30/1/12

Un Oriente Medio sin armas nucleares

Por fin hay algunos argumentos en Occidente que apoyan la creación de un Oriente Medio sin armas nucleares. Este objetivo sigue siendo tratado como algo políticamente marginal y apenas audible por encima de del ruido de los tambores de guerra.
Además, tiende a ser formulado de forma defensiva y pragmática, como en el artículo del NEW YORK TIMES “Preventing a Nuclear Iran, Peacefully”, de Shibley Telhami y Steven Kull, publicado el 15 de enero. El artículo argumenta de forma prudencial en contra de un ataque a Irán, en base a las perspectivas de represalias por parte de un Irán herido y la incapacidad de que un ataque destruya el programa nuclear iraní a un coste aceptable. Lo más que podría lograrse sería un breve retraso en la adquisición del armamento, y quizá ni siquiera eso. Es probable que un ataque cree una presión irresistible en Irán para hacer todo lo que sea necesario para obtener armas nucleares, con un renovado sentido de urgencia.

El argumento se ve reforzado considerablemente al señalar la existencia de fiables encuestas de opinión pública que muestran que los israelíes son menos partidarios de la guerra que lo que generalmente se creía. Según una de estas encuestas, solo el 43 por ciento de los israelíes está a favor de un ataque militar, mientras que el 64 por ciento apoya el establecimiento de una zona sin armas nucleares en la región que incluya a Israel. Por lo tanto, la creación de un Oriente Medio desnuclearizado parece que es políticamente factible, aunque no sea un curso de acción que sea alentado por el actual gobierno de Tel Aviv. Podemos concluir que el silencio de Washington con respecto a este enfoque alternativo respecto a la disputa con Irán confirma lo que es ampliamente sabido, a saber, que el gobierno de EEUU se adhiere a la línea oficial israelí, y que no es receptivo a los deseos de los ciudadanos israelíes, a pesar de que favorecen los intereses nacionales de EEUU de encontrar una solución pacífica al conflicto.

Recientemente, el príncipe saudí Turki Al Faisal, exembajador saudí en EEUU y exdirector de los servicios de inteligencia de Arabia Saudí, ha realizado una propuesta que, en realidad, es una variante de la zona sin armas nucleares. Él argumenta que una región desnuclearizada es mejor que la opción militar, que espera que sea definitivamente descartada. El príncipe Turki insiste en que las sanciones no han modificado la conducta de Irán. Su propuesta es más compleja que la simple defensa de una zona sin armas nucleares. Apoyaría el establecimiento de sanciones contra Irán si hubiera pruebas convincentes de que está desarrollando un programa nuclear militar, pero también apoya la imposición de sanciones a Israel si no da a conocer abiertamente el alcance de su arsenal de armas nucleares. Su enfoque tiene varias características adicionales: la ampliación del ámbito de actuación a todas las armas de destrucción masiva (armas nucleares, biológicas y químicas); el establecimiento de un paraguas de seguridad nuclear en la región con la participación de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, y la búsqueda de una solución de los conflictos pendientes en la región, según las líneas esbozadas por las propuestas árabes de la Meca de 2002, que piden la retirada de Israel de los territorios palestinos y de los Altos del Golán ocupados en 1967, así como la normalización política y comercial de las relaciones entre Israel y el mundo árabe.

El príncipe Turki advierte que si no se alcanza pronto un arreglo de este tipo, y si Irán sigue adelante con su programa nuclear, otros países de la región, incluido Turquía, se verán probablemente arrastrados a una carrera de armas nucleares cara y desestabilizadora. Como en el caso de Telhami y Kull, la propuesta del príncipe Turki tiene por objetivo evitar el peor de los escenarios, pero está enmarcada principalmente en relación con el futuro de la región, sin limitarse a la confrontación Israel/Irán.

En concreto, se exige el establecimiento de un programa de trabajo, con o sin el apoyo de Israel, en la conferencia de los países miembros del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNPN) que tendrá lugar a finales de año en Finlandia. Israel, que no ha firmado el TNPN, no ha indicado, hasta el momento, su intención de asistir a la conferencia. Ya en la conferencia del TNPN de 1995, los países árabes presentaron una propuesta para establecer en Oriente Medio una zona libre de armas de destrucción masiva, pero nunca ha sido tomada en consideración. Israel ha defendido reiteradamente que cualquier acuerdo sobre el desarme nuclear debe ir precedido por una paz completa en la región.

Las iniciativas de zona sin armas nucleares o sin armas de destrucción masiva deben ser vistas en el marco establecido por el TNPN. Una primera observación se refiere a la negativa de Israel a firmar el TNPN, lo cual, junto con su programa nuclear secreto, ha supuesto la creación de un arsenal nuclear con la complicidad de Occidente, tal como documentó el libro de Seymour Hersh, The Samson Option (1991). Este patrón de conducta debe ser contrastado con el de Irán, un país que sí ha firmado el TNPN y que ha aceptado, con algunos problemas, las inspecciones en su territorio del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA). Irán ha negado consistentemente que tenga la intención de adquirir armas nucleares, pero ha insistido en sus derechos, de acuerdo con el artículo IV del TNPN, de ejercer su derecho inalienable [...] a desarrollar la investigación, producción y uso de energía nuclear con fines pacíficos sin discriminación. Irán ha estado bajo la permanente amenaza de un ataque de Israel, la guerra sucia de baja intensidad que Israel ha venido realizando en territorio iraní, y el programa de desestabilización de EEUU, aprobado por el Congreso de ese país, reforzado con una diplomacia que reafirma constantemente la relevancia de la opción militar y opera en un clima político que excluye la consideración del arsenal nuclear israelí. Lo que es sorprendente, en estas circunstancias, es que Irán no se haya liberado de las obligaciones del TNPN, ejerciendo su opción de retirarse del tratado, tal como contempla el Artículo X del mismo, con la única condición de que informe de ello a los otros firmantes del tratado y ofrezca una explicación de las razones de su retirada.

