15/2/12

¿Irán puede derrotar los EE.UU. en una guerra a gran escala?

Por Víctor Burbaki-Fundación de la Cultura Estratégica
Traducido para el CEPRID  por María Valdés

 Los ejércitos como el de Irán y Siria tienen el potencial para resistir a la OTAN durante un período considerable de tiempo. No obstante, esto no necesariamente significa que no se pueda compilar una estrategia con la cual Irán y sus aliados pudieran derrotar a una coalición liderada por Estados Unidos y negociar una tregua en términos aceptables para las víctimas de la agresión.  




El presidente de EEUU Dwight D. Eisenhower decía que su país alcanzaría la paz aunque tuviera que hacer la guerra. Naturalmente que lo que tenía en mente era un tipo de paz aceptable para Washington. Poco antes del estallido de la II Guerra Mundial el escritor alemán Thomas Mann hizo una sabia obervación: “la guerra es solo una salida cobarde ante los problemas de la paz”. El escritor francés Romain Rolland sostenía más o menos lo mismo cuando señalaba que solo los países en quiebra desatan guerras como un último recurso y que una guerra es siempre la última carta en manos de un jugador desesperado, una especulación repugnante propia utilizada por ladrones y estafadores.

El colapso inminente del dólar como moneda global y la desaparición total de todo el esquema de Ponzi elaborado por el sector financiero estadounidense, probablemente hará que Washington lance una agresión en gran escala que podría asumir la forma de provocar una gran guerra contra Irán y otros países del Gran Medio Oriente. Mientras tanto, las deudas con acreedores nacionales de EEUU y otros países seguirán creciendo haciendo más difícil para Washington financiar la guerra. Hasta la fecha, EEUU ha tenido ya que retirar sus fuerzas de Afganistán, lo que probablemente fue una gran decepción para el gobierno de EEUU teniendo en cuenta la facilidad con que obtuvo el control del país.

De todos modos, en las actuales circunstancias, EEUU tiene a su disposición un método probado para resolver todos los problemas de una sola vez, es decir, desatar una gran guerra en alguna remota región del mundo y hacer un serio esfuerzo para coronar la campaña con un triunfo real. Hay que tener en cuenta que en este contexto EEUU tiene la experiencia de aplicar una misión de combate contra la exYugoslavia prácticamente sin avanzar sobre su territorio.

Barack Obama, ganador del Premio Nobel de la Paz, es claramente mucho más inteligente y cauteloso que su antecesor G. Bush y es muy posible que se atenga a la norma de Marco Tulio Cicerón que dice que un país debe iniciar una guerra con el fin de crear la impresión de que todo lo que busca es la paz. EEUU por lo general envía a otros a pelear sus guerras, por lo menos y por lo general delega en otros países la tarea de iniciar conflictos verdaderamente graves. Así ocurrió con la I y II Guerras Mundiales, y es más, en el caso de Libia en el mes de marzo del 2011 los socios de Washington en la OTAN, con Francia a la cabeza, tuvieron que hacer el trabajo. En consecuencia, debemos esperar que la siguiente gran guerra se inicie de la misma manera y la lista de sus jugadores potenciales da una buena idea de sus proporciones. Israel, Turquía y otros países de la OTAN es probable que participen, al igual que Arabia Saudita. Siria, Líbano, Georgia y Azerbaiyán se enfrentan a la grave perspectiva de ser arrastrados directamente, lo cual significa que Rusia, China, Pakistán y las repúblicas de Asia Central se verán involucradas indirectamente. Por el momento, Israel y Turquía parecen ser los candidatos principales para los papeles de instigadores del conflicto. En un esfuerzo por el liderazgo regional, Turquía abiertamente patrocina a un grupo de la oposición siria que no oculta la intención de hundir a su país en una guerra civil. Con Libia se hicieron arreglos similares como pretexto para los ataques aéreos contra el país, la intervención de fuerzas especiales y el asesinato de Muammar Gadafi. Al planificar el envío de otros a luchar, EEUU no será capaz –tampoco lo desea— de permanecer completamente al margen del proceso y tendrá que aportar esfuerzos militares tenuemente disfrazados de imposición de la paz.

