30/11/11

Sobre el Imam Husein



Por el Sheij Abdul Karim Paz

En el Nombre del Altísimo

Sobre el Imam Husein, el nieto del Profeta Muhammad, la bendición de Dios sea con él y su Familia Purificada 


Estamos en estos días en el mes de muharram, el primer mes del calendario lunar islámico del año 1433 de la emigración del Profeta Muhammad, de la Meca natal a la ciudad de Medina, donde fundaría el primer estado en base a la revelación del Todopoderoso, el Reino de Dios en la tierra (y no solo en la tierra), pre aunciado por Jesús, la paz sea con él, en su buena nueva evangélica[1].

El profeta Muhammad, para quienes no lo saben, es descendiente del gran profeta Abraham, por línea de su primogénito, Isamel, la paz sea con todos ellos, y en él se cumplió la promesa que aún se puede leer en la versión actual del Génesis, cuando afirma Dios que bendecirá a la descendencia de Abraham e Ismael y sobrevendrá de ella una gran Nación: La Nación del Islam. ¿Cuál si no esa puede ser la gran promesa de una nación monoteísta que Dios hiciera a Moisés en el Génesis? Pues, negar que en la Nación del Islam se ha manifestado la continuidad del mensaje abrahamico y suponer que habrá de surgir otra nación en el futuro es forzar las cosas para no aceptar la evidencia de que el Islam encarna esa nación heredera espiritual del monoteísmo del gran patriarca bíblico. 

En el curso de los veintitrés años de su misión profética, Muhammad, restituyó el monoteísmo abrahámico en toda la península arábiga. 

A la muerte del profeta, el estado se hallaba en expansión hacia los imperios vecinos a cuyos líderes el profeta en vida les había escrito, invitándolos a adorar al Dios Único y a abandonar las practicas opresivas, y esclavizantes de sus súbidtos. Como era de esperar los poderes arrogantes de la época no hicieron caso al profeta aunque miraban con recelo al rápido crecimiento de una nación hasta ayer inexistente y marginada, la de los árabes del interior de la península. 

Roma de Oriente o Bizancio, Egipto, Etiopía, Irán, no tardarían en sucumbir ante el impresionante avance de esta nueva civilización del Islam. 

Pero habiendo fallecido el Profeta, las luchas por la sucesión y el ascenso del poder Omeya, el clan archienemigo del Profeta, desnaturalizaron en parte, el espíritu del Islam naciente. Entre quienes se alzaron para mantener viva la llama profética y para no permitir que la tiranía Omeya termine por destruir completamente al espíritu profético del Sagrado Corán, se encuentra el gran líder e Imam, nieto del profeta, llamado Husein, hijo de Ali y de Fátima, el yerno e hija respectivamente del Profeta Muhammad, la paz sea con todos ellos. 

El califato de Ali (la paz sea con él), recién fue reconocido luego de una centuria, en el período abasida, ya que durante los primeros cien años de reinado omeya, Ali, no solo fue martirizado, sino que el régimen monárquico omeya decretó oficialmente, la obligación de maldecirlo públicamente en los púlpitos de las mezquitas y perseguir ferozmente a sus seguidores, para vengar las derrotas sufridas en tiempos del profeta, cuando la justicia del Estado Islámico acabó con todos sus ilícitos privilegios aristocráticos. 

Los Omeyas que habían encabezado las fuerzas idólatras enemigas del Islam y liderado todas las guerras contra el profeta y los musulmanes y que fueran perdonados por el profeta, una vez que éste los venciera definitivamente en el año décimo de la emigración (632 dC), en una muestra de su misericordia para con sus enemigos, lejos de estar a la altura de la benevolencia profética, urdieron todo tipo de complots, para luego de unos años volver a hacerse del poder, logrando metamorfosear a su antojo, el gran legado del Islam profético. 

No solo el Cristianismo sería afectado por la hegemonía romana, archienemiga de Jesús y los primeros cristianos, intentando desnaturalizar su contenido profético para convertirlo en un instrumento para su cohesión y expansión política, sino que en el seno del mensaje profético islámico, también, los poderes establecidos de la época, en el caso del Islam, los Omeyas, intentarían vestir sus pretensiones hegemónicas del nuevo ropaje religioso. 

Así como lo hicieran su padre y hermano, el Imam Ali y el Imam Hasan, la paz de Dios sea con ambos, todos ellos conocidos como Ahlul Bait, o gente de la Casa, o Familia del Profeta, el Imam Husein, con su martirio y el de su familia, volvieron imposible el siniestro plan de transformar al Islam en una nueva herramienta de opresión en lugar de su naturaleza salvadora y redentora de los oprimidos. 

