3/4/12

LA EXÉGESIS CORÁNICA PERSA EN LA EDAD MEDIA


Por Joaquín Rodríguez Vargas

Tafsir es un término árabe que aun habiendo un equivalente en castellano, los orientalistas a veces no les gusta traducir, es lo que en español se denomina “comentario” o “exégesis”, obviamente, en éste caso, exégesis del Corán.
Y ¿que es tafsir?, si quisiéramos utilizar una definición de diccionario, es decir, breve pero clara, diríamos que es la ciencia que trata de explicar e interpretar los versículos o aleyas del Corán, en parte basándose en la estructura gramatical y derivaciones de la lengua árabe. Para los musulmanes el objetivo del tafsir es aclarar lo que Dios quiso decir al profeta Mahoma mediante las aleyas registradas en el Corán en la que se narran historias y se promulgan leyes tanto civiles como religiosas, etc.

En los albores del Islam, la interpretación del Corán era un tema que nadie se había planteado pues obviamente los árabes no tenían ningún problema en comprender un libro, —o mejor dicho, una Revelación, pues aun no había sido redactado—, que había sido dictado en su lengua, y cuando en ocasiones entre los primeros creyentes se planteaba dudas respecto al significado de una aleya determinada, allí estaba el Profeta, vivo aún para disiparlas, y en realidad fueron esos primeros “apóstoles” los que hicieron, pero a priori no escribieron, el primer tafsir coránico y no sólo mediante las preguntas planteadas al profeta Mahoma sino también por la serie de acontecimientos que se sucedieron rápidamente uno tras otro y que exigían no sólo la interpretación correcta de la Revelación sino una revelación en sí, es decir, que el mismo profeta tenía que hallar la solución de los problemas mediante el descenso de una nueva aleya.

Todos estos conocimientos y experiencias adquiridas por los primeros creyentes fueron transmitidas oralmente a la siguiente generación, aun antes de que el texto definitivo del Corán fuese redactado, cosa que ocurrió allá por el año 650 bajo el mandato del califa Uthman. Tanto es así que al principio no había digamos una frontera claramente delimitada entre lo que era la ciencia del tafsir y la ciencia del hadith (tradición oral) pues la primera estaba supeditada e influida por la segunda, es decir, al transmitirse el tafsir de una manera puramente oral, su diferenciación era confusa y a esto se le añadía el hecho de que la mayor parte de los musulmanes pensaban que la interpretación de las aleyas del Corán tenía que tener un sólido fundamento, ¿y cuál mejor que el propio testimonio de los primeros creyentes? Incluso esos primeros más que exegetas eran eslabones de una cadena que se limitaba a recopilar y no añadían interpretación personal alguna, en esto se asemejaban más a meros masoretas que a intérpretes de la Ley coránica o Sharia. Sin embargo, frente a esta corriente surgió otra que no tardaría en prevalecer porque, entre otras causas, paulatinamente dejaba de haber testigos vivos, y que no era otra cosa que el tafsir en sí, o sea, la redacción de una interpretación del Corán basándose en eliytihad (“esfuerzo”, entiéndase esfuerzo por interpretar). Esta corriente fue luego muy desarrollada por los mu’tazilíes, los ismaelíes y los sufíes, es decir, por el sector considerado como heterodoxo, como veremos más adelante.

Otro asunto que pudiera carecer de importancia a primera vista en cuanto a historia del tafsir se refiere es el de los primeros libros que se escribieron sobre gramática árabe. Todos ellos, en su conjunto, contribuyeron en gran medida al desarrollo de la ciencia del tafsir pues en ellos se trataban ampliamente los diferentes significados de las diversas derivaciones de palabras u oraciones concretas escritas en el Corán.

Otro hecho que provocó el desarrollo del comentario coránico fue cuando el Islam salió de las fronteras de la Península Arábiga. Estos nuevos territorios debían ser administrados basándose en las leyes del Corán, surgiendo así un nuevo desafío para los exegetas o comentaristas que tenían que habérselas con una nueva interpretación de las palabras del ya fallecido profeta Mahoma, bajo el punto de vista de la política, pues aun teniendo en cuenta que el Islam es una religión con muchas más leyes civiles que el cristianismo, la difícil administración de un Estado hizo que la labor de los exegetas fuese imprescindible. Todas estas circunstancias fueron las que provocaron la aparición de los primeros mofasser, en la acepción del término que hoy en árabe se entiende, a saber, “exegeta del Corán”.

