21/5/12

Aportes críticos a la difusión del Islam en la Argentina

En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso 
 “Di: ¡Oh pueblo mío! Obrad conforme a vuestra capacidad que yo también actuaré y pronto sabreis quien tendrá un buen final. En verdad, los opresores no triunfarán.” Sagrado Corán, 6:135.

Por I'mad Husein


Aclaraciones preliminares

El presente artículo no es una elaboración colectiva. Si en el estilo narrativo predomina el “nosotros” es porque creemos que hay una serie de ideas que encontrarán eco en algunos corazones, y no porque expresemos la opinión de un colectivo ni mucho menos, lo cual hubiera sido hermoso y de lo cual seguramente hubiera surgido un material mucho más rico y elaborado en todos los sentidos.

Conocemos de primera mano la susceptibilidad y la tendencia a la especulación de algunos de nuestros interlocutores, por lo que hacemos explícito que lo que aquí exponemos es una opinión particular y completamente independiente de aquellos que nos ayudaron a dar los primeros pasos en el camino del Islam. Diversas circunstancias de la vida y ciertas divergencias respecto a la actitud a tomar frente a los problemas que atraviesa nuestra comunidad, nos han alejado relativamente en esta tarea, pero no por eso se oscurece el cariño y el respeto que profesamos por sus intenciones, capacidades, fidelidad y abnegación comprobadas.

Por nuestra parte, creemos que algunos años en los que hemos sido humildes, respetuosos y hasta tímidos en nuestras críticas ante los hermanos que cumplen responsabilidades al frente de la comunidad islámica en la Argentina, sin haber visto la más mínima señal de rectificación en ninguno de los aspectos planteados, hace necesario que abandonemos el camino trillado del planteamiento entre cuatro paredes para dar paso a la discusión abierta.

Es increíble pero cierto: los referentes de la pequeña comunidad islámica argentina, han demostrado en estos años una desidia y soberbia incomprensibles. Existiendo hermanos predispuestos a realizar todos los esfuerzos necesarios por la difusión y el progreso del Islam en el país, algunos con más capacidades que otros, pero con idéntica voluntad, no se los atiende o se los atiende de mala gana, se los relega en el tratamiento y se rechazan todas las iniciativas presentadas con las más inverosímiles excusas. Podemos contar con los dedos de la mano los miembros activos de la comunidad islámica en la Argentina y sin embargo, un número igual o superior se halla excluido o mejor dicho, “no integrado”, a pesar de ofrecer sus servicios insistentemente por la causa del Islam.

Ciertamente no es obligación de nadie incorporar a su organización y equipos de trabajo a elementos indeseables, viciados, gravemente “desviados” o inestables, es más, creemos que en estos casos lo mejor es rechazarlos. Pero como veremos a lo largo de nuestro artículo, creemos asirnos firmemente aunque en la medida de nuestras posibilidades al cordel de Ahlul Bait (a.s.), siendo nuestras inquietudes por demás racionales cuya negación carece de toda lógica.

Por ultimo hacemos votos por la apertura franca de un debate impostergable. Que el tono necesariamente polémico no nos haga perder de vista nuestras responsabilidades religiosas, morales y comunitarias. Por la fidelidad y sinceridad de las exposiciones, evitando ver más allá de lo que realmente se plantea y por supuesto evitar construir conflictos o supuestas intencionalidades inexistentes. Por nuestra parte, jamás aspiramos al protagonismo ni al beneficio personal de ninguna índole. Nunca trabajamos por el Islam ni por los oprimidos con espíritu de mercaderes ni con devaneos personalistas. Tampoco hemos pedido permiso para hacerlo y estamos orgullosos de los esfuerzos realizados en soledad, sin apoyo moral ni material alguno. Dios es plenamente testigo de ello. Como dice el hermoso verso, “la luz que más alumbra desde la sombra ilumina”.



1- Los prejuicios reaccionarios y extrañamiento



La composición mayoritariamente árabe-descendiente de la comunidad en la Argentina supuso una “arabización” excesiva y muy nociva de los usos y costumbres de los musulmanes en el país, al punto de ser perfectamente asimilables arabización e islamización como una misma cosa[1]. Si el problema fuera tan solo este, sería relativamente sencillo corregirlo, pero este déficit –pues lo consideramos un déficit y no una mera característica- va más allá pues se extiende a una arabización mental: se piensa en árabe y se vive en árabe, en una especie de nostalgia “nacional-cultural” y sentimiento de extranjería permanentes en la propia tierra donde se ha nacido y crecido.

