4/1/12

El nuevo coloso alemán



Por Walden Bello

Alemania se alza sobre Europa como un coloso. Su economía es la más grande de la Unión Europea (UE), representando el 20 por ciento del PIB de la alianza. Aunque la mayoría de las economías europeas están estancadas, la de Alemania crecerá alrededor del 2,9 por ciento en 2011.
Cuenta con la menor tasa de desempleo de las principales economías del continente: un 5,5 por ciento frente al 9,5 por ciento de Francia, el 8,3 por ciento del Reino Unido y el 8,1 por ciento de Italia.

En muchos aspectos, Alemania se parece a Japón. Ambos países se vieron obligados a renunciar a la expansión armada durante la Segunda Guerra Mundial, lo cual hizo que la energía nacional se canalizara en la construcción de unas economías formidables. Pero mientras que Japón vaciló en la década de los 90, Alemania siguió adelante con decisión, convirtiéndose en el mayor exportador del mundo entre 1992 y 2009, siendo reemplazada por China en 2010 en este puesto de honor.

Con el reciente acuerdo de la mayoría de los países de la UE para avanzar hacia una coordinación más estrecha de las políticas fiscales, de la que Alemania ha sido el principal impulsor, los alemanes y otros europeos tienen la impresión de que se ha iniciado una nueva era de hegemonía alemana. No solo es Alemania la economía más fuerte de Europa, sino que, además, está escribiendo las reglas de la gobernanza económica.

¿Una relación desequilibrada?

Esto ha generado un profundo sentimiento de malestar entre otros europeos que, como ha informado la BBC, ahora se enfrentan a un futuro “en el que los alemanes les dicen qué deben hacer”. Muchos alemanes están también preocupados por el giro que están tomando los acontecimientos, entre ellos la oposición socialdemócrata.

En el congreso del Partido Social Demócrata (PSD) celebrado en Berlín a comienzos de este mes, Helmut Schmidt, ex primer ministro y gran hombre del partido, resumió la problemática relación de Alemania con el resto del continente con las siguientes palabras: “Cuando el centro es débil, la periferia se mueve hacia el centro. Cuando la periferia es débil, el centro se expande hacia la periferia”. La clave de una Europa estable es una relación equilibrada.

Schmidt dio a entender que ese equilibrio se ha visto alterado por los acontecimientos recientes. El centro se ha fortalecido y los demás países temen ahora que Alemania les dicte su política económica y sus preferencias por un rigor fiscal y monetario, restricciones para reducir la deuda y su obsesión por la inflación. Además, el recelo a esta supervisión alemana de la economía viene aparejada con el temor de que las medidas de austeridad que el gobierno de Merkel está promoviendo puedan provocar una recesión o depresión. Schmidt recordó a su audiencia que era la deflación y la depresión, no la inflación, lo que acabó con la República de Weimar, el primer intento democrático de Alemania, y trajo a Hitler al poder.

Las reformas de los socialdemócratas

Los socialdemócratas de Schmidt ven la situación de Alemania con una profunda ambivalencia. Un sector del partido atribuye la capacidad de Alemania para capear la recesión europea a las reformas laboral y de las pensiones llevadas a cabo por el gobierno socialdemócrata de Gerhard Schroeder de 1998-2005. En su opinión, el PSD hizo el trabajo sucio, y Angela Merkel y su coalición se han aprovechado de ello.

Las reformas, empaquetadas en la Agenda 2010, fueron un conjunto de medidas tatcherianas que recortaron los beneficios médicos, redujeron las pensiones y las prestaciones por desempleo, aumentaron la edad de jubilación de los 65 a los 67 años, establecieron la subcontratación de los seguros de salud, etc. Perry Anderson describió este paquete de medidas como “un ataque neoliberal más consistente que el que nunca se atrevió a hacer el Nuevo Laborismo” británico.