Como ya se ha señalado, durante parte del siglo I de la hégira estas interpretaciones coránicas fueron transmitidas oralmente. Naturalmente, los primeros intérpretes de la Ley coránica fueron los sahaba (compañeros del Profeta) algunos de los cuales fueron posteriormente los 4 Califas Ortodoxos. Entre los compañeros del profeta que no llegaron a ser califas pero que contribuyeron mucho al tafsir cabe destacar Mas’ud Ibn Abbas, Abu Musa al-Ash’ari, Abdullah Ibn Zubayr, entre otros, aunque el más conocido, después del Imán Ali, sobre todo entre los shiíes, es Ibn Abbas que se ha ganado el renombre de “jefe de los exegetas”.

Recuérdese que las historias e interpretaciones elaboradas por estos primeros testigos de la Revelación fueron la base para el posterior desarrollo del tafsir propiamente dicho, y, en realidad, las primeras redacciones, ya por escrito, valga la redundancia, no fueron más que recopilaciones de lo que aquellos habían transmitido por el impreciso método, pero eficaz, de la transmisión oral.

Parece ser que el primero en escribir un tafsir fue el susodicho Ibn Abbas, y aunque es un libro que está hoy día publicado decimos “parece ser” porque no está del todo claro si fue él realmente el autor. El historiador Ibn al-Nadim no lo afirma categóricamente y se limita a decir que tal información la obtuvo por medio de Muyahid. Ibn al-Nadim también menciona a Muhammad al-Baqir como uno de los autores más antiguos de la exégesis coránica. En fin, resumiendo, hasta entrado el siglo X fueron redactados numerosos tafsires, y enumerarlos todos es tarea ardua además de no ser el objetivo de este opúsculo.

LOS COMENTARIOS DE LOS PERSAS SUNNÍES

EL TAFSIR DE TABARI

Muhammad ibn Ŷarir al-Tabari, fue un persa sunní de Tabaristán, antiguo nombre de la actual Mazandarán, provincia de Irán situada en la ribera del Mar Caspio. Nacido en el seno de una familia culta allá por el año 839 y muerto en Bagdad en 923. Fue un gran erudito que no sólo escribió el mejor tafsir que hubo en su época sino además mereció su fama a otras obras como su Kitab al-tarij al-rusul wa al-muluk (Historia de profetas y reyes) que es la primera historia completa escrita en árabe, más conocida en Irán simplemente como Tarij-e-Tabari, entre otras.

Tabari fue el primer persa que escribió un tafsir y en él mezcló la narración con su erudición, aunque decantándose más por la narración ya que era de la opinión que la interpretación del Corán debía limitarse a las palabras, no a una interpretación en sí, por esta razón la obra fue bien aceptada por los musulmanes, y aun cuando la escribió en árabe, ésta obra es de singular importancia no sólo en la historia de la literatura árabe sino también de la persa ya que fue este comentario en el que se basó la primera traducción al persa del Corán medio siglo después de su muerte.

LA TRADUCCIÓN DEL TAFSIR DE TABARI

La primera traducción al persa del Corán se hizo basándose en el texto coránico del Tafsir de Tabari y en los comentarios y glosas del mismo. Esta fue realizada bajo los auspicios y por orden del rey samaní Mansur ibn Nuh, pero dejemos que sea el prólogo de esta traducción, redactado en un persa arcaico pero comprensible para cualquier iraní culto de hoy día, el que nos narre como sucedió todo:

