3/5/12

Comando Sur en el Chaco: la Triple Frontera. Y también en Chile

Tener una base militar en El Chaco le brinda al Comando Sur una perfecta oportunidad para monitorear el área de la Triple Frontera, para evaluar las perspectivas de explotación de las ricas reservas de agua dulce del Sistema de Acuíferos del Guaraní y para reclutar personal militar y policial chaqueño.
El despliegue del Comando Sur
Por: Walter Goobar (Tiempo Argentino)



A la reciente instalación en la provincia del Chaco de una base militar del Comando Sur, le siguió la inauguración en Chile de una base estadounidense en Fuerte Aguayo, ubicada a unos 20 km al norte de Valparaíso que, según la versión oficial, “se especializará en el entrenamiento de soldados para las Fuerzas de Paz de Naciones Unidas”. Aunque el despliegue continental forma parte de la militarización de la política exterior de los Estados Unidos a escala global, se pretende disfrazar la base del Chaco como “Centro de respuesta a emergencias”, según declaraciones del consejero de la Embajada de EE UU en la Argentina, Jefferson Brown, mientras que la base chilena fue presentada como apoyo a “…la capacitación de personal encargado de ejecutar operaciones de mantenimiento de la paz o de estabilidad civil”, como anuncia el sitio web del consulado estadounidense en Chile. Si se tratara de una ayuda para catástrofes humanitarias o sanitarias, el brazo armado del Pentágono en el subcontinente no es la entidad adecuada para prestar socorro. Todo lo contrario: no es un secreto para nadie que una de las mayores amenazas para la paz a nivel regional es, precisamente, el despliegue de tropas del Comando Sur. En junio de 2009, desde la base de Palmerola, en Honduras, el Comando Sur y el Pentágono fogonearon el golpe de Estado contra el presidente constitucional Manuel Zelaya. Los golpistas hondureños encabezados por el general Romeo Vázquez eran todos ex alumnos del Comando Sur, que se habían especializado en contrainsurgencia y golpes de Estado.

