19/11/11

La pobreza en la Argentina, según un estudio de la Iglesia ( y respuesta de Artemio López)



"No queremos entrar en una polémica sobre si hay más o menos pobres. Queremos asistirlos y promover que haya mejores condiciones de vida. Y que esta investigación sirva a las autoridades para que sustenten sus políticas y diseñen acuerdos de Estado, que permitan disminuir francamente la pobreza."


Un cóctel preocupante de pobreza, inseguridad, riesgo alimentario, empleo precario y déficit de viviendas envuelve a gran parte de los 12,8 millones de personas que viven en el área metropolitana de Buenos Aires, formada por la Capital Federal y 30 municipios aledaños.

Así lo refleja un informe presentado ayer por Cáritas, el brazo social de la Iglesia, y el Observatorio de la Deuda Social Argentina, que advierte que el 34,9% de la población, unos 4,4 millones de personas en esa área metropolitana, vive bajo la línea de pobreza.

El índice duplica la medición del Indec, para la cual es pobre el 15,2% de los habitantes, dato mencionado en el informe. La diferencia se explica porque mientras que el cálculo oficial toma un ingreso de una familia tipo de 1250 pesos por mes para acceder a la canasta básica, la investigación presentada en la Universidad Católica Argentina (UCA) considera que el ingreso familiar debe ser de $ 2150 mensuales.

La investigación se basa en una muestra de 1722 hogares y se conoce tres semanas después de las elecciones. Más allá de la medición de la pobreza, señala preocupantes indicadores sociales en una región que reúne al 32% de la población del país y produce cerca del 40% del PBI nacional.

"No queremos entrar en una polémica sobre si hay más o menos pobres. Queremos asistirlos y promover que haya mejores condiciones de vida. Y que esta investigación sirva a las autoridades para que sustenten sus políticas y diseñen acuerdos de Estado, que permitan disminuir francamente la pobreza", dijo el licenciado Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social Argentina, al presentar el informe.

La difusión del relevamiento ratifica la decisión de la Iglesia de poner el ojo en la situación social, más allá del cambio de autoridades en el Episcopado y del reciente gesto de acercamiento que tuvo el nuevo presidente del Episcopado, monseñor José María Arancedo, al reunirse la semana última con la presidenta Cristina Kirchner.

De acuerdo con los resultados del estudio, realizado a partir de la inquietud de Cáritas por tener información detallada y real de los indicadores sociales más importantes, el 10,8% de la población de esa zona (1,2 millones de personas) reside en villas o asentamientos precarios. Algunos datos registran una amplia brecha entre la ciudad de Buenos Aires y el conurbano: el 46,4% de la gente no tiene acceso a cloacas (59,3% en el Gran Buenos Aires y sólo el 2,7% en la Capital) y el 25,2% habita en lugares próximos a basurales (28,8% en la provincia y 13,1 en la ciudad autónoma).

En todos los distritos, en cambio, es uniforme la preocupación por la inseguridad. El 54,7% de la gente considera que vive sin protección policial, uno de cada tres personas mayores de 18 años (29,3%) fue víctima de un delito en el último año y el 68% tiene miedo a ser víctima de un hecho delictivo en su barrio, con similares proporciones en la Capital y en los municipios bonaerenses.

"En la grave crisis de 2001, los números eran muy superiores. Se hizo mucho y todavía falta más, pero se mantienen proporciones muy altas", afirmó Salvia.

Explicó, por ejemplo, que la pobreza no sólo tiene que ser medida por los niveles de ingreso, sino también por la capacidad de las familias para atender distintas demandas.

El estudio, cuyo trabajo de campo se realizó en el último trimestre de 2010, analiza en seis capítulos distintos indicadores sociales, como la vivienda y los recursos del hábitat urbano; la satisfacción de necesidades de subsistencia; la exclusión laboral, déficit escolar y trabajo infantil; el capital humano, integración social y seguridad; la confianza en las instituciones y la integración a través del trabajo y la seguridad social.

Según los resultados, el 16,13% de la gente vive en riesgo alimentario, una categoría que incluye a quienes padecieron situaciones de hambre en el último año. Uno de cada cuatro personas (24,7%) no tiene cobertura médica y el 22,6% dejó de pagar las cuentas, una proporción que está llamada a crecer en lo inmediato, con las recientes medidas oficiales que impactarán en el costo de los servicios públicos.

Sólo el 15,1% de los encuestados declaró tener capacidad de ahorro y el 36,7% (42,3% en el conurbano) consideró insuficientes sus ingresos.

En una región marcada por las fuertes desigualdades, los promedios esconden realidades extremas muy preocupantes. Por ejemplo, el 34,9% de personas castigadas por la pobreza trepa al 42,3% en la zona oeste del conurbano bonaerense y al 40,9% en los municipios del Sur.

