13/11/11

Argentina: El costo de la extranjerización de la economía

Un factor muy importante de demanda de divisas es el giro de ganancias que realizan multinacionales a sus países de origen, que están en crisis. Bancos, telefónicas y petroleras, sectores extranjerizados y privatizados en los noventa, explican gran parte de las remesas


Por Javier Lewkowicz-Página 12


Las empresas multinacionales del sector bancario junto a las telefónicas y petroleras giraron al exterior en concepto de utilidades y dividendos más de 900 millones de dólares en el primer semestre del año, casi la mitad de la remisión total en el período. Frente a esta situación, en un contexto de presión sobre el mercado cambiario, el Gobierno busca que compañías extranjeras dilaten el giro de utilidades. En el caso de las terminales automotrices, se llegó a un acuerdo para no enviar ganancias en todo 2012. En YPF, el Gobierno intentó frenar la distribución de dividendos, que en su mayoría tiene como destino el exterior. A la vez, reuniones con industriales siderúrgicos, farmacéuticos, de la alimentación, y empresarios del sector de servicios, como supermercados y telefónicas, por ejemplo, encabezó el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. La magnitud de los giros al exterior y la intención oficial de que los sectores más concentrados contribuyan a relajar el mercado cambiario dan cuenta del problema estructural de la extranjerización de la economía.

La presión coyuntural sobre el tipo de cambio, producto de la compra de dólares por parte de inversores mayoristas y minoristas y el giro de utilidades y dividendos que incrementaron las empresas multinacionales por la crisis en sus países de origen ha provocado que el Gobierno implementara una variada serie de medidas. Desde el lado de la oferta, obligó a las empresas de hidrocarburos y minerales a liquidar en el mercado local todas las divisas generadas de la exportación, lo que permitiría que ingresen por lo menos unos 3000 millones de dólares adicionales por año.

También en el afán por incrementar los dólares en la plaza, aumentó la presión a las exportadores de granos para que liquiden más divisas que tienen pendientes por sus operaciones. “Moreno se reunió con más de 70 exportadores, les pidió que liquiden las exportaciones pendientes y que repartan dividendos en pesos”, confirmó a este diario un alto dirigente de la UIA de buena llegada con ese funcionario. Por el lado de la demanda de dólares, el Gobierno reforzó los controles en la city sobre “coleros” e implementó el nuevo sistema de compra de divisas.

Un factor muy importante de demanda de divisas es el giro de utilidades que realizan las multinacionales. Según el último dato del balance cambiario del Banco Central, en el primer semestre la remisión ascendió a casi 2000 millones de dólares, el 35 por ciento del saldo comercial en el período, y en todo 2010 superó los 4200 millones. En el balance de pagos, donde se utiliza el criterio “devengado” (se contabiliza la aprobación por parte de las firmas de la remisión de utilidades y dividendos, instancia previa a la operación de compra efectiva de los dólares), el monto de 2010 es de casi 7200 millones de dólares y en los primeros meses del año, de casi 3500 millones. Si la política de presión a las firmas para que posterguen la remisión tuviera un éxito visible, la diferencia debería verificarse en el balance cambiario. Muchas empresas aumentaron este año el flujo de divisas remitido, para mejorar los balances de las casas matrices en Estados Unidos y Europa, epicentro de la crisis internacional.

Los bancos giraron en los primeros seis meses del año 403 millones de dólares, el 20 por ciento del total, mientras que el año pasado su participación fue del 9 por ciento. Ese sensible incremento se explica por la fragilidad de las casas matrices europeas, golpeadas por la crisis. Alfredo García, jefe de la Asesoría Económica del Banco Credicoop, explicó a este diario que “en los últimos años las ganancias de las empresas extranjeras se incrementó mucho, tanto por el crecimiento de la economía local como por la suba de sus márgenes de rentabilidad. Desde 2007 tienen la presión de enviar la mayor cantidad de utilidades posibles al exterior. Se trata de un canal por el cual se filtra la crisis europea en la economía doméstica”. “Es un reflejo del problema estructural del alto nivel de extranjerización de la banca a partir de los años ’90, situación que no se ha arreglado en estos años. Durante la convertibilidad se decía que el ingreso de los bancos extranjeros generaría mayor eficiencia, que esas empresas tenían espaldas anchas por poseer recursos en dólares. Con la crisis de 2001 se demostró que la banca extranjera reaccionó igual que la nacional, que no trajo capitales del exterior para respaldar los depósitos en dólares”, agregó García. Los bancos extranjeros más importantes son el Santander, Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA), HSBC y Citibank.