“Este libro es un gran tafsir traducido a un persa claro, escrito por Muhammad ibn Yarir Al-Tabari, Dios lo tenga en su gloria. Este libro lo trajeron de Bagdad y constaba de cuarenta tomos escritos en árabe, cuando se lo trajeron al Emir Mansur ibn Nuh, [este] tenía dificultades en leer y captarlo porque estaba en árabe, [así pues] quiso que se lo tradujeran al persa. Después reunió a los ulemas de Transoxiana y les pidió que emitieran una fatwa respecto a si era lícito que tradujésemos ese libro al persa o no, [y] dijeron, lícito es leer y escribir un tafsir del Corán en persa para aquella persona que no sepa árabe, ya que Dios dijo que “no he enviado a ningún profeta sino en la lengua de su pueblo [o] en una lengua que ellos conozcan.” Y he aquí que la lengua [que] desde antaño [aquí se conoce] es la persa, [hablada] desde los tiempos de Adán hasta los tiempos de Ismael, y todos los profetas y reyes de la tierra hablaban en persa y el primero que lo hizo fue el profeta Ismael, y nuestro profeta, sobre él sea la paz, apareció entre los árabes [por lo que] el Corán le fue enviado en árabe, pero por esta zona es el persa [lo que se habla] y todos los reyes de ésta región, reyes persas son. Después, el rey Mansur ibn Nuh ordenó fuesen reunidos los ulemas de Transoxiana, de Balj el alfaquí Abu Bakr ibn Ahmad ibn Hamed y Jalil ibn Ahmad Al-Sayestani, de la Puerta de La India el alfaquí Al-Hasan ibn-i-Ali Mandusi y Abu-l Yaham Jaled ibn Hani Al-Mutafaggah y de la ciudad de Sepichap y Fergana y de todas las ciudades que habían en Transoxiana. Y todos acordaron en que la traducción de ese libro es correcta. Entonces, el rey ordenó a los ulemas que entre ellos fuesen escogidos los más sabios para traducirlo...”

Aunque se desconoce la fecha exacta en que fue traducido el Corán se sabe que fue aproximadamente por la misma fecha que fue traducida la historia de Tabari, o sea, allá por el año 965.

Allá por la misma época, hubo otros comentaristas persas casi de la misma importancia que Tabari, entre los que cabe destacar Abu Zaid Balji (m. 933) más célebre como filósofo que como comentarista, no en vano fue alumno del filósofo árabe al-Kindi. Su tafsir, Nazm ul-Qor’an, sigue el mismo método de Tabari, o sea, alejarse de las especulaciones y ceñirse a la interpretación de la palabra simple y llana, es decir, es un tafsir exotérico.

LOS COMENTARISTAS HETERODOXOS

Como ya antes he mencionado, frente a la corriente del tafsir ortodoxo que se basaba en los testimonios más fidedignos y rigurosos de los primeros creyentes y en la mera interpretación de la palabra revelada a nivel de léxico y gramatical, no tardó en surgir otra, denominada heterodoxa, que es la interpretación del Corán basada en el iŷtihad (esfuerzo de interpretación). Uno de los iniciadores de este tipo de comentarios fue un árabe, Ŷahm Ibn-i-Safawan, fundador de la secta de los Ŷahamíes, aunque parece ser que fueron los mu’tazilíes los que desde un principio más contribuyeron a su desarrollo, ya en el siglo IV de la hégira. Poco después también practicaron el iŷtihad los ismailíes o shiíes septimanos, y los sufíes. Entre los más importantes comentaristas mu’tazilíes, son dignos de mención Abu ‘Ali Ŷubbai y su, en un principio discípulo y luego acérrimo detractor, al-Ash’ari, el cual dijo del comentario escrito por su maestro que “no hay ni una sola palabra de los comentaristas antiguos, Abu ‘Ali ha confiado en su obra en las tentaciones del demonio...”.

Otro gran comentarista fue Abu Bakr Naqqash mu’tazili que redactó un comentario de unas 12.000 páginas que entre los mu’tazilíes sólo fue superado por ‘Abdul Salam Qazvini, un persa de Qazvin residente en Bagdad que eran tantos los tomos que sumaban su tafsir que las fuentes difieren. El principal motivo por el que los comentarios de los heterodoxos fueran generalmente tan extensos se debía a que éstos ejercían el iŷtihad deteniéndose a especular y a cavilar hasta en los detalles más minuciosos, que además glosaban con sus opiniones personales, y todo por ello con objetivos apologéticos.

