14/5/12

Teherán critica el pacto EEUU-Afganistán

Irán cuestiona pacto de Obama con Karzai-Por M K Bhadrakumar-Asia Times Online

Washington concedió al presidente afgano Hamid Karzai más de 18 meses para que se pusiera de acuerdo con el acuerdo de cooperación estratégica entre EE.UU. y Afganistán, pero apenas una quincena para lograr la ratificación del documento por su parlamento.

La motivación de Karzai para tener éxito es obvia, ya que su propio futuro político depende de su habilidad para persuadir a los parlamentarios afganos a fin de que apoyen el pacto.

Y solo con el apoyo del parlamento el presidente Barack Obama podrá someter el documento al congreso de EE.UU. Se pretende que el pacto sea el punto céntrico de la reunión en la cumbre de la OTAN en Chicago el 21 de mayo.

Quedan solo unos 10 días, y Karzai está bajo enorme presión. El sentimiento popular entre los afganos respecto al pacto es un gran “desconocido desconocido”, para utilizar las palabras del ex secretario de Defensa de EE.UU. Donald Rumsfeld.

Funcionarios afganos anunciaron en abril que habían apoyado un borrador final del acuerdo de cooperación estratégica que asegurará el compromiso de EE.UU. en el país durante por lo menos 10 años después del plazo para el retiro de las tropas extranjeras en 2014 y la transición de la seguridad a las fuerzas locales. Han sido divulgados solo unos pocos detalles adicionales.

Ataques del destino

Es posible que los talibanes hayan ayudado un poco. Sus espectaculares ataques en Kabul y otros sitios crearon recientemente una concientización general sobre la frágil situación de la seguridad y la mejor esperanza de Karzai es que la gente apreciará por el futuro previsible que el respaldo militar occidental es crítico para la supervivencia del Estado afgano.

Karzai arriesga que esta nueva “concientización” incluya los sentimientos populares contra la ocupación extranjera de su país. Las cosas iban bastante bien para Karzai durante los primeros tres días desde que el presidente de EE.UU. Barack Obama fue a Kabul el 1º de mayo para firmar el pacto. Parecía cosa hecha que haría aprobar el pacto estadounidense-afgano por el parlamento y que comenzaría a hacer sus valijas para el viaje a Chicago a fin de iniciar un nuevo capítulo en su carrera política.

Pero el 4 de mayo entró en juego el destino. Cerca de una docena de civiles afganos, incluidos cinco niños, fueron muertos esa aciaga tarde del viernes cuando fuerzas dirigidas por la OTAN realizaron dos ataques aéreos separados en la provincia sureña de Helmand. La OTAN repitió el crimen dos días después con un segundo ataque aéreo en la provincia noroccidental de Badghis. La oficina de Karzai admitió que la OTAN también atacó en las provincias Logar y Kapisa en Afganistán oriental durante el fin de semana, matando a docenas de civiles.

Karzai pasó rápidamente al modo de control de daños y convocó al comandante estadounidense, general John Allen, y al embajador de EE.UU. en Afganistán, Ryan Crocker. Les dijo que los ataques eran “inaceptables”. La oficina de Karzai también emitió un tajante comunicado de prensa, según el cual: “El presidente Karzai dijo que si las vidas de los afganos no están seguras, la cooperación estratégica entre los países perderá su significado y concepto”.

Por cierto, la razón de ser del pacto reside en la obligación política y el compromiso militar de EE.UU. de convertir Afganistán en un sitio seguro para los afganos. Ahora Karzai se queda con la imagen de un dirigente impotente.

Karzai controla una buena cantidad de parlamentarios que seguirán sus instrucciones, pero no llegan a formar una mayoría. Karzai está tan intranquilo que incluso tomó recientemente el extraordinario paso de impedir una visita a Kabul del destacado congresista estadounidense Dama Rohrabacher, quien es un importante miembro del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, para reunirse con dirigentes de la oposición afgana. A Rohrabacher le negaron una visa y le impidieron que abordara un vuelo desde Dubai a Kabul. “[La secretaria de Estado de EE.UU.] Hillary [Clinton] dejó bien claro que esto provenía de Karzai”, dijo posteriormente Rohrabacher.