La industria química, de caucho y plástico giró un 11 por ciento del total (221 millones), al igual que las empresas del sector de las comunicaciones, es decir, las telefónicas, que fueron parte esencial del proceso de privatización en los ‘90. El sector de petróleo disminuyó su participación en las utilidades giradas respecto de 2010, aunque representó en el primer semestre un 15 por ciento del total remitido. En 2008, esa proporción fue de 26 por ciento, y llegó al 34 por ciento en 2009. También en este caso, la privatización de YPF es una explicación central de ese comportamiento. En tanto, la industria alimentaria representó el 9 por ciento. “Buena parte de la remisión de utilidades es renta de los recursos naturales, como agro, petróleo y minería. Existe el riesgo de que la rentabilidad extraordinaria en determinados sectores cuya estructura está altamente extranjerizada se transforme en un problema de restricción externa por el giro de esas ganancias al exterior. En este contexto, la discusión por aumentar el gravamen a la renta se mezcla con la de la remisión”, indicó a Página/12 Andrés Tavosnanska, economista de AEDA.

La tensión en el mercado cambiario local, fenómeno que responde a múltiples causas, provocó que el Gobierno solicitara a las empresas transnacionales que posterguen la remisión de utilidades y dividendos. “Moreno le pasó el peine a todo el sector”, dijo a este diario un empresario de una cadena de comercialización. El pedido fue que suspendan la remisión por 60 días o a veces menos, según las necesidades y urgencias de los privados. Giorgi se reunió con las automotrices, que se comprometieron a no girar utilidades en 2011/2012, y también con empresas fabricantes de neumáticos y siderúrgicas, según fuentes del sector privado. Un miembro de la mesa empresaria del G-6 consideró que “postergar los giros es razonable. Pero una cosa es sugerir y otra es prohibir. Si hubiera alguna medida específica y formal no tranquilizaría a la plaza”.

Más allá de la inquietud del empresario consultado, las posibilidades concretas de avanzar sobre la legislación son, en el mejor de los casos, muy acotadas. “Los tratados bilaterales de inversión (TBI) y la vigente ley de inversiones extranjera dan total libertad en forma explícita a las multinacionales para remitir utilidades cuando quieran, como quieran, cuanto quieran. El Gobierno está atado de manos, por eso no puede apelar a la ley sino actuar con una lógica de intercambio de favores. Incluso las multinacionales podrían acudir al Ciadi”, señaló a Página/12 Andrés Asiaín, investigador del Cemop. Argentina firmó más de 50 TBI, cantidad muy alta comparada con otros países. “Restringen la soberanía del Estado. Es un tema que hay que analizar, son concesiones extremas”, analizó García.

La legislación del tercer peronismo en la primera parte de la década del ’70 establecía, en cambio, un plazo mínimo para la remisión desde que la empresa se radicó y que el giro esté en función del desempeño. Incluso incorporaba una cláusula que explicitaba que, en caso de problemas en el sector externo, el Gobierno podía actuar discrecionalmente sobre la remisión. De todas formas, existe en la actualidad una arquitectura legal internacional en beneficio de las multinacionales. El propio FMI impide a sus miembros poner restricciones sobre las transacciones de la cuenta corriente, salvo en casos de crisis. Además, las multinacionales utilizan un variado menú de herramientas para transferir ganancias de forma opaca, como la toma de deuda ficticia con la casa matriz o los precios de transferencia. También se han detectado casos de sobrefacturación de importaciones y subfacturación de exportaciones, que reducen la ganancia local y con ello el pago de impuestos, y de triangulación con paraísos fiscales.



