14/9/10

Trasfondo histórico de la islamofobia en Occidente

Una de las características del dabate apasionante que tuvo lugar en los países occidentales, a raíz de la publicación de las caricaturas del Profeta Muhammad (que la paz sea con él), consiste en el empeño de la mayoría de los intelectuales y los pseud-conocedores del mundo musulmán en alegar que los movimientos de ira y de protesta que han provocado estas caricaturas en los países musulmanes son una prueba que atestigua el carácter arcaico e intolerante de la religión musulmana., su propensión a la violencia y su incompatiblidad con la modernidad y con los valores universales como la libertad de expresión.


Ahora bien, basta con hacer un breve repaso de la historia de las relaciones que han existido entre el mundo árabo-musulmán y Occidente desde hace catorce siglos para darse cuenta de que este discurso inamistoso constituye la prolongación de la tradición occidental consistente en tener poco respeto y poca consideración hacia los musulmanes. Este enfrentamiento entre dos sistemas de valores en el que cada bando prioriza la tendencia al desprestigio del otro, es una prueba del gran déficit de diálogo que existe entre los representantes de las dos civilizaciones y su incapacidad, por no decir su falta de voluntad, de desprenderse de la tentación de instrumentalizar las diferencias culturales y religiosas que existen entre ellos para conseguir objetivos ecónomicos y geoestratégicos.
En las relaciones que existen entre las dos civilizaciones, la religión siempre ha desempeñado un papel de suma importancia en la legitimación de todas las guerras que oponían a los dos bandos y la exacerbación del sentimiento de pertenencia religiosa y cultural de los adeptos de cada religión. Estas relaciones contempladas desde siempre desde la perspectiva del enfrentamiento y la rivalidad entre dos bloques supuestamente antagónicos cobraron cada vez más amplitud a partir del siglo XIX.
A partir de esa época, y a medida que los occidentales comenzaron a tomar conciencia de su supuetsa superioridad cultural, ideológica, política y religiosa con respecto a los musulmanes, éstos fueron llamados a pesar suyo a desempeñar el papel de símbolo de todo lo que es aborrecido en Occidente. Siendo conscientes del refinamiento de su sitema de valores, de su sistema político, religioso, económico y moral, los intelectuales, viajeros y aventureros y dirigentes europeos veían en todos los aspectos de la vida de los musulmanes pruebas de su antagonismo con respecto a Europa. Con lo cual, todos los comportamientos, las tradiciones religiosas y sociales de los musulmanes, y en particular de los árabes, sus costumbres, su modo de vida fueron tachados de arcaicos, atrasados, trasnochados y contrarios a los valores occidentales. Como lo subraya José María Tortosa :
La percepción que las sociedades occidentales tienen del mundo árabe (identificado con el mundo islámico) está distorsoinada y condicionada por un conjunto de estereotipos negativos, reforzados desde los medios de comunicación. El fanatismo, el terrorismo y el peligro de una invasión son rasgos que se atribuyen genéricamente al pueblo árabe, olvidando las cualidades y la rica herencia científica y cultural que esta civilización ha aportado al mundo occidental1.
Lo que es aún peor es que los intelectuales y los medios de comunicación occidentales de hoy día siguen contemplando a las sociedades musulmanas desde la misma perspectiva cargada de menosprecio y desdén de todos los aspectos de la vida musulmana. Basta con ver los debates apasionantes que provocan temas como la cuestión del velo o la situación de la mujer y ver cómo la mayoría de los intelectuales que intervienen en estos debates insisten en el hecho de que estas prácticas existentes en el islam y defendidas a capa y espada por los musulmanes son contrarias a los valores occidentales y no tienen, por tanto, ninguna cabida en la sociedades occidentales.
Este fenómeno de islamofobia se explica según el islamólogo Jacques Wardenbourg, por el hecho de que las relaciones entre el mundo musulmán y el mundo occidental fueron marcadas a lo largo de varios siglos por los traumas y las heridas que los musulmanes infligieron a los europeos. Estos traumas dejaron en el imaginaro colectivo occidental malos recuerdos del islam, que se transformó en fuente de espanto y miedo. Lo cual determinó que en las relaciones de Europa con el islam la primera obsesión de los europeos fuera rechazar todo ataque de los musulmanes. Del otro lado, el expansionismo colonial europeo en tierra musulmana con todos los trastornos culturales y la crisis identitaria que creó en varios países árabo-musulmanes, no hizo sino tensar las relaciones entre el mundo occidental y el mundo europeo.
Esta expansión colonial europea sigue siendo percibida por los pueblos musulmanes como un ataque encaminado principalmente a acabar con las estructuras socio-económicas, el modo de vida, los valores culturales y los fundamnetos religiosos de los países musulmanes. El avasallamiento del mundo árabo-musulmán por Occidente, que sigue estando de actualidad bajo diversas formas, ha dado lugar a la emergencia en estos países de movimientos islámicos cuyo principal objetivo es poner fin al intervencionismo occidental en los asuntos internos de los musulmanes. Dicho eso, cabe señalar, que estas relaciones conflictivas que siguen prevaleciendo entre los representantes de las dos civilizaciones conocieron una época que podemos llamar de luna de miel, en la medida en que las relaciones entre los dos bloques tendieron a ser relativamente más pacíficas y marcadas por el diálogo.
Este proceso de apaciguamiento de las relaciones entre el mundo occidental y el islam se sitúa en el período que siguió a la Segunda Guerra Mundial, que desembocó a la vez en la aceleración del proceso de descolonización y el comienzo del enfrentamiento entre el liberalismo y el comunismo, lo que relegó provisionalmente a un segundo plano el anatagonismo multisecular existente entre islam y Occidente. De esta manera las tres primeras décadas que siguieron a la II Guerra Mundial fueron marcadas por una tregua relativa en las relaciones entre los países occidentales y los países árabo-musulmanes, que no eran contempladas desde el prisma de la confrontación y la rivalidad, sino del dialógo y el respeto mutuo. Este contexto marcado por la cooperación internacional y en el que los países musulmanes priorizaban el desarrollo de sus estructuras económicas, políticas y sociales favoreció el fortalecimiento de la comunicación y el diálogo entre las élites y las sociedades civiles de los dos bloques, lo que dio como resultado la disminución de la percepción negativa y excluyente que cada bando tenía del otro2.