En cuanto al método utilizado por los sufíes para comentar el Corán, era el mismo o por lo menos muy similar al de los mu’tazilíes, por lo que las obras resultantes solían ser largas y tediosas en la mayoría de los casos. En Irán fue a partir del siglo V de la hégira (s. XI) cuando los comentarios sufíes cobraron relevancia, como por ejemplo el redactado por Jaŷeh ‘Abdullah Ansari, que fue en el que se inspiró poco después Meibodi.

Antes de pasar a la segunda parte que trata del período áureo del tafsir en Irán cabría detenerse un poco en el método usado por los sufíes para la interpretación del Corán. Generalmente, tomaban una azora y la traducían a un persa sencillo y claro, luego examinaban una a una las causas, circunstancias y las leyes, preceptos y datos históricos que la azora en cuestión contenía, tras lo cual trataban de sacarle a la misma un significado esotérico acorde a las ideas sufíes. En ocasiones, también hacían todo esto en sus reuniones, a veces mediante las preguntas que los allí presentes formulaban a los Sheij o Pir de la cofradía, o bien por las circunstancias, como por ejemplo un acontecimiento reciente que afectaba a la comunidad. Este método ha sido fuente de inspiración de muchos cuentos y narraciones grotescas e inverosímiles en la literatura persa sufí.

SEGUNDA PARTE

LA ÉPOCA DORADA DEL TAFSIR EN IRÁN

El período que comprende entre la llegada al poder de los Gaznavíes o más justamente entre los Selyúcidas (1050) y comienzos del siglo XIII se le puede denominar con toda justicia la época dorada del “arte de comentar el Corán” con todas las acepciones que pueda conllevar esta expresión, y en este arte, fueron los persas los que se llevaron la palma tanto si escribían en persa como en árabe. No es casualidad que el auge de la redacción de comentarios fuese alcanzado en esta época pues también la literatura de este período recobra en Persia una fuerza inusitada que no decaería hasta los Safavíes, ni tampoco es casualidad el hecho de que fuese a partir del siglo XI cuando la cultura persa en general alcanza un, no ya desarrollo, sino una madurez y riqueza sin precedentes; recordémoslo, la literatura persa fue abundante y significativa antes del Islam, pero ni de lejos se puede comparar a la producción literaria alcanzada con la islamización del país.

Enumerar las causas de este cambio son largas, además de no ser el objetivo de éstas páginas. No obstante, se podría resumir en las siguientes líneas: el resurgimiento literario y cultural del siglo anterior, el X, no fue más que el preludio de la madurez alcanzada en el siglo siguiente y el incentivo para autores posteriores, la tímida prosa en persa surgida durante los Samaníes alcanza en el período Selyúcida su madurez y máxima evolución lingüística, (antes de los Selyúcidas, en cuanto al ámbito literario se refiere, éste idioma estaba casi relegado a la poesía). Por otra parte, Persia sufre una nueva conmoción con la irrupción y ascensión de dinastías de origen turco que reinaron en el país hasta 1925, mas la llegada al poder de estas dinastías foráneas suponían más bien un empuje para la cultura y la lengua persas —aunque parezca paradójico — ya que los turcos que invadían el país se iranizaban rápidamente de modo que ellos mismos difundían y promovían la cultura persa cuando invadían otros territorios, como por ejemplo La India, y, por último, pero más importante, por lo menos respecto al tema que estamos tratando, la proliferación de sectas o escuelas (mazahib) tanto ortodoxas como heterodoxas, atiborraron las madrasas con sus voluminosos comentarios en muchos casos para conseguir nuevos adeptos, o, en el caso de los shiíes, nuevos conversos. En este período, tanto un bando como el otro, llegó a hacer verdaderos progresos en la redacción de comentarios, especialmente los ulemas shiíes. No sólo los persas sino también los árabes escribieron extensos y valiosos comentarios, los primeros en persa y en árabe y los segundos, obviamente, en árabe.

Los comentarios de esta época trataban de temas muy diversos como por ejemplo la cuestión de si el Corán era creado o increado, filosofía y mística (‘irfan), interpretación de la Sharia (Ley islámica) o de las historias y narraciones del Corán etc., con lo que se puede observar el grado de desarrollo alcanzado en la ciencia del tafsir alcanzado en ésta época.