Esta sensación de extranjería se potencia a la hora de la difusión e interacción sectorial desde la identidad islámica, afianzando de esta manera el argumento colonial eurocéntrico de las élites occidentalizadas y sus usinas ideológicas, de que el Islam es el fundamento de una cultura nacional foránea y no un mensaje divino universal[2].

Pero por ahí cuesta entender lo que decimos en términos prácticos, y estamos obligados a poner un ejemplo muy concreto, ya que hemos hablado reiteradamente con los representantes de la “arabización” en una especie de dialogo de sordos, donde incluso hasta llegan a acordar de manera abstracta y general con nuestras afirmaciones pero considerándolo un problema ajeno a ellos mismos (entre otras cosas porque son concientes al menos en el plano formal, de que el Corán y las tradiciones son muy taxativas en el rechazo a la “nacionalización” del Islam, en particular a su arabización). Muchas veces escuchamos repetir la frase “nuestra política es nuestra religión”, y disertar sobre la integralidad del mensaje divino con su correspondiente e indiscutible dimensión política y revolucionaria del Islam.

Sin embargo, cuando de la política argentina se trata, nos encontramos con queridos e importantes referentes religiosos del Islam en el país que consideran un aporte cultural relevante de la colectividad árabe en la Argentina “haber tenido como presidente a un árabe-descendiente” refiriéndose a Carlos Menem, uno de los más nefastos personajes de la política nacional, opuesto por el vértice a los más básicos principios islámicos y valores humanos. Esta especie de declaración de orgullo nacional sin principios, puede esperarse de un referente árabe incrédulo o hipócrita, pero no de un sheij, y menos aun de la escuela shia. Es por lo menos indignante, vergonzante, insultante y completamente inaceptable para todos los que profesamos el Islam afirmando que “todos los días es Ashura y todas las tierras Karbalá”. Este ejemplo, que podría ser uno de los más horrorosos y desagradables, hasta puede haber sido cuestionado por quienes, aun participando de los prejuicios arabistas, no lleguen tan lejos en su contumacia, pero sirve como ilustración que nos ofrece una visión clarísima del problema que enfrentamos. Y no es para cargar las tintas contra este hermano en lo más mínimo, al que por demás respetamos, y sabemos que rápidamente se enmendaría de tamaña burrada ni bien le expliquemos que el abismo existente entre oprimidos y opresores en el mundo árabe, es el mismo en todos los lugares del planeta, incluido su país y mi país, es decir, la Argentina, y que no necesita leer una pagina web internacional o llegarse a una embajada extranjera para saber lo que significo este verdadero “Sha” para la nación y el pueblo, en particular para los oprimidos y desprotegidos.Un clarísimo ejemplo de anteposición descarnada y en estado puro de los prejuicios arabistas por sobre los valores islámicos, no en un creyente, no en un estudiante, no en un orientalista pagado por fundaciones reaccionarias, sino en un sheij relativamente informado, argentino y shiíta.

Este ejemplo de ninguna manera evidencia que el Islam es una religión que no guía claramente y en lo más mínimo hacia la verdad y la justicia –que es en sí mismo el camino de Dios-, más bien el Islam es el que permite y posibilita nuestra airada reacción ante la equivocación injustificable de una autoridad religiosa que claramente en este caso conduce hacia un muy grave desvío (el enaltecimiento de un opresor injusto, corrupto, mafioso y asesino por su sola condición de árabe-descendiente).







De este burdo pero lamentablemente real y muy actual ejemplo, hasta las formas más sutiles y dañinas –por imperceptibles y duraderas-, existe una tremenda gama de cuestiones que “extranjerizan” y sectarizan el Islam en la Argentina y lo alejan más y más de nuestro pueblo.

Tenemos por caso las iniciativas para niños, donde los chicos pierden más tiempo en deletrear un nombre que en comprender una moraleja, o preguntando por costumbres y giros idiomáticos o conceptuales desconocidos y ajenos por completo a su realidad, que les obstaculizan la construcción conciente de las historias y los personajes. Ni hablar los contenidos para jóvenes, plagados de arabismos y de un carácter naif que no se condicen con la tragedia constante a la que se enfrentan cotidianamente. Por supuesto, para los adultos prevalecen las noticias “sociales” -en el peor sentido de la palabra- y los artículos academicistas. En cuanto a las publicaciones políticas, las noticias elaboradas desde una perspectiva islámica son las internacionales, que por supuesto son mayoría, y las nacionales, que brillan por su escasez, reproducen posiciones conservadoras, populistas o progresistas sin mención alguna a la doctrina islámica referente al tema que toquen (lo cual no sabemos a esta altura si no es lo más sano, puesto que es probable que por voluntad de corregir e “islamizar” la opinión de temas nacionales, empiecen con las comparaciones del tipo “por ejemplo en Irán hacen tal cosa” o “en Turquía con este tema hacen tal otra…”).


