30/1/12

El caos en Libia favorece la guerra civil en Siria



por Armando Pérez

El caos que reina en Libia con enfrentamientos frecuentes entre las agrupaciones armadas, favorece el tráfico ilegal de armamento con destino a Siria, donde la oposición armada combate abiertamente contra el presidente Bashar Al Asad.

La reciente toma de la ciudad de Bani Walid, a 200 kilómetros al sureste de Trípoli, demuestra los agudos problemas del Consejo Nacional de Transición (CTN), para controlar la situación en Libia, tras la revolución que triunfó con ayuda de la OTAN.

Según la prensa internacional, en la noche del 23 de enero, bandas armadas leales al fallecido líder libio, Maumar Gadafi, ocuparon Bani Walid, tras combates que ocasionaron cuatro muertos y casi veinte heridos.

Titulares en la prensa destacaron que en muchas edificaciones de Bani Walid ondearon de nuevo las banderas verdes, de la Yamahiriya, antiguo régimen del poder popular establecido por Gadafi, y que las tropas del CTN abandonaron la ciudad.

No obstante fuentes locales, desmintieron la supuesta victoria de los “gadafistas” y explicaron que lo ocurrido fue un simple ajuste de cuentas entre las bandas armadas revolucionarias, que en las actuales circunstancias, viven exclusivamente del negocio lucrativo del contrabando de armas.

En tiempos del gobierno de Gadafi, Bani Walid estuvo controlada por la tribu Warfala, una de la más numerosa e influyente en Libia, y durante la guerra civil, los dirigentes de esta tribu acordaron un alto al fuego con los revolucionarios y permitieron la entrada de los grupos armados del CTN.
Gracias al armisticio, los Warfala conservaron formalmente el poder, permitieron la salida de las tropas gadafistas y reconocieron la autoridad del CTN desde Trípoli.

En declaraciones a la prensa rusa, representantes de esta tribu negaron categóricos que su ciudad es un nuevo bastión de los gadafistas y aseguraron que la lucha entre las agrupaciones armadas revolucionarias para afianzar su poder, son la amenaza principal para la seguridad de la población y la paz en las ciudades libias.

Además del control sobre el comercio y otras actividades de las población civil, las agrupaciones armadas revolucionarias disputan entre si la posesión de armamento, piezas de artillería y vehículos que pertenecían al ejército de Gadafi.

Más exactamente, el conflicto en Bani Walid ocurrió después de que activistas de la denominada “Brigada 28 de Mayo”, detuvieron a varios militantes de otra agrupación armada presuntamente por ser “gadafistas”.

Los detenidos fueron internados en una comisaría que en pocas horas quedó prácticamente rodeada por compañeros de los detenidos que exigieron su inmediata liberación.

Para evitar una escalada de violencia, líderes Warfala apoyados por otros grupos armados entraron a la comisaría liberaron a los detenidos y desarmaron a los militantes de la Brigada 28 de Mayo.

Según fuentes locales, bajo la acusación de “gadafistas”, la Brigada 28 de Mayo intentó desplazar a otra agrupación armada revolucionaria supuestamente implicada en la venta de fusiles, municiones y sistemas lanzamisiles múltiples “Grad” de fabricación soviética.

Para nadie es un secreto que actualmente, especialmente en los puertos libios operan decenas de traficantes e intermediarios dedicados a la venta de armas que ante la falta de control, salen de contrabando del territorio libio a otros países de la zona con demanda de armamento como Siria.

Tras casi diez meses de enfrentamientos, la oposición siria reconoce abiertamente tener agrupaciones armadas como el Ejército Libre Sirio (ELS) que combaten contra el ejército y las fuerzas del orden leales al presidente Asad.

Según la oposición, sus combatientes son desertores del ejercito sirio rebelados contra Asad, pero fuentes militares rusas aseguran que entre los grupos armados sirios también combaten mercenarios contratados por organizaciones con sede en países árabes como Qatar, Arabia Saudita y Turquía.

Recientemente, el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguei Lavrov, denunció que los gobiernos de ciertos países por diferentes canales financian y hasta realizan el suministro de armas a militantes de la oposición y extremistas en Siria.

“Es sabido y nadie desmiente que a Siria llegan armas para la oposición y extremistas que intentan utilizar los movimientos de protesta para tomar el poder por la fuerza, empezando con ciertos distritos y ciudades de Siria”, subrayó Lavrov.

Al mismo tiempo, el ministro ruso rechazó las declaraciones recientes hechas por la embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Susan Rice, quien expresó la preocupación de Washington por el suministro de armas a las autoridades de Siria, en alusión a Rusia.

Con estas declaraciones Rice, comentó el arribo a Siria de un buque con armamento para el ejército sirio procedente de San Petersburgo.

Al respecto Lavrov recalcó que Rusia no infringe las normas internacionales en materia de cooperación técnico-militar con Siria, al agregar que su país tampoco considera necesario “justificarse” respecto al intercambio comercial con Siria ya que se trata de productos permitidos por la legislación internacional.