2/1/12

¿Se aleja la perspectiva de una ofensiva militar contra Irán?

Ignacio Klich-Revista Debate

El revés que significó para el frente estadounidense-israelí la captura de un avión espía en la República Islámica, la campaña electoral de Obama y la radicalización de los sectores ultraortodoxos en Israel como factores clave para entender el panorama.

Junto a la detención en Irán de un agente estadounidense, cuyo juicio se abrió el martes 27 en Teherán, la inesperada captura iraní -el 4 de este mes- de un aparato aéreo norteamericano no tripulado (UAV, por su abreviatura en inglés), que violaba su espacio aéreo, se volvió un revés militar mayúsculo para Estados Unidos. La Agencia Central de Inteligencia (CIA) es, por ahora, el único operador estadounidense de los UAV modelo Sentinel; el capturado fue forzado a aterrizar en la República Islámica, abocado aparentemente al monitoreo del programa nuclear iraní.

En la medida en que no es éste el primer UAV aprehendido por los iraníes -otros seis, varios de ellos israelíes, lo fueron antes-, la adversidad también alcanzó al Estado hebreo. De ahí que el premier Benjamin Netanyahu se sirviera de una posterior reunión de su gabinete para anunciar la designación de Evyatar Mataniah como titular de un Directorio Nacional de Cibernética, componente central de la seguridad israelí y de su afán de mantenerse, en palabras de Netanyahu, entre los países a la cabeza de la guerra electrónica.

Frente a esos reveses estadounidense-israelíes, Irán tuvo su mes de serios infortunios, accidentales y/o causados por enemigos de la República Islámica, en noviembre último. Tal fue, entre otros, la explosión provocada por un atentado o descuido en una base de misiles del Cuerpo Islámico de Guardias Revolucionarios (IRGC, su sigla en inglés) en las afueras de Teherán. Ésta se cobró diecisiete vidas, entre ellas la del general Hassan Moghaddam, uno de los responsables del programa misilístico iraní. También hubo otra explosión o voladura en la ciudad de Ispahán, asiento de importantes instalaciones nucleares iraníes.

Generalmente muy bien informado, el boletín estadounidense Stratfor comunicó no haber logrado identificar los edificios afectados por el segundo estallido, mostrándose, eso sí, muy poco convencido por el intento de fuentes de inteligencia hebrea de alimentar “con escasa sutileza” la impresión de que ambos incidentes fueron la resultante de operativos israelíes.

Como quiera que haya sido el caso, la captura del Sentinel dio lugar a protestas iraníes, respectivamente elevadas a la Organización de las Naciones Unidas, la Organización de la Conferencia Islámica y el Movimiento de No Alineados -antesala a una vaticinada apelación a la Corte Internacional de Justicia en La Haya-, en las cuales la penetración del espacio aéreo iraní, con los 250 kilómetros recorridos por este UAV hasta descender en el nordeste de la República Islámica, fue retratada principalmente como parte de meses de “actividades encubiertas del gobierno estadounidense”.

Sumado a la muerte de Moghaddam y a la eclosión en Ispahán, Irán ha sido testigo de la exacerbación de las medidas punitivas de Washington y sus aliados por su programa nuclear (dada la negativa de Moscú y Pekín a dar otra vuelta de torniquete al régimen de sanciones del Consejo de Seguridad). Si bien ese programa, para muchos, enmascara la ambición iraní de dotarse de armas atómicas, en la versión de Teherán se trata de los usos pacíficos de la energía nuclear. Paradójicamente, sin embargo, la postura ruso-china está apoyada por la creencia militar estadounidense de que Irán no ha resuelto todavía, y menos aún concretado, la construcción de armas nucleares. Pero es cierto que acapara recursos de posible utilidad para ello.

