8/5/12

Occidente no quiere una Siria independiente

Apesadumbrados por el hecho de que la guerra civil esté menguando, intentan institucionalizarla. Si el cambio violento de régimen está empezando a parecer algo poco probable, la esperanza se deposita ahora en conseguir que el país se debilite debido a una guerra civil prolongada hasta caer de rodillas. 



La estrategia era sencilla, clara y probada. Se había empleado con éxito no solo contra Libia, sino también en Kosovo (en 1999) y se puso en marcha rápidamente en Siria. Consistía en lo siguiente: entrenar a los peones para que lancen provocaciones armadas; calificar la respuesta del estado a estas provocaciones como genocidio; intimidar al Consejo de Seguridad de la ONU para que acepte ‘hacer algo’; machacar al ejército y a cualquier resistencia con bombas de fragmentación y misiles Hellfire y, finalmente, instalar un gobierno dócil que firme nuevos contratos y alianzas preparados en Londres, París y Washington, mientras el país queda destrozado.

Resultado: el ‘eje de la resistencia’ formado por Irán, Siria y Hezbolá queda prácticamente destruido, con Irán aislada y Occidente con las manos libres para atacar a Irán sin temor a repercusiones regionales.

Este era el destino de Siria, planeado desde hace años en comités de alto nivel de los ministerios de Defensa y los servicios de inteligencia de EEUU, Gran Bretaña y Francia. Pero esta vez, a diferencia del caso de Libia, las cosas no han salido según el plan.

En primer lugar, Rusia y China han vetado las resoluciones sobre ‘cambio de régimen’ en el Consejo de Seguridad de la ONU en octubre de 2011 y en febrero de este año. Esto significa que cualquier ataque de la OTAN contra Siria carecería del sello de aprobación de la ONU y sería visto, por el contrario, como un acto unilateral de agresión no solo contra Siria, sino potencialmente también contra Rusia y China.

Por muy temerarios y malvados que sean, Cameron, Sarkozy y Obama tal vez no tengan el estómago para este tipo de lucha. Esto ha dejado la tarea de destruir el estado sirio a los peones de la OTAN en el terreno, el ‘Ejército Libre Sirio’ (ELS), una colección de milicias sirias y —cada vez más— extranjeras, en su mayoría extremistas salafistas, junto a un puñado de desertores y fuerzas especiales occidentales.

Pero este ejército no se creó para derrotar al estado sirio, lo que siempre se supuso que sería el trabajo de la OTAN. Como en Libia, el papel de las milicias era simplemente provocar represalias del estado con el fin de justificar la intervención de la OTAN. Librados a su suerte, no tienen ninguna oportunidad de conquistar el poder militarmente, como muchos miembros de la oposición saben.

No creemos que el Ejército Libre Sirio sea un proyecto que pueda ayudar a la revolución siria, dijo el líder del movimiento de resistencia en el interior Haitham Al Manna. No existe ningún caso en el que una lucha armada contra un régimen dictatorial haya vencido. Ya, podría citarse a Cuba, Vietnam del Sur y muchos otros, pero la lucha armada interna por si sola nunca ha triunfado cuando el gobierno es la única parte en la lucha que tiene un importante apoyo de masas, como es el caso de Siria.

Esta realidad emergió brutalmente a comienzos de marzo, en la decisiva batalla de Baba Amro, en Homs. Este era, supuestamente, el baluarte del Ejército Libre Sirio, a pesar de lo cual fue derrotado sin paliativos, enfrentando la perspectiva de derrotas similares en los últimos territorios en donde sobrevive. Los grupos de la oposición son cada vez más conscientes de que la mejor oportunidad para un cambio importante no vendrá por medio de la lucha militar, que prácticamente han perdido, y que les causará muchas bajas, además de arriesgarse a perder apoyo y credibilidad, sino a través de las negociaciones y de la participación en el proceso de reforma y de diálogo que ha ofrecido el gobierno.

Esta perspectiva —de poner fin a la guerra civil y una paz negociada que inicia un proceso de reforma sin desestabilizar el país— ha sembrado la desesperación entre las potencias imperialistas. A pesar de sus declaraciones en sentido contrario, un proceso estable conducido por los propios sirios es lo último que quieren, pues deja abierta la posibilidad de que Siria siga siendo un estado fuerte, independiente y antiimperialista, que es, precisamente, lo que quieren eliminar.

