13/12/10

Sobre la ciencia física y la ciencia metafísica

Los sabios musulmanes prestaron una gran atención al estudio de la física y la metafísica, tomando como punto de partida muchas de las aportaciones hechas por los griegos en estas disciplinas.

Autor: Al-Farabi - Fuente: Catálogo de las Ciencias

La ciencia física estudia los cuerpos físicos y los accidentes que existen en estos cuerpos; y da a conocer las cosas de las cuales, por las cuales y con las cuales existen estos cuerpos y los accidentes que en ellos hay.


Los cuerpos físicos unos son artificiales y otros naturales. Artificiales son, por ejemplo, el cristal, la espada, la cama, la tela, y, en resumen, todo aquello que existe por el arte y por la voluntad del hombre; naturales son aquellos que existen no por el arte o por la voluntad del hombre, como los cielos, la tierra y lo que hay entre ellos, las plantas y los animales. La disposición de los cuerpos naturales en este respecto es como la disposición de los cuerpos artificiales, es decir, que los cuerpos artificiales tienen cosas en, de, por y para las que existen; y estas cosas se manifiestan más claramente en los artificiales que en los naturales. [56]

Los [accidentes] que existen en los cuerpos artificiales son, por ejemplo, el lustre de la tela, el brillo del sable, la transparencia del cristal y el tallado de la cama. Las cosas para las que existen los cuerpos artificiales son los fines y las intenciones por las que se hacen: por ejemplo, la tela se hace para vestir, el sable para herir al enemigo, la cama para preservarse con ella de la humedad de la tierra, y para las demás cosas para las cuales y por las cuales se hace la cama, y el cristal para guardar en él lo que en otras vasijas no es de creer que se transparente.

Los fines y las intenciones por las que existen los accidentes que están en los cuerpos artificiales son, por ejemplo, el brillo de la tela para que con ella se embellezca, el refulgir del sable para espantar al enemigo, el tallado del lecho para embellecer su vista, la transparencia del cristal para que se vea lo que se pone dentro de él.

Las cosas por causa de las cuales existen los cuerpos artificiales son los artistas y los constructores, por ejemplo, el carpintero, por el que existe la cama; el bruñidor, por el que existe la espada. Las cosas por las cuales existen los cuerpos artificiales son dos en cada cuerpo artificial, por ejemplo, respecto de la espada; la espada existe por dos cosas: el ser puntiaguda y el hierro, pues el ser puntiaguda es su figura y su forma y por ello cumple su acto, y el hierro es su materia y su sujeto, que es como el que sostiene su forma y su figura; la tela también existe por dos cosas: por el hilo y por el enlace de su trama en la urdimbre; el tejido es su forma y su figura y el hilo es como el sostén del [57] tejido y su sujeto y su materia; la cama también existe por dos cosas: la cuadratura y la madera; la cuadratura es su forma, y la madera es su materia, lo que sostiene la cuadratura; y lo mismo sucede con el resto de los cuerpos artificiales. Y por la reunión de estas dos cosas y su acuerdo resulta la existencia de cada una de ellas dos in actu y perfectamente y su esencia.

Cada cosa de estas solamente obra o es hecha, se emplea o se utiliza en cualquier caso para el que ha sido formada, cuando su forma se adhiere a su materia; pues la espada sólo se perfecciona con la forma puntiaguda, la tela únicamente es útil cuando la trama ha terminado de tejer sus hilos; y otro tanto ocurre con los demás cuerpos artificiales.

Esta es la cualidad de los cuerpos naturales, pues sólo existe cada uno de ellos por la intención y el fin. Y asimismo sucede en toda cosa o accidente de los cuerpos naturales, pues solamente existen por un fin o intención; y todo cuerpo y todo accidente que en él se halle, tiene un agente y un creador, del cual recibe la existencia.