De esta forma, al contactar con las elites intelectuales, económicas –a través de las relaciones internacionales- y con sectores medios muy estrechos -relativamente informados, esnobistas, con pensamiento critico, cierta avidez de conocimientos e inquietudes políticas- el Islam permanece desconocido y completamente extraño para la gran masa del pueblo y en particular los oprimidos, quienes son históricamente los más receptivos y comprometidos con el mensaje profético.

Peor aun, siendo el enemigo el único “difusor” del Islam hacia los sectores populares, encontramos que en nuestro pueblo existe una visión inversamente proporcional a la riqueza de nuestra tradición. El pueblo se pone en guardia contra el Islam asociándolo a muerte y opresión, y siente desconfianza ante su sola mención.

En un partido de fútbol confrontan dos equipos, y jamás ganaremos un encuentro si jugamos pensando que el rival no existe, que no se defenderá en nuestros ataques y que no atacará buscando vulnerar nuestra defensa. El enemigo juega y fuerte. Usa todos sus recursos materiales, humanos e ideológicos para aislar el Islam de los pueblos bajo el dominio imperialista. En la Argentina, son los mismos musulmanes, la ínfima cantidad de musulmanes –a pesar de toda la propaganda interesada, estúpidamente exagerada y autocomplaciente- los que le facilitan la tarea y solidifican su propio aislamiento.

Sin embargo, cuando son confrontados a esta realidad, la conclusión que sacan muchos dirigentes de la comunidad islámica es que el pueblo es ignorante, que la batalla esta perdida de antemano y que los argentinos jamás tendrán acceso a nuestra tradición, a no ser que se sucedan una serie de imponderables majestuosos y se vuelquen masivamente al Islam. En ningún caso se analiza su posible incompetencia, su conservadurismo de grupo y de clan, o el velo de prejuicios clasistas, tan atravesados de materialismo como la sociedad que dicen despreciar, pero que en realidad prefieren desconocer o directamente negar, para terminar integrándose pasivamente a la misma “desde su propia identidad”.



2- La política como el ámbito de difusión por excelencia



La política, entendida como la construcción colectiva conciente de una ingeniería socio-cultural con el objetivo de allanar el camino del individuo y la sociedad en su movimiento hacia la perfección, plenitud, armonía y felicidad, es el ámbito de “realización” concreta del Islam (“no hay sociedad islámica completa sin gobierno islámico”). No hace falta por ahora profundizar mucho en esto para evitar la densidad expositiva, dando por sentado el acuerdo general al menos en el plano formal del asunto (en caso contrario estamos dispuestos al debate más profundo y abierto sobre este tema)[3].

Es justamente en este punto en el que la comunidad islámica argentina, sus representaciones y referencias en particular, hacen gala de la extranjerización más nociva. La dimensión “política” del Islam esta circunscripta estrechamente a la actividad diplomático-protocolar como minoría religiosa o intermediaria con países extranjeros, así como en el movimiento de solidaridad con la causa palestina y la resistencia islámica, popular y antiimperialista en medio oriente en general[4].

Brilla por su ausencia la opinión imprescindible del Islam en los más diversos y específicos aspectos de la actualidad de la sociedad argentina, sobre los problemas de su decadencia cultural, la crisis social, el modelo de desarrollo económico-social, la institucionalidad política y civil, etc. No solo en cuanto a sus principios generales y formulaciones genéricas, sino en la forma de intervención activa de los musulmanes en los problemas nacionales bajo una perspectiva propia, doctrinaria y organizativamente, denunciando la injusticia y la hipocresía, participando de la educación del pueblo en el camino de Dios, con una franca decisión propositiva, agitando la solución concreta de los dramas nacionales a la luz del Islam.

¿Puede decirse que existe comunidad islámica en nuestro país sin esta intervención tan necesaria para la sociedad argentina como para el desarrollo efectivo y realista del Islam en nuestra región? Decididamente no, si no se opina ni se actúa concretamente sobre la sociedad en la que se vive y se desarrolla, no se conforma como comunidad musulmana sino como grupo de individuos islamizados, que tal como pretende el occidente imperialista, limitan su religión al ámbito privado y a la práctica formal de los cinco pilares, a lo sumo colaborando moralmente en forma individual y a veces más colectiva, con nuestros hermanos que luchan por la verdad y la justicia en otras partes del mundo, tal como una sección local de un pueblo extranjero[5].

