14/5/12

Bahréin: La postura del CCG

Por Borja Aranda-Aish
La postura del CCG o la victoria de la geopolítica sobre la ciudadanía 
El régimen de Bahréin ha dado una nueva vuelta de tuerca a la represión contra los opositores y a su política de acotar la libertad de prensa con la detención del presidente del Centro para los Derechos Humanos de Bahréin (BCHR), Nabil Rajab, el 5 de mayo cuando regresaba al país tras conceder una entrevista al fundador de Wikileaks, Julian Assange, para su nuevo programa ‘The World Tomorrow’, que emite la cadena Russia Today. El motivo de la detención: “insultar a un cuerpo consultivo a través de Twitter”. Para ser más exactos, al Ministerio de Interior por la represión en el país.

Asimismo, la hija del activista Abdulhadi al Khawaja -que lleva en huelga de hambre 92 días para protestar contra su detención y condena a cadena perpetua por un tribunal militar-, Zainab al Khawaja, fue detenida el 21 de abril por participar en una manifestación “ilegal” para solicitar la liberación de su padre.

Estas detenciones se produjeron en medio de la decisión del Tribunal de Casación de Bahréin, que aceptó las apelaciones presentadas por 21 activistas, entre ellos Abdulhadi al Khawaja, y ordenó que los juicios contra ellos sean celebrados ante un tribunal civil. Sin embargo, esta decisión no implicó que los activistas fueran liberados, ya que el fallo supone que el caso vuelva hasta el punto en el que fue presentado ante la fiscalía pública, momento en que ya se encontraban arrestados.

Por desgracia, estas decisiones no fueron las únicas que tomó el régimen para mantener su ataque a las libertades fundamentales en medio del silencio de la comunidad internacional, cómplice de estos actos. El 29 de abril, Ana Gomes, miembro del Parlamento Europeo, comprobó cómo las autoridades aeroportuarias le negaron el visado para entrar al país una vez que afirmó que el motivo de su viaje era visitar a Zainab al Khawaja y solicitar información sobre el estado de Abdulhadi al Khawaja.

“No rompí ninguna regla y no intenté violar ningún procedimiento legal. Las autoridades de Bahréin, tras siete horas de consideraciones, me negaron la entrada al país porque tienen mucho que ocultar sobre su tratamiento a los activistas pro Derechos Humanos”, dijo Ana Gomes, quien especificó que se identificó como miembro del Parlamento Europeo ante las autoridades antes de ser expulsada del país.

Una decisión similar se repitió el 30 de abril, cuando el régimen revocó el permiso de visita a una delegación afiliada a la organización Intercambio Internacional por la Libertad de Expresión (IFEX) y compuesta por miembros de Reporteros sin Fronteras (RSF), el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), Freedom House, el Centro del Golfo para los Derechos Humanos (GCHR), PEN Internacional y del Índice sobre la Censura. El argumento esgrimido fue que las leyes del país impiden la entrada al país de más de una ONG a la semana.

Las malas noticias respecto a la represión y al mal estado de las libertades fundamentales quedaron reflejadas en el informe de RSF sobre Libertad de Prensa en 2011, en el que Bahréin aparece en el puesto 173 de 179, únicamente por delante de China, Irán, Siria, Turkmenistán, Corea del Norte y Eritrea. Pese a ello, el monarca, Ahmad ibn Isa al Jalifa, mantuvo su distanciamiento habitual de la realidad de los hechos, y no tuvo reparos en emitir un comunicado alabando la libertad de prensa y el trabajo de los profesionales de la información con motivo del Día Internacional de la Libertad de Prensa.

Ante esta situación cabe preguntarse cuál está siendo la respuesta de la comunidad internacional, que ha mantenido una postura débil e interesada a lo largo de la llamada Primavera Árabe. En este punto, cabe recordar que, en un principio, la postura de Estados Unidos y la Unión Europea fue de apoyo a los cuestionados regímenes durante los levantamientos populares en Túnez, Egipto y Yemen, a cuyos mandatarios, Zine el Abidine ben Alí, Hosni Mubarak y Abdullah Saleh, respectivamente, respaldaron hasta prácticamente el día en que abandonaron el poder.

