26/1/12

El enmarañado asunto de los liberales israelíes



Por Ramzy Baroud

Al margen de quién gobierne en Israel, pocos cambios han tenido lugar en la política exterior del país. Los partidos ganadores siguen obsesionados con la demografía y con el mantenimiento del dominio militar absoluto en la región. Así mismo, están indefectiblemente preocupados por la búsqueda de leyes racistas contra los residentes no judíos del país, y siguen perfeccionando el arte de hablar de paz mientras mantienen realmente un estado permanente de guerra.

Cada pocos años, los medios de comunicación se dejan cautivar por la democracia israelí. Los comentaristas hablan de derecha, izquierda, centro y cualquier cosa que haya entre ellos. A pesar de que falta año y medio para las próximas elecciones, los expertos de los medios ya están hablando de los posibles resultados del voto contra el proceso de paz, las reformas económicas, la igualdad social, etcétera.

En un reciente artículo, el columnista israelí Uri Avnery denunciaba el hecho de que la principal oposición a los partidos derechistas (el Likud, el partido de Lieberman y varias facciones ultranacionalistas, pro-asentamientos y religiosas) no era otra que el partido Kadima, de centro-izquierda. El partido, dirigido por la ‘incompetente’ Tzipi Livni, está supuestamente ‘patas arriba’. Por otra parte, los partidos de izquierda, como el laborista y el Meretz, no es probable que representen una amenaza real al conglomerado de la derecha, a pesar de su aumento coyuntural en las encuestas.

A pesar de su integridad, Avnery se presenta, una vez más, como la falsa esperanza de un salvador que emerge para salvar a Israel de sí mismo. Avnery imagina que Israel es rescatado de sus ‘neofascistas’ y devuelto al escenario superromantizado del pasado, cuando los primeros sionistas soñaban, supuestamente, con un Israel gobernado por una ética universal, una verdadera democracia, la paz y la igualdad social. Espero fervientemente que surja una nueva fuerza política de una clase diferente, un partido de centro-izquierda con un mensaje claro e incluyente: reforma social, lucha contra las desigualdades entre ricos y pobres, una solución de dos estados, paz con los palestinos y el fin de la ocupación.

Pero esto está tan lejos como lo está un Israel más amable y gentil. Muchos luchan fuera de Israel para reconciliar los discursos familiares de la democracia y la igualdad con la realidad sobre el terreno. Es cierto que la enfermedad no es exclusiva de Israel. Otros pocos países autoproclamados democráticos sufren de un abismo similar entre los discursos políticos y las políticas reales.

Recordemos, por ejemplo, lo que los medios de comunicación pregonaron como la ‘primavera árabe’ de Israel. Incluso los que conocen la historia israelí esperaron, por un instante, que las masivas protestas que tuvieron lugar en las ciudades israelíes desafiaran el status quo político y social de Israel. Pero no Seraj Assi, un columnista y estudiante doctorado de la Universidad de Georgetown. Assi escribió: El sucio secreto de las protestas de Tel Aviv es que el grueso de los manifestantes ashkenazíes de clase media se movilizaron por una histeria racista. Simplemente, tienen miedo de ser desplazados a las periferias de las ciudades y a las áreas menos modernas del país. Cuando se quejan de que solo se sienten en casa en Tel Aviv, expresan explícitamente un deseo racista de permanecer alejados de las ciudades en desarrollo y de los barrios poblados por árabes, mizrahíes [judíos orientales originarios de países árabes o musulmanes, N. del T.] pobres y judíos etíopes.

De hecho, las protestas se esforzaron por mantenerse alejadas de los polémicos debates sobre la ocupación militar, la guerra e incluso las desigualdades raciales dentro de la sociedad israelí.