Los Imames y la hija del profeta, Fátima Zahrá, la paz sea con ellos, conforman la Familia del Profeta, a quien Dios en el Sagrado Corán exhorta a amar y obedecer para ser guiados por Dios: 

"Di, oh Profeta, no os pido recompensa a cambio (de mi misión), sino el amor a mi Familia" (S.C. 42:23 ) 

En la concepción coránica e Islámica, la revelación hecha al profeta, es la última revelación a la humanidad, y por lo tanto, Dios afirma en el Sagrado Corán que no permitirá que se desvirtúe Su mensaje. Dice textualmente: "Ciertamente nosotros hemos hecho descender la revelación y ciertamente nosotros la custodiamos." (S.C. 15:9) 

El Imam Husein, la paz sea con él, con su martirio, el de su familia y sus fieles compañeros ante las numerosas fuerzas mercenarias del tirano Iazid, evitaron que el Islam se deformara bajo la conducción de un corrupto que tenía la desfachatez de no ocultar sus pecado y sus lujurias, como el tener relaciones sexuales con quienes habían sido esposas de su padre, Muawia, con sus hermanas, el emborracharse, el jugar con monos y perros, el reunirse con ladrones y matones y el abjurar de la fe islámica en público componiendo poesías en las que negaba abiertamente que hubiese habido una revelación o que Muhammad fuera Mensajero de Dios. 

La corrupción de este hombre llegó a tal punto que la gente de Medina le retiró su apoyo por corrupto y por temor a ser castigados por Dios si continuaban apoyando a semejante personaje. Esa rebeldía les costaría la masacre histórica conocida como la matanza de Harrah, en una de las entradas a Medina, donde el ejército de Iazid, asesinó, según el historiador Ibn Qutaiba, a unas diez mil personas, entre los cuales se hallaban más de mil setecientos compañeros del Profeta y ochenta memorizadores del Sagrado Corán. Luego de la matanza, autorizó a sus soldados a saquear y violar a las mujeres por el espacio de tres días cuanto quisieran. 

No satisfecho con todas estas matanzas, se dispuso a atacar a la Meca y la sitió, arrojando con catapultas, bolas de fuego hacia la Kaaba, el templo de Dios. Gracias a Dios no llegó a completar esta siniestra obra porque murió durante ese sitio y la noticia de su muerte llegada desde Damasco paralizó la ofensiva. Sin embargo en Arabia Saudita se publique un libro defendiendo a Iazid y bajo el título de "Iazid, el Príncipe de los creyentes" (!) 

Iazid pretendió obligar bajo amenaza de muerte al Imam Husein. Este, a diferencia de Iazid, era el auténtico califa por orden de Dios y del profeta, luego de su hermano, el Imam Hasan, la paz sea con él, también martirizado por Muawia a través del veneno de su esposa, sobornada por Muawia mediante una suma de dinero y promesa de esposarla con su hijo Iazid, promesa que luego no cumplió. Pero el Imam Husein, la paz sea con él, dijo: "el Islam ha de desaparecer si avalo el gobierno de alguien como Iazid." 

La metamorfosis que supo imponer el imperio romano al Cristianismo, no fue posible con el Islam, debido a la sangre del Imam Husein, que quedó como un ejemplo de libertad para la posteridad. El Imam luchó con setenta hombres y su familia ante un ejército de miles de hombres que le cortaron el agua por tres días en el desierto para debilitarlo antes de comenzar a atacarlos y asesinarlos. El supuesto ejército musulmán del supuesto califa Iazid no reparó en asesinar al hijo del Imam Husein, Ali Asgar de seis meses de edad -luego de no permitirle beber agua por tres días-, de un flechazo de tres puntas en la garganta cuando su padre lo alzaba en sus brazos mostrándolo a los soldados, pidiendo misericordia para él y diciendo que si tenían algo contra él, que dejen al bebé vivir y beber agua al igual que a las mujeres. 

Así cambiaban la naturaleza de una religión profética esa horda de asesinos, que se decían musulmanes y que obedecían a un borracho como califa y sucesor del profeta de Dios.. También pasó lo mismo cuando en el nombre de Cristo se saquearon continentes y se sigue saqueando hoy en día el petróleo de otros países, por parte de una minoría opulenta, sumiendo a sus habitantes en la miseria para enajenarse en un lujo infernal. O en nombre del judaísmo se roba el territorio del pueblo palestino, se expulsa a su pueblo, se lo ultraja cuando en el Génesis, en el que pretenden basar su robo, prohíbe expresamente en sus mandamientos fundamentales el matar y robar. Gracias a Dios, siempre hubo y habrá judíos, cristianos y musulmanes que sinceramente siguen las enseñanzas de Moisés, Jesús y Muhammad, la bendición de Dios sea con todos ellos, y con ellos y otros hombres de buena voluntad, radica la esperanza de justicia en este mundo. Ellos constituyen la prueba para desenmascarar a los pseudo religiosos. 

El aniversario del martirio del Imam Husein (P), moviliza a millones en el mundo islámico como fuente inagotable y milagrosa que inspira a todos los combatientes y perseverantes contra las agresiones sufridas a diario por el Imperio y su falsa versión de la religión. 


Nota:

[1] Los musulmanes no creemos que Jesús, la paz sea con él, se limitase a anunciar la buena nueva de un mundo celestial, pleno de amor y de justicia, sin imperialismo opresor meramente en la otra vida, pues entonces, la vida en este mundo carecería de sentido y nada de lo que Dios crea carece de sentido.