El ser y los accidentes de cualquier cuerpo natural depende de dos cosas: una, la que en él hace las veces del ser puntiaguda en la espada, que es la forma de aquel cuerpo natural; otra, la que en él hace las veces del hierro de la espada en la espada, que es la materia del cuerpo natural, y el substratum y como el recipiente de su forma también; con la única diferencia que la forma y las materias de la espada, la cama, la tela y los demás cuerpos artificiales se comprueban con la vista y con los sentidos, como el ser puntiaguda la [58] espada y su hierro, la cuadratura de la cama y su madera.

La forma de las cualidades y las materias de los cuerpos naturales no son sensibles, y solamente nos consta de su existencia por el raciocinio y la demostración apodíctica, lo mismo que ocurre también con muchos cuerpos artificiales, que no tienen formas sensibles: por ejemplo, el vino, que es cuerpo que se fabrica artificialmente, y la virtud que tiene de embriagar no se aprecia por los sentidos y sólo se conoce su existencia por sus actos: esta virtud de embriagar es la forma del vino, y hace respecto del vino las veces del ser puntiaguda respecto de la espada, puesto que por esta virtud es por lo que el vino perfecciona su acto [de embriagar]. Otro tanto ocurre con las medicinas compuestas por arte de la medicina, v. gr., la triaca y semejantes; ellas sólo obran en el cuerpo humano por la virtud que en ellas resulta de la composición, y esta virtud no es sensible, sino que se comprueba por los efectos físicos que de ella se derivan. Toda medicina es tal medicina por dos cosas: la mezcla, de la cual se compone, y la virtud, por la cual desarrolla su acto [de curar]: la mezcla es la materia, y la virtud por la cual cumple su acto es la forma; y si se anula esta virtud para ser medicina, es como si se le quita a la espada el ser puntiaguda, que entonces ya no será espada, o como si a la tela se le quita la urdimbre de sus hilos en la trama, que dejará al momento de ser tela.

De esta misma manera conviene que se entienda la forma y la materia de los cuerpos naturales; pues siendo tales que no se comprueban al exterior, los [59] efectos vienen a ser como las materias y las formas, con cuyos efectos se comprueba la existencia de las materias y de las formas en los cuerpos artificiales. Sirva de ejemplo el cuerpo ojo y la virtud que en él hay para la visión; o el cuerpo mano y la virtud que tiene de coger; o cualquiera otro de los miembros del cuerpo humano: pues la potencia visual no se ve ni se comprueba con ninguno de los efectos sensibles posteriores, sino que solamente se comprende intelectualmente.

Esta última potencia o virtud que hay en los cuerpos naturales se llama forma o figura, por método de analogía con la forma de los cuerpos artificiales, pues la forma, la figura y la conformación exterior vienen a ser nombres sinónimos que indican entre el vulgo las figuras de los animales y de los cuerpos artificiales, y se trasladan y ponen estos nombres a la virtud y a las cosas que en los cuerpos naturales hacen las veces de la conformación, la forma o la figura en los cuerpos artificiales por un método de analogía; pues es costumbre en las artes dar a las cosas el nombre con que suele nombrarlas el vulgo según el parecido o analogía de estas cosas. Y las materias de los cuerpos, sus formas, su causa eficiente y sus fines, por los que existen, se llaman principios de los cuerpos; y si se refieren a los accidentes de los cuerpos, se llaman principios de los accidentes que hay en los cuerpos.

La ciencia física da a conocer los cuerpos naturales, poniendo de manifiesto lo que en ellos es sensible, o demostrando lo que en ellos es inteligible. De todo cuerpo natural enseña la materia, la forma, la causa [60] eficiente, la causa final, razón por la cual este cuerpo existe; y otro tanto dice respecto de los accidentes de los cuerpos, pues enseña las sustancias en que radican, las cosas que son causas eficientes de ellos, los fines por los cuales existen tales accidentes. Esta ciencia, pues, da los principios de los cuerpos naturales y los principios de sus accidentes.

Los cuerpos naturales unos son simples y otros compuestos: simples son aquellos cuya existencia no depende de otros cuerpos distintos de ellos; y compuestos, aquellos cuya existencia depende de otros cuerpos distintos.