Dólar y política



Por Alfredo Zaiat

La cotización del dólar es un indicador relevante para la evaluación de la competitividad de la economía. Ocupa a la vez un lugar destacado en la decisión sobre opciones de inversión financiera. Resulta además un factor de estudio sobre comportamientos sociales y pautas culturales de la población en una economía bimonetaria. El billete verde reúne características para el análisis económico, social y cultural. Pero también tiene un rasgo determinante que no puede ser ignorado: su precio es una variable política importante.

 Considerar esa particularidad implica dar dimensión a cualquier medida que involucre al dólar en el mercado local, y saber interpretar la vocación de la cadena nacional de medios privados por relevar con pasión la opinión de vendedores de humo, más conocidos como economistas de la city. La cuestión política del dólar ha quedado en evidencia desde el día posterior de la elección que ganó CFK con el 54 por ciento de los votos. La contundencia de ese resultado habilitó medidas necesarias en el sensible mercado de cambios que sólo podían implementarse con ese respaldo masivo de las urnas. La reacción, montando un show del miedo, de sectores conservadores por el mayor control y fiscalización de operaciones de compra de divisas, y por la eliminación del privilegio de petroleras y mineras sobre sus dólares de exportación, refleja ese componente político del dólar.

El objetivo lo han expresado sin disimularlo: desplazar a Mercedes Marcó del Pont de la conducción del Banco Central y colocar en el Ministerio de Economía a un hombre confiable para banqueros y el sistema financiero internacional. El editorial de La Nación del jueves pasado dedicada a Marcó del Pont tiene una virulencia conceptual y ataques a su persona que sólo revela el carácter perturbador de su presencia en un espacio de gestión económica –y de negocios– que el neoliberalismo considera de su propiedad. A la vez no hay que ser muy perspicaz para darse cuenta de cuál es el perfil de ministro de Economía que pretende el poder financiero para el nuevo gabinete del segundo mandato de CFK, expresado en la secuencia de análisis periodísticos y en la constante prédica de economistas de la city. En estos días de turbulencias en el mercado cambiario, los funcionarios deben estar más atentos que nunca ante sugerencias y promesas de colaboración de banqueros, que al darse vuelta ordenan comprar dólares y perfeccionar el canal informal de sus propias entidades.

La situación económica no es exageradamente holgada como en años pasados, pero sigue siendo suficientemente cómoda en indicadores clave (balanza comercial, de cuenta corriente, equilibrio fiscal, stock de reservas, nivel de actividad, cosecha record, empleo, peso de la deuda externa en el PIB) en comparación con muchos otros países, incluyendo Brasil, teniendo en cuenta el contexto de incertidumbre internacional. Esto no implica la necesidad de aplicar sintonía fina, ajustar dispositivos de intervención y estar prevenidos de embates de una crisis global. Pero una cosa es enfrentar desafíos y tensiones de gestionar la economía en un proceso dinámico y cambiante, y otra distinta es la convocatoria de fantasmas lejanos para incentivar una corrida contra el peso y contra los depósitos. En esta última instancia, el dólar se transforma en un hecho político.

Esta dimensión de la moneda estadounidense en la plaza doméstica adquiere relevancia en estos momentos de nerviosismo en el mundo de las finanzas y de las grandes empresas. Los miembros del Gobierno encargados de este tema no pueden minimizar la importancia del factor político al momento de enfatizar sobre qué frente actuar en el mercado. El denominado chiquitaje no mueve el amperímetro del negocio cambiario: la equitativa estrategia de promover el blanqueo de operaciones no debe transformarse en la interrupción total y abrupta de movimientos en ese segmento. La adaptación a un nuevo sistema y la normalización de las transacciones permitirán disminuir la ansiedad sobre el dólar. Esto es lo que se verificó en los hechos: desde que arrancó el régimen de validación de la AFIP, en ocho días hábiles, hubo 181.754 operaciones de cambio por más de 15.800 millones de pesos.