El modelo de difusión actual, aparatista, elitista y autocomplaciente, no da para más. No responde a las necesidades de los musulmanes argentinos, ni de nuestro pueblo, ni de los oprimidos, ni del camino por el establecimiento de la verdad y la justicia. Sin embargo no debe malinterpretarse como un déficit de “despolitización” de la actual política de difusión, sino como una politización reaccionaria al modo de la política reaccionaria occidental, que desde la identidad islámica, la complementa[6].

Este extrañamiento de las representaciones del Islam en la Argentina es el obstáculo principal para la difusión y el crecimiento genuinos de nuestra tradición.

Predicando con el ejemplo es que como primer paso al análisis propositivo de la sociedad nacional a la luz del Islam, es que arrancamos por la crisis vegetativa de nuestra propia comunidad.

Dios quiera facilitar el inicio de esta discusión lo más rápida y extendidamente posible como para avanzar en la profundización de los aspectos naturalmente derivados de nuestras posiciones.













































































































































































































Notas:


[1] No vamos a atemperar nuestra crítica en este trabajo con el cariño y agradecimiento sinceros que sentimos por aquellas familias, individuos y misioneros de otros países, en particular del mundo árabe, que introdujeron el tesoro del Islam en la Argentina, el cual han intentado transmitir por generaciones. Entre otras cosas porque no cuestionamos las tendencias legítimas a la preservación de los rasgos nacional-culturales de los inmigrantes y su natural influencia familiar y social, sino su caricaturización forzada, que lleva a aberraciones conceptuales como la famosa de “ser musulmán de nacimiento”. 


 [2]Esta metodología reaccionaria utilizada en general por las clases dominantes para mantener el predominio socio-cultural sobre los pueblos se asienta en un falaz nacionalismo cultural y excluyente que intenta imponer la idea de que sus propios intereses y valores sectoriales representan los intereses y valores del conjunto de la nación, intentando hacer corresponsable al conjunto de la sociedad de la defensa de sus propios privilegios egoístas. Los pueblos latinoamericanos tienen una amarga experiencia al respecto puesto que la convocatoria a la defensa del “ser nacional y nuestra forma de vida” fue la consigna que esgrimió la alianza oligárquico-imperialista no solamente contra el movimiento socialista del siglo XX sino también e increíblemente contra… ¡los movimientos del liberación de inspiración cristiana e indigenista!


 [3]Damos por sentado que nuestros lectores sabrán identificar los diversos conceptos de la doctrina islámica implícitos en este documento. No solo por comodidad sino para evitar el abuso de las citas (ya sea del Coran o de hadices varios) que bien pueden manipularse, y por otra parte, lo consideramos innecesario toda vez que es perfectamente reconocible el espíritu islámico de la exposición. El método de las citas como fuente de legitimación creemos que es válido y necesario para estudios especializados o para los materiales de divulgación, con la intención en este último caso, de promover en el lector el interés permanente por la fuente. Esto es apenas un artículo polémico, para la promoción del debate y no se encuadra en ninguna de las dos categorías anteriores. 


 [4]El caso de las actividades de solidaridad es muy llamativo. El primer anillo de alianzas es con la comunidad árabe, el segundo con las fuerzas político-sociales populistas y de izquierda. En ninguno de los dos casos el Islam tiene relevancia alguna. En el balance de dichas actividades siempre esta presente la fantasía de estar dirigiendo fuerza propia, o de estar “atrayendo” a estos elementos al Islam, cuando en todos estos casos esta fuerza es “prestada” por decirlo de una manera elegante, y el protagonismo se mide en fotos, notas periodísticas en medios masivos o en minutos de micrófono, reflejando la mezquindad y la mediocridad de objetivos con que se encaran estas actividades 


 [5]Esta acción social multipropósito, -que no debe entenderse limitada a la lucha por reivindicaciones socio-económicas, derechos civiles y políticos de los pobres y oprimidos como puede malentenderse- no implica un detrimento de los aspectos místicos y rituales, sino su verdadera posibilidad de potenciación. 


[6]Esta es la realidad de nuestra comunidad nacional y no nos interesa por ahora “separar la paja del trigo”, entre bienintencionados que pueden equivocarse y mezquinos concientes de su error. No estamos planteando una polémica de nombres y apellidos sino de prácticas y concepciones. Desde nuestro punto de vista particular, cambiar de personas no haría avanzar ni un ápice la realidad del Islam en la Argentina.