18/11/11

La Primavera Árabe, y su flor más linda: Palestina

Por Kamel Gomez

Muchas cosas ocurren en el mundo, señal de tiempos delicados, donde mucho hay en juego. El neo-fascismo europeo, con la crisis del euro y el atentado en Noruega, marcan una época oscura para un continente que ya no es sólo el “viejo mundo”, sino también un mundo en agonía, sin respuestas a problemas que han fabricado y contagiado.

EE.UU, con su presidente premio Nobel de la Paz, intenta secuestrar los levantamientos árabes con la intervención de la OTAN en Libia y un nuevo avance militarista en la pobre África, sin alimentos, pero con recursos naturales. Los demócratas-financistas, mientras mostraban al mundo su civilizado asesinato a Qadafi, anunciaron el fracaso de la estrategia de los republicanos del Pentágono en Iraq. Han perdido, y el pueblo árabe festeja una victoria histórica contra el invasor.

Siria ha resistido el avance imperial, y el apoyo de China y Rusia fue respondido con el agradecimiento de miles de sirios que llenaron las calles de su país para respaldar a su gobierno y a su presidente, Bashar Al Asad.

Hace poco la Argentina anunció su postura a favor de la devolución de las tierras del Golán, hoy ocupado por el senil Israel.

Túnez, el lugar donde comenzó la revuelta contra los dictadores, ha terminado sus primeras elecciones, con el triunfo de “An Nahda”. Los de siempre, asustan con el “fundamentalismo islámico” y bombardean nuestras cabezas con el término de “musulmanes moderados”. Es decir, musulmanes que no molestan sus intereses. El gobierno ya cerró las oficinas israelíes.

En Egipto se manifiesta contra la embajada sionista, y se sabotea el suministro de su gas al enclave colonial de Inglaterra y EE.UU. Las relaciones con Israel están en un punto muerto y, de ganar los Ijuan Al Muslimun (Hermanos Musulmanes), las relaciones con el movimiento de resistencia Hamas crecerán. Sin duda, en Egipto la cuestión es más difícil, EE.UU. tiene cartas en todo el arco político egipcio, y fomenta la fitna.

Por supuesto, siempre hay cipayos en todos lados, y el “enemigo interno”, los adoradores del “Takfir”- los que señalan a otros como apostatas en la fe - tratan de cambiar el debate, y la esencia del conflicto. ¿Adivinen quién está detrás? Sí, EE.UU. e Israel.

Palestina, que renace para algunos, y para otros nunca murió, acaba de demostrar en la ONU la hipocresía de EE.UU. e Israel. El primero, con su poder de veto; el segundo, porque llama a “dialogar”- es decir, ganar más tiempo- como si se tratara de un “conflicto” entre dos partes que no llegan a un “acuerdo”. Se trata de Palestina y el derecho a existir soberanamente, sin ocupación, sin muros, sin apartheid, sin bloqueos, sin refugiados, sin bombardeos, sin masacres ni limpieza étnica.

Nuestra Argentina acompañó la causa palestina en la ONU, y también en la Unesco. EE.UU. e Israel, aislados del resto del mundo, estuvieron en contra.

Israel, mal con Turquía, ya ni asusta con su demencial guerra psicológica de bombardear Irán, arrastrando a Siria, Líbano y Palestina. Más allá de las ganas de sus rabinos fundamentalistas, que llaman a tirar bombas atómicas y a matar bebes palestinos, y de su AIPAC- lobby israelí en EE.UU.-, saben, con la CIA, que sería un suicidio.

La primavera árabe ha llegado con un sol de esperanza, con vientos de justicia, sus flores son la libertad y la democracia. En esta primavera, los amantes se encuentran en las calles pidiendo por su amada: Palestina.

Editorial de la Revista "Unión Árabe".