La opinión generalizada es que el escenario ideal para EEUU es que la fuerza aérea, de manera independiente, lance ataques con el objetivo de destruir la infraestructura nuclear, militar y administrativa de Irán, aunque bajo un combinación de ciertas circunstancias, Siria podría ser el primer objetivo. EEUU está preparado para lanzar la campaña a menos que se logre un acuerdo que Turquía e Israel asuman la mayor parte del peso de una ofensiva terrestre (Israel atacando a Siria y a Hezbolá en el Líbano).

Un ataque de EEUU para desarmar a Irán detonaría una guerra mucho mayor por todo el Medio Oriente. Actualmente, predecir el resultado es esencialmente imposible ya que, según Nicolás Maquiavelo, “las guerras comienzan cuando uno quiere, pero no terminan cuando uno quiere”. Dado el carácter específico de la región, no está claro por el momento si los vecinos de Irán aprovecharán la oportunidad de dividir al país derrotado o por lo contrario, alzarse como un todo, unidos, en oposición a los “infieles”.

Las dos guerras del Golfo Pérsico acabaron con la ilusión que un mundo militar clásico tipo II Guerra Mundial, los ejércitos como el de Irán y Siria tienen el potencial para resistir a la OTAN durante un período considerable de tiempo. No obstante, esto no necesariamente significa que no se pueda compilar una estrategia con la cual Irán y sus aliados pudieran derrotar a una coalición liderada por Estados Unidos y negociar una tregua en términos aceptables para las víctimas de la agresión. Sugiero, que tal estrategia existe realmente, siempre que el lado que se defiende fije el objetivo de suprimir los denominados ciclos de Boyd, también conocidos como los OODA loops (1) originalmente planteados por el Coronel John Richard Boyd.

En general, la búsqueda de estrategias ganadoras puede establecerse en el marco de tres paradigmas básicos:

1.- La estrategia clásica de “combate normal”, sería obviamente autodestructiva en el caso de Irán y Siria debido a la inmensa inferioridad de sus aparatos militares frente a los de EEUU, OTAN e Israel, a menos que el mucho mayor nivel de solidaridad de los iraníes ejerza un impacto dramático en la situación.

2.- La estrategia de riesgo ordenado basada en el desarrollo de árboles para la toma de decisiones y responder con el objetivo de suprimir los ciclos de Boyd, evaluando la eficiencia de varias opciones de respuesta y cortando las ramas de baja eficiencia. Bajo esta estrategia, el combate “normal” no debería arrojar resultados prescritos, más bien el cuadro reflejaría una distribución estadística de varias opciones. Al confiar en la estrategia de riesgo ordenado, el bando más débil del conflicto podría intentar evadir la certidumbre, poniendo a funcionar al máximo su mayor nivel de solidaridad y aprovechar las oportunidades encontradas en la periferia de la distribución estadística de los resultados del combate. La guerra basada en las probabilidades debería contribuir a sostener un estado general de incertidumbre.

3.- La estrategia de riesgo emergente, supuestamente produce resultados imprevistos contrarios al axioma de Liddell Hart. En este caso, el objetivo es hacer que el mundo de post guerra sea menos aceptable para los triunfadores que el mundo de pre guerra. Como regla general, las estrategias de combate “normal” implican el uso de fuerzas convencionales y enfoques convencionales. La estrategia de riesgo emergente descansa casi por entero en los medios no convencionales.

De acuerdo con informaciones encontradas en publicaciones referidas a fuentes de Qatar, Irán y Siria tienen un plan común de resistencia a una posible invasión. El plan contempla a Turquía entre los primeros blancos. La escalada en el conflicto regional ya ha hecho que Teherán declare qué medidas de respuesta tomaría si Siria se convierte en víctima de una agresión directa. En particular, el comandante iraní de la fuerza aérea y misilística dijo que las instalaciones norteamericanas situadas en Turquía, a saber, los sistemas de defensa de misiles de EEUU, serían objeto de ataques si Irán y Siria son agredidos.