Este acercamiento entre los países musulmanes y Occidente fue operado por una élite musulmana educada en las universidades occidentales e impregnada de su cultura. Ahora bien, habida cuenta de las crisis económicas, sociales y políticas por las que atraviesan las sociedades musulmanas, de la agravación del problema del paro y la falta de libertades políticas, la mayoría de éstas comienzan a ver de con lógico recelo el acercamiento entre sus élites y los países occidentales, sobre todo si tenemos en cuenta que este acercamiento no incluía a todas las capas sociales de estos países. Ante la degradación de la condiciones de vida de estas sociedades, y la agravación de la corrupción de unas élites políticas musulmanas cuya primera obsesión consiste en mantenerse en el poder y enriquecerse como sea, se asiste a la aparición de un número importante de movimientos islámicos que desaprueban las políticas sociales y económicas adoptadas por los responsables de sus paises y acusan al mismo tiempo a los occidentales de sostener bajo mano de hierro regímenes dictatoriales que sirven sus propios intereses y saquean las riquezas de sus países.
El fortalecimiento de estos movimientos islámicos, que cuentan cada vez mas con una base social más amplia, tuvo como primer resultado la revolución iraní de 1979, que constituyó una ruptura y el comienzo del distanciamiento entre Occidente y el mundo musulmán. Por lo que, a lo largo de los años ochenta y como resultado de la desaparición de la Unión Soviética y el final de la confrontación Este/Oeste, el Islam volvió a estar en el punto de mira de los dirigentes occidentales que comenzaron a ver en el avance de los movimientos islámicos una amenaza dirigida principalmente contra sus intereses y sus valores.
Esta percepción del islam como religión arcaica, problemática, intolerante portadora de valores contrarios a los valores occidentales y proclive a la violencia, y de la amenaza que representa para la estabilidad de los países ocidentales ha tomado más consistencia con la publicación de un número no desdeñable de libros que advierten a los dirigentes occidentales sobre la amenaza que supone para Occidente el auge de los movimientos fundamentalistas islámicos. Este es el tono adoptado por el universitario americano Samuel Huntington en su libro El choque de civilizaciones,en el que el islam es presentado como el nuevo adversario de Occidente tras el fin de la Guera Fría.
Por otra parte, el desconocimiento que impera en esta parte del mundo sobre esta religión tan denostada y desprestigiada, lleva a los occidentales, ya se trate de responsables políticos, medios de comunicación o de la opinión pública, a hacer abstarcción de todas las diferencias que existen entre los diferentes países musulmanes, así como de todos los factores sociales, económicos, políticos e históricos que condicionan la vida de las diferentes sociedades musulmanas y a presentarlas como un conjunto monolítico y homogéneo.
De esta manera, sin hacer ninguna distinción entre los diferentes países musulmanes, ni tener presente que la religión musulmana no es ni interpretada ni practicada de la misma manera en estos países, los hacedores de opinión occidentales tienden a confundir el islam oficial, oral y popular, que contiene elementos culturales específicos de cada región y cada país con el islam ideologizado y militante representado por los movimientos fundamentalistas. Lo peor de todo es que se tiende a presentar la interpretación rigorista del islam preconizada por estos grupos como la norma en la mayoría de los países musulmanes. Estos pseudo-conocedores del mundo musulmán se olvidan, como lo subraya Juan Goytisolo, de «que cada país, cada situación regional, exige ser analizado de forma puntual y concreta. Las generalizacoines son nuestro peor enemigo. Pakistán no es Irán, ni Egipto Arabia Saudí, ni Marruecos Libia. Olvidar estas premisas, añade el escritor, es la forma más segura de sembrar los vientos que propician el proyecto global de los radicales salafistas y el conflicto de civilizaciones anunciado por Huntington3».
Por otra parte, partiendo de una visión etnocéntrica encaminada a conseguir objetivos ideológicos y corroborar sus ideas preconcebidas sobre la religión musulmana, los medios de comunicación, los intelectuales y los responsables politicos occidentales, sin tener ningún conocimiento de esta religión, por rudimentario que sea, eligen esmeradamente sólo aquellos aspectos del islam considerados como trasnochados, arcaicos, inaceptables desde la perspectiva liberal occidental y susceptibles de confirmar una vez más las diferencias insalvables que existirían entre unas sociedades occidentales guíadas por la democracia, la libertad de expresión, la igualdad entre los sexos y una sociedades musulmanas que viven en las tinieblas del totalitarismo, el machismo, el sexismo, la falta de libertades fundamentales y de derechos humanos, que suelen ser achacados a la propia esencia del islam.
Sin tener el menor interés en hablar del islam sin nungún ánimo de manipulación y propiciar, así, a su opinión pública unas informaciones objetivas susceptibles de darle una idea más o menos clara de todo lo musulmán y acorde con la verdadera realidad del islam, el discurso de desinformación adoptado por la inteligentsia occidental no hace sino cultivar el desconocimiento de esta religión por los occidentales medios.
La misma postura es adoptada por una parte de los intelectuales occidentales al tratar de encontrar una respuesta a la cuestión de saber cuál es la causa principal que hace que la mayoría de los países musulmanes vivan en una situación de retraso económico y político y no consigan todavía echar las bases de un sistema político y económico susceptible de sacarles de esta situación no envidiable. Sin tener en cuenta la trayectoría histórica de esos países, ni sus problemas estructurales, y olvidando que uno de las mayores causas de su retraso económico y político consiste principalmente en la colonización occidental, cuyas secuelas consisten actualmente en la dependecia económica de los países arabo-musulmanes a sus ex-colonizadores y en la existencia de un sistema político apoyado por éstos para preservar sus intereses estratégicos, los pseudo-conocedores del mundo árabo-musulmán achacan este retraso a los preceptos de la religión musulmana que, como sostienen, siguen erigiéndose como el mayor obstáculo a toda reforma encaminada a sacar a los países musulmanes de su retraso económico y político. De esta manera, se pasan por alto todos los demás paradigmas explicativos susceptibles de ayudarnos a comprender las razones de este retraso, que pueden ser según cada país, de índole económica, social, política o todas a la vez.