En cuanto a los comentarios escritos en persa, aun cuando ya en el siglo anterior tuvieron su importancia, fue a partir del siglo XI cuando la redacción en la lengua vernácula se hizo corriente, o mejor dicho, popular y más rica en cuanto a la cantidad de temas abarcados.

Otra de las cualidades del tafsir de la época áurea es la cantidad de caminos diferentes que se tomaban para llegar a Roma. Cada grupo de ulemas se esforzaban por interpretar el Corán desde su perspectiva y opinión personal limitándose y conformándose en la interpretación, bien de las leyes, de las historias u otros aspectos del Corán, en la disciplina que cada uno de ellos dominaba. Así pues, el gramático aplicaba la gramática, el cronista se centraba especialmente en las historias o crónicas, el jurisconsulto o alfaquí hacía hincapié en la jurisprudencia y el sufí veía en el Corán la inspiración de su misticismo. Aunque se pueda decir que ya en los primeros siglos del Islam era habitual este tipo de tafsir, como el escrito por Kalbi (m. 763) es en ésta época cuando alcanza su máximo exponente con autores, entre persas y árabes, como Beihaghi (m. 1065), Kiahrasi Tabari (m. 1110), ‘Arabi Hafez (m. 1148), Ravandi (m. 1177) y Ansarí al-Qurtubi (m. 1233).

Descuella entre los comentarios filosóficos más importantes de esta época el redactado por Shahrestani (m. 1153) titulado “Mafatih al-asrar wa masabih al-abrar” (Las llaves de los misterios y las lámparas de los píos), y el escrito por ‘Omar Razi, más conocido como Emam Fajr (m. 1209) en el que interpreta sólo cuatro azoras, aunque el autor asegura que “en este tafsir hallaréis misterios que otros no han comprendido”. Pero el tafsir más importante de Emam Fajr es uno que lleva por título “Mafatih al-qayb” (Las llaves de lo oculto), tan largo que él mismo no lo pudo terminar y fueron dos comentaristas posteriores, Ibn-al Jui (m. 1239) y Seivati (m. 1505) los que lo terminaron. Este tafsir se parece más a una enciclopedia de los conocimientos y la erudición del autor que un tafsir propiamente dicho pues el autor se anda por las ramas hasta acabar hablando de otra cosa cuya relación con la azora en cuestión es débil. El autor dice lo siguiente en el prólogo de su libro: “Cuando dije que se pueden sacar diez mil conclusiones diferentes de la azora de Hamd, algunos negaron que pudiera hacer tal cosa, pues he aquí mi comentario sobre ésta azora, prueba concluyente de lo que afirmé”.

Pasando ahora a los mu’tazilíes, entre los comentarios más importantes escritos por sus imanes está el comentario de “Kasshaf an haqaiq al-tanzil”, escrito por Zomojshri (m. 1143) en el que nos detendremos más adelante.

Pero de entre los comentarios escritos por los heterodoxos, ninguno suscitaron tanta polémica entre los ortodoxos como los redactados por los mal vistos sufíes, quienes superaban a todos en cuanto a esoterismo se refiere. Los sufíes comentaban una azora determinada deteniéndose en lo más insignificante hasta salirse por la tangente, y de esta manera algunas de las obras resultantes parecían cualquier cosa menos un tafsir. Así, el ortodoxo Ibn Salah hizo saber mediante una de sus fatwas que “si alguien cree que la obra escrita por Solmi titulada Haqa’iq al-tafsir es un comentario coránico, sea anatema”. En efecto, muchos de los comentarios escritos por los sufíes se parecían más a largas cavilaciones filosóficas en la que se exponían las ideas surgidas en sus cofradía ojanqas que a exégesis coránicas, no obstante, este hecho no mermó mucho la popularidad que estos comentarios alcanzaron.

Entre los comentarios sufíes más antiguos se encuentra el susodicho “Haqa’iq al-tafsir” de Solmi Neyshaburi (m. 1021) y “Lata’if al-isharat fi haqa’iq al-‘ibarat” de Qoshairi (m. 1072), también de Neyshabur. Otros comentaristas que se basaban en el ‘irfan, pero que no fueron sufíes, fueron Algacel, cuya contribución al pensamiento islámico fue grande pero no en el terreno del tafsir, y Meibodi, en el que nos detendremos más adelante.

