22/12/11

Sobre el significado de fanâ (aniquilación) y maqâm fanâ (estación de aniquilación)



En la lingüística “fanâ” significa aniquilación e inexistencia, y su antónimo es “baqâ” que significa permanencia y sobrevivencia. Por ejemplo Dios Sublime es del tipo que “fue” y “permanecerá”, mientras las demás criaturas son del tipo que perecerán.


En la terminología “fanâ” significa no considerarse ni encontrarse a sí mismo. Claro está no bajo el significado de alienación, sino que el ser humano ante Dios Altísimo se considera a sí mismo nada, y expulsa de su corazón todo excepto a Dios.



La estación de aniquilación en la gnosis:



Llaman “maqâm” a la estación y al grado que el gnóstico alcanzó después de años de soportar dificultades, purificar su alma y sufrir. Por lo tanto al decaimiento y a la transformación de algo que se transitó con dificultad, en forma natural y general no puede ser aniquilada fácilmente, y queda fij y permanente.



En la estación de aniquilación o perecimiento (maqâm fanâ), el mismo ser humano no toma en cuenta sus servicios sus deseos ni sus solicitudes, así como aquello que lo rodea del mundo ante Dios Todopoderoso, y sólo observa a Dios. Todo lo que observan los santos divinos es la verdad ya sea con o sin intermediario. Ese intermediario en ocasiones son estos mismos nombres y atributos Divinos, que para los devotos y místicos también son corridos inclusive estos velos de luz y: “¡Dios mío! Haz que rompa con todo que no seas Tú y concédeme unirme a Ti, ilumina nuestros ojos con la luz de verte, ilumina la visión de nuestro espíritu, corre los velos de luz…”. En efecto esta es la última estación de la aniquilación que después de ésta, el ser humano desaparece en forma total y sucede la aniquilación completa. Aquí es donde escucha con los oídos de Dios, observa con los ojos de Dios y habla con la lengua de Dios.



Este asunto no se contradice con poder llegar a comprender la verdad de la Esencia Divina. La naturaleza verdadera de la Esencia Divina, no es evidente para nadie excepto para Él mismo.


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En la lingüística “fanâ” significa aniquilación e inexistencia, y su antónimo es “baqâ” que significa permanencia y sobrevivencia. Este vocablo no fue utilizado en el Sagrado Corán, aunque algunos de sus derivados lo fueron, tales como: «Todo el que está en ella perecerá y sólo permanecerá el rostro de tu Señor…».[1] Dios Todopoderoso en esta aleya perecer (fân) lo colocó como antónimo de permanecer (îabqâ), esto es, sólo Dios Sublime es del tipo que “fue” y que “permanecerá”, mientras las demás criaturas son del tipo que perecerán



Pero el significado terminológico de “fanâ” no es igual al vocablo lingüístico de éste. En la terminología



“fanâ” significa no considerarse ni encontrarse a sí mismo. Claro está no bajo el significado de alienación, sino que el ser humano ante Dios no ve a otro fuera de Él, y sólo piensa en Él.



La interpretación de fanâ (aniquilación) desde el punto de vista de los gnósticos:



Abû Sa’îd Jarrâz en una aclaración del vocablo fanâ dice: “Fanâ, es el perecimiento del siervo desde la perspectiva de servir, y baqâ, es la permanencia del siervo con una visión Divina”.[2]



Qashîrî sostiene: “Aquél que es dominado por el Rey de la Verdad mientras no vea nada de lo mundano, no con los ojos ni a través de sus efectos, dirán que pereció entre la gente y permaneció a través de Dios”.



Mîr Saîîed Sharîf Yuryânî también dijo: “Llaman fanâ (perecimiento entre los seres humanos) a la expulsión de los atributos censurables, al igual llaman baqâ (permanencia) a la existencia de atributos limitados (del ser humano)”.[3]



La estación de aniquilación:



En la gnosis existen dos términos: (1) maqâm (estación) y (2) hâl (estado). Llaman “maqâm” a la estación y grado que el gnóstico alcanzó a través de su libertad después de años de soportar dificultades, purificar su alma y sufrir. Por lo tanto el decaimiento y la transformación, no se realizan natural ni generalmente. Explicado de otra manera, el sufrimiento gradual y la conducta constante del gnóstico en el sendero de la abstinencia y por su propia alienación, lo ha hecho meritorio de una estación especial. Y ya que estos niveles y estaciones fueron transitados con dificultad, no serán destruidos fácilmente.



Pero “hâl” (estado) es contrario a maqâm (estación). Es una forma de calidad y transformación, que se realiza en el corazón del gnóstico al transitar las estaciones y los niveles en forma automática. Tal y como es posible que aparezca en un instante, puede desaparecer también en esa misma forma. Entonces “hâl” no es una calidad fija, y constantemente se encuentra en cambio y transformación.[4]



En la estación de aniquilación o perecimiento (maqâm fanâ), el mismo ser humano no toma en cuenta su servicio, sus deseos ni sus solicitudes, así como aquello que lo rodea del mundo ante Dios Todopoderoso, y sólo observa a Dios.



En este caso “aniquilar” no posee ese significado lingüístico que muestra una forma de defecto, sino que es uno de los grados elevados de la perfección. Es por ello que los gnósticos exponen que el resultado de la aniquilación (fanâ) es la permanencia y la eternidad ante Dios. Según lo explicado por Sa’dî:



Se elevó aquél que se humilló / se esforzó en la aniquilación hasta que permaneció



En la terminología de los gnósticos llaman a este perecer “absorbido en Dios”.



