19/5/12

¿Hacia dónde van Merkollande?

Lo más importante es que por bueno que el “milagro alemán” sea para el robusto sistema bancario y financiero de Alemania, no es bueno para la vasta mayoría de sus trabajadores.
 

La historia registrará su avión alcanzado por un rayo en camino al encuentro en Berlín, sin besos en la mejilla, y con espárragos con escalope de ternera en el menú. Así termina (o vuelve a comenzar) la Eurozona; no con toda la fuerza del caso, sino con un rayo. Merkollande, el nuevo drama de la pareja del poder europeo interpretado por el presidente socialista francés François Hollande y la canciller demócrata cristiana alemana Angela Merkel ha comenzado.

Billones de bytes especulan ya si el ex presidente Nicolas Sarkozy se fue de la lengua hablando de “Onshela” con Hollande – aparte de que ella aprecia su vaso de Bordeaux. El rey Sarko también se daba el gusto de hacer reír a la tiesa “Onshela”. Puede que sea algo difícil, por lo menos por ahora, para el sobrio y pragmático Hollande.

El buen presagio puede ser que ambos no evitan la ironía. En medio de semejante tormenta en la Eurozona, es una cualidad bastante útil. Y además tenemos ese golpe de rayo camino a Berlín. ¿Fue Zeus enviando un mensaje de que hay que proteger a sus griegos – ¿o si no fuera así? Y no hablemos de que Europa es un mito griego (Zeus convirtió a Europa, la bella hija de un rey fenicio, en su amante…)

Sobre ese milagro alemán

Por lo tanto ahora Merkollande tienen que producir resultados. No podrán ponerse de acuerdo en gran cosa – aparte de la posibilidad de un impuesto a las transacciones financieras (FTT) que produciría hasta 57.000 millones de euros al año para las maltratadas economías trans-europeas, según la Comisión Europea (CE).

Berlín no está exactamente en contra. Pero Gran Bretaña, por motivos evidentes, lo ve como un freno para la City de Londres. La CE, aplicando algunos elegantes modelos, ya ha concluido que un FTT no sería una carga para el crecimiento económico; que representaría solo un 0,2% en total en el año 2050.

Dos miembros de la troika –la CE y el Fondo Monetario Internacional (pero todavía no el Banco Central Europeo)– junto con la mayoría de los gobiernos en la UE, por lo menos admiten ahora que algunos países, como España, necesitarán más tiempo para reducir sus déficit. Un FTT sería útil en este caso.

En casa, “Onshela” está segura de que su mantra de la austeridad es popular (un 61% según los últimos sondeos). No obstante, perdió otra elección regional el fin de semana pasado, en la fuertemente urbanizada Renania del Norte-Westfalia, –la cuarta concentración urbana de Europa, después de Londres, París y Moscú– que ahora sufre desindustrialización y alto desempleo. Y esto después de perder en la rural Schleswig-Holstein, cerca de la frontera danesa.

Lo fascinante es que todo esto no tuvo nada que ver con Europa y la suerte complicada de la Eurozona con la fuerte posibilidad de que Grecia abandone el euro. A los votantes alemanes no les importaría. Están preocupados sobre todo por la erosión de su propio poder adquisitivo.

Por lo tanto, por primera vez, el supremo talibán de la austeridad, el ministro de Finanzas alemán Wolfgang Schäuble, ha admitido en público que habría que volver a examinar una congelación general de los salarios, uno de los pilares del nuevo “milagro alemán” neoliberal. Incluso el Financial Times admitió que el consumo en Alemania es “anémico”. Schäuble dice ahora que los aumentos de salario podrían ayudar.

Lo más importante es que por bueno que el “milagro alemán” sea para el robusto sistema bancario y financiero de Alemania, no es bueno para la vasta mayoría de sus trabajadores. Además ese milagro neoliberal simplemente no puede ser promovido en algún otro sitio del mundo.

El semanario alemán Der Spiegel hizo lo posible por mostrar por qué [1].

El corazón del “milagro” es –predeciblemente– la desregulación del mercado del empleo, siempre contra los intereses de los trabajadores. Eso implica un tsunami de empleos a tiempo parcial, “contratos no tradicionales” y subcontratación. Eso significa masas de trabajadores no elegibles para bonificaciones o para la participación en los beneficios, en combinación con una reducción de los pagos por jubilación y pensiones. La consecuencia gráfica ha sido que Alemania sea el actual campeón europeo de la creciente desigualdad.