Tal acopio nutre el alarmismo del gobierno israelí, naturalmente interesado en conservar las ventajas políticas derivadas de su monopolio regional de las armas nucleares. No sorprende, pues, que distintos aspirantes presidenciales y otros opinantes adscriptos a la derecha republicana estadounidense, disparen sobre el presidente Barack Obama, dada su resistencia a recurrir a las soluciones militares favorecidas por Israel, antes de reemplazar Paquistán a Irán en la mira hebrea. Ningún republicano deberá afrontar las consecuencias prácticas de sus dichos antes de conocerse el veredicto de las urnas, en noviembre de 2012.

UNOS SE PAVONEAN. OTROS NINGUNEAN

Con ese trasfondo, ni duda cabe del interés de Teherán en publicitar la caza del Sentinel, diseñado para eludir la detección de radares enemigos, como un significativo logro iraní. Se entiende, pues, el alarde propagandístico, a tono con el status iraní de potencia regional de, entre otros, Hossein Salami, vicecomandante del IRGC, sobre la no tan amplia brecha “entre nosotros y Estados Unidos, o el régimen sionista y otros países desarrollados”.

A su turno, sería ocioso ignorar que Washington busca desmerecer tal logro y presenta a Teherán como beneficiario de un mal funcionamiento del Sentinel y de errores operativos, generadores de la pérdida de otros UAV por desperfectos y condiciones climáticas adversas. Fuentes oficiales iraníes, en cambio, insisten en un sofisticado ataque cibernético contra ese aparato. En sintonía con el ninguneo washingtoniano, el Wall Street Journal citó a funcionarios estadounidenses que alegan -sin aporte de evidencia concluyente en apoyo de su hipótesis- que el Sentinel se habría hecho añicos al impactar en territorio iraní, logrando Teherán rearmar gran parte del mismo, como si fuese un puzzle, para su exhibición en público.

Sea que el descenso se haya debido a una exitosa interferencia electrónica iraní en el GPS del Sentinel -una razón que descartan distintos expertos estadounidenses, si bien esa vulnerabilidad era conocida desde hace años-, o a otras circunstancias, el daño causado a Estados Unidos e Israel por tal captura ha sido admitido por especialistas de ambos países. El Lexington Institute estadounidense, por caso, consideró la pérdida del Sentinel un verdadero “desastre”, al señalar que aunque éste se hubiese desintegrado al tocar tierra en Kashan habrían quedado secretos por rescatar de entre sus restos. Por su parte, el boletín hebreo DEBKAfile subrayó el estado de “shock” de los servicios de inteligencia de ambos países, dada la “debacle mayor” que implica esa captura para la tecnología de UAV gestada por Estados Unidos e Israel.

En efecto, sus implicancias van desde la posible penetración iraní de los códigos secretos que gobiernan las acciones del Sentinel, manejados por vía satelital desde Estados Unidos y otras locaciones, hasta el más seguro acceso de Irán y terceros países a un tesoro de secretos tecnológicos, ya sea sobre materiales para eludir la detección de radares, como sistemas de toma de imágenes, sensores especiales para monitorear conversaciones y para localizar partículas nucleares, o equipos de comunicaciones en clave.

Así las cosas, Washington tendrá que atender una variedad de vulnerabilidades, no sólo las asociadas con el GPS sino otras, puestas en evidencia cuando, por ejemplo, elementos enemigos de la presencia estadounidense en Irak lograron descargar de otro aparato no tripulado las imágenes recogidas por éste, con contramedidas para eliminar a futuro potenciales reincidencias. Ello es tan necesario para hipotéticos ataques a Irán, como a la luz de la advertencia del secretario de Defensa estadounidense, Leon Panetta, que lo acontecido dista de ser óbice para proseguir con los vuelos de monitoreo.

Cabe escuchar lo anunciado por Panetta intercalando que, para la antes mencionada publicación hebrea, el Sentinel en manos iraníes debía inaugurar “la próxima y más crítica etapa” de una guerra cibernética contra la República Islámica. En el pasado, esa lucha obligó a Irán a reemplazar buena parte de las centrífugas empleadas en su planta de enriquecimiento de uranio de Natanz, tras la penetración allí del Stuxnet, virus desarrollado por Estados Unidos e Israel, tal como lo confirmó The New York Times.