Otros sujetos económicos, importadores, empresas que dolarizan excedentes y multinacionales son los actores centrales por el monto global involucrado en el flujo de divisas y en la formación de activos externos de residentes locales, vulgarmente llamada “fuga de capitales”. Esta se ha desarrollado con diferentes gobiernos, políticas económicas diversas y contextos internacionales de auge y crisis. Desde la liberalización financiera dispuesta por la dictadura militar de 1976 se ha intensificado y se ha vuelto crónica, hasta colocar a la Argentina como el país fuera de Estados Unidos con más dólares per cápita en circulación en su propia economía. Estudioso de este tema, Jorge Gaggero explica que la compra de dólares para atesorar “supone un drenaje de recursos que podrían ser utilizados para potenciar el crecimiento económico y el empleo, mermas en la recaudación impositiva que tienden a reducir la eficacia estatal en una espiral descendente e impactos negativos en la distribución de riquezas e ingresos”. Otro especialista, Gerald Epstein, afirma que “la fuga de capitales es importante porque puede tener significativos costos sociales; es también un barómetro de la soberanía de la política del Gobierno versus la de las clases de privilegio y se relaciona con los impactos de importantes políticas económicas tales como la liberalización financiera”.

La gestión kirchnerista se caracteriza por actuar sobre los acontecimientos cuando adquieren envergadura. Hasta ahora no le fue tan mal de acuerdo con lo que indica el apoyo en las urnas, pero genera situaciones de estrés político-económico notables. Esta forma de abordar los problemas que incomoda a no pocos, en realidad, puede ser que sea la respuesta a su éxito político. Por caso, la primera línea del equipo económico ha emprendido vertiginosos diálogos con compañías extranjeras para que demoren lo más posible la remisión de utilidades a sus casas matrices, localizadas en países en crisis y que demandan a sus filiales recursos para cubrir en parte sus frágiles finanzas (ver nota aparte). Esta reacción oficial reconoce así la potente restricción en el frente externo en que se ha constituido la extranjerización de la economía. El último informe de coyuntura de Cifra, centro de estudios de la CTA, destaca que el déficit generado por la remisión de utilidades y dividendos ha tenido un fuerte crecimiento en los últimos años. Precisa que el flujo de utilidades y dividendos pasó de representar el 32 por ciento del superávit comercial en 2005 a más del 50 por ciento en 2010. Ese porcentaje se elevaría a casi el 70 por ciento en este año. En esa instancia inquietante reacciona el Gobierno: la carga de los intereses de la deuda ha descendido sustancialmente por la política de desendeudamiento, y ese lugar desestabilizador ha pasado a estar ocupado por el giro de utilidades de compañías extranjeras.

Existe una herencia normativa (ley de inversión extranjera, tratados bilaterales de inversión, adhesión al Ciadi y ser miembro del FMI) que impiden la restricción de girar utilidades de empresas extranjeras. El atajo a ese cepo es la negociación con cada una de esas compañías para disuadirlas de remesar dividendos o incentivarlas a reinvertir mediante la capitalización de sus filiales locales. El documento de Cifra da cuenta del elevado grado de extranjerización de la cúpula empresaria, que “fue resultado principalmente de las tendencias desplegadas a lo largo de la convertibilidad”. En 2009, el 55,4 por ciento de las ventas totales de las 200 empresas de mayor tamaño del país corresponde a empresas extranjeras. Esto ha determinado un sensible aumento en la remisión de utilidades y dividendos al exterior. Las elevadas tasas de crecimiento económico desde 2003 no hicieron más que potenciar este proceso. El flujo neto total de utilidades y dividendos pasó de representar 633 millones de dólares en 2003 a 7159 millones en 2010, monto que apunta a superarse este año. Suma que equivale a un tercio del total de la fuga registrada.