7/4/12

En Siria, con auspicios de la ONU, comenzaría un plan de paz

Luego de varios viajes a Damasco del enviado de la ONU, Kofi Annan, Siria aceptó el plan de paz propuesto. Habrá que aguardar hasta el 10 de abril para ver si esto funciona o no, si la oposición no lo sabotea.
Por EMILIO MARÍN
El 15 de marzo se cumplió un año desde que comenzaron los enfrentamientos armados entre el gobierno sirio y una variopinta oposición. La cuna de esa larvada guerra civil fue la ciudad de Deraá, al sur, hacia la divisoria de límites con Jordania.

Los combates, cada vez más virulentos, se fueron generalizando y el mundo supo que quienes se oponen al presidente Bashar al Assad habían tomado de bastión la ciudad de Homs, en el centro. Pero también había una dura lucha en Idlib y Aleppo, hacia el norte, en dirección a Turquía.

Dicho en otros términos, la lucha entre gobierno y oposición se llevó a buena parte del territorio. Los muertos de uno y otro bando se estiman en 9.000 y son de los dos lados. La precisión es importante porque los medios que sintonizan la onda del Departamento de Estado norteamericano sólo hablan de las bajas de la oposición y la cuenta total se la endilgan íntegra a Al Assad.

Un despacho de Prensa Latina de ayer, en cambio, precisaba que “desde el 25 de marzo de 2012 hasta el ayer Siria reportó la muerte de 80 oficiales, soldados y agentes del orden, entre ellos dos generales, cinco coroneles, dos tenientes coroneles, un mayor, dos primeros tenientes y varios sargentos y suboficiales”.

Para Hillary Clinton todos los muertos son de la oposición apañada por su cartera. Y sus fallecidos serían producto de la acción “del dictador”, por lo que la paz tendría como única vía su derrocamiento.

La buena noticia es que el ghanés Kofi Annan, ex secretario general de la ONU, logró avances con su gestión en nombre de las Naciones Unidas y la Liga Árabe. Tras entrevistarse en dos ocasiones con el líder sirio, al que llevó un plan de 6 puntos, pudo informar el 3 de abril al Consejo de Seguridad de la ONU que aquél estaba de acuerdo con sus lineamientos.

Su interlocutor de Damasco se comprometió a aceptar la propuesta, pero pidió una semana antes de poner en marcha el punto 1, referido al cese del fuego y el retiro de las tropas de las ciudades y barrios que ocupaban.

Los otros aspectos del “plan Annan” se refieren a que la Cruz Roja y organismos humanitarios puedan llegar a las zonas de mayor desastre, que sean liberados los presos políticos tomados en esta pelea y que se abra un diálogo nacional entre las partes enfrentadas, con vistas a reformas democráticas.

Mientras Annan consumía sus mayores energías en sacar adelante ese compendio de buenas intenciones, la señora Clinton con sus aliados de Alemania, Francia y Reino Unido apostaba a su fracaso. En simultáneo, reunía el autodenominado “Grupo de amigos de Siria” en Estambul y disponía apoyar con dinero y “ayuda técnica” (léase armamento y adiestramiento) a las marionetas de la OTAN en Siria, que son clonadas de las que en Libia derrocaron y asesinaron a Muammar Khadafy.



Excusas y malas intenciones

La excusa de Washington y sus aliados para alimentar política y militarmente a la oposición siria es que el presidente sería un vulgar dictador. Es verdad que los títulos democráticos de Al Assad no son para nada perfectos, como que heredó la presidencia luego del fallecimiento de su padre, Hafez, quien había estado treinta años allí.

Pero Al Assad no es el peor del grado, en Medio Oriente. Sus dos mandatos, consumidos hasta ahora, fueron fruto de dos votaciones en referendos por la mayoría de la población.

Se dirá que lo hizo para quitar banderas a sus detractores, pero el domingo 26 de febrero el presidente convocó a un referendo que anuló el artículo 8 de la Constitución. El mismo establecía que el oficialista partido Baaz, en el poder desde 1963, “es el líder del Estado y la Sociedad”. A partir de las próximas elecciones, en 2014, diversos partidos podrán presentar sus candidaturas y quien gane tendrá la presidencia por un máximo de dos períodos, de 7 años cada uno.

Sobre un padrón total de 15 millones de votantes, concurrió a emitir su sufragio el 57 por ciento; de éste un 89 por ciento aprobó los cambios planteados por Al Assad.

En comparación con el reino saudita de Abdalá bin Abdulaziz y sus similares de Qatar, Bahrein y otros emiratos, el régimen político con capital en Damasco sería una democracia casi perfecta. Aquellas son monarquías que nadan en petróleo, con poblaciones sin derechos políticos y una casta enriquecida y corrupta, alineada con EE UU, lista para tareas de acompañamiento contra Irak, Irán, Libia, Siria y todo lo que le pidan.

