30/4/12

LA ISLAMOFOBIA “PROGRESISTA”



El predominio cultural, económico y militar de EE.UU. también permite difundir a nivel global la ideología islamófoba, tal y como se ha visto en el resto de Occidente, en la India y en cualquier otra parte donde ésta pueda ser usada como arma política. Por eso la islamofobia debe ser combatida por igual tanto en EE.UU como en el resto del mundo.
LA ISLAMOFOBIA "PROGRESISTA". PAUL COCHRANE. Revista Alif Nun.


LA ISLAMOFOBIA “PROGRESISTA” [1]. Por Paul Cochrane [2]

Stephen Sheehi ha escrito el libro Islamophobia: The Ideological Campaign Against Muslim (Islamofobia: la campaña ideológica contra los musulmanes) para cambiar radicalmente el discurso que rodea a la islamofobia dominante en EE.UU. Pero Sheehi [3] , un experto y aguerrido activista social, es muy consciente de que un polémico libro distribuido por una editorial pequeña especializada en temas de justicia social probablemente no producirá grandes avances que acaben con la islamofobia ni obtendrá la atención del New York Review of Books o el Washington Post.

Por el contrario, uno de los principales objetivos de Sheehi es poner en duda el discurso y la actitud de la izquierda, los llamados “progresistas” y liberales, con el fin de que afronten una verdad incómoda: su propia islamofobia. Sheehi dijo en Beirut : “Cuando la gente me pide en las conferencias que les explique cómo actuar, yo les digo que dejen de hacer preguntas insidiosas sobre el Islam. Tan solo que dejen de hacerlas. Es racista preguntar por qué son diferentes los musulmanes o decir: ‘Quiero comprender a los musulmanes y por eso voy a leer el Corán .’”

De hecho, nadie lee los Vedas para comprender el Hinduismo militante, ni la Torá para entender la mentalidad de los colonos judíos en Cisjordania, ni la Biblia para familiarizarse con el movimiento del Tea Party. Sin embargo, estas preguntas aparentemente bien intencionas sobre el Islam planteadas por la gente de izquierdas y los liberales solo sirven para reforzar la idea de que los musulmanes son un elemento ajeno y extraño que necesita ser tratado aparte para poder “tolerarlo” o “entenderlo”.

Sheehi escribe que “a pesar de que existe una genuina y exhaustiva investigación sobre el tema, debemos dejar de plantear cuestiones sobre el Islam y la democracia , el Islam y la modernidad , el Islam y los derechos humanos , el Islam y la mujeres , etc. Debemos dejar de buscar respuestas o de hacer acusaciones en relación a esos temas, basándonos en la oposición entre el Islam y cualquier otra cosa. Debemos superar la dicotomía entre el yihad y el McWorld ” [4]

Para comprender la larga historia de racismo estadounidense, desde los días de la esclavitud hasta la Doctrina Monroe y la discriminación actual, también es necesario comprender otros fenómenos: el amplio predominio de la islamofobia en el discurso mayoritario de EE.UU y la forma en que ésta ha sido adoptada por el pueblo a nivel consciente e inconsciente, los miedos no declarados de la América anglosajona a la llamada “gente de color”, y el mito del excepcionalismo estadounidense. Según Sheehi, “EE.UU. tiene que mirarse a sí mismo y preguntarse por qué es tan racista”.

En palabras de Sheehi, “la islamofobia es la herramienta ideológica que permite al Estado controlar a su población, musulmana y no musulmana por igual, así como establecer las prioridades militares y políticas en el extranjero (por no decir en la propia frontera sur de EE.UU.)” [5] Sheehi continúa: “La grave situación de los musulmanes no estadounidenses y de los acusados árabes es una versión más extrema de la difícil situación por la que atraviesan los musulmanes y los árabes de EE.UU.” [6]

Tras este mecanismo de control se encuentra el racismo sistemático y la violencia simbólica hacia las minorías, mediante la exclusión estructural o la marginación de quienes no abrazan las ideologías hegemónicas. Según señala Sheehi en su obra, esto quedó de manifiesto en el gran número de no musulmanes agredidos, maltratados y vigilados a raíz del 11-S [palabra clave: septiembre], solo por “parecer” árabes o musulmanes. “Al final, la islamofobia no solo afecta a los musulmanes; el siguiente paso es la ‘latinofobia’”, explica Sheehi.