Este análisis simplista hecho por los medios de comunicación y la mayoría de los intelectuales occidentales es representativo de la dificultad que tienen éstos de poder concebir o tolerar un modo de vida y un sistema de valores diferentes de los defendidos y preconizados por la civilización occidental. Como lo subraya la profesora Gema Martín Muñoz, al adoptar este análisis consistente en explicar los problemas de los países musulmanes desde una perspectiva estrictamente religiosa, los hacedores de opinión occidentales se esfuerzan en mostrar que, para que puedan alcanzar el mismo nivel de desarrollo económico, de progreso social, de prosperidad, sentar las bases de un Estado de Derecho y desprenderse de las obligaciones « rigurosas » de la religión musulmana, la única vía que les queda a los musulmanes consiste en adoptar el mismo modo de vida que el que impera en los países occidentales :
Las visiones esencialistas y comparativistas fundamentan este paradigma que sobre todo responde a la necesidad occidental de inventarse constantemente un otro, en este caso, el musulmán, para completar la imagen del uno original delimitando así las fronteras del presunto sujeto universal de la tradición judeo-cristiana y clásica […]. Desde el esencialismo se construye un todo unificado « islámico » y se incluye que « todos son uno », para luego idealizarlo (visión orientalista, esteticista y exótica) o demonizarlo (desde el morisco, el turco y los corsarios al islamista de hoy día). Asimismo prevalece la explicación « teológica » […] sobre la sociológica, de manera que frecuentemente en la búsqueda de un marco interpretativo o paradigma en el que situar los acontecimientos intervienen no sólo la naturaleza del conflicto en sí sino también explicaciones centradas en establecer una supuesta diferencia cultural islámica incompatible con el progreso global. En consecuencia se tiende a atribuir al islam todo lo que ocurre y surge en las sociedades musulmanas o se tiende a comprender el islam como sujeto y fuente absoluta de la historia y el devenir musulmanes, como si existiese un homus islámico específico separado antropológicamente del resto de la humanidad4.
Presentar el islam como un dogma «impermeable» a toda evolución e «incompatible» con la modernidad, la democracia y la laicidad, es el objetivo perseguido por todos los detractores de esta religión. A estos prejuicios, hay que anadir el leitmotiv que se repite machaconamente en la mayoría de las editoriales y los libros occidentales que tratan del islam, y que consiste en hacer hincapié en el hecho de que, dada su naturaleza totalitaria, esta religión no sería compatible con los valores democráticos occidentales, lo que explicaría por qué los países musulmanes no disponen de un sistema político democrático.
Es en este sentido en el que hay que interpretar la separación semántica categórica que hacen los medios de comunicación y los responsables políticos occidentales en lo que concierne a los partidos políticos cuando hablan del islamismo político y de la democracia cristiana. Y es que la visión etnocéntrica de éstos y su convicción de que su sistema de valores es inigualable e inmejorable, les lleva a afirmar de una manera tajante la compatiblidad que existe entre democracia y cristiandad y la incompatiblidad que exstiría entre islam y democracia.
Así, a pesar de que los partidos políticos de tendencia islamista son elegidos democráticamente por sus electores como ha ocurrido en su momento en Palestina, estamos todavía muy lejos de oír o leer en los discursos de los mass media, o los análisis y declaraciones de los intelectuales y los responsables políticos occidentales expresiones como partidos «musulmano-demócratas» o «democracia musulmana», puesto que el imaginario colectivo occidental forjado tras catorce siglos de lucha contra el mundo musulmán está firmemente convencido de la idea de que el islam equivale a totalitarismo, violencia y extremismo.
De esta manera, la visión etnocéntrica de los occidentales con respecto a las demás civilizaciones deniega a los partidos políticos de corte islamista toda posiblidad de verse calificados algún día de demócratas. Basta con ver el asombro y la sorpresa que ha provocado en Occidente la victoria del movimiento palestino Hamas en las últimas elecciones para darse cuenta de que el inconsciente colectivo occidental no está dispuesto a aceptar que los países musulmanes elijan otro modelo de democracia que el preconizado por los partidarios del pensamiento único en Occidente. Esta visión que impera en el mundo occidental sobre todo lo musulmán es una muestra de que la intelegentsia ocidental sigue contemplando la civilización musulmana con mucho desdén y menosprecio y que todavía nos queda mucho trecho por recorrer para construir entre los dos bloques unas relaciones marcadas por el respeto mutuo, el diálogo y el respeto de la diferencia cultural y religiosa.
Y la aparición que tuvo lugar de las caricaturas sobre el Profeta Muhammad no hacen sino confirmar la mirada despectiva que el común de los occidentales tiene con respecto a los musulmanes. La aparición de estas caricaturas muestra al mismo tiempo que el imaginario colectivo occidental no ha conseguido desprenderse todavía de la imagen sombría y ennegrecida que se tenía de los musulmanes desde la época de las cruzadas, época en la que la mejor manera para atacar esta religión consistía en desprestigiar y denostar al Profeta presentándolo como un impostor, un poseso, así como una persona proclive a la violencia, ávida de conquistas y de poder político y cuyo primer objetivo era difundir la religión musulmana mediante la fuerza de la espada.
No debe sorprender pues que estas representaciones insultantes contra el Profeta vuelvan a estar de moda en el mundo occidental en esta época marcada por el repliegue identitario y por la confrontación de los sitemas de valores occidentales y musulmanes. Lejos de constituir un caso aislado en la visión que los occidentales se han construido de los musulmanes desde hace catorce siglos, las caricaturas del Profeta enlazan perfectamente con la tradición histórica de los países occidentales con respecto a la religión musulmana, una tradición marcada sobre todo por la tendencia a no tener ninguna respeto hacia esta religion, a considerarla como una herejía y atacar la persona del Profeta, tal omo lo subraya Juan Goytisolo :
La visión del profeta por parte de la cristiandad responde a una animosidad vieja de siglos. Desde el nacimiento del islam, centenares, por no decir millares de panfletos y libros, desde obrillas supuestamente devotas a los magistarles versos de Dante, lo dibujan con las tintas más negras y lo caricaturizan con saña5.