Pese a la intensiva publicidad oficial, la aplicación de planes sociales aún no muestra impactos reales en algunos campos. Por ejemplo, el 9,3% de los adolescentes de 13 a 17 años no asiste a la escuela y el 25,6% no concurre o está atrasado en el trayecto escolar.

En algunos casos, los números reflejan situaciones de extrema gravedad, que ponen en evidencia la ausencia del Estado. Por ejemplo, el 29% de los encuestados señaló que conocía "dónde se vende droga en el barrio".

Acompañaron a Salvia en la presentación del informe los directores de Cáritas de Buenos Aires, Daniel Gassmann, y de Lomas de Zamora, Marcelo Dallorso, quienes insistieron en la necesidad de pensar más allá de la urgencia y emprender "políticas de mayor integración social". El padre Emilio Gabrielli, vicepresidente de Cáritas San Isidro, valoró la acción coordinada de las organizaciones de la sociedad civil y llamó, no sólo a asistir a los que lo necesitan ayuda inmediata, sino a combatir las causas profundas de la marginación.


Un informe de la Iglesia advierte sobre la fuerte brecha social
Es una encuesta de la UCA. Muestra marcados contrastes entre la Ciudad y el conurbano en acceso a vivienda, salud y educación. Además dice que en toda el área, la pobreza alcanza al 35% por ciento de los hogares, contra el 15 % del INDEC.

La Iglesia –en base a una encuesta del Observatorio de la Deuda Social de la UCA– presentó ayer un severo diagnóstico social del área metropolitana (Capital Federal y 30 partidos del gran Buenos Aires).

A diferencia de la habitual medición de la pobreza por el nivel de ingreso, la particularidad del relevamiento de la UCA es que muestra un panorama más integral de las carencias que –a la par que refleja los contrastes entre la mejor situación de ciudad de Buenos Aires respecto del conurbano– revela que las necesidades siguen siendo muchas por el lado que se lo mire.

De todas formas, la encuesta volvió a poner en evidencia las grandes diferencias con la medición de pobreza del INDEC , ya que mientras el Observatorio de la Deuda Social la ubica en el área metropolitana (AMBA) en el 35 por ciento, el instituto oficial, en apenas el 15 por ciento.

El trabajo –que patentiza severos déficits en materia laboral (trabajo en negro y precariedad); de vivienda y agua potable, como también los problemas de hacinamiento y sanitarios, junto con la deserción escolar, entre otros– se conoce en momentos en que el Gobierno inició un pr oceso de reducción de los altos subsidios a los servicios públicos.

Lo que, más allá de los anuncios de que sólo afectarán a los sectores más pudientes, preanuncian un impacto en vastos sectores de la población. Y su consiguiente repercusión en la inflación.

El director del Observatorio de la Deuda Social, Agustín Salvia, valoró en la presentación el impacto de los subsidios y los planes sociales en los sectores más pobres, a los que consideró “paliativos sin los cuáles la situación social hubiese sido más grave”. Pero advirtió que esas ayudas “no permitieron una plataforma de inclusión”.

La encuesta –que se hizo durante el cuarto trimestre de 2010 tomando una muestra de 1.722 hogares– expone la situación de 12,8 millones de personas –el 32 por ciento de la población total del país– que produce alrededor del 40% de PBI.

Previsiblemente, las diferencias entre la Capital y el conurbano saltan a la vista en el sondeo: en la ciudad de Buenos Aires la mitad de los hogares se ubican en el estrato más alto de la clasificación socioeconómica, mientras que en el gran Buenos Aires el 60% pertenece a los dos estratos más alto. Además, el 10 % de los hogares de área metropolitana vive en villas o asentamientos precarios, siendo mayor en el conurbano (12%) respecto de la Capital (8%). Dicho de otra manera: el 65% de los hogares que habita las villas reside en el conurbano, mientras que el 35 % restante en la Capital.

En cuestiones puntuales, las carencias y diferencias entre ambas zonas son elocuentes: Por caso, hacinamiento: 3 % en Capital, 10 % en el conurbano; acceso al agua potable: 2 y 26%; acceso a la red de gas: 9 y 32%; acceso a las cloacas: 2% y 55%. En cuestiones como el haber tenido hambre o no haber podido comprar calzado o ropa de abrigo o acceder a una obra social, los porcentajes en el conurbano entre duplican y cuadriplican a los de la Capital.

No menos llamativo es que el riesgo alimentario en el GBA afecta al 16%, en tanto que en la Capital es del 6%. O el déficit en la asistencia escolar: 32% en el primero y 23% en el segundo. En cuanto al trabajo precario, llega al 54% de la fuerza laboral en el GBA y al 43 % en la CABA. En cambio, es parejo el trabajo infantil: al menos un niño de cada diez hogares con menores. También los iguala el temor a sufrir delitos.