Posteriormente, las potencias occidentales y sus aliados en la región mostraron una postura radicalmente diferente en los casos de Libia y Siria, en los que han abogado abiertamente por un cambio de régimen -y, en el caso libio, se llegó a aprobar una resolución en el Consejo de Seguridad para establecer una zona de exclusión aérea para evitar bombardeos sobre civiles- y para respaldar a la oposición, pese a que, a diferencia de Túnez y Egipto, ha optado en algunas circunstancias por la vía armada.

Al margen de todo esto queda Bahréin, cuya población inició sus protestas en febrero de 2011 y que ha sido ignorada desde entonces. Desde el primer momento, el régimen de la familia Al Jalifa tildó a los manifestantes de sectarios, a pesar de que entre los mismos había miembros de la comunidad suní reclamando una apertura democrática en el país, y apuntó hacia Irán, que, según sus acusaciones, estaría apoyando a la comunidad chií en sus aspiraciones.

Las potencias occidentales y sus aliados regionales han guardado silencio, y sus medios de comunicación también, con contadas y reseñables excepciones. Especialmente relevantes son los casos de la cadena qatarí Al Jazeera, que ha relegado la información sobre los acontecimientos en Bahréin a su mínima expresión, y del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), cuyos países miembro se han mostrado muy activos en su apoyo a la oposición en Libia y Siria, pero que se han posicionado del lado gubernamental en el caso de Bahréin.

Precisamente, este hecho lo denunció el propio Nabil Rajab en la entrevista que concedió a Julian Assange: “Esto es algo de lo que todo el mundo tiene que hablar y condenar, pero Arabia Saudí invadió mi país bajo silencio absoluto. Estos mismos gobiernos que enviaron sus tropas a Libia para luchar contra el régimen de allí y ahora están en contra de la Siria de Bashar al Assad. Pero cuando se trata de Bahréin se mantiene un silencio total”, dijo.

Y es que, como casi siempre, las relaciones geoestratégicas han tenido más peso que las sociedades civiles. Mientras que en el caso libio el peso del control de los hidrocarburos parece uno de los elementos clave, en el sirio parece que la motivación por romper el eje Irán-Siria-Hezbolá y cortar el apoyo de Damasco a determinadas facciones palestinas está jugando un importante papel.

En todos los casos se trata de regímenes profundamente represivos, característicos y casi sintomáticos de la región -en la que además existen los ejemplos de Marruecos, Argelia, Arabia Saudí, Qatar, Emiratos Árabes Unidos (EAU)- pero en todos los casos la respuesta y el apoyo a las poblaciones han sido diferentes.

De hecho, en el caso de Bahréin, Arabia Saudí está encabezando una iniciativa para convertir el CCG en una Unión del Golfo, con políticas conjuntas en los campos de Exteriores y Defensa, ante la “amenaza iraní”. “La cooperación y la coordinación entre los países del CCG podría no ser suficiente en su formato actual para confrontar los desafíos actuales y venideros, que requieren que la acción de la organización sea de tipo federal”, apuntó el ministro de Exteriores saudí, el príncipe Saud.

Por supuesto, en esta operación participaría Bahréin, cuyas violaciones constantes de los Derechos Humanos -similares en todos los países del CCG- parecen no ser una barrera, a diferencia de las violaciones cometidas en otros países. La represión de las manifestaciones ha provocado ya alrededor de 80 fallecidos y centenares de heridos, todos ellos civiles, mientras que los actos de violencia por parte de la oposición se han centrado en el lanzamiento de piedras, botellas y cócteles molotov, así como la detonación de dos artefactos explosivos caseros en los últimos días.

La sociedad de Bahréin, al igual que la del resto de países de la región y del mundo, está sometida a los designios de la gran política, de la geoestrategia y de los intereses internacionales. Y éstos ya han respondido a sus peticiones de auxilio: no les compensa un cambio de régimen en el país. La apertura democrática, en este caso, no procede.


Fuente original: http://www.aish.es/index.php/component/content/article/194-clavesbarehin/2951--bahrein-12052012-la-postura-del-ccg-o-la-victoria-de-la-geopolitica-sobre-la-ciudadania