Rohrabacher ha apoyado la demanda de la oposición afgana (perteneciente a la antigua Alianza del Norte) de que Karzai debería compartir el poder con el parlamento. El incidente mostró el difícil impase de Karzai con la oposición representada en el parlamento. Basta con decir que Karzai enfrentará el mayor desafío de su carrera política cuando someta el pacto estadounidense-afgano para su aprobación por el parlamento en Kabul.

Teherán cuestiona…

Pero Karzai todavía tiene unos pocos trucos en su manga. El sábado atacó a Irán. Fuerzas de seguridad afganas atraparon al jefe del buró en Kabul de la agencia noticiosa semioficial de Irán, Fars, Abdulvahed Hakimi, y lo llevaron a un destino desconocido. Fue una acción provocativa e inconcebible sin la aprobación de un alto nivel en la administración en Kabul.

Filtraciones a los medios han dado a entender desde entonces que Hakimi es acusado de espionaje. Radio Free Europe/Radio Liberty pronto comenzaron a transmitir informes en dari y pashtún diciendo que la seguridad afgana había destruido una red de espionaje que supuestamente trabajaba para Irán.

No es de sorprender que Karzai haya optado por una inmensa táctica de diversión para distraer la atención del ataque aéreo de la OTAN avivando el nacionalismo afgano. Mientras tanto el gobierno de Karzai también ha presentado afirmaciones de que el embajador iraní en Kabul, Abolfazi Zohrehvand, trató de influenciar a parlamentarios afganos para que se opongan al pacto EE.UU.-Afganistán. El martes, el embajador fue convocado al Ministerio de Exteriores afgano.

Simultáneamente, ha comenzado una campaña en los medios, en la que se afirma que Teherán se propone expulsar a refugiados afganos que viven en Irán como señal de disgusto contra el gobierno de Kabul por el pacto de seguridad. Es un tema altamente emotivo dentro de Afganistán con alto potencial para incitar sentimientos anti-iraníes.

Teherán protestó furiosamente que ha sido un anfitrión generoso para más de dos millones de refugiados afganos durante más de dos décadas con poca ayuda de la comunidad internacional y que siempre ha opinado que su repatriación solo puede tener lugar con el “establecimiento de paz y seguridad sustentable” dentro de Afganistán.

Pero el daño ha sido hecho. Mientras tanto, Teherán ha roto su silencio respecto al pacto EE.UU.-Afganistán. El sábado, en una enérgica declaración, el Ministerio de Exteriores iraní advirtió contra el despliegue de tropas estadounidenses en Afganistán. La declaración dice:

Los “roles poco claros definidos para las fuerzas estadounidenses y sus bases militares” según el pacto constituyen “grandes fuentes de preocupación para Irán y otros países regionales”.

El pacto no puede resolver los problemas de seguridad de Afganistán y desestabilizará aún más el país y empeorará la seguridad.

La República Islámica de Irán cree que el establecimiento de paz y seguridad en Afganistán es posible mediante la retirada total de las fuerzas extranjeras, el cierre de bases militares y el diálogo entre los afganos en el marco del Alto Consejo de la Paz.

Evidentemente, Kabul anticipó que Teherán se pronunciaría en algún momento contra el pacto de seguridad y trató de prevenir la capacidad de Irán de unir a la oposición afgana. Es interesante que el martes, incluso mientras el Ministerio de Exteriores en Kabul convocaba al embajador iraní, Karzai enviara al Consejero Nacional de Seguridad Rangin Dadfar Spanta (quien negoció el pacto con Washington) a la ciudad afgana occidental de Herat para responder a la crítica iraní.

Herat ha estado tradicionalmente bajo fuerte influencia iraní. Spanta subrayó de modo provocador que el pacto con EE.UU. se propone precisamente resistir a amenazas como las de Teherán. Dijo:

Funcionarios iraníes dijeron a senadores afganos que no aprobaran el pacto o Afganistán enfrentará problemas. Les respondemos que precisamente por ese motivo firmamos el acuerdo… Lo que veo en Irán es nacionalismo y radicalismo, que trata de influenciar a la región desde un punto de vista religioso. Las políticas [de Irán] nunca han sido reconocidas internacionalmente… Los afganos deben garantizar el futuro de sus niños con la paz y pensar solo en su interés nacional.