La publicación El Siyaasah describe que el plan defensivo iraní tiene seis dimensiones claves.

1.- Ataque contra Turquía por parte de Irán, Siria e Irak más la intensificación de la insurgencia kurda en el este de Turquía.

2.- Ataque contra el Canal de Suez por parte de Hamás e Irán con la participación de yijadistas yemeníes y somalíes.

3.- Ataques iraníes contra navíos occidentales, incluyendo petroleros, en el Golfo Pérsico más ataques contra las bases militares norteamericanas en el Líbano por parte de Hezbolá y de grupos pro iraníes atrincherados en Qatar, los Emiratos Árabes Unidos y Bahrein.

4.- Campaña a gran escala contra las fuerzas de la OTAN en Afganistán que será organizada por los servicios de inteligencia iraníes, con recursos financieros y armamento suministrados a los varios grupos militantes del país.

5.- La toma del control de todas las instituciones estatales del Líbano y ataques contra todos los blancos de la OTAN en el Mediterráneo oriental por parte de Hezbolá.

6.- Intenso bombardeo contra Israel por parte de Hamás en la Franja de Gaza y la entrada del ejército sirio en juego tras de la respuesta israelí al ataque.

No se necesita conocimientos especializados en asuntos militares para darse cuenta que tanto Irán como Siria perderían la guerra si el plan mencionado se lleva a cabo como una guerra convencional. Dadas las circunstancias, la única estrategia beneficiosa para Irán sería cambiar de guerra convencional a guerra no convencional. Según Sergey Pereslegin (“El Sur Contra el Norte: Una Nueva Estrategia”) la potencialmente exitosa estrategia no convencional para el bando más débil en un conflicto puede describirse como sigue (cito a Sergey Pereslegin).

Irán deberá infligir a EEUU tal número de bajas que la opinión pública del país lo perciba como intolerable. Se debe tener en cuenta a este respecto que la tasa de muertes de las naciones islámicas es prácticamente irrelevante en esta situación, debido a su específica visión religiosa e ideológica del mundo.

Hasta ahora la guerra de guerrillas solía considerarse como una forma de defensa militar que una nación solo puede aplicar en su territorio y siempre que la resistencia sea totalmente apoyada por la población. Sin embargo, la noción misma de territorio propio deja de tener sentido dada la intensidad de los flujos de tránsito en la Europa actual y el apoyo financiero podría ser tan decisivo como el apoyo popular. El concepto que emana de lo anterior, es el de una GUERRA OFENSIVA (terrorista) de la guerra.

En la actualidad, los países occidentales son capaces de luchar en guerras locales solo en la medida que el conflicto no afecte lo básico de la existencia en Occidente, lo que en particular significa que la vida privada de los ciudadanos occidentales, libertad de movimiento, elegir ocupaciones, seguridad y nivel de vida no estén en peligro a consecuencia de la guerra. La preservación de estas condiciones hace imposible impedir la penetración de los países occidentales por parte de pequeños grupos armados. La infiltración puede disimularse viajando legalmente o ilegalmente atravesando las fronteras con equipos armados compactos. Los grupos terroristas –esto es importante—requieren de poco entrenamiento y son extremadamente baratos de organizar. Se supone que no deben enfrentar a las fuerzas regulares de los países occidentales o volar instalaciones muy resguardadas –lo que hacen es asesinar gente desarmada, lo cual en muchos casos significa matar mujeres y niños. Los grupos terroristas pueden también contar con mujeres y niños. Estos grupos tienen normalmente pocas posibilidades de sobrevivir, pero aunque 9 de cada 10 sean exterminados antes de ejecutar su ataque terrorista, el décimo puede todavía alcanzar el objetivo.