Si nos fijamos, por ejempl,o en el caso de España, nos daremos cuenta de que, desde el principio, el islam ha sido siempre considerado por los ideólogos y los teólogos españoles como una herejía y una apostasia que se debían combatir a capa y espada para preservar la pureza y la esencia de la verdadera religión, a saber la religión cristiana.
Como lo ha mostrado el profesor Miguel Angel de Bunes Ibarra, la mejor manera que encontraron estos precursores del pensamiento único y de la intolerancia en occidente consistió en atacar a la persona del Profeta poniendo en tela de juicio la veracidad de su mensaje divino y de la revelación y haciendo hincapié al mismo tiempo en su perversidad y su tendencia lujuriosa. Los extractos que siguen son una fiel muestra del poco respeto que viene merciendo esta religión y su Profeta a los españoles, y a los occidentales en general :
Que es la de Mahoma diziendo que el alcorán es palabra de dios, sea predicada por boca e manos de hombre tan malo y lleno de pecados. Robador, adúltero, incestuoso, homicida, lleno de otros muchos pecados lo qual lo saben muy bien los que saben su mala vida6.
Y con las cosas verdaderas que dijo Mahoma mezcló doctrinas muy falsas. Y digales las malas costumbres de su secta, robar, cautivar, y tomar tierras ajenas, y de tener muchas mujeres, y dar repudio a la propia u legítima mujer, contra la ley de Dios y contra la razón natural, y contra las buenas costumbres. Y Mahoma fue un hombre perverso, muy carnal, dado a la lujuria, con muchas mujeres, adúltero, robador de posesiones ajenas, y muy malhechor con su potencia de armas, muy ambicioso y engañador de gentiles que le siguieron, y le siguen contra la ley de Dios, dada y establecida en el mundo mucho antes que fuese Mahoma7.
Mahoma puso de sí mismo tantas falsedades manifiestas que con mucha razón debe ser todo tenido por falso, y ser obra de aquel es mentiroso y padre de la mentira, que es el demonio. Y todas las falsedades que en esta ley son halladas son reducidas a diez linajes de falsedades, conviene saber que dice primeramente cosas falsas de su mismo Mahoma. De los cristianos. De los judíos. De los apóstoles. De los patriarcas. De los demonios. De los ángeles. De la virgen María. De Cristo. De Dios. Dice de sí mismo que es fin y silencio de los profetas : y manda que sea muerto quien quiera que después osase decir que es un profeta8.
Por otra parte, entre las contraverdades que se acuñaron durante esta época sobre la religión musulmana, está el caracter cruel y sanguinario de su difusión, así como la intolerancia del Profeta con los judíos y los cristianos y su propensión a imponer su dogma religioso a éstos mediante la fuerza y el terror :
Pensó que su ley no podria pasar mas adelante sino por la espada. A saber, es peleando contra los descreentes que en su ley descreyesen y hacerlos venir a su ley por la fuerça. Y asi començo de fazer versos en el alcoran diziendo que dios mandaba que peleasen contra los descreentes y rebeldes9.
Lo que es aún peor y más afligente es ver que los mismos prejuicios siguen teniendo toda su actualidad en los manuales escolares españoles cuyos autores no tienen en su mayoría el menor reparo en reproducir las mismas contraverdades e imposturas, la misma mirada despectiva sobre la religión musulmana y sus seguidores, la misma tendencia a cuestionar la veracidad del mensaje divino predicado por el Profeta Muhammad. Así por ejemplo, al hablar de las relaciones entre éste y los cristianos y los judíos, ciertos manuales escoalares españoles no vacilan en inculcar falsedades a sus lectores, siempre que éstas se correspondan con la idea que se tiene ahora del islam como una religión intolerante y agresiva con los no musulmanes y de su Profeta como precursor e instigador de esta intolerancia :
Rechazado por cristianos y judíos a quienes intentó atraer a su secta (sic), Mahoma los acusó de corruptores de la palabra de Dios y cambió hacia la Meca la dirección de la oración, que hasta entonces hacía mirando a Jerusalén10.
En Yatrib […] al parecer, en un principio quiso (Muhammad) hacerse el favor de los judíos, pues su religión era parecida a la que él predicaba. Pero los judíos de Medina le respondieron rápidamente con desprecio y burla. Entonces Muhammad cortó las relaciones con los judíos. El poder del profeta fue creciendo, y valiéndose de ello, arrasó a las tribus judías que le resultaban molestas11.
Ahora ya sabemos como actuó Muhammad cuando tuvo un mínimo de poder : se nos aparece violando una tregua santa para atracar una caravana […] así como tratando cruelmente a los judíos que no adoptaban su prédica12.
El mismo tono es adoptado por el historiador y filósofo español César Vidal en su libro panfletario agresivo contra la religión musulmana, España frente al islam, de Mahoma a Ben laden, y en el que el autor parece estar impulsado por un odio visceral hacia los musulmanes y motivado por el objetivo de enraizar esta imagen sombría y negativa del islam en la mente de los españoles. Al hablar del período de dominio musulmán de la Península Ibérica, este autor subraya en estos términos el carácter sanguinario de la religión musulmana y su intolerancia con respecto a los cristianos y los judíos :
Jamás existió una convivencia plácida y envidiable de tres culturas por la sencilla razón de que en los lugares en que se imponía el islam, judíos y cristianos eran o esclavizados o convertidos en dhimmies sobre los que en cualqiuer moemento podía caer –y no fueron pocas las veces- la ira de una religión que no sólo se consideraba superior, sino que además se sentía llamada desde las predicaciones de su profeta a someter el mundo por completo a su ley13.
