22/2/12

Lo que aprendimos de Jauretche (I): Creatividad y método jauretcheano

Actualmente hay libros y cursos que pretenden “enseñar” creatividad, el objetivo de ellos es impulsar a las personas a ver los asuntos desde una perspectiva distinta a la habitual, eso es precisamente lo que Jauretche alentaba constantemente a practicar, pero poniendo el acento en resistirse a ser influenciados por el pensamiento de los sectores dominantes que tratan de imponernos sus “verdades”. Veamos algunos ejemplos que podemos extraer de sus obras.

Tomando una inquietud surgida de un artículo de Osvaldo Guglielmino donde se señalaba que se había invertido el sentido del país al tratar a los habitantes del Interior que llegaban a Buenos Aires como “pajueranos” es decir que se los ubicaba como seres que venían de afuera, cuando en realidad ellos provenían de adentro, entonces proponía un nuevo término: “padrentranos”.

Esta discusión podría parecer a primera vista un tema menor, pero si se lo analiza no lo es, la ciudad de Buenos Aires es de todos los argentinos por lo que la pretensión de hacer sentir extraños a quienes llegaron desde las provincias tiene la finalidad de mostrar una supuesta superioridad porteña.

Pero iba mucho más allá al señalar que: “Una cultura colonizante ha hecho que se inviertan los términos y, entonces al que viene de afuera del país aparece como viniendo de adentro; el que baja de Italia o Inglaterra en el puerto de Buenos Aires es el “padentrano”, y es pajuerano el que viene de La Pampa o de San Luis”. “Esto aparentemente formal es sustancial. Revela cómo nuestro pensamiento frecuentemente no obedece a la lógica de la naturaleza y de los hechos, sino a la del prestigio de las ideas y sus difusores”.

Esta manera de razonar constituyó una constante de su labor, cual es impulsarnos a ver la realidad desde una óptica diferente a la que quieren imponernos quienes detentan el poder.

Otro ejemplo en el mismo sentido fue cuando propuso dar vuelta el mapamundi de tal manera que la Argentina y América del Sur quedaran ubicadas “arriba” de todo, colocar a las potencias arriba y a nuestro país abajo, es una mera convención ya que en el Universo no existen los conceptos de “arriba y abajo”, pero nos condiciona mentalmente cuando se nos coloca “abajo”, esta convención se ha hecho carne en muchos argentinos, de tal forma que estamos convencidos que nos encontramos en el “culo del mundo”, término que repetimos habitualmente.

Así explicaba el inicio de esta idea: “En una conferencia de FORJA, pronunciada en el teatro Comedia, les pedí a los oyentes que ubicaran a la Argentina en un planisferio imaginario. El público lo hizo: abajo y a la izquierda. Dije, entonces recogiendo las contestaciones del público que, para pensar como argentinos, necesitábamos ubicarnos en el centro del mundo y ver el planisferio desarrollado alrededor de ese centro, que nunca seríamos nosotros mismos si continuábamos colocándonos en el borde del mapa, como un lejano suburbio del verdadero mundo…Así, pues, lo que conocemos como historia y geografía del mundo es sólo la historia y la geografía de una pequeña península de Euro-Asia. Esto ha sido grave para los mismos conductores de Europa del oeste, ligados culturalmente a una visión parcial y falsa, en el momento del traslado de los centros de poder a continentes no contabilizados en sus libros como factores determinantes…“.

Esas “verdades” que se nos quieren imponer, muchas veces adquieren la forma de sentido común: “Se dice del sentido común que es el menos común de los sentidos. El sentido común es simplemente el buen sentido y todos lo tenemos, pero sepultado bajo los resabios que nos deja una formación cultural iniciada para un mundo desvinculado de la realidad y constantemente deformado por los medios de información y cultura”.

Su militancia en FORJA constituyó un continuo esfuerzo para remar contra la corriente y analizar con espíritu crítico los sucesos de la realidad: “Fue una labor humilde donde tuvimos que renunciar a todas las doctrinas y a todas las soluciones que daban las bibliotecas y las cátedras para ir construyendo nuestro pensamiento exclusivamente con los aportes concretos de lo propio y del buen sentido”.

Jauretche realizó los estudios secundarios en la Escuela Normal donde se preparaban los maestros primarios, ahí aprendió los principios de Pestalozzi y detectó la contradicción entre lo que podría denominarse un orden natural que consistía en pasar de lo particular a lo general, de lo sencillo a lo complejo y de lo simple a lo compuesto contra lo que se enseñaba en los colegios donde se proponían los objetivos antes de estudiarse las condiciones particulares, invirtiendo el orden del razonamiento.

Ponía el ejemplo de la visión de los liberales sobre la Revolución de Mayo, los cuales planteaban que dicha transformación se había realizado para instaurar una democracia o una república, estableciendo que el objetivo de las guerras de la independencia era el régimen institucional y no la Nación misma que iniciaba sus días de emancipación. Confundiendo la idea de Patria que es anterior y tal vez permanente a la forma institucional, la Patria dejaba de ser el objetivo en sí mismo y se convertía en un simple medio para establecer una forma de gobierno.

En esa educación también primaban los objetivos individuales por sobre los de conjunto, para alcanzar el éxito en la vida todo era cuestión de tenacidad y no perder de vista el objetivo que en ciertos casos consistía en llegar a ser millonarios, que era la demostración más clara de la capacidad individual, para quienes así razonaban.