Otro comentarista místico importante fue Ruzbehan Baqli de Shiraz (m. 1209) que incluyó en su tafsir, escrito en árabe, tanto su opinión personal como las ideas que pululaban entre los sufíes de entonces.

En fin, una vez comentado estos tafsir, pasamos a los comentarios coránicos verdaderamente importantes, comentarios cuya fiabilidad o mejor dicho, credibilidad, pasó a los siglos venideros y se escribieron a su vez comentarios de ellos.

Entre los comentaristas shiíes más importantes se encuentra Sheij al-Ta’efeh, nacido en Tus (Jorasán) en el año 995 y emigrado a Bagdad en el 1017 y posteriormente a Nayaf donde murió allá por el 1067. Este se encuentra entre los ulemas shiíes más destacados de la época, autor de numerosas obras, no sólo comentarios. Su tafsir más conocido es “Tafsir al-tabayyan”, escrito en dos volúmenes, resumido posteriormente por su nieto Ibn Idris Helli.

Mohammad Razi (m. 1157) fue también un destacado comentarista shií que escribió su más importante comentario en persa, “Rouz al-Ŷanan” (Los jardines de los paraísos) dividido en 20 partes y editado hoy día en cinco volúmenes. Su sistema para comentar el Corán es el siguiente: después de intentar explicar la razón de la denominación que tuviera la azora en cuestión, establecía si era revelada en La Meca o en Medina, su forma de lectura en árabe aleya por aleya, y, una vez la traducía al persa, daba su opinión en cuanto al significado tanto esotérico como exotérico. Este comentario tiene además la importancia añadida, lingüísticamente hablando, de estar redactado en una prosa persa muy arcaica, a pesar de ser ya del siglo XII, y plagada de términos y expresiones locales de donde era el autor (Rei).

Otro gran comentarista shií fue Abu Ali Fazl ibn Hasan ibn Fazl Tabarsi, más conocido simplemente como Sheij Tabarsi (m. 1153), autor de tres comentarios: el breve “Al-kafi al-shafi”, el mediano “Ŷawami’ al-Ŷami’”, y el grande “Maŷma’ al-bayan” que además de ser el más extenso, es el más importante y más conocido de los escritos por éste autor, tanto que fue objeto posteriormente de múltiples recopilaciones y abreviaciones. Sheij Tabarsi, hoy santo del Islam shií, cuyo santuario se encuentra en la actualidad en Mazandarán, critica en el prólogo de éste último tafsir la vacuidad de los comentarios escritos por los shiíes y de entre los heterodoxos sólo da por bueno al susodicho Sheij al-Ta’efeh de cuya obra (Al-tabayyan) dice que es la única que contiene suficientes pesquisas, aun cuando la critica por su desorden en la exposición de los temas, y es por ello (sigue diciendo en su prólogo) que se decidió a redactar su propia obra en la que hizo especial énfasis en corroborar las ideas shiíes como no supieron hacer los anteriores a él, obra que terminó en el año 1141.

Respecto a “Ŷawami’ al-Ŷami’” es necesario añadir que ésta obra si bien más breve que “Maŷma’ al-bayan” es tan conocida como ésta última. En realidad, este comentario mediano es una recopilación del mayor y el menor (Al-kafi al-safi) siendo éste último a su vez una recopilación del “Kashaf” de Zomojshri.

Dejando ahora a un lado a los heterodoxos pasamos a describir brevemente a los comentaristas ortodoxos entre los que cabe mencionar a Mohammad Dinavieh, que escribió su tafsir a comienzo del siglo XII, y, aunque con un poco más de iŷtihad, su estilo es muy similar al de los comentaristas “primigenios”, en el sentido de que a veces parece que está narrando hadices o tradiciones orales del Profeta.

Otro gran comentarista de este estilo fue Farra Bagavi, natural de una aldea a medio camino entre Marv y Herat, aunque fue más conocido como jurisconsulto, disciplina de la cuál fue autor de numerosas obras y opúsculos, y considerado de hecho como de los mejores jurisconsultos de la escuela shafei que hubo en su época.

