31/12/11

Argentina: EN DIEZ AÑOS, LOS HOGARES CON JEFAS MUJERES PASARON DEL 27 AL 44 POR CIENTO




Por Soledad Vallejos-Página 12

En la última década, la foto de la población argentina se transformó en detalles nada menores que permiten observar algunos datos definitivos del Censo 2010, dados a conocer al filo del Año Nuevo por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

El hilado fino del relevamiento permite saber, por ejemplo, que, al momento de realizarse el censo, las jefaturas de hogar a cargo de mujeres eran el 44 por ciento del total en todo el país; diez años antes, las jefaturas femeninas eran el 27 por ciento. Por otro lado, son numerosas las parejas que se embarcan en la convivencia sin pasar por el Registro Civil: algo más del 21 por ciento de las personas mayores de 20 años (5.522.712, entre mujeres y varones) se encuentran en esta situación. Quienes conviven habiendo formalizado la situación son, en cambio, más del 39 por ciento (10.222.566 personas).

Estos matices se presentan sobre una población cada vez más envejecida, en la que se registra mayor cantidad de personas que han superado los 80 años; 3487 de ellas, además, han cumplido al menos un siglo de edad. Los nuevos datos desagregados dan cuenta, también, de un incremento de la población jubilada, el acceso creciente a la cobertura de salud, y los modos en que ello sucede (ver aparte).

De los 12.176.398 hogares del país, el 44 por ciento (4.141.072) están a cargo de mujeres. El número indica un crecimiento del 17 por ciento en relación con la medición de 2001, en la cual las jefaturas femeninas eran el 27 por ciento del total. De acuerdo con la medición de octubre de 2010, la mayoría de estos hogares tienen al frente a mujeres solteras (el 36 por ciento) y viudas (el 28 por ciento); le siguen las casadas (el 20 por ciento) y las divorciadas (16 por ciento). Diferente es el panorama en los 8.035.236 hogares con jefaturas masculinas: la mayoría de ellos tienen al frente a hombres casados (el 57 por ciento), seguidos por los solteros (32 por ciento), los divorciados (7 por ciento) y los viudos (4 por ciento). La mayoría de las jefaturas femeninas recaen sobre mujeres de entre 45 y 59 años (1.106.890), pero la mayoría de los hogares con jefaturas masculinas tienen al frente varones de entre 30 y 39 (1.824.330).

En el lapso entre el censo de 2001 y el de 2010, los factores que pueden haber incidido son varios, señala Analía del Franco, directora de la consultora Analogías. “Pensemos, en primer lugar, que 2001 era un momento de más desocupación generalizada, con lo cual era esperable que hubiera un crecimiento de ese indicador en 2010. Por otro lado, éstos fueron 10 años en los que las mujeres siguieron teniendo un lugar importante en el mercado laboral, más allá de limitaciones que conocemos como el techo de cristal. Pero también ahora puede haber, sobre todo en algunas ciudades y determinados sectores sociales, más desinhibición en una pareja respecto de reconocer que la mujer es la jefa de hogar porque tiene más ingresos. Hace diez años, esto era más complicado. Claro que, de todos modos, en sectores tradicionales o populares todavía se da al varón el lugar de jefe de hogar aunque esté desocupado. Y no hay que olvidar la cantidad de mujeres solteras y separadas a cargo de sus hijos, y casos en los que la cuota alimentaria pasada por los padres puede no ser significativa.” La investigadora estima que se trata de “una suma de cuestiones asociadas a que las mujeres tienen otro lugar, sea por la positiva o por la negativa”.

No sólo el rol económico de las mujeres ha registrado cambios en lo privado. También las relaciones de pareja y los vínculos que tanto mujeres como varones eligen entablar o no con el Estado a la hora de establecer asuntos privados. Vale decir que más del 21 por ciento de las personas mayores de 20 años (5.522.712, entre mujeres y varones) conviven en pareja sin haberse casado legalmente. Quienes conviven habiendo formalizado la situación son, en cambio, más del 39 por ciento (10.222.566 personas).

No son excepciones: 1514 personas de 14 años se casaron y conviven; 709 son varones, 805, mujeres. De esa misma edad se registran, también, 15.853 casos de convivencia sin libreta: 9103 de esos adolescentes son mujeres; 6750, varones. Los números se emparejan, valga la expresión, al referir adolescentes de 14 años que ya se han divorciado o separado legalmente, pero se encuentran viviendo en pareja con otra persona: son 98 en todo el país, y esta vez el número se reparte equitativamente entre mujeres y varones.