Por lo tanto, a los pocos días de que el plan de paz de Kofi Annan obtuviera una respuesta positiva de ambos lados a finales de marzo, las potencias imperialistas prometieron, por primera vez, millones de dólares para el Ejército Libre Sirio: equipos militares, salarios para los milicianos y sobornos para los desertores. En otras palabras, apesadumbrados por el hecho de que la guerra civil esté menguando, intentan institucionalizarla. Si el cambio violento de régimen está empezando a parecer algo poco probable, la esperanza se deposita ahora en conseguir que el país se debilite debido a una guerra civil prolongada hasta caer de rodillas.

A riesgo de que el opositor Consejo Nacional Sirio (CNS) aparezca aún más desconectado de los sirios comunes de lo que ya está, sus apoyos occidentales han incrementado su presión para que se adapte a esta nueva estrategia. Así, los líderes del CNS han llamado abiertamente a la rebelión a gran escala y a la intervención aérea de Occidente.

Esto ha causado grandes grietas en la organización y tres de sus miembros dimitieron el mes pasado, ya que no quieren ser cómplices de la masacre del pueblo sirio mediante dilaciones, engaños, mentiras, rivalidades y la monopolización de la toma de decisiones. Según uno de estos tres dimisionarios, Kamal Al Labuani, el CNS está atado a planes extranjeros que persiguen prolongar la batalla a la espera de que el país se vea arrastrado a una guerra civil.

Este mes, uno de los pocos líderes del CNS que se encuentra en el interior de Siria, Riad Turk, hizo un llamamiento para que la oposición aceptara el plan de paz de Annan,detener el derramamiento de sangre y dialogar con el gobierno, una propuesta de la que no se hicieron eco sus compañeros del CNS en el extranjero. Asimismo, el principal grupo de la oposición dentro de Siria que lleva a cabo una resistencia pacífica, el Comité Coordinador Nacional (CCN), se ha enfrentado al CNS debido a la postura cada vez más beligerante de este último como portavoz de las potencias extranjeras.

El líder del CCN Al Manna ha criticado recientemente al ELS, diciendo que la militarización de la revolución siria significa la muerte de la revolución interna [...] Sabemos que el gobierno turco está jugando un importante papel en las decisiones políticas del Ejército Libre Sirio. No creemos que un grupo armado pueda estar en territorio turco y ser independiente de las decisiones turcas.

Así, pues, existe una creciente percepción, incluso en las filas del mismo movimiento de oposición sirio, de que el ELS y el CNS están trabajando en interés de las potencias extranjeras, prolongando indefinidamente la guerra civil.

Los políticos occidentales están jugando a un juego peligroso. A falta de un ataque de la OTAN, su mejor opción para desestabilizar Siria es conseguir que el alto el fuego fracase y los combates continúen. Para ello, están alentando a sus peones para que intensifiquen sus provocaciones. Las declaraciones de la secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton y del ministro francés de Asuntos Exteriores Alain Juppé, afirmando que no descartan otras medidas, no persiguen otra cosa que mantener viva la idea de intervención de la OTAN en las mentes de los rebeldes para que sigan combatiendo.

Se han enviado a Siria muchos más combatientes extranjeros en las últimas semanas, según ha informado The Washington Post, que han organizado los atentados terroristas de Damasco y Alepo. El embajador de EEUU en Siria, Robert Ford, es un protegido de John Negroponte, quien organizó los escuadrones de la muerte de la ‘contra’ nicaragüense en los años 80 para desestabilizar el país. Casi con toda seguridad, Ford ha estado organizando grupos similares en Siria durante su estancia allí el año pasado y con fines igualmente parecidos.

Sin embargo, los intentos desestabilizadores no se están desarrollando según el plan. La oposición interna está cada vez más frustrada con la forma en que está evolucionando la situación y se está produciendo una clara división entre aquellos que están fuera del país, que desean ver cómo Siria se hunde en el caos con el fin de satisfacer a sus amos y promover sus carreras, y aquellos que tienen que vivir con las consecuencias.

Los ataques irresponsables llevados a cabo por las milicias armadas les están alienando de aquellos que una vez les vieron con simpatía, sobre todo a medida que la participación extranjera y los intereses extranjeros van apareciendo con más claridad. Después de haber sido incapaces de ganar y conservar áreas liberadas, estas milicias están empezando a adoptar una táctica guerrillera. Pero la guerrilla, como dijo Mao, es como un pez que solo puede sobrevivir en un mar de apoyo popular. Y ese mar se está secando rápidamente.




Por Dan Glazebrook

Publicado originalmente en: The West’s greatest fear, Al-Ahram, 3-9/05/2012
Dan Glazebrook es analista político.

Traducción: Javier Villate-Disenso