23/4/12

Hambre en el mundo: 7 motivos, 5 estrategias

“Más de 900 millones de campesinos en el mundo no pueden vivir de su trabajo, arruinados por las subvenciones de los poderosos. Millones de familias venden su cosecha a precio vil y luego mueren de hambre. Es la expresión más acabada del fracaso humano” (Intermón Oxfam, 2011).




Aclarémoslo, es una de las ONG más poderosas y prestigiosas del mundo. Por otro lado, estadísticas de la ONU ratifican que “cada cinco segundos muere un niño de hambre; otros diez millones de adultos mueren por la misma causa o por enfermedades ligadas a la malnutrición. El presupuesto mundial de los países ricos a los pobres para el desarrollo es de 50.000 millones de dólares al año. El presupuesto militar de los EEUU es catorce veces mayor”. No sé si hace falta decir mucho más.

7 motivos

Es difícil explicar semejante despropósito, tremenda desigualdad. Hace muy poco, un grupo de especialistas elaboró un documento que fue publicado en parte por el diario “El País” de Madrid. En él exponen siete motivos por los que se pasa hambre en el mundo; no son justificaciones, apenas si explican algunas causas (tampoco todas).

En primer lugar citan la incompetencia y la corrupción en países pobres, citando como ejemplo la extravagante fortuna del presidente y su familia en Guinea Ecuatorial, donde el 85% de la población padece hambre. El derroche es fastuoso y archiconocido en Europa; allí donde reciben al mandatario y sus hijos, ansiosos de incorporarlos como clientes. Otro caso que mencionan es Nicaragua: con su deuda condonada en un 75%, el PBI no aumentó ni un centavo en asistencia social cuando el 50% del pueblo vive bajo el índice de pobreza. En general, dicen, los dictadores abastecen a la ciudad capital en desmedro de todo el resto para mantener el orden público. Las calamidades periféricas los tienen sin cuidado.
El segundo motivo son los escandalosos subsidios de los EEUU y Europa a los productos agrícolas, desfigurando un mercado al que defienden como libre en el discurso pero que condicionan sin piedad. Los aportes gubernamentales de Washington y París arruinan a los productores de Senegal, de Etiopía, de Marruecos y tantos otros. 

En tercer lugar, señalan a las guerras y la inestabilidad general, que desplazan a la gente de sus tierras ancestrales condenándolas a deambular por el mundo sin acceso a recursos. Sudán, Afganistán, Bosnia en algún momento, son ejemplos claros.
El cuarto motivo es la falta de educación: de vez en cuando dan un pescado, pero nunca enseñan a pescar. A lo sumo habrá algún aporte en situación de catástrofe, pero no hay apoyo para el crecimiento continuo que evite recaer. En este sentido resalta el valor de algunas iniciativas privadas, algunas artísticas (Bob Gelford, Bono, Angelina Jolie, etc), pero insuficientes a todas luces.
Luego mencionan algunos casos en que la ayuda termina siendo contraproducente si es excesiva, continuada y sin educación. Citan el caso de Ruanda, pobrísima y devastada por la guerra, donde el gobierno dice que con motivo del aporte externo “la gente perdió la costumbre de trabajar, de cultivar la tierra. Prefieren esperar el subsidio, la bolsa de comida, o morirse de hambre. No es una vida muy digna –declaró la ministro de Salud-, pero tampoco se hacen mucho problema”.
Sexto lugar para las enfermedades derivadas de la pobreza: tuberculosos, malaria, cólera, asociadas muchas veces al SIDA. Generan un círculo vicioso donde la enfermedad impide trabajar; y no trabajar conduce al hambre, que enferma. La vulnerabilidad es extrema y “redonda”. 

No dejan pasar, por último, el determinismo geográfico, la influencia de la Naturaleza en los hábitos alimenticios. Los países más hambrientos son de zonas cálidas, más vulnerables a sequías o inundaciones repentinas. Los países fríos no tienen ese problema y suelen ser más desarrollados, lo que les permite producir y conservar mejor los alimentos.

5 estrategias

Dicen que uno es lo que come. La comida es el combustible principal para cualquier organismo vivo y por eso debería ser objeto de cuidado y valoración especial. Algo de eso hay; impensados y no tradicionales, vea estos ejemplos.
Para China la reserva estratégica es el cerdo: apoyan y protegen su crianza, y en este momento tienen uno por cada tres chinos (en la progresión, aumentan). Su producción es igual a la suma de 43 países productores. Y eso que en el 2008 tuvieron que sacrificar millones por la llamada “enfermedad del cerdo de oreja azul”; fue el momento de mayor inflación en el precio, y la causa del proyecto oficial para construir cientos de frigoríficos a fin de conservar carne de cerdo congelada.
Ahora bien, la afición a la carne en el mundo desarrollado se vuelve catastrófica porque la cría de ganado genera, además del uso de tierras para pastura, el 20% de los gases invernadero (informe de ONU sobre calentamiento global). Por eso la misma Agencia para Alimentación y Agricultura (FAO) está recomendando… comer insectos. Tienen (dicen) igual cantidad de proteínas, vitaminas y minerales esenciales y emiten menos carbono al ambiente. Suena asqueroso, pero cuidado que ya hay 1.000 especies que se consumen. De hecho, hay cría de langostas y grillos en Laos, considerados un manjar; o latas de hormigas que se pueden conseguir en Perú desde hace años.
El tercer caso es el mercado del chocolate (¡al fin algo como la gente!). Sus efectos nutritivos han desplazado el temor al engorde, lo que motivó una avanzada fenomenal en procura de capturar las zonas de producción (Costa de Marfil a la cabeza). Hay fabricantes que vienen almacenando millones de toneladas, como las británicas Ward y Hershey.
Lo más extraño es la reserva mundial que se está haciendo… de pimientos. En Svalbard, remoto archipiélago a 400km al Norte de Noruega, se construyó un búnker dentro de una montaña para proteger la futura reserva mundial de alimentos en caso de catástrofe. Este almacén subterráneo tiene 142 metros y cuenta con 5 millones de toneladas de semillas. Por razones no explicitadas, en 2010 se llevó una colección enorme de pimientos de todo tipo y color.
El otro alimento cada vez más de moda y valorado es tan viejo como los incas: la quinoa, un cereal andino tan lleno de minerales, proteínas y aminoácidos que la FAO dice que puede sustituir a la leche materna. La quinoa entró en el mercado norteamericano hace 30 años, pero su despegue se ha producido de verdad desde el año 2000, y su precio se ha multiplicado casi por siete. Buena noticia para los agricultores bolivianos, que producen el 90%. Pero paradójicamente, tan bien entró en el mercado norteamericano que ahora ellos ya no pueden consumirla por el altísimo precio de cotización. 

De hecho, el consumo local disminuyó un 35%. El presidente Evo Morales lo consideró un “cultivo estratégico” y subvenciona una parte para preservarlo como alimento de mujeres embarazadas, compitiendo con los platos gourmets.

Es tan absurdo que la gente muera de hambre como andar haciendo agujeros en las montañas para guardar morrones para el mundo post-cataclismo. Alguna vez nos sentaremos a hablar en serio, antes de volver a la antropofagia.

 Rodolfo Olivera-NoticiasyProtagonistas

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