El método educativo en el régimen liberal consistía en: “Hasta entonces se había procedido así: dada tal doctrina, es necesario que la realidad se someta a ella. Nosotros nos propusimos que, dada nuestra realidad, resultase una doctrina que sirviera a nuestros intereses y no a los ajenos. Hasta entonces habíamos ido al almacén a comprar con el ‘manual del perfecto comprador’, pero escrito por el almacenero. Empezamos por estudiar, libres de anteojeras, algunos problemas de nuestro presente y de nuestro pasado. De su conocimiento resultaron conclusiones que siguen dando frutos. Del conjunto de estas conclusiones han resultado puntos de vista generales que, ahora sí, permiten deducciones propias y auténticas”.

Esa fue la misión fundamental de Jauretche y FORJA, cuestionar el sistema educativo implantado por el régimen oligárquico y en el cual el método para adquirir conocimientos respondía a una filosofía que se proponía no permitirnos pensar como hombres libres.

Esa fue la extraordinaria función que cumplió FORJA y que a pesar de las décadas que trascurrieron desde su disolución, aún mantiene viva esa luz que emanó de su actividad esclarecedora: “La labor cumplida por FORJA fue precisamente incorporar, a los hábitos del pensamiento argentino, la capacidad de ver el mundo desde nosotros, por nosotros y para nosotros, …Llevar al plano de la inteligencia política, el modo común de ver las cosas por los hombres del pueblo que, sin el bagaje del colonialismo mental, acostumbraban a pensar sus problemas en el orden de la naturaleza, estableciendo su magnitud e importancia en razón de su proximidad e interés inmediato”.

El objetivo de ese esfuerzo no fue ni más ni menos que la comprensión de la realidad del país y la confección de propuestas que permitieran transitar un camino propio: “FORJA comprende oportunamente que su tarea fundamental es aportar al pensamiento argentino, el método –ésa es, en definitiva, la función que cumple- y los modos de conocer nuestra realidad y señalar los rumbos necesarios de una política nacional. Sembrar un pensamiento crítico y constructivo que llene el vacío dejado por la claudicación del radicalismo y preparar las condiciones para la fuerza de sustitución que venga a representar la creación auténtica del país”.

En una discusión que mantuvo con un estudiante con ideas de izquierda afirmaba: “Y los que somos nacionales sabemos que nuestras soluciones tienen que nacer del estudio de nuestra realidad y ser contestadas con nuestra inteligencia, nuestros conocimientos y concretamente, sobre lo nuestro. Hemos leído toda esa literatura, pero lo que nos diferencia de los tilingos de la intelligentzia es, precisamente, que de esa literatura hemos sacado conocimientos básicos y que, leyendo con espíritu crítico, hemos aprendido que las soluciones tenemos que crearlas sobre la propia realidad, que tiene muy poco escrito, porque los que han escrito aquí no son más que imitadores y reproductores de lo que se escribió allá”.

Seguía diciéndole al estudiante en cuestión: “No se preocupe por tener un sistema científico. Todos los tilingos de la intelligentzia lo tienen. Científico, pero no sirve. Como la ciencia de los generales austríacos a los cuales derrotó Napoleón… Hay que dejar el macaneo intelectual para adentrarse en la vida, sin la pretensión de tener respuestas para todo y sabiendo que hay que descubrirlas con la colaboración del pueblo una por día y conformándose, cuando no se tiene la respuesta inmediata. La historia no es un teorema. Es un hecho vital…”.

Aún cuando no lo hiciera público, leía mucho pero en muy pocas oportunidades apelaba a citas para respaldar sus afirmaciones, muchas veces las citas en sus libros eran utilizadas para relatar anécdotas que recogía preferentemente en zonas rurales, era su manera de encontrar en la realidad sustento a sus reflexiones.

“Lo poco o lo mucho que he leído no lo retuve para respaldar mis juicios en autoridades, y me repugna también esa ciencia barata que se logra en diccionarios especializados. Así como las ciencias de la economía y las finanzas son totalmente accesibles al hombre común, y la apariencia del misterio de que se la rodea es un arte de prestidigitación, cuyo prestigio desaparece cuando se revela al público el secreto, toda la erudición exhibida es un malicioso esoterismo, destinado a rodear de misterio verdades que están al alcance de cualquiera, con sólo el auxilio de un buen razonamiento”.

Por cierto que Jauretche no inventó un método, ni fue su intención hacerlo, de lo que se trataba era de romper aquellos esquemas que nos impiden pensar con nuestra propia cabeza, que flotan en un mar de prejuicios e ideas impuestas por fuerzas que pretenden condicionar nuestras acciones. Resumiendo entonces su pensamiento en cuanto a este asunto: “Se trata del lenguaje y el método. Estamos en presencia de una nueva escolástica de anti-escolásticos, que en lugar de ir del hecho a la ley van de la ley al hecho, partiendo de ciertas verdades supuestamente demostradas –en otros lugares y en otros momentos- para deducir que nuestros hechos son los mismos e inducir a nuestros paisanos a no analizarlos por sus propios modelos y experiencias. Pretendo oponerles el método inductivo, que es el de la ciencia, y esclareciendo hechos parciales nuestros, tratar de inducir las leyes generales de nuestra sociedad”.

Fuente: El Forjista

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