Los llamados liberales siempre buscan un chivo expiatorio para justificar la islamofobia y se aferran a la idea de que no son ellos quienes perpetúan esta ideología; pues siempre encuentran a alguna otra persona o grupo a los que acusar: la derecha, los neoconservadores, los judíos, los cristianos evangélicos, etc. De hecho, algunos de ellos supusieron que Sheehi echaría toda la culpa de la islamofobia a los grupos de presión proisraelíes.

No cabe duda de que el lobby proisraelí y la acción política sionista son factores importantes a la hora de moldear el discurso y la ideología islamófobos, pero no son los únicos. La islamofobia es muy insidiosa y está muy extendida, y acusar únicamente a “los judíos” resulta demasiado fácil y está fuera de lugar. Lo mismo sucede cuando se echa toda la culpa a la derecha. Sheehi no quiere que los liberales laven su conciencia, pues de hecho son una parte del problema.

Sheehi explica que “los neocon, los republicanos y los racistas descarados han sido tratados injustamente en relación a la islamofobia, pues han servido de cómoda excusa para restar importancia a los prejuicios de la América blanca y liberal. Los liberales afirman que no están contra los musulmanes, sino solo contra los terroristas, pero al mismo tiempo apoyan la guerra en Afganistán y la renovación de la Patriot Act, y opinan que Iraq ya no es un país ocupado porque se ha reducido el número de tropas [estadounidenses].” [7]

El espíritu de la islamofobia


Según Sheehi, la islamofobia es muy anterior al 11-S y al gobierno de Bush , pero los atentados de 2001 han demostrado ser un catalizador que la ha disparado de manera incontrolada. “Tras el 11-S se han retomado opiniones que eran marginales en los ochenta e incluso en los noventa, para ser perfectamente insertadas en el pensamiento dominante en EE.UU.”, escribe Sheehi. El seudo-académico Daniel Pipes “muestra cómo reinventar los viejos símbolos racistas y orientalistas [8] , para luego insertarlos rápidamente en la nueva atmósfera política como si se tratasen de una novedad. En efecto, las condiciones reinantes convierten las diatribas de la derecha en algo adecuado, perdiendo así su aire de fanatismo, si no de locura.” [9]

Una de las razones por las que hay 54 páginas de notas acompañando a las 227 de texto principal es que Sheehi desea respaldar su libro con una investigación exhaustiva para así poder hacer frente a posibles acciones legales de los islamófobos. Éstos son los tiempos que le está tocando vivir al mundo académico estadounidense, magníficamente ilustrados en varios capítulos de la obra.

En la época posterior a la Guerra Fría, la mercantilización global y el 11-S han introducido la islamofobia en la conciencia colectiva. Sheehi escribe: “la islamofobia ideológica surge de la era global. No solo procede del deseo de EE.UU. de controlar las reservas mundiales de petróleo, sino también de su islamofobia cultural y de la tendencia de la opinión pública americana a ignorar los derechos y la humanidad de musulmanes y árabes. La cultura estadounidense ha pasado de ser una cultura de colonos a una cultura imperial. Árabes y musulmanes son considerados como el último reducto cultural que resiste frente a la hegemonía global estadounidense, la cual es presentada por EE.UU. como una oferta de modernidad, democracia y prosperidad capitalista.” [10]

Que la izquierda se oponga a la globalización y al imperialismo estadounidense no significa que deba establecer una alianza estratégica con los grupos políticos islamistas o que los apoye. Éste es un punto crucial que muchos liberales y personas de izquierdas suelen pasar por alto. Sería como decir que para defender la causa palestina y oponerse a la política de Israel es necesario apoyar a Hamás , Fatah o Hizbullah. [11] Tal y como indica Sheehi: “Los críticos dirán que los argumentos de este libro exoneran a quienes están involucrados en verdaderos actos terroristas contra civiles, ya vivan éstos en Norteamérica, Europa u Oriente Medio . Prefieren lanzar tales calumnias en vez de analizar las motivaciones históricas y políticas que hay detrás de actos desesperados y violentos como los atentados del 11-S, los del transporte público en Londres y Madrid, o el coche bomba contra un complejo de apartamentos en Riad en 2003, donde la mayoría de las víctimas no fueron estadounidenses sino trabajadores inmigrantes árabes y asiáticos y sus familias.” [12]

Que muchos liberales y personas de izquierdas hayan quedado prendados de la ideología islamófoba es un reflejo de la gran cantidad de gente que apoya la concepción racista del “ choque de civilizaciones ” [13] elaborada por Samuel Huntington. Quien da crédito a esta islamofobia demuestra una ignorancia manifiesta, pues desconoce la historia y está poco dispuesto a comprender el Islam político .

