. Unos 2.500 millones de dólares derivados de los ingresos del petróleo, que se supone que habían sido transferidos al tesoro nacional, siguen sin aparecer.

Los recursos de Libia están siendo saqueados conjuntamente por las multinacionales del petróleo y un puñado de familias selectas de las nuevas elites del país. Este es un caso típico de venta neocolonial. El uso de estos recursos para proyectos gigantescos de infraestructuras, como el del Gran Río Artificial, y la gran elevación del nivel de vida durante las cuatro últimas décadas (la esperanza de vida en Libia pasó de los 51 a los 77 años después de que Gadafi se hizo con el poder en 1969) parecen haberse convertido en cosas del pasado.

Pobre del que mencione eso ahora. Se decidió que no se permitiría a ningún partidario de Gadafi presentarse a las próximas elecciones libias, pero los últimos cambios han ido aún más allá. La Ley 37, aprobada el mes pasado por el gobierno libio impuesto por la OTAN, ha creado un nuevo delito de ‘glorificación’ del antiguo gobierno o de su líder, pudiendo ser castigado con cadena perpetua. ¿Incluirá esto un comentario de pasada de que las cosas estaban mejor con Gadafi? La ley es deliberadamente vaga y está abierta a interpretaciones distintas. Es, además, una receta para la persecución política institucionalizada.

Aún más indicativo del desprecio por el imperio de la ley del actual gobierno —un gobierno, recordemos, que todavía tiene que recibir la apariencia de mandato popular y cuya única base de poder son las fuerzas armadas extranjeras— es la Ley 38. Esta ley otorga inmunidad a cualquiera que haya cometido crímenes dirigidos a promover o proteger la revolución.

En consecuencia, aquellos responsables de la limpieza étnica de la ciudad de Tawergha —miembros de la autodenominada brigada para la eliminación de los negros— pueden seguir cazando refugiados con el pleno conocimiento de que tienen la nueva ley de su lado. Los responsables de las masacres de Sirte y otros lugares tampoco tienen nada que temer. Los que han participado en la tortura generalizada de detenidos pueden seguir haciéndolo sin temor a las consecuencias, siempre y cuando sus torturas estén dirigidas a proteger la revolución, es decir, a mantener la dictadura del Consejo Nacional de Transición impuesto por la OTAN.

Esta es la realidad de la nueva Libia: guerra civil, recursos despilfarrados y colapso social, donde expresar preferencia por los días en los que Libia era próspera y vivía en paz es un delito, pero linchar y torturar no solo está permitido, sino que es alentado.

El desastre no se ha limitado a Libia. La desestabilización del país ya se ha extendido a Mali, provocando un golpe de estado y causando un gran número de refugiados, especialmente entre los inmigrantes de raza negra. Han huido a los países vecinos en un desesperado intento de escapar de los bombardeos aéreos y de los linchamientos, ejerciendo mayor presión sobre los recursos y avivando las tensiones en otras partes. Muchos rebeldes libios, una vez hecho su trabajo en Libia, se han desplazado a Siria para promover allí la violencia sectaria.

Pero lo más preocupante para el continente africano es el avance de AFRICOM —el comando africano del ejército de EEUU— al calor de la agresión contra Libia. No es una casualidad que apenas un mes después de la caída de Trípoli, y coincidiendo con el asesinato de Gadafi en octubre de 2011, EEUU anunciara que estaba enviando tropas al menos a otros cuatro países africanos: la República Centroafricana, Uganda, Sudán del Sur y la República Democrática del Congo. AFRICOM ha anunciado ahora la realización de 14 maniobras militares conjuntas en varios países africanos en 2012. La reconquista militar de África está en marcha.

Nada de esto habría sido posible con Gadafi en el poder. Como fundador de la Unión Africana, su mayor contribuyente económico y su presidente electo, Gadafi ejerció una importante influencia en el continente. Fue en parte gracias a él que EEUU se viera obligado a establecer la sede de AFRICOM en Stuttgart, Alemania, en febrero de 2008, en lugar de en África misma. Para ello, Gadafi ofreció dinero e inversiones a los gobiernos africanos que rechazaran el establecimiento de bases militares norteamericanas.

Bajo el liderazgo de Gadafi, Libia invirtió unos 150.000 millones de dólares en África, y su propuesta, respaldada por 37.135 millones de euros en efectivo, de crear un Banco de Desarrollo de la Unión Africana habría reducido seriamente la dependencia financiera africana de Occidente. En pocas palabras, la Libia de Gadafi era el único obstáculo importante para la penetración de AFRICOM en el continente.

Ahora que Gadafi no está, AFRICOM está intensificando sus actividades. Las invasiones de Irak y Afganistán han mostrado a Occidente que las guerras en las que sus propios ciudadanos mueren no son populares. AFRICOM está diseñado para garantizar que, en las nuevas guerras coloniales contra África, serán los africanos quienes combatan y mueran, no los occidentales. Las fuerzas de la Unión Africana se integrarán en AFRICOM, bajo la cadena de mando estadounidense. Gadafi nunca habría permitido esto, y esa es la razón de que lo hayan derribado.

Si quieres una visión de África bajo la tutela de AFRICOM, basta con que mires a Libia, el modelo de estado africano de la OTAN. Libia está condenada a décadas de violencia y trauma, y está incapacitada para promover el bienestar de su pueblo, así como para contribuir a la independencia regional o continental. Este nuevo colonialismo militar no debería recibir ni un gramo de apoyo africano.

Dan Glazebrook es analista político.

Publicado originalmente en: Libya: the ongoing disaster, Al-Ahram, 31/05-6/06/2012


Traducción: Javier Villate-Disenso