Por lo demás, Argentina tiene más habitantes solteros (15.652.412) que casados (10.785.133, un número del cual el 50,56 por ciento son mujeres); más personas viudas (1.954.534) que divorciadas o separadas legalmente (1.764.396). Pero también es el país en el cual hay 58 personas mayores de 85 años cuyo estado civil se ignora. Sí se sabe, en cambio, que conviven con su pareja.

svallejos@pagina12.com.ar

El aumento del envejecimiento

El ritmo se desaceleró, pero la población argentina continúa envejeciendo de década en década. El índice de envejecimiento, que indica la relación entre la población de 65 años y más y la población de entre 0 y 14 años, es ahora de 40,2. En 2001, la medición lo había establecido en 35,0; mientras que en 1991 fue 29, en 1980 27 y en 1970 23,8. El incremento señala “un proceso demográfico social directamente ligado a dos cuestiones: la merma de los nacimientos y el aumento de la esperanza de vida”, señala Roxana Cuevas, coordinadora del diseño conceptual del Censo 2010.

En Argentina, “cada vez nacen menos niños y cada vez se viven más años”. Sin embargo, los números no sólo indican la existencia de una esperanza de vida cada vez más extendida, sino también “que cada vez hay más adultos mayores, lo que lleva a pensar qué hacemos con esas personas”. Se trata de “adultos mayores que trabajaron toda su vida, a los que el Estado les tiene que devolver algo, a los que va a ser preciso dedicarles cada vez más políticas públicas que impliquen mejorar su calidad de vida. Me refiero al derecho a la cobertura de salud gratuita, el derecho a vivir en una ciudad adaptada para que las personas adultas mayores puedan tomar el colectivo, bajar a tomar un subte, cruzar una calle, caminar por veredas que estén bien”.

El género también tiene impacto sobre el envejecimiento de la población. No se trata de una novedad, sino de una regularidad histórica al menos desde 1970. El índice señala una clara prevalencia: aun cuando en promedio es del 40,2, se incrementa notablemente entre las mujeres para llegar al 48,3, y desciende hasta el 32,3 en el caso de la población masculina. Por ello Cuevas explica que “la longevidad es preeminentemente femenina. Somos las mujeres las que llegamos mucho más fácilmente a la vejez, porque los hombres mueren antes”. Se trata de un “fenómeno que no es exclusivamente urbano”. “En casi todas las provincias argentinas los indicadores hablan de la feminización de este envejecimiento. Muchas veces son viudas que, al pasar al tiempo, se convierten en las adultas mayores que viven solas.”

Cómo son las viviendas

Casi una de cada cuatro viviendas argentinas habitadas tiene menos de diez años de antigüedad, y casi el 98 por ciento de los hogares tiene acceso a energía eléctrica por red. La proporción de “casas deficitarias”, con inferiores condiciones de habitabilidad, descendió desde el 15,6 por ciento, en 2001, al 13 por ciento, en el Censo 2010. El hacinamiento bajó del 8,8 al 7,3 por ciento del total de la población.

“En 2.973.030 hogares, equivalentes al 24,4 por ciento del total, sus habitantes contestaron que la antigüedad de la casa era de diez años o menos”, precisó Diego Ventrici, integrante del Equipo de diseño Conceptual del Censo. Además, “la disponibilidad de energía eléctrica por red llega al 97,7 por ciento de los hogares; sumándole el 1,1 por ciento que tiene electricidad por generación propia, mediante motores o paneles solares, se llega a que el 98,8 por ciento de los hogares tienen energía eléctrica”, según los datos oficiales.

En cuanto a las casas deficitarias, “son las que cumplen al menos una de tres condiciones: piso de tierra; falta de provisión de agua por cañería en el interior; falta de inodoro con descarga de agua”. En 2001, el 15,6 de las viviendas habitadas en el país caían en una de estas categorías; en el Censo 2010, esa cantidad bajó al 13 por ciento. Por último, en 2001, el 4,8 por ciento de los hogares padecían hacinamiento (más de tres personas por cada cuarto), proporción que bajó al 4 por ciento en 2010; en 2001, el 8,8 de los habitantes de la Argentina vivían hacinado; en 2010, el 7,3 del total.


Atenderse con carnet

Respecto del Censo 2001, la cobertura de salud aumentó un 20 por ciento: pasó del 52 por ciento al 63,9. De quienes cuentan con cobertura, casi el 90 por ciento tiene obra social. Más del 85 por ciento de los adultos mayores cobran jubilación o pensión.


La proporción de la población argentina que cuenta con cobertura de salud aumentó más del 20 por ciento en los últimos diez años, y lo mismo sucedió con la cantidad de adultos mayores que tienen acceso a jubilación o la pensión. Así lo indican los nuevos datos definitivos del censo de población realizado el año pasado. De acuerdo con el censo de 2001, la población con cobertura sanitaria –por obras sociales, prepagos u otros planes– no llegaba al 52 por ciento. El año pasado se acercaba al 64 por ciento. En este marco, y con respecto a los prepagos, el Censo 2010 diferenció por primera vez entre quienes pagan directamente su cuota y quienes tienen la prepaga por derivación del descuento de obra social. Esto permitió establecer que, de las personas con cobertura de salud, casi el 90 por ciento cuenta con obra social, directamente o por prepagos derivados. En cuanto a las jubilaciones y pensiones, más del 85 por ciento de los adultos mayores tiene acceso a estos beneficios, contra el 70,2 que lo obtenía en 2001: el informe del Indec vincula este avance con “las políticas públicas y las leyes implementadas entre los años 2005 y 2006”, que incluyeron la “jubilación para todos”.

“En rigor, la cobertura estatal de la salud en la Argentina rige para los ciudadanos en general, a través de los hospitales públicos –empezó por advertir Roxana Cuevas, coordinadora de Diseño Conceptual del Censo 2010–-. En cuanto al 63,9 por ciento que declara tener cobertura de salud, incluye varias categorías: además de los planes estatales de salud, que se desarrollaron en estos últimos 10 años, esta cobertura abarca: las obras sociales, incluido PAMI; las prepagas a través de obras sociales y las prepagas voluntariamente contratadas. En el censo 2001, si alguien le decía al censista que tenía una prepaga, no se le preguntaba si era por pago directo o por derivación de sus aportes de obra social. Ahora sí, y resulta que, sumado el 73 por ciento que tiene obra social directa y el 16 por ciento que tiene prepaga a través de obra social, el 89 por ciento de la población con cobertura de salud tiene obra social.

“Esta precisión es importante –destacó la funcionaria– porque indica si la cobertura en salud proviene de que la persona ponga plata por su cuenta o es por descuento de su empleo: y, en este caso, da cuenta de un empleo en blanco, de la persona misma o de un familiar directo, por intermedio del cual la persona accede a la cobertura de salud. Es un dato fuerte en términos de que hace al estado de salud de la población y a la ejecución de políticas públicas que lo han hecho posible.”

El total de los que tienen cobertura en salud desvinculada del sistema de obras sociales se completa con los que tienen prepaga a través de contratación voluntaria, que conforman el ocho por ciento, y los que reciben planes estatales, que llegan al tres por ciento.

También en jubilaciones y pensiones, en comparación con el censo de 2001, “se observa un fuerte crecimiento de esta población: los jubilados y pensionados llegan al 93 por ciento de los mayores de 65 años; en 2001 la proporción era del 70,2 por ciento. En todas las provincias argentinas, más del 85 por ciento de la población mayor de 65 años percibe este beneficio, con excepción de Tierra del Fuego, que presenta un régimen de jubilación diferencial al del resto de las jurisdicciones argentinas”. En esta provincia es mayor la proporción de gente que deja de trabajar tiempo después de cumplidos los 65, lo cual lleva a que la proporción de mayores de esa edad con acceso al beneficio no supere el 75 por ciento.

El informe observa que “en 18 provincias, más del 90 por ciento de la población mayor de 65 años está jubilada. La proporción más elevada se encuentra en La Pampa, con el 95,5 por ciento. Este significativo incremento de las personas jubiladas se explica a partir de las políticas públicas y las leyes implementadas entre los años 2005 y 2006”.

Cuevas destacó que “en la Argentina hay seis millones de personas que reciben jubilación o pensión; de ellos, 1.300.000 reciben pensiones no contributivas asistenciables o graciables”. Las pensiones asistenciales cubren a tres grandes grupos poblacionales: las personas con más de siete hijos; las personas con discapacidad; y los adultos mayores que no tienen ninguna jubilación o pensión de otro orden. En cuanto a las pensiones graciables, son otorgadas por el Poder Legislativo. “El censo de 2001 todavía no diferenciaba entre distintos tipos de jubilación y pensión. Es importante haberlo hecho porque da cuenta de la inmensa masa de población necesitada que el Estado acude a subsidiar”, puntualizó la funcionaria.

El censo también estableció que un 12 por ciento del total de la población manifiesta tener “dificultades o limitaciones permanentes (físicas y/o mentales)”, que incluyen dificultades visuales, auditivas, cognitivas y motoras –para agarrar objetos y para movilizarse–). “Este porcentaje incluye a las que son efectivamente discapacitadas, pero la determinación de la cantidad de personas con discapacidad se efectuará en verdad mediante la Segunda Encuesta Nacional de Personas con Discapacidad, que se efectuará entre 2012 y 2013”, puntualizó Cuevas.