¿Quién está a cargo?

Es vana ilusión imaginar que haya algún político alemán que vea la luz, al estilo de los Blues Brothers, y que repentinamente predique una verdadera integración política europea. La política regional alemana está directamente vinculada a la industria bancaria, los mismos bancos que disfrutaron alegremente especulando con valores en toda Europa, especialmente en los países del Club Mediterráneo.

Es perverso culpar del abismo de la Eurozona a los actos irresponsables de naciones europeas escogidas, por su creciente deuda pública, e incluso a sus jubilados. La verdadera causa es la feroz desregulación del sistema financiero y la adoración del Dios del monetarismo. La mayoría absoluta de los dirigentes políticos europeos no tienen ni la menor idea sobre la economía básica. Han estado a la merced de tecnócratas a los cuales no les interesan en lo más mínimo las consecuencias sociales y políticas de sus actos.

Pero ahora los tecnócratas están finalmente enloqueciendo porque si Grecia, por ejemplo, nacionaliza sus bancos, los sistemas financieros español y francés irán a la bancarrota, y Alemania estará en una situación muy problemática. Una vez más, es una ilustración gráfica de cómo países en toda Europa -en el sector público así como en el privado– dependen totalmente de los sistemas financieros de otros países.

Los Amos del Universo en Europa son en realidad el Instituto Internacional de Finanzas (IIF) [2] un lobby que representa a 450 de los mayores bancos del mundo. Obtiene un asiento privilegiado en cada cumbre europea significativa. Los proverbiales “funcionarios” de la UE y del FMI consultan realmente a los Amos sobre cuánto debería pagar un país –como Grecia– para terminar con sus problemas. El comisionado de Europa para asuntos económicos, Olli Rehn, es un sirviente certificado de los Amos. Obviamente los dirigentes de la UE no admitirán jamás que en realidad está controlada por un cártel de banqueros.

Una moneda, 17 deudas

Cuesta creer que Merkollande pueda encontrar una salida de este laberinto financiero. Enfrentamos la situación súper-surrealista de una sola moneda con 17 deudas públicas diferentes con las cuales los frenéticos “mercados” pueden especular alegremente mientras los Estados individuales no se pueden defender, por ejemplo devaluando su moneda. Esta situación es la que ha lanzado al abismo a Grecia y puede hacer lo mismo con el euro.

Thomas Piketty, profesor de la Escuela de Economía de París, sueña con que Hollande se pueda convertir en el Roosevelt europeo. Puede ser tan improbable como que Prometeo se libere de su carga. Pero Piketty por lo menos identifica: imaginad si la Reserva Federal de EE.UU. tuviera que elegir cada día entre la deuda de Texas o la deuda de Wyoming, nunca sería capaz de conducir una política monetaria sana (lo que no quiere decir que lo haga en realidad…)

Eso explica por qué no es posible que el Banco Central Europeo sea un factor de estabilidad financiera. Mientras tanto Europa se queda revolcándose en un cenagal de préstamos de cubos de euros a los bancos, a la espera de que vuelvan a prestarlos a los Estados individuales; o prestarán el dinero al FMI, a la espera de que haga lo mismo.

A este cenagal llega Hollande con un misil Hellfire económico; dice que en lugar de prestar a 1% para que los bancos hagan su agosto prestando a Estados individuales a una tasa mucho más elevada, el BCE debería tratar directamente con las naciones europeas. Quiere el FTT ahora mismo. Y quiere que el Banco Europeo de Inversiones otorgue créditos a las compañías. Y quiere euro-bonificaciones para financiar trabajos de infraestructura.

De seguro “Onshela” le responderá con un firme “nein” a todo esto, con la posible excepción del FTT. Porque todo esto implica que esas deudas forman parte de una deuda común europea. Esa sería, según la visión de Hollande, una concepción de Europa fiel a su construcción, menos tecnocrática, menos secuestrada por el Dios del mercado, menos limitada por los dogmas del sistema financiero. ¿Lo lograrán Merkollande? Preguntad a “Onshela”.

Por Pepe Escobar-Asia Times Online
 Rebelión por Germán Leyens


Nota:

1. Vea The High Cost of Germany's Economic Success , Der Spiegel , 4 de mayo de 2012.

2. Vea aquí

Pepe Escobar es autor de Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War (Nimble Books, 2007) y de Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge . Su libro más reciente es Obama does Globalistan (Nimble Books, 2009). Contacto: pepeasia@yahoo.com



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