Matavi de Neishabur puede incluirse igualmente en esta lista. Este allegado del celebérrimo ministro Nezam al-Molk, escribió un tafsir titulado “Asbab al-Tanzil” pero que parece ser que no tuvo la difusión que los antes descritos.

Finalmente y para concluir este apartado, diremos que además de las obras que se escribían para aclarar los significados del Corán, fuesen ocultos o no, se crearon otras que aunque no fueron comentarios en la expresión del término que cualquier islamólogo conoce, sí que contribuyeron a engrosar la ya gruesa lista de libros de exégesis del Corán. Estas obras abordaban temas como los milagros narrados en el Libro Sagrado o de otros asuntos ya entonces tan hollados como la elocuencia derrochada por el Corán. Un exponente de este tipo de obras fue “Nihayat-ul-a’aŷaz” (El extremo de los milagros) escrita por el ya mencionado Emam Fajr Razi, y “Ŷavami’ al-bayan” obra escrita en persa por Hobaish ibn Ibrahim de Tiflis (m. 1231) que explica con fluidez los pasajes oscuros del Corán, más por ser una lengua extranjera que por ser oscuros en sí.

ANSARI

Este renombrado polifacético seguidor de la doctrina hambalí nació en Herat en el año 1005. Su fama no sólo se debe al gran tafsir que escribió sino por ser un sabio en el sentido que tenía por aquel entonces ser sabio, es decir, una persona que abarcaba varias ramas del saber pues dominaba a la perfección no sólo su lengua materna, el persa, en la cual escribió los mejores poemas de la época sino que además su dominio del árabe era igualmente impecable. Además era igualmente hábil en la redacción de hadices y jurisprudencia.

Fue alumno del sufí Jarqani, al que sustituyó cuando éste murió, y tuvo estrechas relaciones con otros personajes sufíes tan peculiares como Abu Sa’id Abul Jeir, inspirador de tantas increíbles historias y cuentos sufíes surgidas posteriormente en la literatura persa.

Vivió casi toda su vida en la ciudad que lo vio nacer y allí murió en el 1088.

Aunque en la historia de la literatura persa se enumera como uno de los poetas de la época, su celebridad más bien se debe a la cantidad de obras que escribió, de las que sólo citaremos los títulos de algunas como Monaŷat Nameh, Zad al-‘arefín, Kanz al-salekin, Qalandar Nameh, Elohi Nameh, Tabagat-e-sufiéh, y su gran tafsir en el que se basó posteriormente Meibodi como veremos más adelante.

ZOMOJSHRI

Su nombre completo era Abul Qasem Mahmud ibn ‘Omar ibn Mohammad de Zomojshar, un pueblo de Joresmia. Nacido en el 1074 y muerto en 1143, este erudito mu’tazili, cuyas obras no se limitaban a la disciplina del tafsir, escribía además sobre gramática árabe, lógica y retórica, como por ejemplo “Muqaddimat al-adab (Sobre gramática árabe, pero explicado en persa), “Asas al-balaga”, “Qarib al-hadith” y muchas más. Este fue en su época mucho más conocido con el sobrenombre de Ŷarullah (vecino de Dios) debido a que vivió un tiempo junto a la Kaaba.

Como ya antes mencioné, la obra que le dio fama, por lo menos en cuanto a comentarista se refiere, es la que lleva por titulo “Al-kasshaf fi tafsir al-Qor’an” en la que, como gran experto en la gramática árabe, no se limita a comentar el Corán sino que además analiza sus aspectos gramaticales, algo sobre todo destinado a los persas. Este tafsir alcanzó tal notoriedad que no sólo se escribieron posteriormente del mismo comentarios sino que algunos pensadores anti-mu’tazilíes se basaban en este tafsir para redactar refutaciones de las ideas mu’tazilíes.

