5/1/12

Gnosis Amerindia


Por Husain Ali Molina y María Eugenia Gantus -Islam Indoamericano
EN EL NOMBRE DEL ALTÍSIMO 
Gnosis Amerindia[1]
El presente trabajo tiene como objetivo recuperar algunos elementos del pensamiento andino a partir del manuscrito de Juan de Santacruz Pachacuti yamqui Salcamayhua (redactado hacia el 1613 de la era cristiana)[2] y de los estudios realizados por el filósofo argentino Rodolfo Kusch.[3]

Nos mueve el deseo de dar a conocer la riqueza espiritual de los pueblos originarios de esta preciosa y sufrida tierra, tan desconocida en nuestros propios países donde, aún en la actualidad, hay quienes se empeñan en negar la fuerte impronta de la cosmovisión indígena en el sentir del hombre americano.

Empecemos, entonces, por intentar una aproximación a la concepción que sobre la Divinidad poseían nuestros pueblos originarios. Para Kusch el elemento fundamental para comprender la cosmovisión andina es la conciencia que poseía el indígena del tremendo poder de la naturaleza, expresión de la “ira de Dios”. El entorno hostil, con sus períodos de escasez, y la necesidad de relacionarse con él a fin de conseguir su sustento, sumían al indígena en un sentimiento de angustia existencial. No es extraño que Santacruz Pachacuti haga referencia al mundo como “el hervidero espantoso”, en el cual la Divinidad no parecía manifestarse más que como un caos que actuaba a través de los elementos implacables de la naturaleza.
Pero, si el mundo era la expresión del caos, se hacía necesario algún tipo de conocimiento que permitiera al indígena convertirlo en orden, y ese conocimiento no podía provenir más que de La Divinidad: Viracocha.[4]
Viracocha poseía cinco cualidades, momentos o signos a saber:


1-Viracocha es el maestro;
2-Viracocha es la riqueza;
3-Viracocha desciende al mundo;
4-Viracocha es la dualidad;
5-Viracocha es el Círculo Creador.

Veamos estos signos (unanchan) punto por punto. Viracocha, decíamos, es el Maestro (Pachayachachic). Si el mundo se presentaba como ajeno y rebelde, es necesario que Viracocha tomara ante este una actitud correctora. La Divinidad y el mundo aparecen como opuestos. Si el mundo ejercía una acción inhumana el indígena habría de adquirir ciertos conocimientos para hacerlo habitable, y este saber no podía tener sino un origen divino.
Viracocha es la Riqueza; pues si la característica más cruel del mundo era la escasez de frutos, La Divinidad debía ser fundamentalmente rica (como lo expresa el término ticci capac).Y es que la Riqueza, en tanto capacidad potencial de alterar el entorno adverso a fin de hacerlo propicio, es una condición natural de todo maestro espiritual.
Viracocha desciende al mundo. La Divinidad no puede haber creado al planeta, ya que “...crear un mundo supone una vinculación entre Dios y este, y por lo tanto una contaminación de lo amorfo, que es el mundo, al Dios..”[5] La distancia entre Viracocha, el superior y primero (caylla), el grande (hatun), el señor (apu), y el mundo como “hervidero espantoso” (manchay ttemyocpa), es enorme. La única opción es, entonces, enviar a un mensajero, y este, en la cosmovisión andina, recibe el nombre de Tunupa. Es el encargado de materializar las enseñanzas divinas, haciéndolas “marchar sobre la tierra”.
Según la leyenda[6], Tunupa llega a los Andes desde Carabaya, para lanzarse a la predica luego de construir una cruz. Aunque los sacerdotes españoles quisieron ver en ella al símbolo cristiano por excelencia, lo cierto es que esta representa el despliegue del orden divino hacia los cuatro puntos cardinales[7]; es la cruz cósmica con la cual Tunupa pretende avanzar sobre el caos, encarnado, este último, en la figura de un “caudillo” de Carabuco. Tras algunos enfrentamientos, Tunupa es apresado y estaqueado en el suelo para ser quemado. Aunque un personaje femenino (“la matrona”) logra liberarlo, Tunupa no se lleva consigo la cruz cósmica. El “caudillo” intenta, en vano, destruirla por todos los medios. Finalmente no ve otra manera de deshacerse de ella que enterrándola. Pero no comprende que con este acto no ha hecho más que contribuir a que el orden divino pase a otro plano menos visible, y que, como los frutos de la tierra, vuelva a surgir periódicamente. Es interesante el papel finalmente necesario del caos-caudillo en la historia para la preservación del orden cósmico. Y es que “...la oposición es más bien cosa del mundo y no de Viracocha. Este une a los opuestos mientras que el mundo los separa”.[8]

