25/4/12

Chipre y su gas, entre Israel y Turquía

El escenario mundial viene áspero. Israel peleado con casi todo su entorno. Irak y Afganistán a puro bombazo. Pakistán hirviendo por dentro. Somalia, Sudán, Mali, el Congo y Costa de Marfil ensangrentando África. Las Coreas en guardia. Ahora Chipre, fuera de programa: gigantesco hallazgo de gas natural le tira una garrafa al fuego.
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Por Rodolfo Olivera


Cuando la empresa texana Noble Energy descubrió el yacimiento de gas natural en la Zona Económica Exclusiva del mar greco-chipriota, omitiendo la presión turca para que no se involucrara en una zona que considera parte de su plataforma continental, empezó a perfilarse un nuevo conflicto fuera de programa. Se calcula como mínimo que el primer depósito descubierto tiene 85.000 millones de metros cúbicos, suficientes para abastecer a toda Chipre por 100 años. Pero según la proyección a partir del segundo al que bautizaron “Leviathán”, tendría 435.000 millones de metros cúbicos, suficientes para darle gas por 70 años a los EEUU. Todo esto implica un seguro excedente exportable.
Claro, hay quienes sueñan con hacer un pingüe negocio económico que ponga a la alicaída economía chipriota en un lugar privilegiado, habida cuenta de la histórica necesidad de gas de Europa. Y del otro lado hay quienes pierden el sueño imaginando las tensiones multiplicadas ad náuseam entre Turquía, Israel, Grecia, la Unión Europea y la propia Chipre, pequeña, dividida en dos y de aquí en más tironeada hacia los cuatro costados. 

Tel Aviv se lanzó primero, con un acercamiento -inédito- a Chipre que, además, asume la presidencia de la Unión Europea (UE) en julio. Dividida en una región griega al Sur (64%) y otra turca al Norte (36%) después de un conflicto que llevó años y dejó rencores, la pequeña isla se incorporó en 2004 a la Unión en aquella aventura expansiva de “los 15”, con la salvedad de que los parámetros comunitarios sólo alcanzan a la fracción griega.
Paralelamente, el ingreso de Turquía era frenado una vez más por Francia y la propia Chipre (!), provocando una nueva frustración en Ankara, que ya avisó que no tendrá más contacto con la UE mientras los chipriotas la presidan. Más aún, los turcos se niegan a abrir la entrada de buques y aviones al tráfico greco-chipriota. Gas de por medio, Israel mueve sus piezas diplomáticas para sacar partido. 

¿Por qué? Porque además de verle la pata a la sota, la zona de exploración está en el límite de las aguas territoriales de ambos y el gobierno israelí pretende el 20% del total del recurso, “cooperando” para la extracción. El punto es que esta “simpatía sorpresiva” de Israel por Chipre ocurre en el momento en que la relación con Turquía está en su nivel más crítico. El gobierno de Erdogan es un enérgico defensor de la causa palestina, sus relaciones con Irán son relativamente cordiales, tomó distancia de la histórica alianza con EEUU y se muestra como referente de la región.
Agregado especial: cuando un barco turco cargado con alimentos y medicinas intentó llegar a la región de Gaza para desembarcar la ayuda humanitaria, un helicóptero israelí se lo impidió abordándolo y asesinando a nueve tripulantes turcos. Desde entonces la relación cayó en picada. Turquía pide sanciones; Israel rechaza siquiera conversar. Hoy, los primeros tienen muy restringidos los permisos de sobrevuelo a los aviones comerciales de Israel.
Como dice Robin Mills, de la Agencia France Presse, “el reparto mundial de los recursos de gas y petróleo que hace la Madre Naturaleza indica que tiene un travieso sentido del humor. Los grandes yacimientos están en zonas con vecinos hostiles”. Literal, porque acá es a varias bandas: Turquía contra Israel, el Líbano que reclama una parte, los chipriotas del Norte contra los del Sur, los intereses de la empresa norteamericana, la necesidad del mercado europeo.
Encima, Israel siempre recuerda a Golda Meir, su heroína de los tiempos fundadores que decía que el pueblo judío siguió durante 40 años a Moisés por el desierto para acabar en el único lugar de Medio Oriente donde no hay petróleo. Ironía de aquella notable cascarrabias que hoy se sentiría un poco mejor tras este descubrimiento que roza sus aguas. Aguas que según el US Geological Survey pertenecen a Israel, el Líbano y Chipre, omitiendo ex profeso a Turquía, lo que potencia la furia otomana. Además Israel, que hasta ahora importaba 40% del gas que consume de Egipto, al perder al presidente Mubarak y resultar incierto el futuro de este país árabe encuentra ahora la salvación en el hallazgo. De hecho, el gasoducto que atraviesa el Sinaí ya fue atacado cinco veces en el transcurso del 2011.
A la hora de recalentar el ambiente nadie mejor que “Bibi” Netanyahu, el premier israelí: incrementó la “cooperación” entre Israel y Chipre (griega) en el área de Defensa. La base Papandreu de la isla, abandonada en la región de Pafos, volvió a ser activada con el arribo de aviones de combate israelíes para recarga de combustible en reemplazo de la restricción turca. Es más, Netanyahu y Demetris Christofias, el líder grecochipriota, acordaron un pacto de defensa para proteger mutuamente sus reservas de gas. Buques y aviones militares de Israel patrullarán la zona para prevenir cualquier amenaza. Y ya se habla de que Pafos se transformará en base militar israelí con carácter permanente. 

Con su delicadeza habitual, el Ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Avigdor Lieberman, amenazó con venderle armas al grupo kurdo que combate contra el gobierno de Turquía.
Del otro lado, en una entrevista al medio regional Al Jazeera, el primer ministro Recep Erdogan declaró: “Turquía no consentirá que Israel tenga uso exclusivo de los recursos del Mar Mediterráneo”, y dijo que pensaba enviar tres fragatas contra los buques de guerra israelíes. El ministro israelí de Infraestructuras, Uzi Landau, respondió: “Israel puede apoyar y asegurar las plataformas que vamos a construir en el Mediterráneo”, base argumental de la propuesta para consolidar la base en Chipre.
EEUU apuesta a dos puntas: se muestra contento y entusiasmado con el descubrimiento de la nueva fuente, sugiere “cooperación entre las partes” y promete “ayuda a quienes decidan llevar adelante el emprendimiento”, sin aclarar quién de tantos.
Tenga la precaución de no olvidarse del Líbano. La frontera marítima entre el país de los cedros e Israel no está delimitada con claridad. El Líbano es débil en sí mismo y no le vendría nada mal un porcentaje del yacimiento. Pero allí opera Hezbollah. Siria ejerce una influencia decisiva. Y a través de Siria también muestra las uñas Irán.
Conflicto a varias bandas, totalmente fuera de programa. No hay descanso, ¿eh?

Fuente: Noticias y Protagonistas

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