Lo que es aun más afligente es ver que las mismas elucubraciones ideologizadas, que resaltan la naturaleza supuestamente violenta del islam y su incitación al terrorismo, son reproducidas por algunas personalidades que han asumido la gestión de los asuntos del Estado español. Este hecho es ilustrado por el ex-presidente del gobierno español, José María Aznar, quien en una conferencia pronunciada en septiembre de 2004 en la universidad de Georgetown en EE.UU sobrayo que el problema que tiene actualmente España con los islamistas no comienza sólo el 11 de marzo de 2004 sino que arranca desde principios del siglo siete, resaltando que los autóctonos rehusaron«convertirse en otra pieza más del mundo islámico y comenzaron una larga batalla para recobrar su identidad»:
[…] Se darán cuenta que el problema que España tiene con Al Qaeda y el terrorismo islámico no comienza con la crisis de Iraq. De hecho, no tiene nada que ver con las decisiones del gobierno. Deben retroceder al menos 1 300 años (sic), a principios del siglo octavo, cuando España, recientemente invadida por los moros (sic), rehusó a convertirse en otra pieza más del mundo islámico y comenzó una larga batalla para recobrar su identidad. Este proceso de reconquista fue largo, unos 800 años. De todas maneras, terminó satisfactoriamente. Hay muchos musulmanes radicales que continúan recordando esta derrota, mucho más de lo que la mente occidental es capaz de imaginar [...]”14.
Es una perogrullada afirmar actualmente que esta visión del islam es común entre mayoría de los occidentales tanto los debates que tienen lugar en esta parte del mundo acerca de los fundamentos de esta religión y las tomas de posición de los intelectuales y los responsables políticos que la fustigan y la desacreditan constituyen la norma. Además de la autosuficiencia y la soberbia a las que nos tienen acostumbrados los intelectuales y los hacedores de opinión occidentales a la hora de hablar de la incompatiblidad de la religión musulmana con los valores universales como la democracia, la igualdad de género, la libertad de expresión, etc., en el intenso debate que tuvo lugar en ciertos países europeos como Francia acerca de la conveniencia o no de publicar unas caricaturas ultrajantes del Profeta y de si cabe imponer cortapisas a la libertad de expresión cuando se trata de atacar y agraviar la conciencia religiosa del prójimo, extrañaba ver cómo los medios de comunicación, los responsables políticos y ciertos intelectuales franceses defiendían con denuedo el sacrosanto principio de libertad de expresión en aras de justificar el derecho de toda persona a expresase libremente sin ningún impedimento.
Para rebatir los argumentos de las organizaciones musulmanas que condenaron y denunciaron la publicación de las caricaturas del Profeta por los diarios France Soir,Libération y luego por el semanario satírico Charlie-Hebdo15, estos acérrimos defensores16 de la libertad de expresión les contestan que es inconcebible en una democracia laica aceptar la censura de la prensa o la promulgación de leyes que recortan las libertades fundamentales del ser humano, entre las cuales la libertad de expresión. Censurar la libertad de prensa, añaden los mismos, sería un precedente peligroso para el futuro de los valores democráticos en los países occidentales, así como una claudicación frente a los movimientos integristas cuyo principal objetivo consiste en socavar las bases de la democracia occidental e imponer su visión osbcurantista del mundo y de las relaciones sociales al mundo entero.
Pues bien, tales alegaciones serían aceptables si el mismo criterio se aplicara sin restricciones a todas las comunidades religiosas que viven en Francia y si toda persona tuviera, por ejemplo, el derecho de hablar como quiera de los judíos. Ahora bien, tal no es el caso, en la medida en que cualquier toma de posición o declaración dirigida contra los judíos o encaminada, por ejemplo, a poner en duda la cifra de los judíos exterminados por el nazicmo alemán, es considerada como un acto antisemita, lo que está sancionado por la Ley que prohíbe toda injurio dirigido contra éstos. ¿Dónde está pues esta libertad de expresión cuando se sabe que un artista como el cómico Dieudonné está proscrito del espacio mediático francés y privado de la salas de teatro del hexágono por haber tomado una posición desfavorable a los judíos? ¿Más aún, si cómo lo pretenden los defensores de la libertad de expresión, la publicación de las caricaturas del Profeta fue una forma militante de expresar su solidaridad con el periódico danés Jyllands Posten y con el director destituido del diario France Soir y su rechazo de todo acto de censura, por qué no expresan la misma solidaridad con el intelectual musulmán Tariq Ramadan, que por haber expresado unas posiciones que no gustaron a la inteligentisa francesa en temas como la laicidad, la condición de la mujer, el velo, etc., está considerado como persona non grata en Francia y, por tanto, proscrito del espacio público francés. La hipocresía de esos defensores no puede ser más flagrante, cuando se sabe que este intelectual, además de estarle vedada la prticipación en cualquier emisión televisiva que trata del islam, ni siquiera puede pronunciar o particpar en conferencias que tiene lugar en el suelo francés17?
Por otra parte, el que una simple toma de posición de un artista como Dieudonné– que no hacía sino disfrutar de su libertad de expresión- con respecto a esta comunidad haya levantado tantas ampollas en este país precipitando las tomas de posición y las condenas en su contra y que la publicación de unas caricaturas insultantes del Profeta –símbolo de la creencia religiosa de más 1500 millones de personas- no hayan provocado la misma indignación entre los responsables políticos y los intelectuales franceses para llamar a su opinión pública a respetar la libertad y la conciencia religiosa de los musulmanes, es una clara muestra de la hipocresía de la sociedad francesa y de su tendencia a aplicar la política del doble rasero cada vez que se trata de los musulmanes. Los musulmanes que viven en este país habrían deseado que el presidente de la República francesa exprese su rechazo a la islamofobia y su indignación ante estas caricaturas, que ofenden a todos los musulmanes, con la misma vehemencia que cuando expresó su rechazo y su condena al odio hacia los judios, a raíz del aumento de los actos antisemitas a finales del 200318.
Esta política de doble rasero es ilustrada por el ministro del interior francés Nicolas Sarkozy, quien al contestar en la cadena de televisión francesa LCI a la pregunta de si era procedente publicar tales caricaturas o si mejor valía censurarlas, afirmó que prefería «un exceso de libertad de caricaturas a un exceso de censura», añadiendo al mismo tiempo que prefiere tomar el riesgo de herir que tomar el riesgo de censurar y que no se va a instaurar la censura en Francia porque el Islam se he convertido en la segunda religión de este país19.