Entretanto, Fars y Mehr, dos agencias semioficiales de Irán, ya publicitaron los permisos pedidos por Rusia y China para inspeccionar el Sentinel, divulgando una de ellas lo afirmado por un asesor legislativo iraní: este UAV puede jugar “un papel clave en intercambios de la inteligencia iraní con los rivales de Estados Unidos”.

A su turno, DEBKAfile se permitió especular sobre el precio requerido por Irán para acceder a lo solicitado por rusos y chinos: “tecnología nuclear y misilística avanzada, la última palabra en materia de centrífugas para enriquecer uranio y el sistema antimisiles aéreos S-300”. Si bien ese precio es susceptible de ser pagado, aquello a obtener por la República Islámica dependerá, entre otros factores, de cuán capaces sean sus técnicos para aprovechar por sí solos los secretos tecnológicos del Sentinel.

El mismo boletín hebreo retrató la reciente visita a Moscú del canciller hebreo Avigdor Lieberman como dirigida a tratar de privar a Teherán de la mencionada tecnología y material defensivo ruso. Ese desenlace se convertiría, por un lado, en acelerador potencial del programa nuclear iraní y, por el otro, escudaría su infraestructura de un ataque preventivo estadounidense o israelí. Tras verse brevemente acogido por el premier Vladimir Putin, Lieberman declaró que “las posturas rusas en Oriente Medio no resultaron útiles” para el logro de su objetivo.

En aras de presionar a Putin, no sorprende una especulación adicional: endilgar a Rusia el haber aportado a Irán la tecnología necesaria para la captura del Sentinel. Es un hecho ampliamente comprobado, sin embargo, que las necesidades nucleares y de defensa de Teherán han sido hasta ahora una variable de ajuste en la relación rusa con Washington.

Para ese medio israelí, entonces, la República Islámica logró forzar el descenso del Sentinel, debiendo quizás recurrir a terceros -acaso a norcoreanos y otros- para obtener la tecnología empleada para ello. Asimismo, la cautela rusa vis-à-vis Teherán explicaría su intercepción este mes en Moscú de material radiactivo destinado a Irán, y la referencia a China de una de las agencias noticiosas iraníes como el primero de los adversarios de Estados Unidos que podría ayudar a su país a recobrar el historial de vuelo, objetivos monitoreados y demás información de valía del Sentinel.

Tampoco cabe excluir a otros proveedores más inesperados. Así lo ilustró este mes la firma israelí Allot Communications, que estuvo vendiendo a Irán, por ejemplo, equipos electrónicos, no necesariamente útiles para interceptar UAV, a través de un intermediario escandinavo.

En resumen, la captura del Sentinel sumó nuevas complicaciones a las preexistentes para un ataque a Irán. Difícilmente menores, las iniciales ya incluían la anticipada alza de precio del petróleo, en caso de cierre iraní del estrecho de Hormuz, atravesado por un tercio del consumo mundial de petróleo, lo cual comprometería la superación de la crisis de los países centrales. Dista de ser casual, pues, el ejercicio naval iraní iniciado el sábado 24 al este de Hormuz, zona en la que operan dos portaviones estadounidenses, o las declaraciones coetáneas de un jefe de inteligencia iraní, el general Seyed Hessam Hashemi, que “de proseguir Estados Unidos con sus actividades de espionaje en Irán, la República Islámica derribará cualquier UAV espía y demás aviones agresivos”.

Todo ello opera en contra de las soluciones manu militari, más aún cuando, a ojos castrenses estadounidenses, éstas retrasarían sólo dos años el programa nuclear iraní, salvo que el ataque tuviese una envergadura impensada y lograra la completa eliminación de la infraestructura nuclear y bélica de Irán. No sorprende, entonces, que Washington se haya abstenido del uso de la fuerza para rescatar el Sentinel o, en su defecto, destruirlo, luego de que Teherán se negara a devolverlo sin un pedido de disculpas estadounidense por su intrusión en el espacio aéreo iraní.

