22/4/12

Las armas químicas de EEUU en Iraq

Los iraquíes fueron  ratas de laboratorio: los estadounidenses probaron todo tipo de armas químicas y explosivos: armas termobáricas, fósforo blanco, uranio empobrecido.  


En el hospital de Faluya no pueden ofrecer estadísticas sobre los niños que nacen con defectos; hay demasiados. Los padres no quieren hablar. Las familias entierran a sus bebés recién nacidos después de que mueren sin decir nada a nadie, señala el portavoz del hospital Nadim Al Hadidi. Es muy vergonzoso para ellos.

Registramos 672 casos en enero, pero sabemos que hubo muchos más, dice Hadidi. Proyecta imágenes en la pared de su oficina: son niños nacidos sin cerebro, sin ojos o con los intestinos fuera de su cuerpo.

Frente a una imagen congelada de un niño nacido sin extremidades, Hadidi dice que los sentimientos de los padres van de la vergüenza a la culpabilidad. Creen que es culpa de ellos, que han hecho algo mal. Y no ayuda nada en absoluto cuando algún anciano les dice que ha sido un castigo divino.

Cuesta mucho mirar las imágenes. Y los responsables de todo esto han mirado para otra parte.

En 2004, los estadounidenses probaron todo tipo de armas químicas y explosivos con nosotros: armas termobáricas, fósforo blanco, uranio empobrecido… Hemos sido ratas de laboratorio para ellos, dice Hadidi tras apagar el proyector.

Los meses que siguieron a la invasión de Irak en 2003 vieron una manifestación tras otra contra las fuerzas de ocupación. Pero no fue hasta 2004 cuando esta ciudad saludada por el Éufrates, al oeste de Bagdad, conoció lo peor.

El 31 de marzo de ese año, las imágenes de los cuerpos desmembrados de cuatro mercenarios de la compañía estadounidense Blackwater, colgados de un puente, dieron la vuelta al mundo. Al Qaeda reivindicó la brutal acción. Y la población local pagó el precio de la Operación Furia Fantasma. Según el Pentágono, esta fue la mayor batalla urbana desde Hue (Vietnam, 1968).

Los primeros ataques se produjeron en abril de 2004, pero lo peor tuvo lugar en noviembre de ese año. Registros aleatorios casa por casa dieron paso a intensos bombardeos nocturnos. Los norteamericanos dijeron que utilizaron fósforo blanco para iluminar los objetivos en la noche. Pero un grupo de periodistas italianos ofreció pruebas documentales de que el fósforo blanco fue otra de las armas prohibidas utilizadas contra la población civil por las tropas de EEUU.

El número total de víctimas sigue siendo desconocido. En realidad, muchas de esas víctimas no han nacido todavía.

Abdulkadir Alraui, médico del hospital de Faluya, acaba de examinar un caso intrigante.Esta niña nació con el síndrome de Dandy Walker. Su cerebro está partido en dos y dudo que sobreviva. Mientras habla, la luz se va en todo el hospital.

Carecemos de la infraestructura más básica. ¿Cómo quieren que hagamos frente a una emergencia como esta?.

Según un estudio publicado por el Boletín Internacional de Estudios Medioambientales y Salud Pública de Suiza en julio de 2010, los aumentos de casos de cáncer, leucemia y mortalidad infantil, así como las alteraciones en la proporción de los sexos en los nacimientos en Faluya, son significativamente mayores que los de los supervivientes de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki en 1945.

Los investigadores encontraron que los casos de leucemia se habían multiplicado por 38 (se multiplicó por 17 en Hiroshima y Nagasaki). Prestigiosos analistas como Noam Chomsky han considerado que esta investigación es muchísimo más embarazosa que las filtraciones de Wikileaks sobre Afganistán.

Samira Alaani, médica jefe del hospital de Faluya, participó en un estudio en estrecha colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS). Varias pruebas realizadas en Londres apuntan a la existencia de cantidades inusualmente grandes de uranio y mercurio en las raíces del cabello de las personas afectadas. Esta podría ser la evidencia que vincule el uso de armas prohibidas con la extensión de problemas congénitos en Faluya.

Aparte del fósforo blanco, muchos llaman la atención sobre el uranio empobrecido, un elemento radiactivo que, según los ingenieros militares, aumenta significativamente la capacidad de penetración de los proyectiles. Se cree que el uranio empobrecido tiene una vida de 4.500 millones de años, y ha sido descrito como el asesino silencioso que nunca para de matar. Varias organizaciones internacionales han pedido a la OTAN que investigue si el uranio empobrecido se utilizó también en la guerra libia.

Este mes, el ministro iraquí de Sanidad, en estrecha colaboración con la OMS, lanzará su primer estudio sobre deformaciones congénitas en las provincias de Bagdad, Anbar, Thi Kar, Sulaimaniya, Diala y Basora.

Aprisionada entre las fronteras de Irán y Kuwait, Basora es rica en yacimientos de petróleo. La población de esta ciudad meridional ha sufrido muchos más combates que cualquier otra región del país: desde la guerra con Irán en los años 80 a la Guerra del Golfo de 1991 y a la invasión de EEUU de 2003.

Un estudio de la Universidad de Bagdad señala que los casos de defectos de nacimiento habían aumentado diez veces dos años antes de la invasión de 2003. Y esa tendencia sigue creciendo.

El Hospital Infantil de Basora, especializado en oncología pediátrica, abrió sus puertas en 2010. Financiado con capital estadounidense, este hospital fue inaugurado por la ex primera dama de EEUU, Laura Bush. Pero al igual que le sucede al hospital de Faluya, este centro supuestamente vanguardista carece del equipamiento básico.

La máquina de rayos X estuvo más de año y medio en el puerto de Basora debido a una disputa administrativa acerca de quién debía pagar los portes. Nuestros hijos se morían mientras esperaban un tratamiento de radioterapia que no llegó, dice Laith Shaker Al Sailhi, padre de un chico enfermo y director de la Asociación de Niños con Cáncer de Irak.

La lista de espera para recibir tratamiento en Bagdad es interminable y el tiempo no está del lado de los enfermos, dice Al Sailhi en uno de los barracones que será la sede central de esta ONG, próxima al hospital.

Además, las enfermedades de estos niños también llevan a la ruina económica a las familias. Los que se lo pueden permitir, pagan hasta 7.000 dólares (más de 5.300 euros) en Siria o hasta 12.000 dólares (más de 9.000 euros) en Jordania por el tratamiento. La opción más barata es Irán, donde el tratamiento puede costar unos 5.000 dólares (algo más de 3.800 euros).

Hoy, las familias van en tropel a Teherán para que sus hijos reciban la terapia adecuada. Muchos de ellos duermen en las calles porque no pueden pagar una habitación de hotel.



Por Karlos Zurutuza


Publicado originalmente en: Those Laboratory Mice Were Children, IPS, 13/04/2012

Traducción: Javier Villate-Disenso

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