Pero al hacer tal declaración, este mediático ministro se olvida quizá de que está al frente de las personas que ponen cortapisas a la libertad de expresión en este país. ¿Cómo explicar, entonces que la publicación del libro que la periodista Valérie Domain quería publicar sobre la relación de este ministro con su mujer fuera fulminada en seco en el último momento20? ¿Dónde está pues la preferencia de este responsable por un exceso de libertad de expresión, o lo que vale para él y para su imagen mediática no vale para los demás, y menos aún si se trata de musulmanes? Como lo subraya con acierto el antropólogo español Isidoro Moreno, <<parece evidente que la libertad de expresión esta sólo garantizada cuando se usa contra los débiles y sus símbolos, nunca contra los poderosos»21.
Esta política de doble rasero no es una novedad para los musulmanes que están acostumbrados a ver permitido para los demás lo que les está prohibido y a ver con cuánto desdén y menosprecio les miran los responsables, los medios de comunicación y la mayoría de los intelectuales occidentales. No hace falta recordar que la misma política es la que lleva a los dirigentes occidentales a presionar a los países árabo-musulmanes para respetar las resolciones de la ONU como fue el caso de Iraq y es ahora el caso de Siria e Irán, mientras hacen la vista gorda a las repetidas violaciones de la legalidad internacional hechas por el Estado de Israel y su renuencia a acatar numerosas resoluciones de la ONU que han sido votadas desde 1967 y que le obligan a la retirada de los territorios árabes ocupados desde esa fecha.
Lo que es aún peor es que los dirigentes occidentales ni siquiera reconocen a la población palestina, que viene sufriendo humilliaciones y castigos colectivos por parte de Israel desde hace más de medio siglo, su derecho legítimo a tratar de recobrar su tierra expoliada, a defenderse y a oponer una resistencia a sus verdugos. Ningún dirigente occidental se atreve a presionar a los dirigentes israelíes para que respeten sus compromisos internacionales ni para cesar de infligir más humillaciones a los palestinos, ni para poner fin a sus política de colonización de los territorios ocupados en 1967 y la judeización de Al Quds al sharquia” Jerusalén Este”, mientras que en el otro lado se exige a los dirigentes de la Autoridad Palestina que hagan más concesiones a los israelíes, que no cuestionen sus designios imperialistas y al pueblo palestino que renuncie a su derecho a la resistencia.
Es sorprendente y al mismo tiempo exasperante para los musulmanes ver cómo, al día siguiente del asesinato del Primer Ministro libanés, Rafiq Hariri, las potencias occidentales se valieron de su influencia en el seno de la ONU para votar una resolución que obliga al gobierno sirio a retirar sus tropas de El Líbano, mientras que las autoridades israelíes prosiguen sin el menor problema su política expansionista y su violación de la legalidad internacional sin que se le pida rendir ninguna cuenta a la comunidad internacional.
Pero lo que los medios de comunicación, los responsables occidentales y ciertos intelectuales persisten en ignorar y no quieren comprender de una vez por todas, es que es esta injusticia, estos castigos colectivos y estos agravios que padecen diariamente los musulmanes en su propia carne, añadida a las frustraciones acumuladas durante décadas a causa de una gestión catastrófica de los asuntos internos de sus países por una élite política corrupta y aliada de las potencias occidentales, está en el origen del aumento del descontento entre las poblaciones árabo-musulmanes y su rechazo a las políticas de Occidente.
No es, como lo sugieren los autores de las caricaturas del Profeta, que lo presentan como el instigador de los actos terroristas y, como lo afirma con una fuerte dosis de odio hacia el islam Cesar Vidal22, la naturaleza supuestamente violenta y agresiva de la religión musulmana la que empuja a ciertos musulmanes –que por cierto no representan a todos los musulmanes del planeta- a elegir la vía del integrismo religioso y cometer actos terroristas abominables contra los occidentales, sino más bien la política agresiva llevada a cabo desde hace casi dos siglos a una parte por las potencias occidentales contra los intereses económicos, los valores culturales y religiosos de los musulmanes y su tendencia a reservar un trato desigual e injusto a las causas de los países musulmanes en la escena política internacional.
La misma miopía y el mismo rechazo a ver la realidad sin anteojos son los que empujan a los defensores de la libertad de expresión a sostener que los movimientos de protestación que se desncadenaron a a raíz de la publicación de las caricaturas del Profeta no son espontáneos, sino que son fomentados y alentados o por los fundamentalistas o por los regímenes como Siria e Irán, como si el común de los musulmanes no tuviera el derecho de expresar su rechazo y su exasperación contra la falta de respeto de su conciencia religiosa sin ser tachado de estar manipulado por ciertas fuerzas políticas malintencionadas.
Los que deniegan a los musulmanes su derecho a expresar su rechazo de toda representación ultrajante del Profeta deberían preguntarse cómo habrían reaccionado los occidentales si «un diario o un semanario musulmán hubiera representado a Jesús como un maronita cristiano que ametralla a las mujeres, los niños y los ancianos de los campos de Sabra y Chatila bajo el ojo complaciente de un Moises representado como un soldado del ejército de Israel»23. Sin dejar de recordar que esa hipotesis es inconcebible en cualquier país musulmán, por la sencilla razón de que uno de los fundamentos de la creencia de todo musulmán consiste en no hacer ninguna distinción entre los Profetas y en respetar a la gente del Libro y a todo ser humano, no hay que tener mucha sagacidad para imaginar que la publicación de tales representaciones provocaría mucha indignación en los países occidentales y que varias voces se habrían levantado para denunciar la intolerancia de los musulmanes con los judíos y los cristianos.
Sin dejar de condenar el mal cariz que tomaron entonces las manifestaciones que denunciaban estas caricaturas en ciertos países musulmanes –donde ha sido instrumentalizado este asunto para saldar sus cuentas pendientes con Occidente- creemos que razones de sobra tienen los musulmanes para expresar, de manera pacífica y sin recurso a la violencia, su desaprobación y su descontento, exigir que no se trivialice el insulto del reprsentante y símbolo de su credo religioso, que se respete su sentimiento y su conciencia religiosa y que se deje de hacer amalgamas entre los terroristas y los más de 1500 millones de musulmanes que desean sólo que se les deje vivir en paz y se deje de estigmatizarlos y infrecuentarles como terroristas en potencia.