Viracocha es la Dualidad. En uno de los himnos del manuscrito de Santacruz Pachacuti se califica a Viracocha como ulca apo es decir señor del ullu (falo) y raca (vulva), era por lo tanto varón y mujer; en él estaban contenidos los dos sexos. Y no podía ser de otra manera ya que Viracocha era, como dijimos anteriormente, el primero y, por lo tanto, anterior y superior a cada uno de los sexos por separado.
Viracocha es el Círculo Creador. Este es el más importante de los signos de Viracocha, es el momento de reposo, conclusión y realización definitiva de Viracocha, su perfecta conceptualización. Santacruz Pachacuti escribe que ahora Viracocha es “el sol del sol” y que así, como “circulo creador fundamental” (ticci muyu camac), debe ser pensado.




El camino del conocimiento

El sendero hacia el conocimiento divino en el pensamiento de los pueblos amerindios, no estaba a disposición de las masas.[9] La mayoría se habría conformado con exorcizar sus miedos a través de rituales y ofrendas a las diferentes fuerzas (benignas y malignas por igual) a fin de reconciliarse con un medio que se le presentaba como adverso.
Pero había, también, quienes no se conformaban con negociar con las distintas fuerzas para continuar con las labores sin ser molestados; eran hombres que procuraban acercarse a La Divinidad y la buscaban con desesperación. ¿Maipin canqui? Se preguntaban los amautas: ¿Dónde estás?[10]. Estos hombres habrían sido los huancaquilli , ascetas que se retiraban a vivir en soledad y penitencia. Según Santacruz Pachacuti, el mismo Manco Capac había hecho elegir a hombres de buena reputación para que “...alcanzaran y conocieran donde estaba el Hacedor del cielo y la tierra...”[11].No creían que Viracocha fuera visible ni que tuviera un lugar determinado para reposar.
Algunos pasajes seleccionados, nos permitirán comprender mejor el sentir de estos buscadores espirituales.


“Con boca alegre,
con alegre lengua, hoy y aún
esta noche
clamaré.
Ayunando
Cantaré con voz de ave
Y quizá
En nuestra alegría,
En nuestro regocijo
Desde cualquier parte del mundo
El creador del hombre
Te escuchará
“Hay” te dirá;
y tu
dondequiera que estés
y así para siempre sin otro Señor que él
vivirás, existirás.”[12]


El ayuno y la soledad se constituyen, así, en herramientas fundamentales del asceta, ya que el iniciado debe alterar su existencia física para dejar de buscar a Viracocha en la exterioridad. El camino del conocimiento interior se inicia entonces. El himno dice lo siguiente: “ Pues viéndote yo, conociéndote, considerándote, entendiéndote, tu me verás, me conocerás”[13]. El peregrino de la vía interior espera que, en la meditación y el recogimiento, se produzca el encuentro para “conocer” a Viracocha y para que Viracocha lo “conozca”; se trata, en todo caso, de un reconocimiento mutuo.

El camino conducirá, finalmente, a la identificación de Dios con el creyente y este habrá de participar del “drama de la Divinidad” ; porque alcanzar la iluminación implica también, para el huancaquilli, hacerse cargo de la herencia del dominio divino y del poder transformador de la cruz cósmica, del cetro reluciente. Se trata, ni más ni menos, que de emprender el camino de Tunupa, haciendo marchar a Viracocha por el mundo.