MEIBODI Y SU OBRA

Este autor y su obra merece un punto y aparte pues escribió en persa uno de los comentarios más importantes de la época, el “Kashf-ul-asrar va'adat-ul-abrar”. La redacción de esta obra, que excede las dos mil páginas, fue comenzada en el año 1126 pero se ignora la fecha en que fue terminada. El autor en su prólogo dice basarse en la obra de Ansari, con esta frase: “He leído el comentario de Ansari y me he percatado de que en cuanto a terminología y significado ha llegado a límites milagrosos, pero que ha exagerado de brevedad”. Tras hacer uno de esos largos elogios típicos de la época, sigue diciendo, “en este libro hemos seguido las siguientes pautas, establecer reuniones de consulta sobre las aleyas del Corán y dividirlas en tres partes: en la primera se hace una traducción de lo aparente, al persa, de manera breve pero cuyo significado quede claro, en la segunda vemos su pronunciación (lectura) y hacemos un comentario (tafsir) en el que se aclaren sus diferentes significados e interpretemos las leyes, historias, sucesos y otros aspectos de la Revelación, y en la tercera (se hable) de los misterios y alusiones de los sufíes (respecto a la aleya en cuestión)...”

En este comentario, lo que realmente hace Meibodi en la mayoría de las ocasiones es explayarse más sobre lo que ya dijo brevemente Ansari, y ello se deja ver más claramente en el hecho de que muchas de las expresiones del Kashf al-asrar son muy similares a las utilizadas por Ansari. Otras veces se limita a comentar sus palabras (no las del Corán) entre elogio y elogio, no sin antes bombardearle con apelativos gratificantes como el Pir (Sheij) de la Tariqa, Sheij del Islam o Belleza de los que tienen la Verdad.

Meibodi, en una de sus habituales referencias a la sagacidad de Ansari, cita sus siguientes reflexiones en torno a la letra alif, que tiene la forma de una raya vertical: “el Pir de la Tariga desveló los misterios que envuelven a la letra alif. Dijo que la alif es el Imám de las Letras, que es conocida entre todas las letras, que no se une a las demás letras pero que las demás sí que se unen a ella, la alif es independiente y no necesita a ninguna letra, es recta, es igual esté al principio o al final...”. Esta es una muestra de las ingeniosas cavilaciones de los místicos, que empezaban a abundar en el mundo islámico, muy especialmente en Persia.

OTROS COMENTARIOS DE LA ÉPOCA

EL TAFSIR DE SURABADÍ

Este comentario, escrito en persa, es obra de un personaje desconocido llamado Abu Bakr ‘Atiq ibn Mohammad al-Heravi al-Surabadi, coetáneo del rey selyúcida Alp Arslan. De esta obra se conservan una gran cantidad de manuscritos repartidos en las bibliotecas y museos de Irán y en las de Europa.

La prosa empleada en este comentario es de sumo valor para los lingüistas que tratan con lenguas iranias ya que el autor usa en él un sinnúmero de expresiones no sólo obsoletas y desconocidas sino únicas en el sentido de que no se hallan en otras obras de la misma época.

EL TAFSIR DE ESFERAINI

Este comentario fue escrito aproximadamente en la misma época que el anterior por Abul Muzzafar Shahpur (m. 1078), seguidor de la escuela shafeí. Este comentario es también conocido bajo el ampuloso de título de Taŷ al-taraŷim fi tafsir al-Qorian li-l-a’aŷim” (La corona de las traducciones en comentarios del Corán para los persas), título con el que lo mencionó Haŷ Jalifeh en su obra.

Se trata de uno de los típicos comentarios que tanto abundaban por entonces, y que tiene, al igual que el anterior, un valor más filológico que religioso.



BIBLIOGRAFIA CONSULTADA

El Islam, desde los orígenes hasta el comienzo del imperio otomano. Claude Cohen. Historia universal siglo XXI V.14, 1989

Historia de la filosofía islámica. Henry Corbin. Editorial Trotta, 1994

Literatura árabe. Juan Vernet. Nueva colección labor, 1968

Tarij-e-adabiat dar Iran [Historia de la literatura en Irán]. Dr. Zabih-u-llah Safá. Entesharat-e-Ferdous, Teherán, 1994, (volúmenes I y II)

A literary history of Persia. Edward G. Browne, Cambridge, 1905 (volúmenes I y II).
Fuente: Conserjería Cultural de la Embajada de la República Islámica de Irán en Madrid.




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