Ni siquiera la guerra unilateral contra Gaza, que causó la muerte de más de 1.400 palestinos, fue suficiente para elevar el nivel de conciencia de las masas y desafiar a los aparatos políticos y militares de Israel. Con el título de El deshielo moral y militar en Israel, Hamid Dabashi, profesor de literatura comparada en la Universidad de Columbia, escribió: No solo la peor parte de los israelíes ha aprobado y apoyado activamente —según una reciente encuesta realizada por HAARETZ— la matanza de palestinos en Gaza, sino que también lo ha hecho su mejor parte, sus intelectuales, profesores, periodistas, cineastas, novelistas y poetas, desde Amos Oz a David Grossman, A. B. Yehoshua, Meir Shalev y muchos otros (12/01/2009).

Mientras que los partidos derechistas israelíes son frecuentemente desestimados como halcones y contrarios a la paz, los sionistas ‘liberales’ de la izquierda israelí han sido considerados, habitualmente, como una alternativa, capaz de señalar las injusticias y lograr la paz largamente esperada. Son meras ilusiones, dijo Roger Sheety en un reciente artículo. Rasca solo un poco la superficie y descubrirás que [...] cuando se acerca a un palestino en particular, [el sionismo liberal] se detiene bruscamente y se da la vuelta (9/01/2012).

Sheety sugiere que existe una palabra clara y concisa para este fenómeno: hipocresía. Pero ‘hipocresía’ podría ser, también, un término demasiado fácil para explicar esta tendencia de la política israelí, que definió al movimiento sionista mucho antes de que se creara el estado de Israel en 1948. Un excelente libro del escritor israelí Tikva Honig-Parnass analiza las raíces del sionismo liberal desde la perspectiva de una persona bien informada. Es una profunda aportación a una bibliografía creciente que desafía la naturaleza liberal o progresista de los sionistas ‘liberales’.

Después de leer el libro de Honig-Parnass, uno se queda con la clara impresión de que los sionistas liberales no son ni ‘lo mejor de Israel’ ni es su doble lenguaje una mera expresión de hipocresía. Los sionistas liberales estuvieron, y siguen estando, en el núcleo del problema. Después de todo, la derecha israelí no emergió como actor político importante hasta finales de los años 70. Todo lo que les precedió (la nakba, la limpieza étnica, la ley del retorno, la guerra de 1967 y la posterior expansión colonial, e incluso la guerra contra Gaza en 2008-2009) fue orquestado por los dirigentes sionistas de izquierda. Más aún, la sistemática discriminación institucional contra los ciudadanos palestinos fue, también, aplicada por la poderosa izquierda sionista en el poder, dice Honig-Parnass. Incluso las fuerzas más ‘radicales’ de Israel están contaminadas, como el movimiento obrero sionista, apoyaron la discriminación racial contra los no judíos antes del establecimiento de Israel. Las leyes que el nuevo estado aprobó consagraron la discriminación racial contra los trabajadores no judíos. Y esa es la situación hoy en día.

Mantener la esperanza en el nuevo ciclo electoral en Israel es como esperar la llegada de falsos mesías. Ninguna salvación será anunciada por un imaginario partido de centro-izquierda que traiga el fin del frenesí ultraderechista, tal como espera Avnery.

La tarea no será fácil, pero un verdadero cambio en la política israelí solo puede ocurrir en un nivel fundacional, confrontando las instituciones políticas de cuasi-apartheid existentes en el país. Cuestionando las perspectivas políticas e ideológicas de la izquierda sionista podría abrirse un camino para que las fuerzas progresistas judías y palestinas luchen juntas contra el estado judío sionista, tal como sugiere Honig-Parnass.



Ramzy Baroud (www.ramzybaroud.net) es columnista y redactor jefe de PALESTINE CHRONICLE. Su último libro es My Father Was a Freedom Fighter: Gaza’s Untold Story (Pluto Press, Londres).

Traducción: Javier Villate-Disenso

Publicado originalmente en: The Puzzling Matter of the Israeli Liberals, Palestine Chronicle, 24/01/2012