Al Assad no es la perfección democrática, como tampoco lo eran Khadafy y Saddam Hussein. Pero es de un cinismo espantoso decir que éstos “dictadores” deben ser barridos por invasiones y bombardeos, con guerras civiles armadas desde afuera, etc. y en cambio los sauditas y qataríes serían unos bellos discípulos de Abraham Lincoln.

Bahrein es el asiento de la V Flota norteamericana cuyo jefe es el vicealmirante Mark Fox y Arabia Saudita compra anualmente armas yanquis por miles de millones de dólares. Por eso la Casa Blanca los tiene en tan alta consideración. Y son potencias petroleras afines a Washington y la Unión Europea, lo que echa más luz sobre esas relaciones políticas y militares. La dócil Riad no es Caracas, a la hora de discutir políticas internacionales y el precio del barril.

Hay otro motivo de fondo para la promoción norteamericana de la guerra dentro de Siria: su plan estratégico de ir comiendo piezas en el tablero rumbo a Teherán, como primera escala, y a Beijing y/o Moscú, en el futuro. Si EE UU instala un régimen pelele en Damasco, su hegemonía mundial sería más cercana y consistente.



Tres diferencias

Se nota que el Departamento de Estado y el Pentágono norteamericano han querido duplicar la experiencia exitosa de Libia. Entonces formaron el Consejo Nacional de Transición (CNT), que acaba de reelegir para su presidencia, en forma no democrática, a su titular Mustafa Abdeljalil. Y en lo militar formaron su Consejo Militar, como fuerza armada que coordinaba con la OTAN.

En Siria quieren aplicar un libreto muy similar. Han reconocido a un Consejo Nacional Sirio (CNS) como si fuera el auténtico representante del pueblo de ese país. Y dan apoyo más o menos encubierto en lo logístico y militar al “Ejército Libre de Siria” (ELS). Esto evoca cuando, el 10 de marzo de 2011, el gobierno de Nicolas Sarkozy reconoció al Consejo Nacional Libio como “poder legítimo”, con sede por entonces en Bengasi.

¿Habrá sido mera casualidad que cinco días más tarde comenzaran las hostilidades contra Assad en la ciudad de Deraá?

Mal que les pese a Obama, Clinton, Sarkozy y el muy beligerante David Cameron, la situación en Siria presenta varias diferencias con la de Libia, que tuvo un final feliz para los representantes de esas potencias y contrario al país norafricano.

Primera diferencia con Libia. Al menos hasta hoy Al Assad tiene un mayor apoyo del grueso de la población, obviamente no de toda. La votación en el referendo constitucional del 26 de febrero fue una expresión de ello, pero también las multitudinarias marchas del 15 de marzo, al repudiarse el primer aniversario de la rebelión.

Segunda diferencia. Militarmente el gobierno lleva las de ganar. Khadafy nunca pudo recuperar Bengasi y desde ese extremo oriental los opositores y la OTAN llegaron hasta Trípoli, en el oeste. En contraste, el 1 de marzo las tropas leales a Al Assad entraron a Homs y dos semanas más tarde hicieron otro tanto con Idlib, en el norte, y Deraá en el sur. Sobre la recuperación de Homs, Clarín tituló: “Cae el mayor bastión rebelde en Siria tras una brutal ofensiva de Assad” (2/3). Sobre lo ocurrido en Idlib, “La Nación” dijo: “Al Assad retomó otro bastión rebelde”. Poco imaginativos para titular estos medios, pero lo que importa es que las cosas no tomaron el cariz de Libia entre marzo y octubre de 2011.

Tercera diferencia. Khadafy estuvo muy aislado en el mundo, porque en los últimos años había buscado reconciliarse con EE UU, Italia, Francia y otras potencias seducidas por su petróleo. Cuando éstas decidieron echarlo, no tenía en quién respaldarse. En cambio Siria cuenta con un apoyo político fuerte de El Líbano e Irán, que temen ser atacados si Damasco cede posiciones. También Rusia y China, que en Libia ejercieron una tibia oposición en el Consejo de Seguridad y hasta permitieron una resolución con sanciones en su contra, han tenido una política de firmeza en el caso sirio. En octubre de 2011 y en marzo de este año se opusieron a sanciones contra Siria, propuestas por Washington, con lo que pusieron un obstáculo a la agresión militar estadounidense y la OTAN.

Así fue que salió a flote el “plan Annan” de 6 puntos, donde no figura el derrocamiento de Al Assad. Eso tiene muy disconformes a Clinton y sus aliados europeos y sauditas. Si ellos proponen más violencia para sacar al presidente, quedarán aislados en la ONU y el mundo.


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