Este enfrentamiento al que asistimos actualmente entre dos maneras de concebir el mundo y en el que se prioriza más la tendencia a la polémica y el desprestigio del otro que la preferencia por el diálogo y el respeto mutuo, augura un futuro de convivencia poco halagüeño y poco prometedor entre las dos partes si las cosas siguen el mismo cariz que han tomado hace más de una década. Es hora de que todas las fuerzas vivas de estas dos culturas hagan un trabajo de autocritica para corregrir los errores del pasado, intentar poner fin a este enfrentamiento -que sólo sirve los intereses de los instigadores del odio, la intolerancia y la exlusión y los partidarios del pensamiento único- , luchar contra los tópicos y los estereotipos, echar las bases de una futura relación marcada por el respeto de la conciencia religiosa de cada uno, el respeto de la diversidad cultural, la promoción del entendimiento, el conocimiento y el acercamiento entre las culturas mediante el diólogo constructivo.
Pero consegiur este objetivo supone ante todo que los representantes de las dos civilizaciones se convenzan de que ninguna parte tiene el monopolio de la verdad absoluta, que ninguna cultura es superior ni mejor que la otra, que todas las culturas tienen sus virtudes como sus defectos, que el hecho de querer imponer una sola visión del mundo o un solo modo de vida al resto de los pueblos del planeta no es la mejor manera para construir un mundo pacífico, y que habrá que aunar esfuerzos para hacer de nuestra diversidad cultural una riqueza y no una fuente de dicordias, de polémicas y de enfrentamientos.
Hacer poco caso de estos elementos y seguir, como lo hacen los hacedores de opinión occidentales, empeñandose en imponer su manera de vivir y sus valores a los países musulmanes y a ver en la religión musulmana y los musulmanes unos rivales que hay que doblegar como sea para preservar los intereses económicos y geoestratégicos de las potencias ocidentales, no hará sino provocar más odio y más incomprensión entre muslmanes y occidentales y desembocar en más enfretamientos entre ambas partes.
De cara al futuro, creemos que es urgente y de suma importancia que los responsables occidentales y musulmanes reconsideren la manera con que se enseña en sus manuales escolares la historia de las relaciones entre el islam y Occidente y que se deje de inculcar contraverdades a las futuras generaciones, pues la persistencia de los clichés reductores y de los prejuicois no favorece para nada el acercamiento cultural, el entendimiento y el respeto mutuo entre los representantes de las dos civilizaciones. Como, desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, los responsables occidentales vienen pidiendo a los dirigentes musulmanes que reconsideren la visión negativa que transmiten sus manuales escolares sobre Occidente, creemos por nuestra parte que el mismo esfuerzo debe ser desplegado por los occidentales para dar una visión más o menos objetiva sobre los musulmanes y dejar de contemplarlos desde una perspectiva siempre negativa y despectiva, porque como lo han mostrado diferentes estudios que se han interesado por la manera con que se habla del islam en los manuales escolares occidenatales, es la falta de objetividad y de probidad intelectual de la que adolecen los autores de los manuales escolares en estos países cuando tratan de los musulmanes, que contribuye a perpetuar las contraverdades y los estereotipos que el imaginario colectivo occidental se ha forjado del islam y los musulmanes24. Y la publicacion de las caricaturas del Profeta no fueron, sino el resultado de las campañas de denigración que viene sufriendo la religión musulmana en Occidente desde hace catorce siglos, así como del aumento de los sentimientos de islamofobia que están alcanzando cada día proporciones inquietantes en esta parte del mundo.
En definitiva construir unas relaciones pacíficas entre Occidente y el mundo musulmán pasa ante todo por la destrucción de todos los estereotipos que cada "parte" tiene del otro y que impiden la instauración de la confianza y el respeto mutuo entre ellos.
Notas
[1] José María Tortosa, « El islam ¿ enemigo de Occidente ? », in Papers, no 57, 1999, pp. 76-77.
[2] Jacque Waardenbour, Jacque Wardenburg, Islam et Occident face à face, regard de l’histoire des religions, Genève, Labor et Fides, 1998, p. 61.
[3] Juan Goytisolo, « Entre manipulaciones y fetuas », en Mundoarabe.org, 15 de febrero de 2006.
[4] Gema Martín Muñoz, « Lo real y lo irreal en la representación occidental del mundo musulmán », revista de Occidente, enero de 2000, n° 224, pp. 106-107.
[5] Juan Goytisolo, art. cit.
[6] Ricoldo de Montecrucio, Reprobación del Alcorán, Sevilla, 1501, BNM. R- 4037, citado por Miguel Angel de Bunes Ibarra, la imagen de los musulmanes y del norte de Africa en la España de los siglos XVI y XVII. Los caracteres de una hostilidad, Madrid, SCIC, 1989, p. 207.
[7] Francisco de Castelvi, Sermón para convcertir moros, hombres que tienen la ley de Mahoma. Dedicado a nuestro Santissimo Padre y Señor Innocencio Duodezimo, Summo Pontifice… por el Maestro Fr. del Orden de Nuestra Señora de la Merced, Madrid, Diego Martínez Abad, 1694, BNM. Afri. Col. G. f. 342-22, citado por Miguel Angel de Bunes Ibarra, ibid., p. 207.
[8] Ricoldo de Montecrucio, Reprobación del Alcorán, Sevilla, 1501, BNM. R- 4037, citado par de Bunes Ibarra, ibid., p. 210.
[9] Juan Andrés, Libro nuevamente imprimido que se llama confusion de la secta mahomética y del alcoran, Valencia, Juan Joffre, 1515, Biblioteca Británica, C. 11724, citado por de Bunes Ibarra, ibid., pp. 216-217.
[10]Andrés. J. Gallego y otros, Historia de las civilizaciones. 1 BUP, Magisterio Español, Madrid, 1992, pp. 131-114. Aprobado el 13/4/78 por le MEC, citado por Josep Maria Navarro (ed.), El islam en las aulas, Bercelona, Icaria, p. 50.
[11] Gipuzkoa Ko geopgrafía eta historia mintegi iraukorra-Seminario permanente de Geografía e historia de Gipuzkoa. Saikoa 7. Gizarte arloa, Bilbao, 1982, ed, Elkartea-Elexpuru, pp. 233-234, citado por Josep Maria Navarro., p. 50.
[12] Ibid.
