6/6/12

Egipto y Siria dos tipos de enfrentamiento entre el campo popular y el imperialismo



Los resultados de la primera ronda de las elecciones en Egipto han dado una muestra cabal de que es el despertar islámico el motor del levantamiento popular de ese importante país del mundo islámico.

Los Hermanos Musulmanes, han mostrado que a pesar de toda la represión sufrida en la época de la dictadura de Mubarak, no solo no han sido borrados de la escena política de Egipto, sino que se han posicionado como claros favoritos de no mediar alguna maniobra de la casta militar del antiguo régimen que desespera-junto con sus amos- de ver pronta la hora en que se haga justicia y todos sus crímenes sean analizados por nuevas autoridades judiciales independientes. Algo parecido y no es casualidad, es lo que sucede hoy en Latinoamérica con respecto a las dictaduras con que Estados Unidos supo regar nuestro continente entre los sesenta y los ochenta. Siempre quienes están detrás de la escena para reprimir a los pueblos y robarles sus sueños, su desarrollo y libertad, sea en Latinoamérica o en el Medio Oriente, son los mismos.

En Egipto, los musulmanes, en sus diferentes versiones, se alzaron con el 75% de los votos en los comicios contra el 25% de las posiciones laicistas, seculares y pro potencias occidentales. Pero no está dicha la última palabra, porque los datos de la primera ronda han dejado muchas sospechas de fraude de parte del frente pro militar y los partidarios del antiguo régimen de Mubarak. Las sospechas provienen de una baja muy llamativa de algunos grupos islámicos con respecto a las elecciones parlamentarias del año pasado, a la vez que una suma muy considerable de quien representa al antiguo régimen, Ahmad Shaqiq.

Este campo es el del enfrentamiento “blando”, el enfrentamiento en el llamado campo electoral, que, bueno es recordarlo, se abrió gracias a la sangre que supo ofrendar el pueblo egipcio, muy a pesar del frente imperialista que se dice “defensor de la democracia, el mundo libre y los derecho humanos. No fue ningún regalo. Para la segunda vuelta tendrán que estar muy alerta y vigilantes ante las urnas. Si lo logran, será difícil que no alcancen el triunfo.

Pero el de Siria es otro enfrentamiento, el llamado “duro” o sangriento, con los mismos actores de un lado y del otro, el pueblo sirio de una parte y el imperio del otro lado. Aquí, el riesgo no es que el imperio y sus agentes recurran al fraude electoral (que no podrían manipular en ese país donde hay un gobierno fuerte), para robarle los sueños de libertad al pueblo, sino el recurrir a algo tan demencial y criminal como el terrorismo que no tiene la más mínima contemplación a la hora de derramar la sangre del pueblo, sean niños, mujeres, ancianos, si lo creen necesario para sus intereses.

El gobierno sirio, con su sistema laicista y secular ha cometido aciertos y errores. Entre los aciertos está el haber estado junto al pueblo oprimido de Palestina y del Líbano. Por eso, hoy le están pasando la factura.

Como errores, podemos decir que ha descuidado algo demasiado trascendente y de peso, más aún en su tierra y en la región, como para negarlo o descuidarlo, que es el aspecto religioso. En su alianza con la Unión Soviética, como lo hicieran Qadafi y Saddam desde otras posiciones distintas a las de Siria, en su momento, no condenó a la invasión soviética a Afganistán y eso fue grave.

Pero, no menos cierto, es que si bien el gobierno sirio, debe hacer reformas y abrir más su sistema a la participación popular (cosa que viene haciendo), también es cierto, que esas reformas y ese proceso ha de ser llevado adelante por el pueblo sirio sin interferencias y mucho menos bajo la presión de los crímenes terroristas con soporte en dinero, logística y armas del imperialismo y sus agentes regionales.

Esta vez, si el imperio decide poner en práctica la receta de Libia, las cosas no serán iguales. No solo porque Rusia y China no se quedarán de brazos cruzados, sino porque será muy difícil, si no imposible, que la chispa siria no encienda a la región. La cosa se pondrá dura, pero algo es seguro, el imperio no tendrá un sustituto estable para el gobierno de Bashar Al Assad y el “control” se les irá de las manos. El gobierno sirio a diferencia de Qadafi, posee un apoyo popular mayoritario y con ello conforma una parte inseparable de la resistencia popular y regional frente al imperialismo sionista.

Estados Unidos y la Otan no deberían subestimar este hecho y aprender de la historia reciente. Cada vez que se metieron con la Resistencia, no hicieron más que fortalecerla. Dios está con ella, ¿o no fue así en Irán, Líbano, Palestina e Irak?

Sheij Abdul Karim Paz