Un gobierno conservador no podría haber llevado a cabo esas medidas sin provocar una resistencia masiva, dicen algunos activistas. Solo un gobierno laborista puede disciplinar a los trabajadores. Pero el precio pagado por los socialdemócratas fue elevado. Unos 100.000 miembros, incluido el exministro de Finanzas Oskar Lafontaine, abandonaron el partido y muchos ingresaron en el antiguo Partido Comunista de Alemania Oriental (renombrado Partido del Socialismo Democrático) para formar Die Linke, “La Izquierda”. Miembros de los sindicatos también retiraron en masa su apoyo al partido socialdemócrata, y todo esto fue un factor clave en la derrota de las elecciones de 2009, cuando sufrió las mayores pérdidas de su historia, y vio cómo sus escaños en elBundestag se reducían en un 23 por ciento. Según Achim Post, director del Departamento de Política Internacional del PSD, “el partido hizo algo por el bien de la sociedad, pero que iba en contra de los intereses del partido”.

Sin embargo, para muchos miembros del PSD, lo que los economistas ortodoxos ven como una nueva capacidad de la economía alemana tiene que ser equilibrado con la emergencia de nuevas desigualdades sociales. Un estudio de la OCDE en 2008 descubrió que la desigualdad y la pobreza crecieron más rápidamente en Alemania en el periodo 2000-2005 que en cualquier otro país de la OCDE. Mientras el desempleo se mantiene bastante bien, con unos 2,7 millones de desempleados, un gran número de empleados no gana lo suficiente para hacer frente a sus necesidades básicas y tiene que recurrir a los subsidios del estado.

Algunos socialdemócratas como Thomas Meyer, autor de un libro muy conocido sobre la socialdemocracia, sostienen que muchos de los actuales problemas de Europa proceden de las reformas de Schroeder. La caída de la demanda doméstica, debida a una fuerte reducción del poder adquisitivo, ha obligado a las empresas alemanas a intensificar sus esfuerzos para exportar su producción al resto de Europa, lo que ha generado desequilibrios comerciales entre Alemania y las principales economías europeas. Este ha sido uno de los factores clave que han obligado a estas últimas a pedir préstamos en el extranjero para cubrir sus enormes déficits comerciales.

Desafiar a Merkel

En el congreso del PSD en Berlín, el partido estuvo de muy buen humor, tras haber obtenido ocho victorias consecutivas en las elecciones regionales, incluyendo la recuperación de la antigua plaza fuerte del PSD de Renania del Norte-Westfalia, en el corazón industrial de Alemania occidental. Se habló de “devolver a la bestia salvaje del capitalismo a su jaula”, como dijo un orador, aunque las propuestas para el programa electoral fueran bastante tibias: entre ellas, un aumento de los impuestos a los ricos del 42-49 por ciento, un impuesto sobre el patrimonio para los muy ricos, un impuesto a las transacciones financieras, ayudas educativas para los menos privilegiados y un salario mínimo nacional obligatorio.

Pero la socialdemocracia se enfrenta a un enemigo formidable en la figura de Angela Merkel. A diferencia de Margaret Thatcher, Merkel es una posibilista. Ha aprendido las lecciones derivadas de una campaña ideológica desde que, en las elecciones de 2005, un PSD debilitado casi superara a la coalición conservadora el día que los votantes se apartaron de la retórica anti-estado y pro-mercado de Merkel. En los últimos tiempos, Merkel ha sido acusada de robar las propuestas de los socialdemócratas. Su gobierno está reduciendo paulatinamente las centrales nucleares, un elemento clave de los programas del PSD y los Verdes. También ha indicado recientemente que está a favor de un salario mínimo, otra propuesta socialdemócrata. “No para de robarnos nuestros programas”, bromeó un activista en el congreso. “Pronto nos quedaremos sin nada”.