[13] César Vidal, España frente al islam, de Mahoma a Ben Laden, Madrid, La esfera de los libros, 5 edicion, 2004, p. 459.
[14] “Conferencia de José María Aznar en la Universidad de Georgetown”, publicad en la revista El Siglo, no 618 du 4-10 de octubre de 2004.
[15] El hecho de que 400.000 ejemplares del número del 8 de febrero de 2006 se hayan vendido antes del mediodía contra solo 100.000 ejemplares habitualmente es una prueba categórica del aumento del sentimiento de islamofobia en Francia. Para más detalles sobre la toma de posición de la redacción de este semanario satírico, ver, « Charlie Hebdo se defend de faire de la provocaction », sitio web : http://www.lemonde.fr/web/article/0,1-0@2-3224,36-739363@51-735567,0.html.
[16] Me refiero por ejemplo al historiador y ensayista francés Max Gallo, así como al director de publicación de Cahrlie Hebdo Philippe Val, quienes en la emisión Riposte de la cadena francesa France 5 del domingo 12 de febrero de 2006, defendían con mucha vehemencia el principio de la libertad de expresión y rechazaban que en un sistema político laico como el sistema francés se impusiera cualquier cortapisas a esta libertad por consideraciones religiosas. Si el director de Charlie- Hebdo subrayó que la decisión de las caricaturas fue motivada por un espíritu de solidaidad con el director de France Soir, quien fue destituido después de haber sido el primero en Francia en publicar tales caricaturas, podemos preguntarnos como lo hace el islamólogo francés Olivier Roy, por qué cuando la Iglesia Católica consiguió en 2005 que se retirara un anuncio publicitario que utilizaba la Santa Cena en la que en vez de apóstoles había mujeres con ropa ligera, el mismo responsable no expresó su sentimiento de solidaridad con los autores del anuncio publicándolo en la primera plana de su semanario. Esta actitud prueba de una manera tajante la hipocresía de este defensor de la libertad de expresión.
[17] A título de ejemplo, según el periodista Ian Hamel, que está preparando un biografía de Traiq Ramadan, una conferencia que debía ser pronunciada en Estrasburgo por este último a finales del mes enero pasado fue anulada en último momento a causas de las presiones de los servicios de Renseignements généreaux. Esta la décimocuarta vez que una conferencia de Tariq Ramadan es anulada en un año y medio. Para más detalles sobre este asunto, ver Ian Hamel, « Une conférence avec Tariq Ramadan annulée à Strasbourg », in el sitio web : www.oumma.com/article.php3?id_article=1888.
18] « Je voudrais dire que je condamne solennellement au nom de la Nation tout acte
d"antisémitisme, tout acte qui n"est pas conforme aux exigences naturelles de la République. A travers les actes d"antisémitisme, c"est en effet chaque citoyen qui est atteint dans ses droits fondamentaux, le droit au respect de ses croyances, le droit au respect de ses convictions. Quand on s"attaque, en France, à un juif, il faut bien comprendre que c"est à la France tout entière que l"on s"attaque. A l"occasion du conseil restreint que j"ai réuni cet après-midi, j"ai demandé la plus grande vigilance dans la prévention, la plus grande fermeté dans la poursuite, la plus grande sévérité et la plus grande rapidité dans la sanction des actes antisémites ». Rueda de prensa del Presidente Jacques Chirac dada el 17 de noviembre
de 2003, http://www.elysee.fr/elysee/francais/actualites/a_l_elysee/2003/novembre/lutte_contre_l_antisemitisme.6870.html. 18] « Je voudrai.
[19] Ver extractos de la intervención del minitro del Interior Nicolas Sarkozy en la cadena de televisión LCI en el sitio web : (//www.boursorama.com/pratique/actu/detail_actu
_politique.phtml?&news=3242650).
[20] Según las delclaraciones de la periodista, al enterarse de la futura publicación de una biografía de su ex-mujer titulada Cécilia Sarkozy, entre le cœur et la raison, que al parecer contenía informaciones molestas y susceptibles de causar un perjuicio a su imagen mediática, el ministro del interior intervino en persona convocando al responsable de la editora First, Vincent Barbare, y conminándolo a no publicar este libro. Ver Le Nouvel Observateur, 16 de noviembre de 2005.
[21] Isidoro Moreno, « Las viñetas de Mahoma », Mundoarabe.org, 5 de febrero de 2006.
[22] Al hablar de las causas del terrorismo musulmán, César Vidal afirma rotuntamente que « el terrorismo no es fruto de la miseria y de la opresión, sino de una mentalidad totalitaria convencida de la legitimidad de la violencia, una violencia encaminada a aterrorizar al contrario, al que no se combate de manera ni legal ni convencional, hasta obligarle a capitular sofocado en sangre. En el caso del terrorismo –como en el caso del integrismo islámico- los historiales de los distintos grupos terroristas confirman de manera pavorosa esta hipótesis ». Cesar Vidal, op. cit., p. 434.
[23] Ver a este propóito el número dedicado por el semanario marroquí Le journal a la cuestión de las caricaturas del Profeta, « Le Pophete Mohmed, le symbole, les passions : la polemique autour des caricatures du Prophete analysee par des experts », Le journal Hebdomadaire, no 741 del 11 al 17 de febrero de 2006.
[24] Ver a este propósito, Sophie Bessie, L’Occident et les autres, histoire d’une suprématie, Paris, la Découverte, 2001. Ver también, Josep María Navarro (ed.), El islam en las aulas, Barcelona, Icaria, 1997 et Gema Martín Muñoz (dir.), Aprender a conocerse : percepciones sociales et culturales entre España y Marruecos, Madrid, Fundación Repsol YPE, 2001. Estas dos obras colectivas denuncian la manera extremadamente negativa cómo se habla de la religión musulmana, de los musulmanes y de sus relaciones con Occidente.
Samir Bennis, Es colaborador de Munadoarabe.org, ha realizado el doctorado en la universidad de Provence en Francia bajo el tema: las relaciones politicas y culturales entre Espana y Marruecos: factores historicos y coyunturales de un viejo desencuentro. Este artículo ha sido elaborado en el seno de una beca de investigación en la Escuela Diplomática en Madrid.