Las actividades de tales grupos producirían un doble impacto en las poblaciones occidentales. Sufrirían daño tanto como consecuencia de las acciones terroristas como de las medidas antiterroristas de sus propios gobiernos. La estrategia de la guerra de guerrillas puede combinar las actividades de numerosos grupos terroristas mínimamente entrenados con el apoyo de un conjunto de equipos profesionales. Estos últimos pueden atacar grandes aeropuertos civiles, cuyos puestos de comando son difíciles de proteger de los sistemas portátiles antiaéreos, redes computarizadas de mercados de valores, etc. La cacería selectiva de individuos condenados de antemano, como el caso de Salman Rushdie en el pasado, también tiene profundos efectos psicológicos.

Por último, también existe la posibilidad de la guerra bacteriológica. El desplazamiento de portadores de enfermedades infecciosas a través de grandes centros de tránsito puede desatar epidemias e, incluso, pandemias.

En esencia, la estrategia mencionada es una proyección de las técnicas de una guerra sin cuartel aplicada a un conflicto local. El supuesto que subyace en el enfoque es que el costo en vidas humanas en la civilización europea es mucho más alto que en el mundo del Islam. Hay que tener en cuenta que ataques terroristas similares (por ejemplo, en forma de ataques nucleares contra grandes ciudades enemigas) no pueden ser parte de la respuesta occidental. Para Occidente la adopción de semejantes medidas equivaldría a desechar su propio sistema de valores y permitir que los valores del tercer mundo prevalezcan.

Las guerras son hechas por los países para lograr una paz que, desde su punto de vista, es mejor que la que había anteriormente a la guerra. ¿Estarían los europeos hoy en día de acuerdo con que una paz ganada al costo de ataques nucleares a grandes ciudades “fundamentalistas” es mejor que lo que tenían antes?

La gama de tecnologías disponibles dentro de la estrategia de riesgo emergente no se limita solo a las formas de guerra no convencional descritas anteriormente. Cabe señalar que la historia del conflicto del Medio Oriente incluye episodios de guerra no convencional que de hecho son atribuidas a Irán. En el mes de abril de 1982 un kamikaze en un vehículo cargado de explosivos se estrelló contra la embajada norteamericana en Beirut dejando 63 personas muertas. Los cuarteles de Francia y EEUU fueron objeto de ataques similares el 23 de octubre de 1983 dejando el cuartel del batallón estadounidense destruido por completo. El número de muertos debidos a estos ataques alcanzó la cifra de 241 soldados de EEUU y 59 soldados franceses. En el mes de noviembre del mismo año un ataque terrorista fue lanzado contra las fuerzas de Israel en la ciudad de Tiro matando a 30 militares. Más o menos al mismo tiempo, una discoteca en las proximidades de una base militar de EEUU en Alemania, fue volada dejando 200 personas muertas. En consecuencia, la coalición occidental canceló la operación de “mantenimiento de la paz” en el Líbano.

La tradición militar oriental también cuenta con ejemplos más antiguos de guerra no convencional de los débiles contra los fuertes que se remontan a la época de la resistencia contra las cruzadas de la Europa feudal. En ese tiempo, la siniestra orden Los Asesinos llevó a cabo ataques muy selectivos en territorio enemigo. El Irán de hoy mantiene un grupo denominado Movimiento de Jihad Islámica dentro del Ejército de Guardianes de la Revolución Islámica, que en realidad es una especie de orden que, expresamente, no está dentro del servicio de inteligencia iraní. Washington está convencido que el grupo no solo conocía el intento de asesinato del embajador de Arabia Saudita en EEUU, sino que además estaba implicado directamente en la trama. “Si el mundo desea hacer la región insegura, haremos que el mundo sea inseguro,” dijo el miembro del Comité de Seguridad Nacional del parlamento iraní, Parviz Sarvari. Para Irán la única estrategia prometedora está ligada a la guerra no convencional y el país tiene los recursos necesarios para ponerla en práctica. Esto es algo que los que toman decisiones en EEUU deberían pensar antes de optar por una gran guerra.

(1) Una estrategia militar que se puede resumir en observar, orientarse, decidirse y actuar. Nota de la traductora.