Si comparamos los patrones de conducta de Israel e Irán con respecto a las armas nucleares, resulta difícil no llegar a la conclusión de que es Israel, y no Irán, quien debiera ser sometido a sanciones, así como a presiones para que participe en negociaciones de desarme nuclear. Después de todo, Israel adquirió sus armas de forma secreta, no ha estado dispuesto a participar de la disciplina del TNPN y ha llevado a cabo repetidamente guerras de agresión contra sus vecinos, que han visto parte de sus territorios ocupados durante años. Puede argumentarse que Israel tenía derecho a reforzar su seguridad permaneciendo fuera del TNPN y ejerciendo, así, sus derechos soberanos. Esta es una posición legalista coherente, pero tenemos que percatarnos de que el TNPN es un régimen más geopolítico que legal, y que Irán, por ejemplo, sería objeto de una respuesta punitiva inmediata si intentara retirarse del tratado. En otras palabras, en el marco del TNPN las exigencias geopolíticas predominan sobre los derechos legales.

El TNPN está modelado por su naturaleza geopolítica. Esto queda bien ilustrado por la negativa absoluta de los estados con armas nucleares, sobre todo EEUU, a cumplir con sus obligaciones de acuerdo con el artículo VI consistentes en celebrar negociaciones de buena sobre medidas eficaces relativas a la cesación de la carrera de armamentos nucleares en fecha cercana y al desarme nuclear, y sobre un tratado de desarme general y completo bajo estricto y eficaz control internacional. La Corte Internacional de Justicia (CIJ), en su Opinión Consultiva de 1996 sobre la Legalidad de las Armas Nucleares, reafirmó por unanimidad el imperativo legal establecido en el artículo VI: Cada Parte en el Tratado se compromete a celebrar negociaciones de buena fe sobre medidas eficaces relativas a la cesación de la carrera de armamentos nucleares en fecha cercana y al desarme nuclear, y sobre un tratado de desarme general y completo bajo estricto y eficaz control internacional. Esta opinión ha sido totalmente ignorada por los estados con armas nucleares (que habían hecho con anterioridad un esfuerzo furioso e inútil para que la Asamblea General de la ONU no pidiera dicha opinión consultiva a la CIJ con respecto al estatus legal de las armas nucleares y las obligaciones del TNPN). La negativa a cumplir con las obligaciones estipuladas en el artículo VI sería, ciertamente, una violación del tratado, lo cual autoriza a cualquier parte firmante del tratado a considerarlo nulo. El discurso internacional sobre las armas nucleares está tan distorsionado que es raro encontrar una crítica de su aplicación discriminatoria, su doble moral ante los estados con y sin armas nucleares, y su estilo geopolítico de la aplicación selectiva. A este respecto, debería apreciarse que la amenaza de un ataque militar dirigido contra Irán guarda semejanza con la denominada Doctrina Bush sobre la guerra preventiva, que fue utilizada para justificar la agresión contra Irak en 2003.

En resumen, es de suma importancia evitar una guerra en Oriente Medio como resultado de la disputa no resuelta sobre el programa nuclear iraní. Una forma de conseguir esto es mediante el establecimiento de una zona sin armas nucleares o una zona sin armas de destrucción masiva en toda la región, que incluya la participación de Israel. Lo que ha dado a este enfoque una renovada credibilidad en Occidente es que parece ser la única forma de evitar una guerra en la que todos pierdan, que tiene, además, cierto atractivo prudencial para cambiar las posturas en Teherán y Tel Aviv, y también ofrece a Washington un curso de acción menos destructivo y autodestructivo. Si este atractivo prudencial es lo bastante fuerte para vencer a la jaula de hierro del militarismo que gobierna las decisiones políticas en Israel y EEUU, eso es algo que no sabemos con certeza. Pensar en términos no militaristas es una actividad prohibida, en parte debido al bloqueo de la imaginación política y moral en el interior de estos países ejercido por sus respectivos conglomerados mediáticos aliados con el complejo militar-industrial.

Quiero terminar este comentario con tres evaluaciones pesimistas que arrojan una sombra oscura sobre el futuro de la región:



-Una zona sin armas nucleares o una zona sin armas de destrucción masiva es algo necesario y deseable, pero es casi seguro que no estará en el orden del día de la diplomacia de EEUU.

-No se dará ningún paso hacia unas negociaciones sobre desarme nuclear, que hayan sido mandatadas legalmente y que sería beneficiosas para el mundo y para los países con armas nucleares y sus pueblos, en la actual atmósfera, que bloquea toda iniciativa seria dirigida a la eliminación de las armas nucleares.
-La deriva hacia un ataque devastador contra Irán solo será detenida por una movilización urgente de las fuerzas de la sociedad civil contrarias a la guerra, lo cual parece improbable dada la existencia de otras preocupaciones.




Richard Falk es experto en derecho internacional y relaciones internacionales, materias que ha enseñado en la Universidad de Princeton durante cuarenta años. Ahora es profesor de Estudios Globales e Internacionales en la Universidad de California, en Santa Bárbara. Desde 2005, es presidente del Consejo de la Fundación Paz en la Era Nuclear. Tiene un blog en richardfalk.wordpress.com.



Traducción: Javier Villate-Disenso
Publicado originalmente en: Nuclear Free Middle East: Desirable, Necessary, and Impossible, Foreign Policy Journal, 29/01/2012