6/11/11

Mensaje de Líder Supremo de Irán a los Peregrinos del Hayy 2011

El mundo musulmán sólo podrá hacer frente a los colonizadores cuando logre el mismo poder de las potencias mundiales, meta que no alcanzará salvo por la cooperación e integridad de los países islámicos




En el Nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso.

Toda alabanza pertenece exclusivamente a Dios, Señor de los mundos. La paz y saludos de Dios sean para el profeta Mohamad y sus descendientes inmaculados, los elegidos de Dios.

Actualmente, la primavera de la peregrinación, Hajj, ha llegado trayendo frescura y gloria elevando los corazones entusiastas de los creyentes como mariposas alrededor de la Kaaba de monoteísmo y de unidad.

La Kaaba, Mina, Mashar y Arafat son refugios que cobijan a los seres humanos afortunados que respondiendo a la invitación del Corán que dice: “Y llama al pueblo para que parta hacia la Kaaba y haga la peregrinación…" se presentan al congreso de Dios, el Indulgente y Generoso. La Kaaba esta casa bendita y foco de guía del cual brillan claros signos divinos y donde todo el mundo siente seguridad.

Laven sus corazones en la fuente de la humildad y el recuerdo divino, y abran los ojos de interior a los signos claros de nuestro Señor, sométanse a Dios que es el verdadero signo de ser sirviente, a la vez, recuerden repetidas veces la historia de Abraham, aquel padre que rindiéndose ante Dios llevó a su hijo, Ismael , al lugar del sacrificio, así se familiarizarán con el camino brillante y claro que el hazrat Abraham abrió ante nosotros para alcanzar el amor de Dios, el Grande, y den pasos en esta vía basándose en una voluntad verdadera.

Otro de los signos claros de Dios, es el lugar de Abraham, cuya huella al lado de la Kaaba, es considerado solo un símbolo de la posición de Abraham, ya que el verdadero lugar de este profeta está en el lugar del sacrificio, de su resistencia ante sus propios deseos y sus sentimientos paternales, asimismo, ante el dominio de la incredualidad y la hegemonía del Nimrod del tiempo.

Hoy en día, estas dos vías de la salvación están abiertas frente a cada uno de nosotros que formamos la comunidad islámica (Ummah). La voluntad y la valentía firmes en cada uno de nosotros puede movilizarnos hacia aquellos sublimes objetivos, a los que los mensajeros divinos, desde Adán hasta el último profeta Mohamad, nos han invitado, con la promesa de que los que logren estas metas alcanzarán la felicidad en ambos mundos.

Durante el Hajj, que contempla una gran presencia de la comunidad islámica, es digno que los peregrinos traten sobre los asuntos más importantes del mundo islámico. En estos momentos a la cabeza de todos estos asuntos se encuentra el levantamiento de varios países islámicos. Desde el Hajj del año pasado hasta el de este año han surgido acontecimientos en el mundo islámico, los cuales pueden cambiar el destino de la Ummah y traer un futuro brillante lleno de honor y desarrollo, tanto material como espiritual. En Egipto, Túnez y Libia, han caído los dictadores corruptos y dependientes de las potencias arrogantes y en varios otros países la ola de levantamientos populares amenazan con destrucción los palacios de plata y poder.

Esta nueva página abierta de la historia de nuestro pueblo, revela realidades que todos consideran obvias, signos divinos que nos dan lecciones vitales. Estas realidades deben ser aprovechadas en todas las ecuaciones de las naciones musulmanas.

La primera se contempla cuando desde el corazón de las naciones, que estaban bajo el yugo político extranjero, se ha levantado una generación joven que disfrutando de una adorable confianza, se ha enfrentado a las potencias hegemónicas y ha creado un cambio en la situación dominante.

La segunda realidad observada es que a pesar de los esfuerzos de los gobernantes seculares para eliminar la religión en los países recién liberados, el Islam con una penetración gloriosa y latente, se ha convertido en el guía de los corazones y lenguas, que como un arroyo ha ido refrescando las palabras y comportamientos de millones de personas. Los sonidos del Azan (llamado a la oración), Salates (oración), Takbires (pronunciar Al-lâhu akbar, es decir, la fuerza potencial, capaz de todo y exclusiva de Al-lâh), son signos claros de esta verdad y las recientes elecciones en Túnez es una prueba decisiva de este reclamo popular. Sin duda, las elecciones libres en cualquier país islámico no tendrán otro resultado que el obtenido en Túnez.

Al mismo tiempo, los sucesos de este año han demostrado a todos que Dios, el Grande y Omnipotente, ha dotado de tal fuerza la voluntad de las naciones que ningún poder podrá resistir ante ellas. Los pueblos gracias a la fuerza divina son capaces de cambiar su destino y recibir la bendición divina.

Otro elemento es que los gobiernos hegemónicos, encabezados por EE.UU., durante decenas de años a través de ardides políticas y so pretexto de establecer la seguridad, han convertido los estados de la región en sus siervos y basados en una imaginación desbordante han creado una carretera sin obstáculos para aumentar el dominio económico, cultural y político en las zonas vulnerables del globo. Pero ya han empezado las primeras olas de la aversión y rencor de los pueblos de la región contra el colonialismo. Podemos asegurar que los sistemas nacidos dentro de las recientes revoluciones nunca regresarán a las situaciones despreciables del pasado y la geografía política de estas naciones seguirá la misma conducta de la estima, dignidad y la independencia total de estos pueblos libres.