No es extraño que el gobernador chaqueño, Jorge Capitanich –en sintonía con la Embajada de EE UU– desmienta que la instalación del Chaco sea una “base” porque el personal militar estadounidense emplea el término “base” cada vez con menor frecuencia cuando se reúne con sus asociados extranjeros. El personal tiene instrucciones de no hacerlo. Hoy en día se emplea otra terminología, la cual está de acuerdo con la línea estratégica de la “potencia indulgente” y no se asocia con “confrontación”.
Emplazamiento Cooperativo de Seguridad, CSL (según sus iniciales en inglés) o Emplazamiento Adelantado Operativo, FOL (según sus iniciales en inglés), son los eufemismos utilizados para camuflar estos destacamentos que forman parte del dispositivo bélico estadounidense al sur del Río Grande.
Estados Unidos tiene bases militares activas en Colombia, El Salvador, Honduras, Guatemala, Costa Rica, Panamá, Perú y Paraguay. El Comando Sur cuenta con estaciones navales en Curazao y Aruba en el Mar Caribe. Y actualmente Estados Unidos construye aceleradamente un CSL en la República Dominicana. Con toda certeza, esta base se convertirá en parte integrante del sistema que facilita el monitoreo de las aguas territoriales de Venezuela y su flota.
Al ser entrevistado por medios de comunicación estadounidenses, el gobernador Capitanich hizo varias declaraciones que contradicen la política exterior articulada por Néstor y Cristina Kirchner. El gobernador chaqueño planteó una nueva asociación estratégica con Estados Unidos. Esas declaraciones que contienen las promesas que los diplomáticos y funcionarios de inteligencia querían escuchar, seguramente fueron el resultado del entusiasmo que le generaron al gobierno chaqueño las inversiones “garantizadas” por valor de 100 millones de dólares y la perspectiva de otros proyectos con participación norteamericana.
Tener una base militar en El Chaco le brinda al Comando Sur una perfecta oportunidad para monitorear el área de la Triple Frontera, para evaluar las perspectivas de explotación de las ricas reservas de agua dulce del Sistema de Acuíferos del Guaraní y para reclutar personal militar y policial chaqueño.
El gobernador Capitanich apeló a bromas e ironías para negar las características militares del emplazamiento estadounidense. No es necesario un desembarco de marines para que las instalaciones chaqueñas tengan un uso militar. Capitanich parece ignorar que los pilotos que operan los 7500 aviones robot –drones–, que son las principales armas de la guerra en Irak, Afganistán, Pakistán y otros países en los que Estados Unidos libra guerras de baja intensidad, operan con un joystick y 14 pantallas desde la base Creech, cerca de Las Vegas, la capital del juego. Con un aeropuerto como el de Resistencia y una conexión de Internet, la base del Chaco podría servir para espiar y lanzar operaciones especiales contra los estados vecinos de Bolivia, Paraguay y Brasil.
El comandante Edwin Passmore, que en noviembre de 2011 participó en el episodio del avión del Comando Sur detenido en Ezeiza por intentar ingresar material no declarado, fue el artífice del proyecto en el Chaco. Su currículum habla por sí solo del proyecto chaqueño: funcionario profesional de inteligencia, sirvió en Afganistán, fue asesor de inteligencia en el Ministerio deDefensa en Kuwait. Entre 2005 y 2008, Passmore operó en Venezuela. La contrainteligencia de ese país detectó sus reuniones con conspiradores del ámbito militar y fue expulsado bajo cargos de espionaje. Su último nombramiento fue en la Argentina.
A través de Passmore y Capitanich, el Comando Sur ha conseguido “un punto de apoyo” en la Argentina y ahora es tiempo de aprovechar el éxito. Sus colegas en Brasil no han tenido la misma suerte para la implementación de un proyecto de altísima prioridad para el brazo regional del Pentágono: Brasil hasta ahora se ha negado a compartir su base espacial de Alcántara con Estados Unidos. Las razones son claras, esta base espacial en el Atlántico es parte del desarrollo científico y tecnológico de Brasil. Incluso científicos y militares culparon a agentes de la CIA y a la inteligencia estadounidense por los fracasos en algunos lanzamientos anteriores. Si los estadounidenses logran instalarse en Alcántara sobre bases legales, Brasil bien podría despedirse de su programa espacial.
El actual jefe del Comando Sur, el teniente general Douglas Fraser, está a punto de concluir su misión en el continente y pronto será remplazado por su colega John Kelly, un veterano que combatió en Irak y en otros conflictos. La misión de Fraser fue actualizar toda la infraestructura del Comando Sur en América Latina: puertos, aeropuertos, centros de comunicación y complejos residenciales en los cuales contingentes militares adicionales podrían ser alojados. El nuevo centro de comando, que asegura el control sobre las bases militares regionales, fue construido en la ciudad de Doral en Miami, Florida. El edificio de acero y hormigón, capaz de resistir un ataque con misiles, indica que el Pentágono se está preparando para un drástico empeoramiento de la situación en el Hemisferio Occidental, si EEUU e Israel recurren a la fuerza para atacar a Irán.
En el mes de marzo, durante una presentación ante el congreso estadounidenses, el general Fraser dejó en claro que el Pentágono espera una crisis en los países del ALBA.
El Comando Sur vigila los procesos en la región y está listo para actuar según las circunstancias, dijo. También mencionó el creciente nivel de violencia en los países del Alba, la inestabilidad económica y los desastres geopolíticos.
“El factor iraní” fue mencionado en varias oportunidades por Fraser para subrayar las relaciones internacionales de los países que están en la mira del Pentágono. Fraser remarcó que Estados Unidos declaró que los lazos estrechos con Teherán son inadmisibles, refiriéndose primero que nada a Venezuela, Ecuador y Nicaragua.





Comando Sur de EEUU avanza también en Chile


Jefe del Pentágono en Chile y el Comando Sur de Estados Unidos





Nueva Agenda, Santiago de Chile.- La visita de dos días a Chile del secretario de Defensa de Estados Unidos, Leon Panetta, no pasó inadvertida para sectores sociales, a pesar de su discreto tratamiento en la prensa local.