Se divide la ciencia física en ocho grandes partes:

1ª Trata de aquello en que convienen los cuerpos naturales todos, tanto simples como compuestos: todo ello se trata en el [libro de] naturali auditu.

2ª Se ocupa de si existen los cuerpos simples, y en caso afirmativo, de cuáles cuerpos sean y cuánto su número. Es, pues, el estudio del mundo: qué sea, cuáles sus partes primeras y cuántas, si en total son tres o cinco; y el estudio del cielo y su distinción de las demás partes del mundo, y que su materia es una sola: esto se trata en la parte primera del tratado primero del libro de coelo et mundo. Examina luego los elementos de los cuerpos compuestos; si están en los simples cuya existencia se ha demostrado, o son cuerpos distintos salidos de aquéllos; si están en aquéllos y no es posible que hayan salido de ellos; si son el todo o sólo parte de ellos, y si son parte, qué parte de ellos son; estudia también si se pueden comprobar o no, y las demás cosas que se comprenden hasta el [61] fin del tratado primero del libro de coelo et mundo. Trata después de aquello en que convienen todos los cuerpos simples, qué cosas son elementos y principios de los cuerpos compuestos y qué otras cosas no son elementos de ellos: es el estudio del cielo y de sus partes, y está en el principio del tratado segundo del libro de coelo et mundo, hasta cerca de sus dos terceras partes. Estudia después lo que es propio de las partes que no son elementos, de los principios y los accidentes que llevan consigo: esto es la materia del final del tratado segundo, y del tercero y cuarto del libro de coelo et mundo.

3ª Se ocupa acerca de la generación de los cuerpos naturales y de su corrupción en general, y acerca de las cosas inherentes a éstos; estudia cómo se engendran los elementos y cómo se corrompen, y cómo después se engendran de ellos los cuerpos compuestos, y de los principios de todo esto, que es objeto del libro de generatione et corruptione.

4ª Trata de los principios de los accidentes y de los efectos propios de los elementos únicamente, con exclusión de los compuestos de ellos: materia ésta del tratado primero de los tres del libro de impressionibus superioribus.

5ª Se ocupa en el estudio de los cuerpos compuestos de elementos: estos cuerpos son: unos de partes semejantes y otros de partes desemejantes; los de partes semejantes son también de dos clases: unos, aquellos de cuyas partes se componen los de partes desemejantes, como la carne y el hueso; otros, los que no son parte que sirva de fundamento a un cuerpo [62] natural de partes desemejantes, v. gr., la sal, el oro y la plata. Estudia, además, aquello en que convienen todos los cuerpos compuestos de partes semejantes, bien sean sus partes de partes desemejantes, bien no lo sean. Todo esto figura en el tratado cuarto del libro de impressionibus superioribus.

6ª Contenida en el libro de los minerales, considera los cuerpos compuestos de partes que no son partes desemejantes; éstos son los cuerpos minerales, las piedras y sus distintas clases y las diversas especies de minerales, y lo que es propio a cada especie de ellas.

7ª Contenida en el libro de las plantas, trata de aquellas cosas en que convienen las especies de plantas, y de aquellas cosas que son propias de cada especie; lo cual es una de las dos partes del estudio acerca de los compuestos de partes desemejantes.

8ª Contenida en el libro de los animales y en el libro del alma, estudia aquello en que convienen las diversas especies de animales y lo que es propio a cada una de ellas, y es la parte segunda del estudio sobre los compuestos de partes desemejantes.

Da, pues, la ciencia física en cada especie de estos cuerpos sus cuatro principios y los accidentes que siguen a estos principios.

Este es el resumen de lo que estudia la ciencia física, y éstas son sus partes y todo lo que se refiere a cada una de ellas. [63]

Tratado de la ciencia metafísica

Se contiene todo este capítulo en su libro de [Aristóteles] Sobre lo que hay más allá de lo físico.

La metafísica se divide en tres partes:

La 1ª trata de las esencias y de sus accidentes, en cuanto que son esencias.