La tercera realidad ha sido la revelación de la verdadera naturaleza hipócrita de las potencias occidentales ante la gente. En Egipto, Túnez y Libia, EE.UU. y Europa, cada uno a su manera, se esforzaban mucho para mantener sus posiciones, sin embargo, la voluntad de las naciones los venció y a los dominadores solo les ha quedado sonreír hipocrítamente en la cara de la gente victoriosa.

Las realidades, signos divinos, han ocurrido como un oleaje durante este año y, especialmente, en la región del Medio Oriente y norte de África, las mismas que podrán ser entendidas por quienes reflexiones sobre ellas.

A pesar de todo esto, actualmente, la comunidad islámica y, sobre todo a las naciones despiertas, les faltan dos factores importantes:

Primero, la continuidad de la resistencia y evitar que se debilite la firme voluntad. Dios, en la aleya 112 de la sura Hud del sagrado Corán, ordena al Profeta del Islam (BP)

"Sé recto como se te ha ordenado y lo mismo los que, contigo, se arrepientan. ¡No seáis rebeldes! ".

Y también en la aleya 15 de la sura La Consulta, hace el siguiente llamado: "Sigue la vía recta, como se te ha ordenado".

El hazrat Moisés dijo a su pueblo: "Implorad la ayuda de Alá y tened paciencia! La tierra es de Alá y se la da en herencia a quien Él quiere de sus siervos. El fin es para los que temen a Alá".

Primero, el claro mensaje de temor a Dios, en nuestra época y dirigido a las naciones levantadas, se refiere a no detener su santa marcha y a no conformarse con obtener logros parciales. Temor a Dios que hará alcanzar a sus poseedores un destino feliz.

Segundo, estar conscientes ante las intrigas orquestadas por la arrogancia internacional y las potencias que han resultado debilitadas por los levantamientos populares.

La arrogancia no se queda de brazos cruzados y armándose de fuerza política, militar y financiera y a través de amenazas y engaños intenta regresar al campo de batalla para restablecer su poderío en estos países.

La experiencia ha puesto en claro que hay una minoría de personas que es engañada por las argucias del enemigo y este grupúsculo embaucado sirve, consciente o inconscientemente, a la arrogancia.

En esta fase de transición del poder en las naciones revolucionarias, el mayor peligro pende ante la posibilidad de la injerencia extranjera y la infiltración del frente de blasfemia en la construcción del nuevo sistema político de estos recién liberados países, y que se esfuerzan por evitar la formación de un gobierno islámico y popular.

Todos los leales a la Revolución en estos países y todos aquellos a quienes les interesa la dignidad y el progreso de su nación tienen que aunar los esfuerzos para salvaguardar el carácter islámico y democrático de su recién nacido sistema.

La Constitución en este medio, mantiene un relevante papel. Las próximas victorias se deben al resguardo de la unidad nacional y al respeto de las diversidades étnicas, culturales y raciales.

Las naciones valientes de Egipto, Túnez, Libia y de otros pueblos despiertos y combatientes deben entender que sólo quedarán fuera de la merced de los complots y las opresiones de EE.UU. y de cualquier potencia arrogante cuando se establezca un equilibrio del poder en el mundo a su favor.

El mundo musulmán sólo podrá hacer frente a los colonizadores cuando logre el mismo poder de las potencias mundiales, meta que no alcanzará salvo por la cooperación e integridad de los países islámicos.

EE.UU. y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) so pretexto de proteger al pueblo libio de los ataques del régimen de Muamar Gadafi, abrieron fuego durante varios meses contra esta nación inocente.

Mientras que Gadafi era la misma figura que antes del levantamiento de la nación libia había sido uno de los aliados marionetas del Occidente, lo abrazaban y adulaban para que con las manos del propio gobernante libio pudieran alcanzar las riquezas de esta nación.

Después de que surgiera la revuelta popular en la nación norteafricana estos mismos supuestos amigos de Trípoli atacaron al país árabe y destruyeron toda la infraestructura del país. Qué gobierno podía impedir la inminente catástrofe que masacró al pueblo libio y destruyó su territorio por los bombardeos de la OTAN?

El mundo musulmán siempre correrá tales peligros siempre y cuando exista la sombra negra de la opresión occidental, la cual caerá solo con la creación de un polo poderoso del Mundo del Islam.

El Occidente, encabezado por EE.UU. y el régimen de Israel, ahora está más débil que nunca. Los problemas económicos, los consecutivos fracasos en Afganistán e Irak, las movilizaciones populares en el interior del país norteamericano y su extensión a otros países europeos contra el capitalismo, la resistencia del pueblo palestino y libanés, los levantamientos valientes del pueblo de Yemen y Baréin y de otros estados títeres de Washington, todo este fracaso de las potencias occidentales albrician a la nación islámica y particularmente a los países revolucionarios.

Hombres y mujeres creyentes en todo el mundo musulmán, especialmente en Egipto, Túnez y Libia deben aprovechar dicha oportunidad para instalar una potencia islámica internacional.

Líderes de los movimientos revolucionarios confíen en Dios y en su promesa de guía y condecoren el nuevo capítulo de la historia de la comunidad musulmana con sus honores inolvidables que conllevan la satisfacción divina.




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