Pero Merkel no es el único obstáculo para el regreso del PSD al poder. Una coalición electoral entre el PSD, los Verdes y La Izquierda sería un fuerte contendiente en las elecciones de 2013. Lamentablemente, no hay ninguna posibilidad de una alianza con La Izquierda, que obtuvo casi un 12 por ciento de los votos en 2009. Hay poco entusiasmo en la cúpula del PSD para establecer una alianza con La Izquierda, cuyos líderes defienden, en buena parte, una política de clase considerada anticuada. Y tampoco hay muchas ganas entre los exmilitantes del PSD actualmente en La Izquierda de formar una coalición con los socialdemócratas, a quienes ven como traidores a la clase trabajadora. De hecho, Thomas Meyer dice que los excomunistas de La Izquierda son más favorables a una alianza con el PSD que los exmilitantes del PSD mismo.

Ser algo más que el inspector fiscal de Europa

Las elecciones de 2013 versarán sobre algo más que los problemas internos. Las relaciones entre Alemania y la UE serán una preocupación central de los votantes, y Merkel intentará presentar el reciente pacto fiscal como un ejemplo de liderazgo creativo de Alemania ante la crisis europea. De hecho, el NEW YORK TIMES ha descrito el reciente acuerdo como una victoria de Alemania, pues representa “el remedio para la crisis de la deuda soberana que ha sacudido a la UE durante meses: disciplina fiscal, supervisión central y sanciones a los países que rompan las reglas sobre los límites de la deuda, que se incorporarán en las leyes nacionales”.

Sin embargo, el PSD considera que el acuerdo alcanzado es poca cosa y tardío. El PSD acusa a Merkel de haber adulado, de forma irresponsable, la fuerte aversión populista de los alemanes a rescatar a los griegos a comienzos de la crisis de la deuda soberana en 2010, empeorando, así, la crisis. El arreglo sobre la deuda griega alcanzado hace unos pocos meses, que supuso la cancelación de la mitad de la deuda griega y de los bancos privados con pérdidas a cambio de que los griegos implementen un programa de austeridad draconiano, llegó muy tarde. Mientras tanto, las indecisiones de franceses y alemanes contribuyeron al ataque de los mercados contra las otras economías débiles del sur de Europa: Portugal, Italia y España.

Según el PSD, en lugar de liderar, Merkel ha puesto obstáculos en el camino hacia un plan estratégico integral para la recuperación de la economía europea. Algunos socialdemócratas han denostado el pacto fiscal como un remedio corto de miras, mientras que Alemania, mirando a los demás por encima del hombro, les exige una disciplina fiscal que podría condenar al continente a un largo periodo de poco o ningún crecimiento.

Con la actitud predominante de Alemania de despreciar a los países atenazados por la crisis como derrochadores y juerguistas típicamente mediterráneos, será un desafío para los socialdemócratas forjar, entre los alemanes, una política alemana más responsable hacia Europa y promover una visión más positiva de las relaciones de Alemania con Europa. No tienen más remedio que ir más allá de la fórmula de Merkel de una Alemania como fiscalizadora económica.

Como dijo Helmut Schmidt a los fieles del partido en el congreso, los recurrentes temores al dominio alemán se han basado en los males que Alemania ha infligido en el pasado a sus vecinos. Esos temores estaban justificados. Pero es más importante, aún, que los alemanes se den cuenta de que su éxito económico y político en los últimos 60 años no habría sido posible sin el “apoyo y la solidaridad de otros”, y que es ahora el turno de Alemania para “mostrar solidaridad con nuestros vecinos”. De lo contrario, Alemania podría “quedarse sola en Europa”.



Walden Bello es miembro de la Cámara de Representantes de Filipinas, presidente de la Coalición Freedom from Debt, y analista de Focus on the Global South de Bangkok. Es columnista de FOREIGN POLICY IN FOCUS y autor de The Food War.



Publicado originalmente en: The New German Colossus, Counterpunch, 28/12/2011
Traducción: Javier Villate-Disenso