“¡Oh sagrado Señor!
Que has hecho
Toda la luz naciente
¿quién eres?
¿dónde estás?,¿podré verte?
(...)El sol, la luna,
el día, la noche,
el verano, el invierno
no son libres,
proceden dentro de un orden;
están marcados,
y llegan cuando está establecido.
¿Dónde, a quién
enviaste
el cetro reluciente?”.[14]



Husain Ali Molina. (arkkhad@argentina.com)
María Eugenia Gantus.(megantus@argentina.com)


Notas:

[1] Es válido para este trabajo la definición de gnosis que nos ofrece Francisco García Bazán en Gnosis, la esencia del dualismo gnóstico, Ediciones Castañeda, Buenos Aires, 1978, Pag.31: “Por gnosis debe entenderse todo conocimiento de los misterios divinos reservados a una elite”.
[2] Alrededor del año 1610, el padre Ávila se encontró con este sabio indígena, a quien solicitó la redacción de un esbozo sobre las ideas religiosas fundamentales de los habitantes de la región de Cacha ( próxima a Cuzco). Este manuscrito fue publicado por Jiménez de la Espada bajo el título de Relación de Antigüedades deste Reyno del Peru en Tres Relaciones Peruanas, Madrid, 1879.
[3] Rodolfo Kusch (1922-1979) : Profesor de Filosofía y Letras, egresado de la Universidad de Buenos Aires . Su interés por el pensamiento andino lo llevó a radicarse en la norteña provincia de Salta, hasta que la salvaje dictadura militar que tomara el poder en 1976 le quitó sus cargos en la Universidad de la cuidad homónima. Continuó igualmente con sus estudios en la vecina provincia de Jujuy junto a su esposa. A pesar de la profundidad de su pensamiento, sus análisis no son trabajados actualmente desde las Universidades, debido a su postura crítica para con ciertos sectores de izquierda (que desconocieron el elemento indígena del país) y por su proximidad al movimiento peronista (al que entendía como una expresión abortada del “demonismo” americano). Esto bastó para que se lo excluyera de los ámbitos académicos nacionales.
[4] Daremos el nombre abreviado de Viracocha a La Divinidad andina, aunque su nombre completo habría sido Ticci Vira Cocha Pachayachachic (o sea dueño de los cuatro elementos, fuego, tierra, agua y aire).
[5] Kusch, R. Obras Completas .Tomo II. Editorial Fundación Ross, Rosario, 2000, Pag. 33.
[6] Una versión de la misma, aunque teñida por una reinterpretación cristiana, se halla en una serie de cuadros de la iglesia de Carabuco.
[7] Este símbolo se encuentra en un sinnúmero de expresiones artísticas y religiosas de los pueblos amerindios. Recomendamos al lector interesado en estas cuestiones el excelente trabajo de Cesar Sondereguer titulado Arte Cósmico Amerindio, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1999.
[8] Kusch, R. Obras Completas. Tomo II. Editorial Fundación Ross, Rosario, 2000, Pag. 47.
[9] Podemos, sin forzar comparaciones, adoptar el concepto que Corbin utiliza para referirse a la gnosis como “...una enseñanza que no tiende al mero saber, ante un modo de conocimiento que no es un simple acto de conocer. No es una enseñanza de masas, es una enseñanza iniciática transmitida a cada adepto especialmente escogido...” Corbin, H. Tiempo cíclico y gnosis ismailí, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, 2003, Pag. 220.
[10] Esta es la pregunta con la que el buscador inicia su peregrinaje, y se encuentra formulada en términos similares en distintas tradiciones espirituales.
[11] Kusch, R. Obras Completas, Tomo II, Editorial Fundación Ross, Rosario, 2000, Pag.86.
[12] Transcripción de Juan de Santacruz Pachacuti, tomado de La civilización Andina, de Magni, R. y Guidoni, E. , Mas-Ivars Editores, Valencia, 1979, Pag.37.
[13] Kusch, R. ,Op. Cit, Pag. 88.
[14] Magni, R. y Guidoni, E., La Civilización Andina, Mas-Ivars Editores, Valencia, 1979, Pag. 43.