La 2ª trata de los principios de las demostraciones en las ciencias especulativas particulares, y es la que determina a cada ciencia por la especulación de una esencia propia, v. gr., la Lógica, la Geometría, la Aritmética y las demás ciencias últimas particulares que se parecen a éstas; se ocupa también de los principios de la ciencia de la Lógica, de los principios de las ciencias matemáticas y de los principios de la ciencia física, busca la verdad de ellas y enseña sus propiedades características; estudia las opiniones erróneas que los antiguos expusieron acerca de los principios de estas ciencias, por ejemplo, la opinión de los que creían que el punto, la unidad, las líneas y las superficies eran sustancias y separadas, y otras opiniones semejantes a éstas sobre los principios de las restantes ciencias, opiniones que destruye y cuya falsedad demuestra.

La 3ª parte trata de las esencias que no son cuerpos, ni están en cuerpos. Acerca de ellas estudia primero si es esencia o no, y demuestra que es esencia; luego si son muchas o no, y prueba que son muchas; después si son finitas o no, y demuestra que son finitas; luego si son igualmente perfectas o son diferentemente [64] perfectas, demostrando que son distintas en perfección. Demuestra seguidamente que estas ciencias, según su multitud, se elevan desde las más imperfectas hasta las más perfectas, y que las más perfectas llegan hasta un límite último de perfección, más allá del cual no es posible ya que se encuentre algo más perfecto ni es posible que haya cosa alguna que sea fundamento o causa en semejante grado de su ser, ni tenga igual ni contrario; hasta llegar al ser primero, antes del cual no es posible que exista ningún otro, al ser precedente, al cual no es posible que lo preceda otra cosa alguna, al ser cuya existencia no es posible que se tome de otra cosa alguna que sea su causa. Este es el ser eterno y primero en absoluto, el único.

Demuestra [esta parte] que los demás seres son posteriores a aquél en la existencia, y que aquél es el uno, el primero, el que da unidad a todos los demás seres fuera de él; que aquel ser es la verdad primera, que da la verdad a los demás seres que tienen verdad. Y demuestra también cómo hace esto; y que en aquel ser no es posible la pluralidad por ninguna causa ni manera, sino que él es, por el nombre y por la significación, más uno, más ser, más verdad que cualquier cosa fuera de él, a la que se llama una, o ser o verdad. Demuestra, finalmente, que este ser que tiene estos atributos es el que debe creerse que es Dios (¡grandes sean sus alabanzas!); y considera todos los demás atributos que se han descrito, aplicados a Dios (¡ensalzado sea!), hasta que los enumera todos.

Enseña después cómo las esencias vienen al ser por El y cómo los seres provienen de El. Trata luego [65] del orden de las esencias y de la manera en que resulta este orden, y a qué cosas hay que mirar en cada una para ponerla en el orden en que está. Demuestra el modo de la relación entre ellas y de su armonía, y con qué cosas se produzca esta armonía y relación. Va considerando luego las restantes operaciones de Dios (¡grandes sean sus alabanzas!) en las esencias, hasta enumerarlas todas. Demuestra que El, en sus operaciones, no tiene injusticia, ni defecto, ni duda, ni mala conducta, ni mal proceder, y, en suma, que no hay defecto o imperfección ni mal alguno en estas operaciones.

Refuta, por fin, las opiniones erróneas acerca de Dios (¡multiplíquense sus alabanzas!) y de sus operaciones, de las cuales opiniones resulta una imperfección en El y en sus actos, y en las esencias que El ha creado; y todos estos errores los destruye esta ciencia con demostraciones que alcanzan tal certeza que los hombres no pueden abrigar duda alguna, ni tener preocupación siquiera de sospecha, ni posibilidad de apartarse de El por causa alguna.
Notas
Artículo extraído del Tratado acerca del Catálogo de las Ciencias
Traducción de Ángel González Palencia (según la edición del CSIC, Madrid 1953, XXX+176+106 páginas, que ofrece también dos versiones en latín y el texto árabe)