A este respecto, Sheehi escribe lo siguiente: “Un malentendido fundamental sobre el Islam político proviene a menudo de la incapacidad para distinguir las muchas variedades del mismo que se materializan como un componente de la modernidad , y no como una reacción contra ella [...] El problema viene de que los analistas estadounidenses no comprenden la fuerza y el impacto de la modernidad sobre el desarrollo del mundo colonizado. Entender correctamente el Islam político como un complejo fenómeno multifacético de carácter social, histórico, económico y político no sirve para disculpar la violencia política, pero en cambio aclara sus orígenes, su lógica y sus aspiraciones.” [14]




La islamofobia se reinventa a sí misma


“ Al-Qaeda y Osama bin Laden se han convertido en un buque insignia, una manifestación psicológica que forma parte del paradigma mundial islamófobo, para que EE.UU. pueda justificar sus políticas [...] la imagen de bin Laden nos muestra los estereotipos islamófobos que han sido reproducidos e injertados en cada musulmán, tal y como exige la política exterior estadounidense”, explica Sheehi. En este sentido, el asesinato de bin Laden en mayo de 2011 es irrelevante a la hora de mantener vivos los estereotipos y la islamofobia.

La capacidad de adaptación de la ideología islamófoba es similar a la habilidad del capitalismo para reinventarse a sí mismo a pesar de los reveses contra el sistema y de los constantes cambios sobre el terreno. Esto no es sorprendente teniendo en cuenta que ambas ideologías están relacionadas entre sí, pues la islamofobia se usa para justificar las políticas imperialistas y capitalistas.

Las revueltas en el mundo árabe desde 2011 son un buen ejemplo de ello, pues desacreditan las críticas de Bernard Lewis o Fareed Zakaria cuando éstos dicen que en el mundo árabe no existe una sociedad civil. En palabras de Sheehi, “la ‘ primavera árabe ’ desacredita el estereotipo creado por gente como Lewis, según el cual las ‘calles árabes’ están repletas de masas complacientes, inactivas y pasivas, dominadas por las emociones y dependientes de un modelo de Estado rentista. Los acontecimientos han demostrado que esto es completamente falso. Sin embargo, también podemos escuchar lo contrario: ‘¡Oh, Dios mío, hay un montón de árabes en las calles! ¿qué vamos a hacer?’ Hay miedo a la inestabilidad, pues los dictadores siempre han sido útiles para garantizar la seguridad, y también hay miedo a que la gente de color sea dueña de su propio destino.”

Y en cuanto a otras descripciones de las revueltas árabes –dependiendo si se trata de amigos como Bahrein o de enemigos como Libia o Siria – es fácil jugar con los estereotipos, como cuando se difundió la ridícula historia de que Muammar Gaddafi había enviado un cargamento de Viagra a sus soldados para que pudieran violar a las mujeres. La noticia fue recogida en todo el mundo como un ejemplo sensacionalista del despotismo de Gaddafi e incluso el Tribunal Penal Internacional la usó para acusar al líder libio, a pesar de no existir ninguna prueba. De este modo, la historia de la Viagra vendría a confirmar el estereotipo racial del hombre de color obsesionado con el sexo. [15]

En esencia, Sheehi está diciendo que los liberales y la gente de izquierdas no están dispuestos a replantearse algunos de sus sentimientos racistas –ya sean éstos conscientes o inconscientes–, de acuerdo a los cuales no solo sería un peligro que EE.UU. perdiera poder en el escenario mundial, sino que la raza blanca dejara de gobernar el planeta. Según Sheehi, el hecho de que el presidente Barack Obama no sea blanco no es relevante en este caso, pues tan solo se trata de una cara nueva, un rostro del imperialismo estadounidense más amable que el de Bush Jr.

“Lo importante no es si los egipcios son capaces o no de gobernarse a sí mismos, sino si pueden seguir siendo controlados bajo el mismo sistema económico y político de antes”, dijo Sheehi. “La familia real de Bahrein sería destronada de inmediato si dejara de ser importante para EE.UU. Si todos los sunníes y los chiíes se llevaran bien de repente, no sería necesaria la presencia de la Quinta Flota estadounidense [en Bahrein]. Así es como EE.UU. se vuelve necesario en Oriente Medio.”