La elección por Karzai del cortés Spanta para la misión a Herat es interesante. Spanta es un tayiko suní y Herat es predominantemente una ciudad tayika suní. Al jugar la carta sectaria, Karzai evidentemente espera buscar en un radio muy amplio y “neutralizar” la influencia chií iraní sobre la gente de Herat.

… el juego de Obama

El embajador iraní en Kabul no tardó en responder a Spanta. Llamó el miércoles a que el gobierno de Karzai preste atención a las preocupaciones de Irán sobre el pacto EE.UU.-Afganistán. Refiriéndose a su reunión del día antes en el Ministerio de Exteriores afgano, reveló:

La observación que formulé a los funcionarios afganos fue que a nuestro juicio las consecuencias de este acuerdo [estadounidense-afgano]

no se limitan a Afganistán y tienen un impacto regional y transnacional y pueden desestabilizar la estructura de seguridad regional. Pedimos a los funcionarios afganos que lo reconsideren [el pacto de seguridad] con más cuidado. Los afganos debieran considerar nuestras preocupaciones y tomar sus decisiones considerando los intereses del pueblo afgano y las consideraciones de seguridad de los países de la región.

Evidentemente, el embajador ha llevado el asunto al extremo al afirmar que la posición de Teherán es compartida por otras capitales regionales. También pasó por encima de Spanta y Karzai al poner sobre la mesa los intereses de la nación afgana.

La exigencia iraní de una revisión del pacto casi establece una confrontación con Karzai. Si el cálculo fue que en medio de las preocupaciones por las conversaciones de P5+1 (“los Seis de Iraq”) sobre el programa nuclear de Teherán en Bagdad el 23 de mayo, a Teherán no le sobraría tiempo para prestar atención al pacto EE.UU.-Afganistán, no es así. Evidentemente, las percepciones de amenaza de Teherán por una presencia militar estadounidense a largo plazo en las fronteras orientales de Irán son demasiado graves.

Es probable que Teherán ya haya consultado a otras potencias regionales. Pero la declaración del Ministerio de Exteriores del sábado en Teherán y las declaraciones del embajador iraní en Kabul del miércoles se refieren a la opinión regional opuesta al pacto de seguridad entre EE.UU. y Afganistán. Aunque ninguna otra capital regional se ha pronunciado contra el pacto estadounidense-afgano en los últimos 10 días, la afirmación de Teherán sugiere que el silencio es solo táctico.

Es difícil refutar esta afirmación. La gran pregunta será la naturaleza del cambio de opinión entre los parlamentarios afganos. Teherán ha destacado que el pacto estadounidense-afgano es controvertido entre los vecinos de Afganistán. Irán tiene influencia sobre ciertos sectores dentro de Afganistán que van más allá de las divisiones regionales, sectarias y religiosas. (Teherán tiene mucha influencia en el líder del insurgente Hezb-i-Islami, Gulbuddin Hekmatyar, quien vivió durante casi cinco años en el exilio en Irán a fines de los años noventa hasta su retorno a Afganistán en 2002.)

Es prácticamente impensable lo que pasaría con la imagen política de Obama si el parlamento afgano no ratificara el pacto de seguridad. Los políticos pueden cometer errores fatales de juicio. Obama se las jugó cuando viajó a Kabul para firmar el pacto justo antes del comienzo formal de su reelección.

Probablemente lo venció la tentación de derivar ventajas políticas. La vida política de Obama testifica que usualmente ha ganado sus apuestas. Pero los parlamentarios afganos podrían hacerle perder su buena estrella.

El embajador M. K. Bhadrakumar fue diplomático de carrera del Servicio Exterior de la India. Ejerció sus funciones en la extinta Unión Soviética, Corea del Sur, Sri Lanka, Alemania, Afganistán, Pakistán, Uzbekistán, Kuwait y Turquía.

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Fuente: http://www.atimes.com/atimes/South_Asia/NE11Df01.html
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens