18/11/11

Un tango en Marruecos


Por Kamel Gomez
“Escucha la música de tu pueblo, y conocerás su carácter”
Confucio

En estas líneas intentaremos contarles el encuentro de un tango cantado en tierras árabes. El tango es el famoso “Yira yira”, cuya música y letra pertenece a nuestro querido Discépolo.


El contexto

Quien definiera  al tango como un  “pensamiento triste”, tendrá  en su vida recompensas que intentarán paliar  todo su esfuerzo y sufrimiento. Es que Discépolo, quien optó -parafraseando a Jauretche- por hacer letras para hombres en vez de ser un hombre de letras,  reflejará en su poseía popular la tragedia de nuestro país en la década infame.

 “Yo solamente he tenido el coraje de expresar en alta voz lo que otros piensan en silencio”; así se definirá él mismo.  En sus letras, en su sufrimiento, en su soledad, en su dolor, y el dolor del otro que hace suyo, que lo transforma en poesía y lo acompaña con música, encontramos la cabal descripción de una Argentina hoy lejana: la patria  del “Cambalache”. Discépolo denuncia el tremendo vacío de valores, y la crisis político-social que se sufría.  Su poesía, su letra, es popular porque reflejó el alma y la carne de miles de anónimos, de ausentes, de hombres y mujeres que no pensaban a la europea. No había lugar para literatura “fantástica “o escapista.

 “Quizás Roberto Arlt en “Los siete Locos” cuando habla de la angustia, en qué modo se da la crisis, se ve que empiezan a surgir villas, los secuestros, las drogas, las chicas que desaparecen de noche y el auge de la prostitución, los cafishos se pelean en la calle Corrientes. Dice Roberto Arlt: ‘ya no se sabe si conviene hacer la revolución o instalar una cadena de prostíbulos’. La angustia casi se podía tocar en las calles”[1].
Así, Galasso con Roberto Arlt  nos ayudan a pintar el panorama de esa Argentina,  de “cabeza grande” (Buenos Aires) y de  “cuerpo raquítico (el interior)”.

El poeta de la ciudad y su gente

Nuestro poeta será quien interpretará  el “alma de la ciudad”:
“Imaginando en mi sensibilidad lo que ese hombre o esa mujer que pasan quisieran escuchar. Lo que cantarían en un momento feliz o doloroso de sus vidas”[2].

¿Cómo expresar lo que hombres y mujeres de una época sienten en lo más profundo de su ser?  ¿Cómo hacer sonar  el problema de uno padecido por  muchos?  

El secreto lo dice nuestro poeta:

“Yo honradamente no he vivido las letras de todas mis canciones, porque eso sería materialmente imposible,  inhumano. Pero las he sentido todas, eso sí. Me he metido en la piel de los otros, y las he sentido en la sangre y en la carne. Brutalmente. Dolorosamente. Dicen por ahí  que soy un hipersensible y aunque la palabrita no me guste, algo debe de haber porque vivo los problemas ajenos con una intensidad martirizante“[3].

El sentir como propio el dolor y la injusticia que padece  otro ser humano, es de hombres que tienen corazones llenos de amor, que se brindan  al prójimo sin medir las consecuencias, sin pensar en el que dirán, sin analizar los pro y los contra. Discépolo  era así.  Es conocida la anécdota donde le piden plata para una nena enferma, él da sin preguntar demasiado, y cuando le dicen que lo habían engañado, estaba feliz porque la nena estaba sana.  En el mundo del egoísmo, el hace la tuya y no te metas, nuestro poeta solitario intenta darle valores a una sociedad vacía de espiritualidad y anclada en intereses meramente económicos.

Yira… yira…

En 1935 Discépolo se va de gira por Europa, arranca por España y se encuentra con García Lorca, sigue por Marruecos y luego París.

Interesante lo que dice de París:

“París al principio da la impresión de una ciudad inhospitalaria. Pero cuando uno la conoce a fondo, cuando se adentra en su alma, cuando profundiza en la intimidad de los parisienses, entonces… entonces es más inhospitalaria todavía[4].

Lindo “palito” para esos que se desviven por lo europeo, la “civilización” y todo lo “moderno”.
Pero Discépolo dice algo más,  que bien puede describir lo que ocurre actualmente:

“Mama Europa está vieja, con el sistema nervioso hecho pedazos en plena decadencia lógica, maniática”[5].

Luego de España, Marruecos

“Una canción es un pedazo de vida, un traje que anda buscando un cuerpo que le ande bien. Cuantos más cuerpos existan para ese traje, mayor será el éxito de la canción, porque si la cantan todos, señal que todos la viven, la sienten, les queda bien“[6].

Y la canción quedó bien hasta en Marruecos. Nuestro autor nos dice de este tango:

“Yo no escribí esa canción con la mano. La padecí con el cuerpo”[7].

Ahora, dejemos que nuestro poeta cuente su emoción en Marruecos:

“Marruecos es un cielo muy alto y unas estrellas muy bajas. Las casas parecen telones remendados. A la gente no la pude ver porque iba envuelta en ropa. Es una ciudad que parece una enorme tienda de ropa vieja en la que de pronto los trajes se han echado a andar por su cuenta…La mayor emoción del viaje la tuve en Tetuán. Un día salí a comprarme unas babuchas y me fui al barrio morisco de los mercaderes. Al entrar en un tugurio subterráneo un viejo babuchero me ofreció su mercadería. Mientras yo elegía entre las chilenas bordadas, un gramófono destartalado, de aquellos que se usaban con bocina que se usaban hace veinte años, empezó a moler las notas de ‘Yira yira…’. Y mientras en gramófono tocaba, el babuchero- que era un viejo judío sefaradita- se puso a tararear la letra en medio lengua hebreo-hispanoaméricana: ‘cuando la suerte que es grela/ fayando y fayando/ te largo parao…’Al oír estas palabras que yo había escrito hacia tiempo y a varios miles de kilómetros de distancia, al oírlas en Tetuán y en boca de aquel anciano babuchero, sentí una emoción extraña que me hacia un nudo en la garganta. Y al salir de allí, di por bien empleados los desvelos que me habían costado mis tangos. Todos eran poco  para pagar aquel momento que me había conmovido hasta las lágrimas…’[8]

Una semana más tarde vuelve a repetirse el suceso:

“Otro día nos internamos en el ‘zoco’ de los zapateros y oímos que uno de ellos acompañaba su labro de remendón tarareando los versos de ‘Yira…yira’”.

Discépolo no se enloquece con las vestimentas, como sí muchos  “cultos de corazón duro”  y nos cuenta que escucha cantar a un judío vendiendo en tierras árabes… no viene mal hacerlo notar, se dicen tantas pavadas vinculadas a un supuesto  “antisemitismo” árabe-musulmán para distorsionar conflictos vinculados a la política y a la colonización de Palestina.

También esta anécdota nos refleja que los seres humanos somos muy parecidos en nuestros dolores, sufrimientos, esperanzas y amores. El éxito de esta letra y su repercusión lo explica el mismo Discépolo:

“En ese tango duele la soledad internacional del hombre frente a sus problemas“[9].

 Para terminar, dejamos estas líneas del poeta, para que también Dios nos enseñe a nosotros:

“De Dios aprendí a sentir, como si fuera un dolor mío, el hambre de los otros, la injusticia de los postergados… y la tristeza infinita de vivir en la tierra que lo ofrece todo para que los más no tengan nada”[10].

  




  Yira yira[11]


Tango – Año: 1930
Música y letra: Enrique Santos Discepolo

Cuando la suerte qu' es grela,
fayando y fayando
te largue parao;
cuando estés bien en la vía,
sin rumbo, desesperao;
cuando no tengas ni fe,
ni yerba de ayer
secándose al sol;
cuando rajés los tamangos
buscando ese mango
que te haga morfar...
la indiferencia del mundo
-que es sordo y es mudo-
recién sentirás.

Verás que todo el mentira,
verás que nada es amor,
que al mundo nada le importa...
¡Yira!... ¡Yira!...
Aunque te quiebre la vida,
aunque te muerda un dolor,
no esperes nunca una ayuda,
ni una mano, ni un favor.

Cuando estén secas las pilas
de todos los timbres
que vos apretás,
buscando un pecho fraterno
para morir abrazao...
Cuando te dejen tirao
después de cinchar
lo mismo que a mí.
Cuando manyés que a tu lado
se prueban la ropa
que vas a dejar...
Te acordarás de este otario
que un día, cansado,
¡se puso a ladrar!




[1]  Galasso, Norberto. Los hombres que escribieron la historia,2010.
[2] Galasso,Norberto. Discépolo y su época,2011
[3] Ibídem
[4] Ibídem
[5] Ibídem
[6] Ibídem
[7] Ibídem
[8] Ibídem
[9] Ibídem
[10] Ibídem
[11] www.todotango.com