Al igual que EE.UU. ha trabajado activamente con los saudíes y las monarquías de la región para perpetuar la discordia entre sunníes y chiíes, la islamofobia divide a la izquierda en lo que respecta a la manera de abordar con eficacia asuntos como la erosión de las libertades civiles, los derechos de las mujeres, el clasismo y las guerras imperialistas.

El predominio cultural, económico y militar de EE.UU. también permite difundir a nivel global la ideología islamófoba, tal y como se ha visto en el resto de Occidente, en la India y en cualquier otra parte donde ésta pueda ser usada como arma política. Por eso la islamofobia debe ser combatida por igual tanto en EE.UU como en el resto del mundo.

Esto quedó claro el 22 de julio de 2011, cuando estalló las noticia sobre los atentados en Noruega. El sospechoso inmediato en los medios de comunicación europeos y americanos fue al-Qaeda, de modo que los periodistas se esforzaron por establecer vínculos tangibles con el “terrorismo islámico” y recopilaron opiniones de “expertos” para confirmar la sospecha, mientras los islamófobos sacaban el máximo provecho. Enseguida se supo que el culpable era un noruego de derechas que en apariencia actuó solo, pero transcurrió un tiempo –sobre todo en EE.UU.– hasta que los dedos dejaron de apuntar al enemigo público número uno de nuestra época. [16]

El difunto Edward Said nos habló sobre el orientalismo en la literatura y la necesidad de descolonizar nuestra mente. Sheehi, por su parte, nos insta en su obra a combatir intelectualmente la islamofobia y a ser conscientes del predominio de ésta tanto en el discurso dominante como en los movimientos “alternativos”.


Fuente: Revista Alif Nun


NOTAS.-



[1] Traducción, extracto y adaptación del artículo publicado en >Dissident Voice el 30 de julio de 2011. Fuente: http://dissidentvoice.org/2011/07/leftists-of-america-and-the-world-wake-up-to-your-islamophobia/ Versión en castellano elaborada por el equipo de traductores de Alif Nûn . (Nota de la Redacción).

[2] Paul Cochrane es un periodista y comentarista independiente que reside en Beirut ( Líbano ) desde 2001. Es especialista en Oriente Medio y el subcontinente indio.

[3] Stephen Sheehi es profesor asociado de lengua y cultura árabes en la Universidad de Carolina del Sur.

[4] Islamophobia: The Ideological Campaign Against Muslims, Clarity Press, Atlanta , 2011, p. 225. (Nota del autor)
McWorld es un neologismo inglés usado para describir la expansión de los restaurantes McDonal’s por todo el mundo como ejemplo del proceso de globalización. En muchos casos se emplea para describir los efectos negativos de dicha globalización en las sociedades no occidentales. La expresión “Jihad vs. McWorld” está tomada de un artículo escrito en 1992 por Benjamin Barber para The Atlantic Monthly, donde el autor expone la lucha entre el poder financiero y político de las grandes corporaciones mundiales, y las distintas formas de fundamentalismo religioso y de nacionalismo. (Nota de la Redacción).

[5] Islamophobia: The Ideological Campaign..., op. cit., p. 222.

[6] Ibid. p. 166.

[7] Mientras que el número de tropas estadounidenses ha disminuido en Iraq desde 2008, el de contratistas militares privados ha aumentado un 39%, según un informe reciente del Servicio de Investigación del Congreso.

[8] Para más información sobre los viejos prejuicios orientalistas en torno al Islam y los musulmanes, véase Abû Imân ‘Abd al-Rahmán Robert Squires, “ Orientalismo, desinformación e Islam ”, revista Alif Nûn nº 76, noviembre de 2009. (Nota de la Redacción).

[9] Islamophobia: The Ideological Campaign..., op. cit., p. 140.

[10] Ibid. p. 166.

[11] Para más información sobre esta organización, véase Neil MacFarquhar, Hezbolá le desea feliz cumpleaños , Turner, Madrid, 2010; Javier Martín, Hizbulah: el brazo armado de Dios , La Catarata, Madrid, 2006. (Nota de la Redacción).

[12] Islamophobia: The Ideological Campaign..., op. cit., p. 170.

[13] Para una visión crítica sobre el choque de civilizaciones, véase Edward Said, “ El mito del choque de civilizaciones ”, revista Alif Nûn nº 79, febrero de 2010.

[14] Islamophobia: The Ideological Campaign..., op. cit., p. 23.

[15] Pepe Escobar , “What’s really at stake in Libya”, Asia Times , 30 de junio de 2011.

[16] D. Parvaz, “Blaming Muslims – Yet Again”, Al-Jazeera, 23 de julio de 2011.






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