Método para adquirir la estación de aniquilación o perecimiento:



De ahí que entre el ser humano y Dios no se interpone velo alguno, a excepción del pecado y el egoísmo, amar a otro fuera de Dios es considerado un velo, y estos velos oscuros evitan poder llegar a Dios. Suponiendo que no existe ningún pecado, velo ni dependencia, y se destruya la atención principal de la existencia del ser humano, entonces es posible ver a Dios en forma limitada y después de esto llegar a obtener la estación de aniquilación.



A este respecto existen diversos niveles y estados que nos abstuvimos a mencionarlos aquí por la brevedad de este artículo. El propósito de “verse con Dios” recordado con títulos tales como: testigo, visitar y otras, según la explicación de la honorable aleya: «La vista no puede percibirle», no puede experimentarse a través de la vista.[5] El propósito tampoco son los caminos del pensamiento, puesto que al camino del pensamiento no le llaman ser testigo, ni verse con Dios etc. Sino que, según lo que el Sagrado Corán dice, significa dejar a un lado todo excepto a Dios, realizar buenos actos y no asociar nada a Dios Único que en caso de que alguien quisiese ver a Dios y llegar a la estación de aniquilación, esto es, observar a Dios sin intermediarios, deberá dejar a un lado tanto a los otros como a sí mismo.



«Por tanto, quien tenga esperanza de encontrarse con su Señor que obre rectamente y que no asocie a nadie en la adoración a su Señor».[6]



El Profeta Moisés (a.s.) también cuando vuelve en sí después de haber perdido el conocimiento cuando ve a Dios dice: “¡Dios mío! No se te puede ver sin aniquilación ni sin haber cortado con cualquier afecto hacia otro!”[7]



Pero el asunto que tiene suma importancia es ¿qué significado tiene lo que se ha dicho respecto a que algunos de los devotos y místicos pueden ver a Dios sin intermediario? En forma general ¿cuál es el propósito de estos intermediarios?



Para explicar este significado es mejor recordar las valiosas palabras del Imâm Jomeînî (que descase en paz) registradas en su honorable obra “Los Cuarenta Hadîz”, ahí donde dice: “Después de la abstinencia total, y de que el alma dé la espalda por completo a todo el Universo, y después de hacer a un lado el egoísmo y egotismo, y de centrar completa atención y aceptar plenamente a Dios, a los nombres y atributos de esa Esencia Sagrada, y de sumergirse en el amor y apegarse a la Esencia Sagrada de Dios, y de practicar el ascetismo espiritual, aparece una puridad y alegría espiritual para el místico, que provoca manifestaciones de nombre y atributo…, y entre el espíritu sagrado del místico y Dios no existan velos a excepción de los nombres y los atributos de Dios Sublime. Para algunos de los místicos es posible que los velos de luz, los nombres y los atributos hayan sido desgarrados y se vean pertenecientes a la Esencia Sagrada, y en esta observación se vean rodeados por la perpetuidad de Dios y el perecimiento esencial de sí mismos”.[8]



La honorable súplica Munâÿât Sha’abânîiah lo describe este propósito en la mejor forma:



“Dios mío! Haz que rompa con todo que no seas Tú y concédeme unirme a Ti, ilumina nuestros ojos con la luz de verte, ilumina la visión de nuestro espíritu, corren los velos de luz”.[9]



En efecto es posible que el ser humano llegue a tal grado que entre él y su adorado no exista velo o distancia más que la luz de los nombres y los atributos de Dios Sublime. Es también posible que llegue a tal grado que inclusive estos velos de luz se desgarren, y que el místico también transite a través de estos velos y desaparezca por completo. Entonces todo lo que ve es a Dios, y todo lo que escucha es igual a la verdad. Parece como si viese con los ojos de Dios, escuchase con los oídos de Dios y hablase con la lengua de Dios, y se ciegue de todo excepto de Dios. Este es el último grado de aniquilación en Dios. El perecimiento y la desintegración completa.



Con todas las explicaciones que se realizaron en la estación de aniquilación y el encuentro con Dios, debemos saber que: “Es imposible llegar a entender la naturaleza verdadera de la Esencia Divina”, esto es entender la verdad de la esencia Divina es imposible para cualquiera a excepción de para Dios Único, y el debate de aniquilación no se contradice con este asunto.






[1]– Sagrado Corán 55:26:27.

[2]– Por primera vez Abû Sa’îd Jarrâz utilizó el término fanâ (aniquilación) como parte de la terminología gnóstica.

[3]– Jurramsâhî Bahâ’ad-Dîn, Hâfidz Nâmeh, p.975.

[4]– Según lo dicho por Sa’dî: Oliste de Egipto el aroma a la camisa (de José) / pero no lo viste cuando se encontraba en el pozo de Canon / él contestó nuestra situación es como la luz del mundo / en ocasiones visible y de otras oculta.

[5]– Sagrado Corán 6:103.

[6]– Sagrado Corán 18:110.

[7]– Yawâdî ‘Âmulî ‘Abdul.lah, Interpretación temática del Sagrado Corán en el Corán, t.7, p.255 en adelante.

[8]– Imâm Jomeînî Ruhul.lah, Los Cuarenta Hadîz, p.454.

[9]– Bihâr Al-Anwâr, t.91, p.98; Munâÿât Sha’abânîiah.