“Chile es un socio estupendo”, escribió Panetta en su cuenta en Twiteer antes de aterrizar en el austral país, donde fue recibido por el presidente Sebastián Piñera en el Palacio de La Moneda.
“Felicito al pueblo de Chile y su gobierno, ya que son una inspiración para Estados Unidos y el mundo”, diría luego tras reunirse con su homólogo chileno, Andrés Allamand, quien realzó por su parte la “muy profunda, antigua y fructífiera relación bilateral”.

“No sólo compartimos valores muy importantes, como son el respeto a la democracia, a la justicia social y a los derechos de las personas, también tenemos una visión común sobre la necesidad de avanzar hacia un mundo en paz, con buena gobernabilidad y con economías abiertas y competitivas”, afirmó Allamand.
Aunque el gobierno de la derecha en Chile es uno de los más fuertes aliados de Washington en una región cada vez más indócil a sus intereses de dominación, generó recelo adicional en el ámbito doméstico la coincidencia de la visita con la recién instalada base militar en el Fuerte Aguayo, de la Armada.
El recinto, financiado por el Comando Sur de Estados Unidos, fue inaugurado el 5 de abril en la comuna de Concón, región de Valparaíso, unos 120 kilómetros al noroeste de esta capital.
Sin poder descartar el tema, Allamand y Panetta negaron que sea una base estadounidense. Recalcaron que se trata de “un campo de entrenamiento operado total y absolutamente por Chile” para preparar a militares en “operaciones de paz”.
El exdirector de la Agencia Central de Inteligencia afirmó que el propósito de su visita iba dirigido a fortalecer la cooperación con otros países para enfrentar el narcotráfico, el crimen organizado y el terrorismo.
En relación con la base militar reconoció que Washington “está brindando apoyo a esto, pero es absolutamente un esfuerzo realizado por Chile”, aseveró.
Allamand en tanto señaló que el aporte financiero estadounidense ha estado dirigido únicamente a mejorar las instalaciones de entrenamiento.
La presentación de la base de Concón como un centro únicamente de entrenamientos de los “cascos azules” de la ONU sigue siendo vista con ojeriza por grupos defensores de los derechos humanos.
Bien sabemos que el que paga, manda, apuntó el reconocido jurista Eduardo Contreras, para quien el enclave militar forma parte de la política intervencionista de Estados Unidos en la región.
Vistas las construcciones en Concón, el tipo de cuerpos represivos nacionales a los que adiestran y las simulaciones que practican, no hay lugar a dudas. Es la preparación de la guerra contra el pueblo en que el enemigo es todo ciudadano que reclame sus derechos, advirtió.
Lo que se pretende es trasladar al sur del continente una reedición de la Escuela de las Américas de la ex Zona del Canal de Panamá, opinó.
Representantes de organizaciones defensoras de los derechos humanos calificaron de intromisión estadounidense la instalación de una base militar financiada por el Comando Sur.
“No permitiremos que este fuerte se convierta en el primer intento de Estados Unidos de instalar bases militares en nuestro país, como lo ha hecho en Honduras, Colombia y otros países, aunque vengan con la fachada de Naciones Unidas”, agregó la presidenta de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos, Alicia Lira.
Una declaración de grupos defensores de los derechos humanos que se manifestaron la víspera frente al Fuerte Aguayo anotó al respecto que Estados Unidos no tiene calidad moral para enseñar “operaciones de paz” cuando ha promovido golpes de Estado, financiado operaciones de desestabilización a países hermanos, y promovido la guerra en el mundo.
No olvidamos ni perdonamos, apuntó el comunicado, a los que financiaron, armaron, prepararon, a los asesinos de nuestro pueblo.
Diarios del sur del hemisferio llamaron asimismo la atención sobre otro hecho muy poco publicitado, pero también coincidente con la presencia de Panetta en Chile: la realización en Santiago, desde hoy y hasta el 11 de mayo, de la tercera fase del ejercicio PKO-A 2012 (Peacekeeping Operations-Americas) coordinado por el Comando del Sur del Ejército norteamericano.