LUCIDEZ Y PRAGMATISMO

Con el trasfondo de la desconexión de Irak, el desinterés washingtoniano en verse envuelto en una nueva e indeseada guerra mesoriental, y las serias dificultades para que Israel afronte por sí solo una ofensiva contra Irán -una “enorme estupidez”, para el jefe del servicio de inteligencia hebrea (Mosad) hasta enero pasado, Meir Dagan-, apuntalan el recurso a las sanciones económicas y operaciones encubiertas para intentar detener la supuesta marcha iraní hacia las armas nucleares. Ese escenario no excluye resguardar a aliados y amigos de Washington en el golfo con un posible paraguas nuclear estadounidense. Claro que, en los meses que median hasta los comicios, las necesidades electorales u otras de Obama impiden el descarte sin más de la opción militar, por ejemplo en las cuatro semanas previas a los comicios para maximizar su impacto sobre los votantes.

En lo que al Estado hebreo se refiere, Dagan alertó en mayo último que “quienquiera que ataque a la República Islámica debe saber que puede desatar una guerra regional” en la que Irán, entre otros, lanzará misiles sobre Israel, asunto confirmado esta semana -por si ello fuera necesario- por el ministro de Defensa iraní, Ahmad Vahidi. Por añadidura, Dagan aclaró más recientemente que un ataque israelí puede llevar a los iraníes en la dirección contraria a la deseada, “a tratar de obtener capacidad nuclear tan pronto como sea posible”. No cabe duda de que el Estado hebreo preferiría seguir disfrutando de las ventajas que le reditúa ser la única potencia nuclear de Oriente Medio. De no lograr preservar ese status, sin embargo, ya Ephraim Halevy, predecesor de Dagan en la cúpula del Mosad, aseguró que “Irán dista de representar un peligro existencial” para Israel.

Para Halevy, la verdadera amenaza existencial la constituye la creciente radicalización de los sectores ultraortodoxos del judaísmo israelí. Y, ¿cómo ignorar que si este ex jefe del Mosad morigeró su evaluación de la ultraortodoxia judía en su país, continuó sosteniendo que el Estado hebreo es indestructible, mientras que “una ofensiva militar contra Irán no sólo puede afectar a Israel, sino a toda la región, por espacio de un siglo”?

Dados su autoridad y ojo clínico en el tema, difícilmente pueda leerse a Dagan y Halevy como habiendo llegado a sus conclusiones con ligereza. En todo caso, lo que sí puede decirse es que la indestructibilidad de Israel no es equiparable con el éxito de una ofensiva militar hebrea contra Irán, tema en el que Matthew Kroenig, ex analista del Departamento de Defensa estadounidense durante la gestión de Obama, anunció la semana pasada el fracaso probable de un ataque israelí. En palabras menos brutales del presidente hebreo Shimon Peres, ello fue expresado así el domingo 25 así: “Israel tiene respuestas para la cuestión iraní, pero todo el mundo debe ocuparse de ésta, no debe ser monopolio del Estado hebreo”.

Además, de entre quienes coinciden con Dagan y Halevy sobre la conveniencia de evitar agravar la situación con acciones bélicas, no sólo se cuentan quienes abogan por un Oriente Medio desnuclearizado tan pronto como ello pueda lograrse, sino también los más numerosos israelíes interesados en retener la disuasión nuclear, para los que transparentar su programa abriría puertas a Israel.

Luego de la firma del tratado de no proliferación, el Estado hebreo podría encarar, por ejemplo, con ayuda internacional, la renovación de su cada vez más envejecido y, por ende, crecientemente peligroso, reactor nuclear de Dimona.

Fuente: http://www.revistadebate.com.ar/2011/12/29/4872.php