De la presentación participaron, además, los directores de Cáritas Buenos Aires, Daniel Grassman, y Lomas de Zamora, Marcelo Dallorso, y el vicepresidente de Cáritas San Isidro, padre Emilio Gabrielli.


La clave es que bajó la pobreza, pero aumentó la desigualdad

Aunque existen notorias diferencias socioeconómicas entre la Capital y el conurbano ninguna de ambas regiones tiene una estructura homogénea.

Si bien la Zona Norte del Gran Buenos Aires es la que más se asemeja a la Ciudad de Buenos Aires mientras que la Zona Oeste y la Zona Sur son las que en términos socioeconómicos y residenciales presentan mayor marginalidad y exclusión social, cuando se desagregan los números, en distintas escalas, en cada zona se reproducen las desigualdades sociales.

En la Zona Norte del conurbano, un 10% de la población registra una tenencia irregular de la vivienda , en tanto un 16% en la Zona Oeste y un 21% en la Zona Sur, cuantifica el informe de la UCA. Lo mismo se repite para otros indicadores claves.

Los “countries” o “barrios cerrados”, como vivienda permanente o de fin de semana, rodeados de asentamientos florecen en el GBA, sin distinción de zonas. Y si bien el 65% de los hogares que habita en villas o asentamientos precarios reside en el conurbano Bonaerense, no es menor que el 35% restante habite en la Capital Federal.

Justamente un dato novedoso de los últimos años es el fuerte crecimiento (50 por ciento) de la población que reside en villas y asentamientos en la Ciudad de Buenos Aires.

En materia laboral, muchos indicadores son similares para las dos áreas.

“En uno de cada 10 hogares con niños, al menos uno de ellos, ejerce actividades laborales, sin encontrarse diferencias entre el conurbano Bonaerense y la Capital. En cuanto al déficit de inserción ocupacional por parte del jefe de hogar no se observan diferencias importantes entre las jurisdicciones del Área Metropolitana rondando el porcentaje de jefes de hogar desocupados en un 5 por ciento”.

En cambio el 7% de jefes de hogar de la Capital está con subempleo inestable, cifra se duplica al 14% para el conurbano. “Una vez más, es la Zona Oeste la más afectada cuando se examina la condición ocupacional del jefe de hogar, así como también lo es la propensión al trabajo infantil y la situación de déficit escolar de niños y niñas adolescentes”.

Si bien la pobreza disminuyó con relación a los años de la crisis, aún es muy elevada ya que el informe dice que comprende al 35% de los hogares de la región metropolitana (valuando la canasta básica total por la inflación verdadera).

Pero en términos relativos, la desigualdad social creció porque l os sectores de mayores ingresos mejoraron sus ingresos y sus patrimonios por encima de lo que logró el resto.

Así, por ejemplo, contrasta que exista tanto déficit y precariedad habitacional, y tantas viviendas deshabitadas en “barrios privilegiados” como refugio de inversión de sus propietarios.

Clarin


La respuesta:



Los insostenibles "números sociales" de la Iglesia


Un estudio en la zona metropolitana del Observatorio Social de la Iglesia publicado por La Nación muestra notables inconsistencias en el nivel de incidencia de la pobreza que informa.
Artemio López-Diario Registrado


La iglesia miente. Mentía en 2009 cuando insistía en que la pobreza era similar a la del año 2001 en la crisis de salida de la convertibilidad, y sigue verseando hoy.

Dejemos de lado la discusión sobre valorización de canasta básica, que para el responsable del estudio es de $2.150 para un hogar tipo metropolitano. Hay inconsistencias notables en ese nivel de incidencia de la pobreza metropolitana que informa la consultora opositora. Veamos.

Según el Observatorio Social de la Iglesia, consultora opositora vinculada a la universidad privada UCA, existe hoy el mismo nivel de pobreza que en el año 2004, más precisamente la existente en el segundo semestre cuando la pobreza según el impoluto INDEC de entonces, ascendía a 37,7% en el GBA.

En ese momento concurrían tres factores que desbaratan el cálculo falaz del observatorio social. La desocupación que hoy es de 7,3% en el GBA ascendía entonces a 15,3% y el trabajo informal que hoy es del 34,5% en 2004 llegaba a 47,7%.

Finalmente, hoy existe la AUH que transfiere el equivalente a $ 440 por hogar beneficiario de alto impacto en el universo de ciudadanos bajo la línea de pobreza y en el año 2004, simplemente no existía.

O sea: tenemos la misma pobreza que en 2004 cuando se observaba el doble de desempleo un 50% más de trabajo informal y no existía la AUH. No estamos en el cielo, pero por el camino que nos marca la Iglesia con estos informes berretas, no llegremos jamás.

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